Ocho ases de la literatura latinoamericana

En un mercado editorial en el que las apuestas se suceden como en un casino, ¿qué escritores y escritoras de la Latinoamérica actual hay que tener en cuenta?

Hubo un tiempo que aún se recuerda como los años dorados del boom, gracias a la astuta mercadotecnia de la célebre agente literaria catalana Carmen Balcells, en que la partida de la literatura latinoamericana se ganaba en todo el mundo sobre todo gracias al valor de cuatro ases: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Había muchos otros nombres en juego, claro, pero la suerte del tapete literario se inclinaba hacia las Américas por esos cuatro naipes.

Para algunos pocos entendidos algo similar había ocurrido antes también, porque de una basta literatura que se extendía desde el Caribe hasta Tierra del Fuego trascendían muy pocos nombres cuya obra tenía un valor incuestionable: Lezama Lima, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Augusto Roa Bastos...

Y algo de ello también ocurrió después, con la generación que pobló el páramo calcinado que dejó el estallido del boom. Muchos creen que en las décadas que siguieron al reinado de los cuatro ases sólo cuenta el fugaz paso de un rutilante y arrollador cometa chileno llamado Roberto Bolaño. Pero lo cierto es que hubo muchos otros astros, o naipes marcados en la baraja de la literatura latinoamericana de la misma generación del chileno que hoy forman parte del canon establecido por derecho propio. Autores furiosos y viscerales como el cubano Pedro Juan Gutiérrez o el colombiano Fernando Vallejo, estilistas exquisitos como el mexicano Daniel Sada o reflexivos y profundos como el argentino Ricardo Piglia ya son valores ampliamente validados por la crítica, la academia y los lectores.

Pero ¿qué sucedió después? ¿Cómo sigue la partida de la literatura latinoamericana en las primeras décadas del siglo XXI? O mejor, ¿cómo se encuentra hoy el tapete?

Pues la cosa no parece tan sencilla de dilucidar, porque la literatura universal ya no se resuelve en una simple mano de póquer. Más bien el juego literario se parece ahora a un gigantesco y desquiciado casino en el que abundan distracciones y trampas luminosas de todo tipo: ruidosas tragaperras de éxitos de temporada, ruletas y quinielas dudosas, traicioneras mesas de blackjack, dados cargados y demás embustes.

Es cierto que no parece fácil identificar los nuevos ases de la baraja, pero sí se puede reparar con un margen mínimo de error en aquellos naipes cuyo valor es ya incuestionable. Naipes que hoy es necesario leer, porque ya han hecho o están haciendo méritos necesarios para ganar la partida. Y un detalle saludable a tener en cuenta es que el juego ya no es solo cosa de ases y reyes. Las reinas de picas o corazones, da igual, que pasaban desapercibidas en el tapete literario del siglo XX o que eran retiradas matuteramente de la baraja por toscas manos prejuiciosas, hoy determinan la partida. Y son más letales y poderosas que una dama sobre las 64 casillas del tablero de ajedrez.

Lo que sigue a continuación es un breve repaso de esas cartas marcadas, las que gobiernan hoy el juego literario latinoamericano. Autoras y autores a los que conviene leer cuanto antes:

Fernanda Melchor. AVE NADA
Fernanda Melchor. AVE NADA

Fernanda Melchor (Boca del Río, 1982) 

Hay quien la compara con Truman Capote y con Comarc McCarthy. Éste por la brutalidad y contundencia de sus historias, y aquel por el apoyo narrativo en la no ficción. De hecho, Temporada de huracanes (2017) se inspira en una crónica roja: el hallazgo del cuerpo de una mujer en una acequia de Veracruz y la confesión de un asesino convencido de que la víctima habría intentado embrujarlo. La obra ha sido nominada para el prestigioso Man Booker International 2020. Y lo cierto es que la mexicana Fernanda Melchor gasta un estilo tan virtuoso como abrumador. Largos capítulos de esta novela carecen de puntos y apartes, en un arrollador e hipnótico fluir de un relato oral, a la manera de El otoño del patriarca de García Márquez, una deuda que la autora hace explícita en los agradecimientos. Ahora acaba de publicar Páradais, novela breve en la que la violencia vuelve a hacer acto de presencia. En la no ficción, la escritora también está dejando huella con las crónicas de Aquí no es Miami (2013). Y conviene seguirle la pista de cerca.

Juan Pablo VIllalobos. ANNA SCHULZ
Juan Pablo VIllalobos. ANNA SCHULZ

Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973)

El papel de heredero de Jorge Ibargüengoitia, como le asignan algunos críticos, no le queda nada grande, al contrario. El mexicano Villalobos también gasta de un humor ácido, negrísimo, irreverente y le saca un máximo partido literario con un estilo inimitable. Como se suele decir, en su caso el humor es cosa seria, no sólo porque reflexiona constantemente sobre los límites del humor o sobre qué podemos o no podemos reírnos, sino que lo utiliza además para reflexiones de calado a menudos sobre temas incómodos. Tal es el caso de su deslumbrante novela breve debut Fiesta en la madriguera (2010), donde la violencia y la riqueza del narco alcanzan cotas desopilantes a través de la mirada desnuda de un niño que deja en evidencia el absurdo. Otro tanto sucede en Te vendo un perro (2015) ambientada en México DF, que gira en torno a las artes plásticas y la vejez; o en No voy a pedirle a nadie que me crea (2016, Premio Herralde de Novela), a caballo entre su país y Cataluña, donde vive el escritor hace años. Su última novela es La invasión del pueblo del espíritu (2020).

Eduardo Ruiz Sosa. CANDAYA
Eduardo Ruiz Sosa. CANDAYA

Eduardo Ruiz Sosa (Culiacán, 1983)

También afincando hace algunos años en Barcelona como su paisano Villalobos, Ruiz Sosa adquirió cierta notoriedad por estas costas al ganar la I Beca de Creación Literaria Han Nefkens, de la que surgió una novela tan ambiciosa como lograda: Anatomía de la memoria (2014). Una obra en la que disecciona la furia del Estado mexicano en la represión de los movimientos estudiantiles de los años sesenta y setenta. Pero lo cierto es que mucho antes de los elogios de la crítica en el viejo continente, Ruiz Sosa ya había cosechado en su país el prestigioso Premio Nacional de Literatura Inés Arredondo en 2007 por el volumen de relatos La voluntad de marcharse. Y el año pasado el mexicano regresó al relato breve con un libro sobrecogedor en el que ya despliega una extraordinaria maestría en el oficio de narrar: Cuántos de los tuyos han muerto. Aquí se lo permite todo: altera la puntuación, escande los párrafos como si fueran versos, e incluso echa mano de la prosa poética. Todo eso para nombrar a una dama de difícil asidero, la que campea omnipresente en su tierra entre balaceras y decapitaciones. Y se sale con la suya.

Wendy Guerra. GABRIEL GUERRA
Wendy Guerra. GABRIEL GUERRA

Wendy Guerra (La Habana, 1970)

Poeta y narradora, Guerra es una de las nuevas escritoras cubanas con mayor proyección internacional. No solo porque ha sido traducida a más de una docena de idiomas, sino también por el reconocimiento, como la orden de Oficial Caballero de las Artes y las Letras otorgada por el gobierno de Francia en 2016. Sin embargo, quien se empeñe hoy en día, cuando el cadáver de Fidel hace tiempo que se ha enfriado, en encontrar una de sus novelas en La Habana, donde la autora reside, deberá recurrir al mercado negro. El tema de cabecera de Guerra, ya desde su primera novela Todos se van (2006), es el de la lenta desintegración del régimen y el cambio de la sociedad cubana. Su prosa es ágil, voluptuosa e irreverente. Y se sirve de ella para tomar partido por causas tanto sociales como políticas, en el noble sentido del término. Un ejemplo de ello es Negra (2013), una novela leída por los expertos como una suerte de manifiesto del afrofeminismo. Otra muy celebrada es Domingo de revolución (2016) y su última incursión en la narrativa de largo aliento es El Mercenario que coleccionaba obras de arte (2018).

Carlos Manuel Álvarez. ARCHIVO
Carlos Manuel Álvarez. ARCHIVO

Carlos Manuel Álvarez (Matanzas, 1989)

También en el mismo terreno de la ficción política y de la incómoda disidencia de Guerra se mueve su joven paisano Carlos Manuel Álvarez. Pero quizá, a diferencia de la escritora, su compromiso lo lleva a situaciones un tanto más delicadas. El pasado 14 de diciembre fue secuestrado por un grupo de agentes de la seguridad del Estado sin identificación y liberado días después. El motivo: secundar la huelga de hambre iniciada por el Movimiento San Isidro, que exige la liberación del artista y activista político Denis Solís. Y esta tampoco fue la primera vez que el joven escritor había sido encarcelado por sus ideas. Pero en todo caso, puede que sus mejores batallas políticas las libre en la página en blanco. En su primera novela, Los caídos (2018), Álvarez traza el retrato de una familia que se desmorona, y sus integrantes se convierten en adversarios entre sí, obligados a compartir un territorio común: el hogar. No cuesta mucho identificar por sinécdoque que el relato habla de un contexto un poco más amplio, la sociedad cubana en su conjunto. A pesar de su aislamiento, colabora habitualmente en medios extranjeros, y sus mejores crónicas han sido recogidas en el volumen La tribu. Retratos de Cuba (2017). Incluido en la lista Bogotá39 de los más prometedores narradores latinoamericanos de 2017 y en la lista de Granta de los 25 narradores jóvenes más destacados del español, el también periodista ha sido reconocido este mes de marzo con el Premio Don Quijote de la agencia Efe por un artículo en la revista cubana El Estornudo, de la que Álvarez es miembro fundador.

Juan Cardenas. OSWALDO RUIZ
Juan Cardenas. OSWALDO RUIZ

Juan Cárdenas (Popayán, 1978)

Traductor de Faulkner, Thomas Wolfe y Gordon Lish, entre otros, de aspecto civilizado, la imagen de Juan Cárdenas puede llamar a error a quien no lo haya leído. Algunos críticos señalan su querencia por la naturaleza salvaje y excesiva de Macondo, pero el colombiano está muy lejos y no solo generacionalmente de la estética del realismo mágico que preconizaba su paisano Nobel Gabriel García Márquez. Más bien, la de Cárdenas es una estética de la revancha de las culturas primitivas, del mundo salvaje americano, del indio, el negro y el aventurero en la selva que no se deja domesticar por la globalización homogeneizadora y las nuevas formas de colonialismo económico. Todos los lugares comunes y políticamente correctos de Occidente son el blanco dilecto de sus dardos, desde su primera novela Zumbido (2010) como en Los estratos (2013) y Ornamento (2015). La de Cárdenas es una prosa con mucho de coloquial, que no rechaza lo lírico, y que se muestra extremadamente hospitalaria con las voces más diversas. El diablo de las provincias (2017) en una vuelta de tuerca genial al género negro, a la manera de Leonardo Sciascia, para llevarlo más allá. Y su última Elástico de sombra (2020) puede leerse como una provocadora sentencia de muerte al arquetipo del hombre blanco.

Nona Fernández. SERGIO LÓPEZ ISLA
Nona Fernández. SERGIO LÓPEZ ISLA

Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971)

Hasta hace mucho era uno de los secretos mejores guardados de la literatura chilena. Secreto de puertas para afuera, porque esta actriz, guionista y activista feminista, además de escritora, era de sobras conocida y admirada en su país. Desde mediados de los años noventa a la fecha, la ristra de premios y distinciones que arrastra entre trabajo como actriz, sus guiones de teleseries e incluso obras de teatro, es más larga que las barbas de un profeta. Pero quizá sea aún más talentosa en el terreno literario puro y duro, porque su última novela La dimensión desconocida (2016) se alzó con el prestigioso Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Y no es para menos, los mimbres son mínimos para una historia demoledora que toma su título de aquella perturbadora serie de los años cincuenta. Corre 1984 y en una redacción de un periódico opositor de Santiago un desconocido se sienta a contarle a un periodista su historia. La historia de cómo se convirtió en torturador de los servicios secretos de Pinochet. A España de momento sólo ha llegado está última y su opera prima, Mapocho (2002), en la que remonta las aguas del famoso río chileno hacia el pasado para pescar en ellas injusticias, crímenes de estado y sangre derramada desde la conquista.

Monica Ojeda. LISBETH SALAS
Monica Ojeda. LISBETH SALAS

Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988)

Como sucede con otro naipe marcado que también merecería una entrada y lectura atenta (la escritora argentina Mariana Enríquez), las pesadillas de Lovecraft y la enfermiza imaginación de Stephen King son dos inspiraciones fácilmente reconocibles en la sólida poética narrativa de Mónica Ojeda. Pero más que lo espeluznante o lo macabro a secas, la materia narrativa de la ecuatoriana es el miedo. Y en su caso es un miedo que tiene muy poco de fantástico, porque se alimenta de «las experiencias abyectas del cuerpo, experiencias conflictivas en torno a la sexualidad como un espacio no solo de placer, sino de violencia», para decirlo con sus palabras. Y lo verdaderamente perturbador es la proeza narrativa con la que extrae chispazos de placer estético, de belleza al narrar lo abyecto. Incluida en la célebre lista Bogotá39-2017 de los mejores narradores latinoamericanos menores de cuarenta años y en la lista Granta 2021 de jóvenes narradores en español, la fama le viene a la ecuatoriana sobre todo por dos novelas demoledoras: Nefando (2016) y Mandíbula (2018). Perversiones en la deep wep y abuso infantil, madres muertas y obsesiones enfermizas, sadomasoquismo y secuestros... Puede que Ojeda no sea una lectura recomendada para estómagos delicados, pero tal y como está el patio es una experiencia reveladora y bien vale la pena el desafío. 

La baraja de naipes marcados por supuesto que no se acaba aquí, pero sí el somero repaso a las figuras más sonadas sobre el tapete en las últimas manos de la gran partida literaria. Un capítulo aparte quizá merecería la mesa de juego argentina, que en los últimos tiempos está dando lo mejor de sí en lo que reinas de tréboles, picas y diamantes se refiere. Quizá el empuje de los pañuelos verdes, el movimiento feminista a pie de calle que lucha por la despenalización del aborto en Argentina, tenga mucho que ver. Porque son mujeres en su gran mayoría las que hoy están haciendo la mejor literatura argentina: autoras como la citada Mariana Enríquez, Camila Sosa, Samanta Schweblin, Selva Almada y Gabriela Cabezón Cámara, entre otras.

Pero todo eso queda para una próxima entrega.

Periodista y escritor. Colabora en medios como La Nación. Autor del poemario Antología seca de Green Hills (2005) y las novelas Siete maneras de matar a un gato (2009) y Con el sol en la boca (2015). En 2010 la revista Granta lo incluyó en su número dedicado a Los mejores narradores jóvenes en español.

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