Julia Vattuone, la astróloga que pensó las infancias

La autora de 'Mi primer libro de astrología' reúne en las sierras de Córdoba a madres interesadas en la crianza, la espiritualidad y los vínculos familiares.

Valle de Las Rosas (Córdoba)
Julia Vattuone, autora de 'Mi primer libro de astrología', combina docencia, astrología y encuentros colectivos orientados a mujeres y familias. CORTESÍA
Julia Vattuone, autora de 'Mi primer libro de astrología', combina docencia, astrología y encuentros colectivos orientados a mujeres y familias. CORTESÍA

Una estrella de luz resplandece en el medio de un terreno agreste, cerca de la subida al cerro Champaqui, en una zona conocida como Traslasierra, en la provincia de Córdoba, Argentina. De lejos, no se distingue si es una fogata o un meteorito estrellado. La luna, agazapada detrás de una nube gruesa, no contrapone su luminosidad. Sin los haces rojos y amarillos que salen de la bola de fuego no habría senderos por donde caminar en la noche cerrada. Como si tuvieran fuerza magnética, al visitante o, mejor dicho, a la visitante la guían hacia el agujero de luz y calor que, a poco de andar, vislumbra el contorno de una casa pequeña. O “una cueva”, como la llama la astróloga Julia Vattuone, de pie, en una de las puntas de la mesa de madera que ocupa casi la totalidad del espacio.

Julia tiene el pelo negro, enrulado; le cae por cada lado hasta taparle los hombros. Cuando habla, sus ojos achinados forman sonrisas pequeñas. Dentro de la cueva, una vez al mes, por la noche, Julia convoca a una decena de mujeres de varios puntos geográficos que se acercan al llamado del encuentro. La cueva es un cuadrado, aproximado, de cinco metros por cinco, rodeado con estantes que contienen tazas de cerámica, velas, copas y estampas. Sobre la mesa hay botellas de vino tinto, tazones para servir sopa, cuadernos, lápices de colores y biromes. Antes de comenzar el ritual, en un breve preámbulo de silencio, Julia dice:

—Esto que estamos haciendo hoy, de juntarnos y de traer debates que nos atraviesan desde el feminismo, desde la política, desde la maternidad, en otro momento estaban casi prohibidos, mal vistos. Condenados por la sociedad hasta con la muerte, si nos vamos hasta la Inquisición. Celebremos estar acá reunidas, en este espacio. Lo que suceda esta noche también será continuar la conversación con las brujas que no están, con las viejas tradiciones.

Julia llama “Catarsis astrológicas” a los encuentros donde comentan las cartas natales de las participantes, siguiendo la temporada astrológica. Tienen como objetivo traducir las emociones y experiencias de las mujeres a través del lenguaje astrológico, utilizando el ritual como una herramienta de identificación y respeto por la fuerza natural de cada una.

—Aunque los rituales tienen un componente simbólico —dice Julia—, no son solo un "viaje místico" para desconectarse, sino que están basados en situaciones concretas, personales y colectivas que atraviesan a las mujeres, como el feminismo, la política o la maternidad.

Velas, fuego y sopa humeante son los elementos que dispone Julia en la cueva para conectar con la noche, con la conversación grupal y con los saberes de la oscuridad. Su voz no es ingenua. Anuda su práctica dentro de la historia del ocultismo y de las brujas. Julia, a su modo, con su fuego sagitariano, como le gusta decir, es una voz más del aquelarre intemporal que por las noches sigue conjurando dolores y cantando alegrías.

Mujeres participan de las “Catarsis astrológicas”, encuentros nocturnos con cartas natales y rituales colectivos. CORTESÍA
Mujeres participan de las “Catarsis astrológicas”, encuentros nocturnos con cartas natales y rituales colectivos. CORTESÍA

 * * * *

Julia, de chica, miraba las estrellas desde la ventana de su habitación en San Isidro, en la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Las miraba como quien intenta leer un lenguaje que aún no conoce el idioma. Le gustaba detenerse en los puntos de luz del cielo oscuro, en la parte más astronómica del universo. Y, por otro lado, como tantas niñas y adolescentes, se divertía leyendo el horóscopo de la revista dominical. Esos dos acontecimientos fueron los tímidos acercamientos a la astrología que tuvo en su infancia. Hija de madre y padre arquitectos, su roce con lo intangible, con el misterio del universo, estaba mediado por la ciencia. Al punto que al terminar la escuela secundaria, la primera carrera de grado que pensó en anotarse, “para cambiar el mundo”, según sus palabras, fue sociología, una ciencia social. Al poco tiempo de empezar la carrera en la Universidad de Buenos Aires, le regalaron una visita a una astróloga para que le haga su carta natal.

—Yo era hija de la ciencia, de un papá y una mamá super racionales, aunque mi mamá estaba ligada a lo espiritual a través del catolicismo —dice—. La astrología llegó a mí, yo no la busqué.

En ese encuentro con una astróloga de Parque Leloir, en una zona de calles silenciosas y árboles altos de la provincia de Buenos Aires, algo se empezó a mover dentro de Julia. A poco de convertirse en socióloga, en una profesional de la ciencia, dejó la carrera para empezar a estudiar educación, más precisamente para ser maestra de grado. 

—Hubo un quiebre al abandonar la carrera faltándome relativamente poco, de dejar una formación muy vinculada a la razón, que se posiciona como antagónica a lo astrológico. Lo mismo me pasó cuando estudié educación. Si bien estaba vinculado a lo social, sentía que me hacía falta otra mirada, que no alcanzaba con entrar a una escuela y regirnos con un paradigma tan limitado.

Su movimiento vocacional la llevó a acercarse a la pedagogía antroposófica. En sus palabras, “tiene un camino más espiritual e incluso astrológico”. La antroposofía es un sistema filosófico y pedagógico (comúnmente asociado a las escuelas Waldorf) creado por Rudolf Steiner. A Julia la atrajo por su vínculo con lo espiritual y con el lenguaje de los astros en diálogo con su formación como educadora. Quizás influído por los astros, quizás por los movimientos propios del aquí y ahora, quizás porque dentro suyo estaba naciendo Ismaco, el primero de sus cinco hijos, Julia empezó a intuir que el futuro no iba a tener el mismo paisaje que el recorrido hasta ese momento.

A la vez que ensayaba nuevos modos de ser madre, en una casa de barro construida con su pareja en Mercedes, un pueblo rural de la provincia de Buenos Aires, Julia empezó a formarse intensamente en astrología.

—Empecé a estudiar sola con una persona que me guiaba. Me pasaba libros y los devoraba. Podía mirar el mundo con esos ojos astrológicos, podía ver a mis hijos con esos ojos, también podía ver a la sociedad.

Los intereses de Julia no variaban: la maternidad, los problemas sociales, los vínculos familiares. Lo que cambiaba era su lente para mirarlos.

—Me interesa mucho la astrología mundana. Trabaja sobre las cartas natales de los países. Hace los recorridos históricos de cada país mediante el camino planetario que los atraviesa. Como nacimiento de Estados nación, cada país también está acompañado de fuerzas. Ahí sentí que mi amor por la astrología y por la sociología podrían unirse. Me interesa observar los hechos sociales desde un nivel astrológico.

Los encuentros coordinados por Julia Vattuone reúnen a mujeres de distintos puntos del país. CORTESÍA
Los encuentros coordinados por Julia Vattuone reúnen a mujeres de distintos puntos del país. CORTESÍA

* * * *

La cuarta hija de Julia llegó con la posibilidad de mudarse al Valle de Traslasierra, en el oeste de la provincia de Córdoba. Precisamente en el Valle de las Rosas, en el departamento de San Javier. En un primer momento habían pensado mudarse a la Patagonia, pero decidieron por un clima seco, rodeado de arroyos, embalses y cerros. En parte por inserción laboral, en parte para empezar a vincularse con la comunidad, Julia empezó a realizar talleres grupales de astrología.

En un principio el taller estaba abierto a las masculinidades, sin embargo, participaban muy pocos hombres. Por lo general, concurrían mujeres atravesadas por la maternidad, por situaciones laborales, por problemáticas que compartían en torno a sus procedencias familiares. Julia estuvo dando material una vez por mes al grupo que se acercaba, durante un tiempo largo. Cuando se consolidó el espacio, empezó a renovar la propuesta hasta que los talleres diurnos se convirtieron en los aquelarres de mujeres.

 —Se fue dando un poco solo. Pasa que la astrología se acerca mucho a las mujeres, a las disidencias también. Hay pocos varones en relación a las consultas astrológicas. Son contados los que han venido a hacerse la carta natal, la revolución solar. Pareciera que ese camino de autoconocimiento está más permeado a las mujeres y, bueno, los varones por ahí encuentran otros espacios —dice Julia sonriendo con los ojos y con la boca—. Con las nenas pasa lo mismo.

Sea por su trabajo como educadora o por su vida todoterreno como madre de cinco hijos -Ismaco, Zeze, Orión, Irene, Río-, Julia está muy atenta a las infancias, adolescencias y a las maternidades.

—El vínculo astrología e infancia, astrología y maternidades es habitual en los encuentros —dice—. Las chicas traen o intentan pensar todo lo aprendido desde lo astrológico a través de cómo son sus hijos, tratando de entender por dónde va, por qué actúan de ese modo o por qué tienden a hacer tal cosa. Mi observación es que ellas quieren aprender astrología para poder acompañar a sus hijos desde la maternidad, entendiéndolos más y viéndolos desde otro lugar.

Ese otro lugar que nombra Julia, es el lente astrológico que, encuentro tras encuentro, noche tras noche, se va fundiendo a fuego lento en los aquelarres que se hacen a la orilla del cerro Champaqui.

Una vela ilumina los símbolos astrológicos utilizados en los encuentros grupales. CORTESÍA
Una vela ilumina los símbolos astrológicos utilizados en los encuentros grupales. CORTESÍA

* * * *

Una de las participantes en los encuentros en la cueva, es Eugenia Blanco, también habitante de las sierras cordobesas. Eugenia trabaja en la industria del libro desde hace más de 20 años, realizando trabajos para Continente, SM, Kapelusz, Planeta Junior, entre otras. Eugenia, encendida por el entusiasmo de los encuentros y de la conversación con Julia, fue macerando una idea: un libro de astrología para niñas y niños. Le propuso el plan a Planeta y a Julia y, al poco tiempo, empezaron el viaje, otro viaje.

 —El libro está vinculado a mis búsquedas como astróloga y sobre todo como docente —dice Julia adelantando coordenadas de lectura.

Julia empezó a trabajar en escuelas como docente hace unos pocos años. Vio una oportunidad en la escuela cercana a su casa y dijo, “bueno, voy”, en sus palabras. Esa nueva perspectiva la acercó a las infancias no solo como madre de cinco hijos o como acompañante de mujeres en las exploraciones astrológicas de sus maternidades. Le generaba un nuevo desafío no pensado hasta el momento: cómo trabajar con contenidos que siguen estando prohibidos por el diseño curricular de la provincia.

—La sociedad sigue priorizando un paradigma anti ocultismo, anti ciencia esotérica, ¿no? Todo ese contenido no ha entrado a la escuela. No digo que tenga que estarlo, pero en mi caso, digamos, me ha traído una contradicción a la hora de acercarme a las niñas y los niños en las escuelas.

Lo que en la escuela Julia no podía hacer, lo llevo a cabo en espacios informales. Al igual que los aquelarres para adultas, armó espacios de formación donde es libre para poder ver cartas astrales, hablar de los astros, de los planetas y de la conexión con la naturaleza

—Empecé a preparar material para niñas y niños como lo hice para las adultas. Una vez por mes nos juntábamos con los chicos y las chicas, cada uno con su carta, y hacíamos un ritual de ese elemento. Leíamos algo que tenía que ser cortito porque se cansaban. Trabajamos mucho a través de los cuentos y las poesías astrológicas.

'Mi primer libro de astrología', publicado por Planeta en Argentina, propone actividades y lecturas para niñas y niños. CORTESÍA
'Mi primer libro de astrología', publicado por Planeta en Argentina, propone actividades y lecturas para niñas y niños. CORTESÍA

El material que nombra Julia es parte fundamental del libro infantil Mi primer libro de astrología que acaba de publicar la editorial Planeta en Argentina. El proceso de creación del libro fue largo y trabajoso. En un principio iba a ser para adolescentes pero fue mutando hacia el lenguaje infantil. Incluye actividades prácticas para cada signo, plantea compatibilidades, gráfica la división por elementos, y alienta pequeños rituales para adentrarse en la astrología.

Julia nunca se había propuesto hacer un libro de este estilo, sin embargo, desde el principio tuvo el objetivo en claro: “Me interesaba que la astrología pueda llegar a cualquier vida.”

Las vidas pueden empezar por muchos lados. Por la voz de una madre, por el abrazo de un padre, por una reunión de amigas junto a un fuego. O por una biblioteca que se está formando, con primeras lecturas y nuevos lenguajes que nos alumbran desde el cielo.

Escritor. Colaborador en medios como Página/12, Gatopardo, Revista Anfibia, Iowa Literaria y El malpensante, entre otros. Autor de las novelas Un verano (2015) y La ley primera (2022) y del libro de cuentos Biografía y Ficción (2017), que fue merecedor del primer premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina (FNA). Su último libro, coescrito con Fernando Krapp, es la crónica ¡Viva la pepa! El psicoanálisis argentino descubre el LSD (2023), también premiado por el FNA.

Lo más leído
Newsletter Coolt

¡Suscríbete a nuestra 'newsletter'!

Recibe nuestros contenidos y entra a formar parte de una comunidad global.

coolt.com

Destacados