La última noche de Nicolás Maduro

Crónica de una madrugada que abre nuevos interrogantes en Venezuela. La población reacciona con silencio, compras apresuradas y cautela.

COOLT

Caracas
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante su traslado a un tribunal de Nueva York junto a su esposa, Cilia Flores, el 5 de enero de 2026. EFE/Stringer
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante su traslado a un tribunal de Nueva York junto a su esposa, Cilia Flores, el 5 de enero de 2026. EFE/Stringer

La noche del 2 de enero el país estaba en relativa calma. La gente se recuperaba de las fiestas de fin de año que, a pesar de la precaria situación económica que sufre la mayoría de los ciudadanos y la crisis política que se vive, los venezolanos no podían pasar por alto. Y al menos una hallaca, el plato más tradicional en tiempos navideños, no podía faltar en la mesa, incluso en los sectores más humildes.

La idea de una invasión para derrocar a Nicolás Maduro por parte de las fuerzas norteamericanas, o la extracción del presidente u otras figuras de la cúpula del poder, eran parte de los temas de conversación cotidiana en los últimos meses. Se hicieron parte del imaginario popular y hasta motivo de chistes y bromas, algo muy común entre los venezolanos. En este caso, la expectativa de que algo podía pasar solía expresarse cuando, por algún compromiso, deuda o acuerdo al que se quiere dar largas, se decía: “lo resolvemos cuando comiencen a caer las bombas” o “cuando se lleven a Maduro”. Una manera de decir que era algo que podía ocurrir, pero de lo cual no había certeza.

Pero esa madrugada del 3 de enero, apenas pasada la medianoche, la gente se despertó al escuchar detonaciones mucho más fuertes e impactantes que las que generan los fuegos artificiales que detonaron la reciente noche de fin de año. Especialmente quienes estaban cerca de los objetivos, en algunos casos, reportaron daños en sus propiedades y más tarde se identificaron fallecidos.

Esa noche había luna llena y algunos audaces, con sus celulares, despejaron dudas de lo que ocurría cuando, desde los techos de sus viviendas o balcones de edificios, lograron captar imágenes de los helicópteros artillados que sobrevolaban la ciudad de Caracas mientras las detonaciones se hacían más intensas.

Helicópteros sobrevuelan Caracas en la madrugada del 3 de enero de 2026. X / GRANDPAROY2
Helicópteros sobrevuelan Caracas en la madrugada del 3 de enero de 2026. X / GRANDPAROY2

Esa madrugada, aunque nadie tenía certeza de lo que ocurría, ataques con bombas impactaban en algunas bases militares, puertos, aeropuertos o antenas de transmisión.

Los videos que comenzaron a circular indicaban que el principal objetivo estuvo en Fuerte Tiuna, al suroeste de Caracas, que es la base militar más importante de la capital venezolana y donde están concentradas las principales fuerzas de protección del poder político.

Según los datos que se publicaron horas después, a las dos de la madrugada, 11 helicópteros MH-47G Chinook y MH-60L, armados y protegidos a distancia por una flota que se estimó en 150 aeronaves de guerra, estaban ya sobre La Casa de los Pinos, ubicada dentro de Fuerte Tiuna, que fue el “búnker” donde dormían y se escondían el jefe del gobierno, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, en los últimos tiempos. Esta estructura, ubicada en esas instalaciones militares, cuenta con canales subterráneos que comunican a distintas áreas del fuerte para situaciones de emergencia y facilidad de desplazamiento.

Esa operación había neutralizado sistemas de radares y de defensa del país. La rigurosa y meticulosa operación que algunos calificaron como “quirúrgica”, de ubicar y secuestrar a Nicolás Maduro y Cilia Flores, estuvo a cargo de la Fuerza Delta, equipo élite especializado en contraterrorismo, miembros del FBI y de la DEA.

Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron sorprendidos por este equipo y trasladados al buque de asalto USS Iwo Jima (LHD-7) y posteriormente llevados a Nueva York, donde enfrentaron cargos de narcotráfico y terrorismo en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, en Manhattan.

Según las reseñas del suceso, a los detenidos no les dio tiempo de encerrarse en el área blindada con la que cuenta el búnker. Lo que se vio en las imágenes fue una pareja con ropa de dormir y un extraño gorro con orejitas en la cabeza de Nicolás Maduro. En fin, una pareja a la que no le dio tiempo de recibir alguna alerta y que se disponía a dormir luego de un día de tranquilidad en su refugio y despreocupación por la seguridad de contar con suficientes escoltas y recursos de protección, ante la amenaza de Donald Trump de que sería detenido y una recompensa de 50 millones de dólares que se ofrecía a quien lo entregara.

Donald Trump, junto a John Ratcliffe y Marco Rubio, sigue desde Florida las operaciones militares. WHITE HOUSE
Donald Trump, junto a John Ratcliffe y Marco Rubio, sigue desde Florida las operaciones militares. WHITE HOUSE

Silencio, colas y falta de información

Luego del trasnocho de los caraqueños y de todos los ciudadanos del país, sorprendidos por la “extracción” del jefe del gobierno y del chavismo, el país amaneció en silencio. La información era limitada, ya que el gobierno había silenciado a los pocos medios privados que siguen en el aire y que, a pesar de ser aliados de la estructura gubernamental, no fueron confiables en estas nuevas circunstancias. De modo que nuevamente las redes sociales, los canales internacionales y los millones de venezolanos que viven en el exterior se convirtieron en la principal fuente de información.

Desde el gobierno solo se vieron algunos mensajes rechazando el secuestro del mandatario venezolano, pero sin precisión de lo que podrían hacer.

Durante los meses previos a este suceso, la campaña oficial hablaba de un pueblo unido al lado de “su presidente” y dispuesto a defender con las armas la “soberanía nacional” y a Nicolás Maduro. El propio Maduro solía retar a Trump a que lo viniera a buscar y le decía “aquí te espero”, y anunciaba la creación de milicias armadas y de una Fuerza Armada Bolivariana que no permitirían el ingreso de fuerzas extranjeras.

De allí que causó sorpresa la facilidad con la que se lo llevaron, el silencio de la mayoría de la población ante ese suceso y la ausencia de las supuestas milicias armadas y colectivos formados por la revolución chavista.

La principal preocupación de la gente no fue la indignación por la incursión norteamericana para llevarse a Maduro; fue ir a hacer compras apresuradamente para asegurar un abastecimiento mínimo de comida en prevención ante nuevas eventualidades.

Pero esa mañana todos los comercios estaban cerrados, el transporte público ausente y la gente, en lugar de salir a protestar contra “el imperio” y el secuestro del jefe revolucionario, a media mañana comenzó a salir a sumarse a las colas frente a los pocos negocios que decidieron abrir parcialmente sus puertas.

El día domingo 4 de enero se repitió el mismo escenario desde las primeras horas de la mañana. Allí estaba gran parte de la población haciendo filas para comprar alimentos y los voceros oficiales llamando a la tranquilidad y a la normalidad.

Delcy Rodríguez preside el Consejo de Ministros en el Palacio de Miraflores, el 4 de enero de 2026. PRENSA PRESIDENCIAL
Delcy Rodríguez preside el Consejo de Ministros en el Palacio de Miraflores, el 4 de enero de 2026. PRENSA PRESIDENCIAL

Junto a esos mensajes de llamado a la defensa de la soberanía, al día siguiente de los sucesos se emitió el decreto de Conmoción Exterior en la Gaceta Oficial número 6.954, que ordenó “la movilización de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en todo el territorio nacional y el uso del potencial existente como poder nacional para repeler la agresión extranjera”. Un decreto de Estado de Excepción número 5.200, en cuyo artículo 5 se estableció: “Los órganos de policía nacionales, estadales y municipales deberán emprender de manera inmediata la búsqueda y captura en todo el territorio nacional de toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque armado de Estados Unidos de América contra el territorio de la República, a los fines de su puesta a la orden del Ministerio Público y del sistema de justicia penal, con miras a su juzgamiento, con el cumplimiento de todas las garantías procesales inherentes al debido proceso y el derecho a la defensa”.

Ya para el día lunes, a propósito de esas medidas con la amenaza de encarcelar y procesar a todo aquel que manifieste su apoyo a la acción de Estados Unidos, la gente salió a la calle a trabajar o a comprar comida cuidando sus palabras en las filas y prácticamente obviando el tema del secuestro. Un silencio que ha persistido en la población después de las cuestionadas elecciones que ocurrieron el 28 de julio de 2024 y que se suma ahora en este nuevo escenario.

La vida del país ha seguido su curso, aunque de manera limitada. La población mira en las redes sociales alguna pista de cuál será el destino del país, si se arreglarán en algún momento los problemas que han vivido desde hace más de 25 años y el proceso que ahora se les sigue a Nicolás Maduro y Cilia Flores en los tribunales estadounidenses.

Pero al mismo tiempo suenan los rumores y las dudas de qué pasará en adelante, cuál es el objetivo final de Donald Trump y si será posible que Venezuela viva una futura transición a la democracia.

Un nuevo escenario político

Trump ha dicho que puede venir una segunda ola de acciones, sin especificar de qué tipo serían. Habla de supervisar y vigilar una transición para Venezuela y trasciende que ya comenzaron a buscar negociaciones y acuerdos con la nueva presidenta encargada, para lo cual anuncia un margen de tiempo.

Ese día lunes, 5 de enero, al instalarse la Asamblea Nacional, que domina casi en su totalidad el chavismo, fue designada de manera temporal como presidenta encargada la vicepresidenta Delcy Rodríguez, una de las figuras más importantes del grupo de poder, también sancionada por Estados Unidos, y el juramento se lo tomó su hermano Jorge Rodríguez, presidente de esa Asamblea y quien también forma parte de ese grupo exclusivo.

El discurso que dominó en esa Asamblea fue que esperaban el regreso de Nicolás Maduro, el rechazo al ataque de Estados Unidos y ofrecieron una apariencia de estar unidos en ese objetivo.

La facilidad y rapidez con que el comando estadounidense realizó la sustracción de Maduro, sin sufrir alguna baja en sus filas y aeronaves durante la incursión, generó dudas y sospechas de complicidad interna para la operación, especialmente en sectores del propio chavismo.

Recientemente se informó de bajas en las filas militares venezolanas y cubanas, más algunos civiles, que podrían pasar de 60 fallecidos, entre ellos militares que resguardaban a Maduro, pero se desconoce con exactitud cómo se produjeron esas muertes.

Es de recordar que en la historia latinoamericana esta no es la primera incursión de tropas estadounidenses en un país de la región. El 20 de diciembre de 1989, el presidente George H. W. Bush ordenó la invasión de Panamá, conocida como “Operación Causa Justa”, para capturar al dictador militar Manuel Antonio Noriega, quien había sido acusado en 1988 por tribunales estadounidenses de narcotráfico y crimen organizado, vinculado al Cartel de Medellín.

Marines estadounidenses durante la Operación Causa Justa en Panamá, 1989. PH1 ELLIOTT
Marines estadounidenses durante la Operación Causa Justa en Panamá, 1989. PH1 ELLIOTT

Guardando las distancias históricas, hay similitudes en los motivos de la incursión. Por ejemplo, Noriega había desconocido los resultados electorales que habían sido ganados por el opositor Guillermo Endara en mayo de 1989; a comienzos de diciembre de ese mismo año se declaró el Estado de Guerra con Estados Unidos y el 20 de diciembre se produjo la invasión y sustracción de Noriega.

Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido con Maduro en Venezuela, en aquella operación se requirió la intervención de 27.000 soldados estadounidenses que procedieron a desmantelar a las fuerzas panameñas comandadas por el dictador.

La operación causó unas 500 muertes entre militares y civiles. Otras estimaciones no oficiales hablaron de miles de fallecidos. Noriega fue condenado a 40 años de cárcel y murió en Panamá en 2017 por problemas de salud.

En el caso venezolano, a la par de las dudas de complicidad interna en la incursión norteamericana y los discursos revolucionarios de la nueva encargada de la Presidencia, un comunicado emitido luego de haber asumido el cargo invitaba a EEUU “a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación” en Venezuela tras la detención de Maduro.

En el mensaje a Donald Trump, la presidenta interina destacó que su país aspira a vivir sin amenazas externas y que desea priorizar el avance hacia unas relaciones equilibradas y respetuosas con Estados Unidos. Señala como “prioritario” alcanzar unas relaciones internacionales “equilibradas y respetuosas”, tanto con EEUU como con el resto de países de la región, y basadas en “la igualdad soberana y la no injerencia”.

Invitó al gobierno de Estados Unidos “a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y que fortalezca una convivencia comunitaria duradera”.

“Presidente Donald Trump: nuestros pueblos y nuestra región merecen la paz y el diálogo, no la guerra”. “Esa es la Venezuela en la que creo (...). Mi sueño es que Venezuela sea una gran potencia donde todos los venezolanos y venezolanas de bien nos encontremos”. “Venezuela tiene derecho a la paz, al desarrollo, a su soberanía y al futuro”.

Es un mensaje que da un vuelco al discurso que la cúpula madurista venía sosteniendo en los últimos tiempos. Un mensaje de apertura enviado a través de sus redes sociales que contrasta igualmente con el tono imponente de Donald Trump, quien, si bien ha reconocido que ha comenzado a mantener conversaciones con la presidenta encargada, a su vez ha mantenido la amenaza y ha advertido que espera que acceda a facilitar acuerdos y ha declarado que supervisarán una transición.

Desde luego que la posición de Delcy Rodríguez no necesariamente representa una sólida posición de todo el grupo de poder político y militar del chavismo. En este momento es un factor clave hacia dónde darán los siguientes pasos dos personajes con mucho poder en este cuadro. ¿Se alinearán a la estrategia de la presidenta encargada Delcy Rodríguez? Ellos son el ministro de la Defensa, el general Vladimir Padrino López, en el cargo desde 2014 y hombre de confianza de Nicolás Maduro, e igualmente Diosdado Cabello, quien mantiene un alto poder en la estructura, es ministro de Interior y controla todo el sistema policial y de seguridad del país. Ambos personajes están solicitados por tribunales estadounidenses y sobre ambos se ofrecen millones en recompensas por su captura, y se les identifica como el sector más radical dentro del chavismo. Junto a ellos y la nueva encargada de la Presidencia estará también el rol que jugarán Nicolás Maduro y Cilia Flores desde la prisión norteamericana.

Donald Trump envió una advertencia a Diosdado Cabello, advirtiéndole que podría encabezar la lista de objetivos militares de EEUU si no coopera en la transición y que podría correr la misma suerte que Maduro.

El mensaje de la presidenta encargada abre un camino a la negociación. Son 27 años de polarización, cerca de mil presos políticos, nueve millones de migrantes y una economía en el suelo. Lo que no se sabe hasta el momento es si esta nueva cúpula que ha asumido el poder podrá transitar sin conflictos extremos hacia una apertura para el país y cómo manejarán la política interna con la población y el sector opositor que aún queda en el país.

COOLT

Lo más leído
Newsletter Coolt

¡Suscríbete a nuestra 'newsletter'!

Recibe nuestros contenidos y entra a formar parte de una comunidad global.

coolt.com

Destacados