De cerdos, flores y fosas comunes

Experimentos forenses con animales ayudan a perfeccionar la búsqueda de enterramientos clandestinos en México, país golpeado por las desapariciones.

Un equipo de investigación deposita un cerdo en una fosa en Jalisco, en pruebas forenses destinadas a mejorar la búsqueda de personas desaparecidas. CORTESÍA
Un equipo de investigación deposita un cerdo en una fosa en Jalisco, en pruebas forenses destinadas a mejorar la búsqueda de personas desaparecidas. CORTESÍA

La imagen de los tres cerditos no sale de mi cabeza. Son quizás los únicos marranos que he visto vestidos, aunque siempre los he imaginado animados, es decir: vivos. El más juicioso de todos lleva un overol y una gorra de obrero. Los otros dos son más dandis. Ambos llevan un gran moño en su cuello: el uno amarillo, el otro negro.

Según la fábula, ese par se dedica a la buena vida. Mientras uno viste una toga para indicar que es el más letrado de los tres, el otro lleva un violín, para mostrarlo como el más artista. Pero los tres están vivos, repito. Por más de que cada uno tenga maneras distintas de ver la vida, por más de que la violencia del viento les destruya los techos de sus casas a dos de ellos y se tengan que desplazar para vivir con el cerdo laborioso y precavido, todos están vivos.

Los cerdos que ahora tengo que imaginar, porque no hay fotos de ellos que se puedan hacer públicas, también están vestidos. Pero no son caricaturas ni mucho menos animados: están muertos.

Cualquiera que sepa la cantidad de cerdo que incluye mi dieta y la manera en que babeo cuando me ponen enfrente un chicharrón o una tajada de tocino doradita dirá que soy una hipócrita por asombrarme con la noticia. En México se entierran cerdos para simular fosas comunes y luego sobrevolar la zona con un dron que toma imágenes térmicas del terreno. Así se detectan cambios en la temperatura del suelo y se identifican los patrones que dejaría una fosa clandestina, pero de humanos.

Fosas excavadas para un ejercicio forense de simulación en el campo experimental de Cajititlán, Jalisco. CEDIDA
Fosas excavadas para un ejercicio forense de simulación en el campo experimental de Cajititlán, Jalisco. CEDIDA

Verdaderos cerdos

La primera vez que José Luis Silván, experto en procesamiento de imágenes satelitales del CentroGeo de México, comió cerdo después de empezar con los experimentos se sintió raro. Después desasoció una cosa de la otra. Me cuenta que desde el CentroGeo empezaron a investigar y cuando publicaron un par de hallazgos, la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas de su país los llamó luego de buscar infructuosamente los cadáveres de un grupo de CUARENTA Y TRES estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa que fueron desaparecidos, y cuya historia da, no para una crónica, sino para una serie documental, como debería dar cualquiera de los casos de desaparición forzada en México, que pasó de sumar VEINTISÉIS MIL desaparecidos en 2013 a CIENTO TREINTA MIL en 2025. 

Escribo en letras y en mayúsculas el número de desaparecidos precisamente con la intención de que no se conviertan en un número más porque se trata de personas, cada una con vidas y parientes que quedaron destrozados. Y me duele ver con qué naturalidad hablamos de desapariciones utilizando la voz pasiva (fueron desaparecidas), como si aquellas personas hubiesen sido abducidas por una nave espacial y no a manos de los verdaderos cerdos de esta historia: mafiosos amangualados con policías, militares y políticos para quienes resulta incómodo que haya personas velando por sociedades con condiciones más justas y equitativas o, en su defecto, cómplices que tengan información que nadie puede conocer. 

Las "versiones históricas" de casos como el de la Escuela Normal de Ayotzinapa siempre culpan a grupos criminales menores y a policías locales, como si las fuerzas armadas y las autoridades que desde muy altos mandos dan la orden jamás hubieran participado en las masacres. Para fabricar esas versiones históricas, las autoridades se dan maña y consiguen testimonios bajo tortura, alteran evidencias y entorpecen la investigación generando contradicciones en todo el proceso, así de tildar de vagos, revoltosos, infiltrados, guerrilleros y hasta terroristas a los desaparecidos. 

Un dron preparado para sobrevolar un terreno durante una jornada de búsqueda en Jalisco. CEDIDA
Un dron preparado para sobrevolar un terreno durante una jornada de búsqueda en Jalisco. CEDIDA

Colombia, camposanto de desaparecidos

¿Que qué velas toco yo en esos "entierros" que están tan lejos de mi país, como para ponerme a escribir sobre el tema? No es un mundo muy desconocido para mí. Algunos, si no todos los lectores, sabrán que Colombia es abanderado y experto en masacres, desapariciones forzadas y fosas comunes. Los altos mandos de nuestro gobierno (incluido un ex presidente) son más que diestros en evadir su responsabilidad, incluso una vez demostrado que ellos ‘dieron la orden’. 

La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas de Colombia (UBPD), que trabaja para encontrar los cuerpos de los CIENTO TREINTA Y DOS MIL OCHOCIENTOS SETENTA Y SIETE (132.877) desaparecidos reportados hasta la fecha, cifra que, a pesar de los acuerdos de paz de 2016, ha seguido creciendo según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que documentó al menos MIL SETECIENTOS TREINTA (1.730) nuevos casos.

Silván me explica los detalles técnicos de su trabajo. “Se pueden utilizar diferentes tipos de imágenes: espectrales, hiperespectrales, de análisis térmico y LiDAR (Light Detection and Ranging). A través de estas últimas era prácticamente imposible detectar fosas porque sólo percibían hundimientos muy sutiles a través del dosel de los árboles, pero con las otras técnicas se pueden realzar esos hundimientos para determinar si la densidad del suelo es menor debido a que hubo una excavación”. 

Por su parte, las imágenes hiperespectrales y de análisis térmico logran ver colores que no percibe el ojo humano. “Matices de colores en la gama del infrarrojo que nosotros llamamos longitudes de onda y que perciben las anomalías del terreno. Cuando un cuerpo se descompone en el subsuelo, hay una intensa actividad bacteriana y metabólica de microorganismos y descomponedores (insectos) que rompen los tejidos. Este proceso metabólico libera energía, aumentando la temperatura del suelo circundante, especialmente durante la fase de descomposición activa”. 

Para lograr tener certeza sobre estos cambios, un dron tiene que volar a treinta o cuarenta metros para que haya más definición y detalle. “Las cámaras satelitales sólo pueden detectar un pulso de nitrógeno masivo en el suelo, así que únicamente detectarían lo que llamamos mega fosas con centenares de cuerpos allí enterrados, como las que hay en tu país”, continúa José Luis y le pregunto entonces si sus hallazgos e investigaciones han servido para intercambiar experiencias con sus pares en Colombia. Está muy familiarizado con un nombre en particular: La escombrera

Investigadores preparan un dron con sensores para analizar el terreno y detectar posibles fosas clandestinas. CEDIDA
Investigadores preparan un dron con sensores para analizar el terreno y detectar posibles fosas clandestinas. CEDIDA

Las cuchas tenían razón

La arenera o La escombrera es una cárcava de extracción de arena para construcción en la que, en una parte se extrae gravilla o arena, y en la otra se arrojan los escombros del material que no sirve. También es la zona de fosas comunes más mentada en Colombia en los últimos años, en la que se dice que hay por lo menos QUINIENTAS DOS víctimas de desaparición forzada, de las CINCO MIL NOVECIENTAS DOCE personas desaparecidas de Medellín, la mayoría ocurridas en la Comuna 13 entre 2001 y 2002, cuando se realizaron varias intervenciones militares en la zona como la operación Orión, en la cual participaron paramilitares del Bloque Cacique Nutibara para expulsar a las milicias urbanas de las FARC, el ELN y los Comandos Armados del Pueblo. Se ha constatado que en estas operaciones, ordenadas por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, hubo múltiples violaciones a los derechos humanos que fueron denunciadas desde por sobrevivientes, familiares de las víctimas y organizaciones de derechos humanos.

“Fíjate qué casualidad: justo en las próximas semanas vamos a viajar a Colombia varios miembros de la comisión para encontrarnos con el equipo de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas de Colombia (UBPD). Ya hace unos meses nos visitó un paisano tuyo, antropólogo él… ¡Julián Arias! Hemos intercambiado mucha información con el equipo colombiano, pero este experimento con los cerdos ya es poco útil para muchos de los casos allá, porque entiendo que esos desaparecidos de La escombrera, por ejemplo, ya llevan dos décadas sin encontrarse, de suerte que su descomposición sucedió hace tiempo y aparte en un terreno con una topografía que no es natural por los escombros que se tiran allí una y otra vez, lo cual hace que la profundidad de las fosas sea de más de un metro y medio, con lo cual las fotografías aéreas no detectarían cambios orgánicos, si hubiese lugar a ellos”.

El magistrado de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) Gustavo Salazar pidió medidas cautelares para La Escombrera y se empecinó en continuar la excavación de esa zona desde 2020. Cuatro años más tarde, cuando se quería desistir y en un esfuerzo mancomunado con la UBPD, al fin lograron encontrar restos humanos de dos cuerpos que constataron que las madres buscadoras tenían razón. La palabra "cucha" es un sinónimo un tanto irrespetuoso de vieja en Colombia, pero también es una manera muy cariñosa para referirse a la madre en los estratos más populares. Es por ello que al otro día del hallazgo apareció un graffiti inmenso con la frase que ahora es un statement político para señalar al gobierno de Uribe de esos crímenes de estado: Las cuchas tenían razón. 

Unos veinte obreros con retroexcavadoras, volquetas y zarandas para tamizar la tierra han removido más de 60 mil metros cúbicos de escombros, arena y tierra para poder dar con esos dos cuerpos. El equipo forense de cinco o seis personas, más un ingeniero civil y un paramédico acompañan aún el proceso porque después de este hallazgo se encontraron otros cinco de los QUINIENTOS DOS desaparecidos.

“La labor de búsqueda tuvo un alto grado de incertidumbre. Eso dio lugar a muchos cuestionamientos profesionales y éticos, porque destinamos recursos económicos importantes a un proceso que no ofrecía resultados. Me tildaban de iluso por tomar decisiones frente a lo que llamaban un mito urbano. La derecha alegaba que el lugar era un botadero de cadáveres para las milicias también, pero de los siete cuerpos, ya tenemos seis identificados y todos fueron desaparecidos en 2002”. Un periodista radial llegó a la cerdada de insinuar que esas personas encontradas en La Escombrera habían sido enterradas ahí por sus familiares. Así son los cerdos en Colombia.

Equipo forense prepara cerdos para un ejercicio experimental de enterramiento en Cajititlán, Jalisco. CEDIDA
Equipo forense prepara cerdos para un ejercicio experimental de enterramiento en Cajititlán, Jalisco. CEDIDA

Cóctel Molotov

Pero volvamos de nuevo a los cerdos disfrazados de personas asesinadas en Jalisco. La filigrana de la simulación es tal, que no solamente los entierran, sino que los visten, los envuelven en cobijas y hasta los encintan como un tamal mal amarrado. Se me viene a la cabeza esa canción de Molotov que dice "Cerdo / no me llames cerdo / mueve tu cuerpo", cuando pienso en los perpetradores de estos crímenes que tienen todo todo el power, como reza otra de las canciones insignes de la banda mexicana que denuncia los desmadres de la clase dirigente en su país: "La policía te está extorsionando / Pero ellos viven de lo que tú estás pagando / Y si te tratan como a un delincuente / No es tu culpa, dale gracias al regente".  

Mientras mi cabeza divaga entre canciones de Molotov, le pregunto a Silván qué factores o rasgos de los desaparecidos se tienen en cuenta a la hora de simular cuerpos humanos enterrados. Por supuesto que no llevan ropa similar a la que llevaba cada estudiante, ni tienen la misma edad que cada uno de estos muchachos que rondaban los veinte años, pero no dejo de pensar en lo sórdida y descarnada que resulta la imagen, y en lo mucho que serviría para describir la crueldad humana en un texto de realismo mágico. “Lo que sí tenemos en cuenta es que el peso sea comparable al de un ser humano promedio”. La similitud corporal entre un cerdo y un humano es del 98%, lo que hace que este animal sea perfecto para el experimento. “Su piel lampiña y la manera en que sus capas de grasa se descomponen son muy parecidas a la de los humanos”. 

No deja de ser paradójico que José Luis utilice la palabra "rastros" para referirse a los mataderos donde se sacrifican algunos de los cerdos que ayudan a buscar los rastros de los desaparecidos. “Recibimos donaciones de las granjas vecinas en Jalisco. Son cerdos que no sirven para la ingesta humana porque están enfermos”. Le pregunto si él ha tenido que vestir a los difuntos porcinos y me disculpo por hacerle preguntas amarillistas, aunque no me da ningún pudor escribir esta crónica con todos lo colores que amerita, especialmente el rojo sangriento que caracteriza a la violencia humana.

Equipo de investigación delimita el terreno al inicio de la preparación de fosas experimentales en Jalisco. CEDIDA
Equipo de investigación delimita el terreno al inicio de la preparación de fosas experimentales en Jalisco. CEDIDA

El gran banquete de Iguala

El caso de Ayotzinapa es una década más reciente que el de La escombrera en Colombia. Sucedió en 2014, cuando un grupo de estudiantes de la normal viajaba en varios buses retenidos hacia Ciudad de México para participar en manifestaciones conmemorativas de la masacre de Tlatelolco y, al pasar por la ciudad de Iguala, dio la casualidad de que se celebraba una fiesta en la que el alcalde José Luis Abarca Velázquez —presunto aliado del grupo criminal Guerreros Unidos, a quienes se decía que les pagaba protección— y su esposa María de los Ángeles Pineda —supuesto enlace con el grupo de delincuentes, pues varios de sus hermanos eran miembros del desaparecido Cártel narcotraficante de los Beltrán Leyva— daban una fiesta para mostrar  sus logros y anunciar la candidatura a alcaldesa de Pineda. Y aunque no existe evidencia alguna de que los estudiantes buscaran interferir en el evento, fue a una cuadra de la fiesta donde la policía interceptó los buses y abrió fuego contra los muchachos que se bajaron a enfrentarlos.  

Aunque nueve años más tarde, en 2023, no hubo una detección directa en este caso, Silván y su equipo reconstruyeron un modelo 3D de La Barranca El carnicero, cerca del basurero de Cocula, en donde los testigos aseguraron que aventaron los cuerpos de los estudiantes, algunos ya cremados previamente. “Lo que tratamos de investigar fue cómo el agua desplazó esos restos hacia otros puntos en donde se acumulaban para poder encontrarlos”. El lugar en donde hallaron restos se mantuvo en secreto, de suerte que Silván no sabe si su modelo atinó, pero lo cierto es que “sí se pudo constatar que dentro de los restos estaban dos de los desaparecidos, a través de muestras de ADN que se estudiaron en la Universidad de Innsbruck, en Austria, famosa por reconstruir el ADN de restos de cadáveres del devastador tsunami de 2004 en Tailandia”.

Barranca El carnicero, óigase bien: El carnicero. ¡Todo parece de ficción! Y de terror. La tradición literaria de la que provengo me hace imaginar de una manera hiperbólica esta realidad. Pero no fue allí en donde se enterraron los primeros cerdos para la investigación, sino en un terreno alquilado en Morelos. “Se hizo una fosa con dos, una con tres, otra con cuatro… y otras dos sin nada. Hemos hecho ya siete simulacros”. Cuando insisto en preguntarle por las vestimentas de los cerdos y la manera en que se disponen en las fosas, Silván me dice que para él fue mucho más impresionante encontrar un zapatito en la búsqueda de una niña que ver a los cerdos vestidos, y me da el teléfono de Tunuari Chávez, el director de Análisis y Contexto de la Comisión de búsqueda de personas del Estado de Jalisco, para que me dé más detalles.

Excavación de una fosa durante las pruebas experimentales del equipo forense en Jalisco. CEDIDA
Excavación de una fosa durante las pruebas experimentales del equipo forense en Jalisco. CEDIDA

Breaking Bad

Tunuari viaja en la camioneta que les dieron para sus desplazamientos hacia La Barranca de Huentitán en el norte de Guadalajara (el quinto espacio de experimentación con fosas de cerdos). Va acompañado por José, experto en entomología forense, Luisa, especialista en botánica forense y Laura, especialista en fototrampeo de fauna silvestre. “En este caso concreto queremos investigar qué agentes o factores naturales participan también en la dispersión de un cuerpo, porque la cabeza de uno de los cerdos fue a dar a una cueva, y no sabemos si fue el agua o un animal carroñero el que la trasportó hasta allí”, me explica por altavoz. Ellos mismos preparan los cerdos, y no propiamente como a una cochinita pibil. Muchas veces tienen que desmembrarlos para simular la manera en que desperdigan sus partes los delincuentes pensando en que no los delaten animales carroñeros. Usan todas las técnicas que utilizan los perpetradores: “cobijas, bolsas negras, cal, piedras, ácido… tienen una infinidad de trucos para ocultar los cuerpos”.

Coincidencialmente hablo con Chávez pocos días después del recrudecimiento de la violencia por parte de los carteles del narcotráfico a causa de la captura y dada de baja de El Mencho, uno de los grandes capos de la estructura del negocio ilegal, mientras visitaba a una de sus parejas sentimentales en Tapalpa, Jalisco. Olas de incendios, balaceras y bloqueos en protesta y venganza a la muerte de su líder han resultado en la muerte de VEINTICINCO miembros de la Guardia Nacional y TREINTA personas vinculadas a grupos criminales. Esto es tan sólo el comienzo de un remesón que según Tunuari va a traer muchos más decesos. “Muy seguramente habrá cambios profundos en la organización criminal. ¿Sabes, cuando llega un nuevo gerente a la compañía en la que trabajas y se trae a toda su gente de confianza y despide a muchos? Bueno, así”, me dice Tunuari, pero me da a entender que en este caso los despiden de este mundo y no de sus puestos de ‘trabajo’.   

Y hablando de organigramas, a pesar del cargo tan importante que Tunuari tiene en la Comisión de búsqueda, él mismo ha participado con sus propias manos tanto en la preparación de los cerdos, como en la excavación de terreno. “Son predios de acceso restringido, principalmente en campos universitarios”. Antes trabajó en la Comisión de Derechos Humanos haciendo un mapeo de terrenos aptos para fosas comunes. “Aunque es difícil establecer las características que tienen en cuenta los encargados de ocultar los cuerpos, sabemos que se necesita que sea un lugar inhóspito, pero a la vez de fácil acceso por trocha o carretera para llevar hasta allí a los secuestrados vivos y muertos, y que no puede ser un terreno de piedra porque es muy difícil excavar”. 

Marcaje y delimitación del terreno durante un ejercicio de creación de fosas experimentales en Jalisco. TUNUARY CHÁVEZ
Marcaje y delimitación del terreno durante un ejercicio de creación de fosas experimentales en Jalisco. TUNUARY CHÁVEZ

En el primer experimento tenían pocos recursos y si esperaban a que el proyecto encontrara eco y atravesara todo el proceso burocrático para recibir fondos, se habrían  demorado mucho más. “Por eso pusimos de nuestro bolsillo, usamos ropa nuestra para vestir a los animales, compramos bolsas de basura gigantes, cintas gaffer…”, todos los ‘props’ que, como en una película, se necesitaban para emular la escena de tan atroces crímenes. Tunuari invitó a varios estudiantes de Ciencias Forenses a participar para poder tener suficiente mano de obra. “Ellos aprendieron mucho más que simplemente recrear la escena de un crimen. Fue tan determinante esta experiencia, que hoy en día algunos forman parte del equipo a nivel profesional. Después de ese primer simulacro fue que nos empezaron a tomar en serio”.  

Jalisco es el estado líder en producción de carne de cerdo en México. Genera más de 400 mil toneladas anuales. Así las cosas, fue muy sencillo que les donaran los primeros catorce cerdos que enterraron. Eran más bien flacos. Pesaban alrededor de 65 kilos, que es un peso bajo para un animal como este. Los llevaron vivos al terreno esa noche y a la mañana siguiente los sacrificaron con una ‘punción al miocardio’, que en palabras de a pie no es más que una cuchillada directo al corazón. El impacto emocional que genera vestir a un cerdo puede ser nulo. El de matarlo ya es otra cosa, y el de tener que encintarle luego la cabeza e imaginar la asfixia por la que mueren seres humanos que han sido encontrados así ya debe ser de otro nivel, y habla de una manera muy profunda sobre lo que verdaderamente implica dedicarse a las ciencias forenses. 

Me los imagino como Walter White y Jesse Pinkman, los protagonistas de Breaking Bad, cuando Tunuari me cuenta que también tuvieron que disolver el cuerpo de un cerdo en ácido. “Es complicado tener el rol de perpetrador de un asesinato, así sea un simulacro. No es sencillo procesarlo en términos psicológicos, pero una vez comprendes que estás al servicio de un fin mucho más profundo y humano que el de reconstruir la escena de un crimen, y que puedes traerle sosiego a una madre o a un hermano que lleva años sin saber de su ser querido, te pones manos a la obra sin remilgos”. 

Operadores siguen el vuelo de un dron utilizado para inspeccionar el terreno en Jalisco. CEDIDA
Operadores siguen el vuelo de un dron utilizado para inspeccionar el terreno en Jalisco. CEDIDA

La vida después de la vida

Aunque la calidad humana y el nivel profesional de todo el equipo es superior, Tunuari me cuenta que, ya acostumbrados al trabajo de campo, una de sus compañeras hasta vistió a uno de los cerdos con ropa de su ex y otra con el uniforme de su trabajo anterior. “Aprovecharon el ‘trabajo sucio’ para llevar a cabo lo que Jodorowski llama un acto psicomágico, ¿sabes de qué te hablo?”. Por supuesto que sé de qué me habla pues yo misma llevé a cabo uno que plasmé aquí, pero no creo que nadie haya llegado a una verosimilitud tal como la que lograron ellas. Esto no quiere decir que sean insensibles o que no recuerden la seriedad de su trabajo. De hecho, en uno de los experimentos fueron incapaces de matar a dos chanchitos pequeños y tuvieron que pedir que los sacrificaran en el rastro. “Nos miraban con los ojos de un niño y se nos arrugó demasiado el corazón, especialmente porque en ese experimento cubrimos las fosas con acrílico transparente para poder ver día a día el proceso de descomposición de cada cuerpo”. 

Por supuesto que jamás han invitado a la prensa al momento de los entierros ni mucho menos de las exhumaciones, así como tampoco permiten por nada del mundo que se filtren fotos del proceso en los medios. Lo hacen por respeto a los colectivos de madres buscadoras, a quienes sí han invitado al terreno para que sientan que alguien trabaja por encontrar a sus hijos y tengan algún tipo de contención. En estas visitas la esperanza es literalmente verde: “Les mostramos cómo, gracias a la presencia abundante de nutrientes que genera la descomposición de los cuerpos, la vegetación reverdece con tonos mucho más intensos que los usuales allí donde hay cadáveres. Enterrar un cuerpo de 70 kilos de peso tiene como resultado el equivalente a que regaras ese lugar con 50 litros de agua muy muy rica en nitrógeno, magnesio, fósforo y potasio. El magnesio y el potasio son componentes esenciales de la sangre y también de la clorofila, lo que hace que las plantas que crecen donde hay sangre tengan una sobreproducción de clorofila.”

De la misma manera metafórica y esperanzadora, el fósforo hace que en esos camposantos pululen a destiempo y en abundancia flores que normalmente sólo brotan en primavera, como el tagete tulunata, una flor muy amarilla parecida a la caléndula. Por si los simbolismos de esta historia fueran pocos, descubro que esa flor juega un papel muy importante en las ofrendas del Día de Muertos, y que la otra flor que Laura, la botánica, menciona es una florecita violeta que sirve para aliviar los síntomas producto de la picadura de una víbora: la bouchea prismática o verbena cimarrona. 

Pienso en el veneno inoculado en una madre a la que le desaparecen su hijo y siento que el dolor de una mordedura de víbora es ínfimo, minúsculo, prácticamente inexistente, al lado de lo que esas mamás deben sentir. Recuerdo cómo matan a los cerdos (punción al miocardio) y viene a mí la profecía bíblica que el anciano Simeón le hace a María durante la presentación de Jesús en el templo: “una espada atravesará tu corazón”.

Tunuari relata que una de las madres se dolió cuando le explicaron lo de las flores y lamentó que fueran sólo ellas las que estaban vivas. “La consoló diciéndole que, aunque a lo mejor no encontráramos a su hijo con la forma de vida que tenía anteriormente, queríamos encontrarlo en la vida que hay después de la vida, como reza el título de ese famoso libro que desafía nuestra percepción sobre la vida, la muerte y el más allá”. Me quedo pensando si morir es igual a desaparecer, y si desaparecer es igual a ser asesinado brutalmente, pero como las respuestas son infinitas, me quedo con la frase del artista Edvard Munch que Luisa, la botánica, puso hace unos meses en su estado de Facebook y que desde entonces se convirtió en el leit motif de todo el equipo que lleva a cabo esta gran labor: “De mi cuerpo descompuesto crecerán flores y yo estaré allí. Eso es eternidad”.

Periodista y escritora. Ha colaborado en medios colombianos como El Tiempo, SoHo y Arcadia. Autora de las novelas De esta agua no beberé (2005) y Sin Título, 1977 (2008). Su último libro de no ficción, Las muertes chiquitas, en el que aborda el tema de la depresión, acaba de ser publicado en España por La Navaja Suiza Editores.

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