Libros

Un ‘Atlas de literatura latinoamericana’ más allá del canon

La editorial Nørdica traza un mapa de lectura “apasionado, original e injusto” de 50 escritores al margen del ‘boom’.

Ilustración dedicada al escritor Guillermo Cabrera Infante incluida en el 'Atlas de literatura latinoamericana'. NORDICA/AGUSTÍN COMOTTO

Durante los últimos tres años, para sus responsables, la vida era eso que transcurría mientras iban dando forma al Atlas de literatura latinoamericana. Una escribió un par de libros, otro ilustró varios también… Así, con unos tiempos inusualmente lentos —pandemia mediante— para la publicación de un título, la escritora Clara Obligado, el ilustrador Agustín Comotto y el editor de Nørdica, Diego Moreno, han alumbrado un atlas que no es un atlas, pues viene exento del carácter sientacátedras de este tipo de obras. No dice esto está aquí, esto allá y la distancia a escala tal es cual, no. Es inestable, movedizo, tiembla y hace temblar… Es atlas porque ofrece coordenadas geográficas para ordenar los 50 autores que incluye, pero, a partir de ahí se lee, se puede y se deja leer, como una novela, como un artículo, como una guía… Como se quiera, casi, pues tanto el tiempo lento de concepción como la libertad y la intuición que guiaron la selección se percibe y va impreso, de alguna manera, en el resultado final.

“Sí, creo que se nota mucho que trabajamos sin plazo fijo y sin presiones, pudimos pensar, corregir errores, sumar voces”, explica a COOLT Clara Obligado, quien ha coordinado a los reseñistas invitados a participar en el Atlas, entre los que figuran autores como Mónica Ojeda, Héctor Abad Faciolince, Lina MeruaneMariana Enríquez. “Nos dio tiempo a hacernos un poco amigos y a vibrar con los textos”, agrega la escritora. Y, en particular, sobre el trabajo de ilustración de Agustín Comotto, explica: “Yo entregué mis textos y el ilustrador luego dibujó… Y era una auténtica maravilla ver cómo resolvía de manera gráfica lo que para mí eran palabras. Fue un trabajo en conjunto muy estimulante. Ayudó, creo, también, que ambos somos argentinos que viven desde hace mucho en España, teníamos visiones comunes de algunos temas”. 

Apasionado, original e injusto

Pero para llegar a este punto hubo unas cuantas decisiones por las que había que pasar. Una de las más difíciles, casi la primera: saber qué incluir y qué no. Pero no fue para tanto porque Obligado lo tenía muy claro: no quería de nuevo a los autores del boom, porque no quería nada demasiado obvio, demasiado manido. “Debatí el tema con mis compañeros de tarea, en especial con el editor, quien estuvo de acuerdo porque buscaba un enfoque más moderno, y fue un lujo trabajar con su confianza y en libertad. No se trataba de volver a contar lo mismo, lo que se dice cuando se enumera a los autores del continente: casi todos hombres, casi todos del boom, casi todos novelistas. Son grandes autores conocidos por todos, así que ¿para qué repetir? Es hora de buscar qué se esconde en la sombra espesa que crearon sobre el resto de su generación y sobre las escritoras en general. Fue una propuesta muy definitiva, y nos permitió crear un libro absolutamente novedoso y apasionante. Habla mucho del poder aniquilador del canon que, por un lado, señala y muestra y, por otro, destruye lo que no está incluido”.

Así que sí, este manual excluye, sí; y además es injusto, también. Lo señalaron sus responsables en la presentación online del proyecto, cuando hablaron de un libro “apasionado, original e injusto”, solo que se hace cargo de su injusticia y, además, no es para tanto: los Borges, Cortázar, García Márquez andan entre las páginas tan naturalmente como lo hacen por nuestras bibliotecas domésticas. No pasa nada si en esta ocasión hacen sitio a los Luis de Lión, Lupe Rumazo, Virgilio Piñera, Teresa de la Parra o Carmen Lyra, cuyas obras son mucho más difíciles de encontrar y cuyos nombres quizá ni nos suenen.

Ilustración dedicada a la autora costarricense Carmen Lyra en el 'Atlas de literatura latinoamericana'. NORDICA/AGUSTÍN COMOTTO

Las que no hacían ‘boom’

Al igual que estaba claro que el Atlas no volvería sobre los habituales autores del canon, también lo estaba que se fijaría en las mujeres del mismo: “Creo que un aporte muy evidente es la presencia de mujeres, excluidas en general de cualquier clasificación que implique prestigio, o confinadas en un espacio ‘menor’. Cuando puse en el Atlas a Elena Garro, por ejemplo, esa gran olvidada, me conmoví”. También están Silvina Ocampo, Clarice Lispector, Nellie Campobello, Sara Gallardo y muchas otras que “en el contexto de esa época, ni se veían, ni se leían ni vendían. Es decir, las mujeres no hacían boom”, como escribe la filóloga Ana Gallego Cuiñas en su aportación al Atlas de Nørdica.

En este apartado es muy necesario recordar la presencia de las grandes, enormes mujeres —tal y como las muestra la maravillosa ilustración de Comotto— que permanecían alerta, serviciales y opacadas detrás de aquellos escritores; aquellas que, parafraseando el libro mítico de Katrine Marçal, le hacían la cena a sus canonizados maridos: “Nunca hubiera habido boom —recuerda Clara Obligado— sin esas mujeres, las esposas, que hicieron cuentas, organizaron, permitieron que sus maridos tuvieran tiempo para escribir, discutieron con ellos, sacrificaron muchas veces sus propias carreras o vivieron en la precariedad. No solo hacían la cena, ellas son la otra mitad de la historia. Y no solo ellas: no habría habido boom sin otra mujer muy importante, Carmen Balcells, la gran agente de todos ellos”.

Las (enormes) mujeres del 'boom', en el 'Atlas de literatura latinoamericana'. NORDICA/AGUSTÍN COMOTTO

Variedad, pluralidad e inestabilidad

La incorporación de las mujeres redunda en la variedad, una de las virtudes de esa recopilación que se suma a la variedad geográfica y que se duplica si se cuentan los nombres de quienes firman los textos: “También me parece un aporte que 50 escritores y críticos importantes elijan sin presión al autor que quieren representar”, dice Obligado. “La pluralidad del libro, creo, es uno de sus valores. Se puede leer un poco por encima, pero no se le sacaría realmente el jugo. Recomiendo, por lo tanto, que lo lean poco a poco, yendo y viniendo, que siempre es una forma generosa de leer los libros”.  

Inestabilidad recomendada en la lectura, inestabilidad desde el principio —el Atlas lleva en portada el subtítulo de Arquitectura inestable— e inestabilidad como principio, un valor que Clara Obligado defiende: “Otro gran aporte es el que se produce con la lectura de conjunto, cuando se aprecia el movimiento sísmico que produce la literatura en un continente que habla, en general, el mismo idioma. ¡Es un caso único! Es una literatura de tal riqueza que conmueve, cambiante, dialogante, confrontativa incluso. La literatura no es una estatua de mármol, un panteón, sino más bien una multitud, un río que fluye y todo lo arrastra. Quería representar la enorme vitalidad de nuestra literatura, e incorporar al Atlas, que pide un asentamiento nacional, la idea no solo de naciones, sino también de viajes, cruces, exilios, pérdidas y ganancias. Está la eterna violencia latinoamericana, y también el hecho de que hoy en día los escritores estamos conectados, nos encontramos en los aeropuertos, en los congresos, somos amigos aunque casi ni nos conozcamos porque están las redes. Somos mucho más híbridos que en el siglo pasado, y eso modifica nuestra manera de escribir, nuestro idioma. Era interesante representarlo”. 

La idea de viaje recorre el 'Atlas de literatura latinoamericana'. NORDICA/AGUSTÍN COMOTTO

Salirse del mapa

Hace décadas, cuando se viajaba con guía en vez de con internet, había algunas cuya especialidad no eran los típicos sitios de las típicas capitales sino otros más escondidos, menos visitados y, por supuesto, más difíciles de encontrar. De hecho, eran tan difíciles de encontrar que a veces lo que se encontraba era a otros viajeros que, con el mismo libro, estaban en la misma situación, buscando en vano el maldito lugar. Charlar con ellos, compartir intereses y anécdotas a la búsqueda de un lugar en la esquina del mundo que vete tú a saber si existía era verdaderamente el viaje, el mejor viaje. Esa guía de ayer es hoy este Atlas que indica, pero no deposita; que da pistas, pero no desvela; que impulsa, pero no dispone. Cada uno tira con él y camina a su velocidad, por los paisajes literarios que le apetezca recorrer y, hala, a descubrir mundo en forma de nuevos autores y autoras. Si le ha pasado a la responsable de la edición, cómo no le va a pasar a cualquiera que se acerque. Definitivamente, sí: “Creo que es lo que le va a pasar al lector o lectora del Atlas –explica Obligado–. Y digo ‘lector’ porque este libro se puede visitar como si fuera en sí mismo una obra literaria, porque lo es. Los textos, escritos por autores más jóvenes, son preciosos. Se saluda a los viejos amigos, por decirlo de alguna manera, y se sale de sus páginas con la sorpresa de desconocer ciertos rincones de nuestra literatura que bien merecerían encontrar un espacio más central”. 

Ilustración dedicada a la obra de la autora brasileña Clarise Lispector, en el 'Atlas de literatura latinoamericana'. NORDICA/AGUSTÍN COMOTTO

50 nombres más… 

Toda decisión es elección. Toda elección es exclusión y toda exclusión genera injusticia. El Atlas tenía que parar en alguna página, algún nombre debía ser el último, pero ¿quién se quedó fuera? ¿Quién no entró por poco? ¿Quién debería estar y no está?

Para convocar a la justicia poética-literaria, más allá de la injusticia numérica, preguntamos a Clara Obligado por los que se quedaron a las puertas del libro porque su espíritu, el de esta obra viva e insegura, es continuar avanzando más allá de las propias páginas y los meros nombres: “No está Horacio Quiroga, por ejemplo, un autor que me encanta, pero nadie lo propuso, y decidí no forzar las decisiones de los comentaristas, no está Echeverría, y solo estoy hablando de ausencias de uruguayos. ¿Merecerían estar? Claro que sí, pero no se trataba de pormenorizar y enumerar como si fuera la guía de teléfono. Se trataba de proponer, de mover, de conmover, incluso. Las ausencias también son importantes, digamos que hay autores que brillan por su ausencia, porque otros los recuerdan de manera indirecta. De hecho, hay autores o autoras que no están representados pero que en el fondo también lo están, porque toda literatura es una suma de textos y son nombrados, aunque no tengan una entrada solo para ellos”. 

Periodista cultural. Colaboradora de medios como La Maleta de Portbou, El Salto y La Marea o de las revistas Diseño Interior y La Aventura de la Historia, con temas que van desde la filosofía y la poesía hasta la arquitectura y el diseño. Es autora de la novela La otra vida de Egon (2010) y los libros de relatos Siete paradas en el país de las sombras (2005) y La carretera de los perros atropellados (2012).