La extracción de Nicolás Maduro de su refugio en el Fuerte Tiuna de Caracas por parte de las fuerzas militares estadounidenses trajo para Venezuela una ansiedad de cambio hacia la democracia y la ilusión de que eso era posible tras 27 años de chavismo en el poder. La gran masa de ciudadanos no reparó en si se trataba de un ataque o de una invasión militar bajo el viejo estigma del “imperialismo”, pues solo miraba la posibilidad de un cambio para sus vidas.
Tres figuras del mismo chavismo asumieron la dirección del país. Dos de ellas son los hermanos Rodríguez. Delcy desde la presidencia interina y Jorge desde la presidencia de la Asamblea Nacional. Dos hermanos herederos de la ideología marxista-leninista inculcada por su padre, Jorge Antonio, un activista revolucionario de la izquierda radical que trascendió en la historia política venezolana tras morir en prisión a consecuencia de las torturas recibidas en tiempos de la democracia. Rodríguez había sido uno de los responsables del secuestro del empresario norteamericano William Frank Niehous, quien pasó tres años y medio en manos de sus captores.
Aquellos sucesos no solo definieron un rumbo ideológico para los hermanos Rodríguez, sino que también hicieron que cierta necesidad de venganza acompañara sus vidas en la política, como lo ha expresado la propia presidenta Delcy Rodríguez: “La Revolución Bolivariana fue nuestra venganza de esa época oscura donde muchos jóvenes fueron asesinados, torturados y desaparecidos”.
Los acompaña una tercera figura, Diosdado Cabello, uno de los dirigentes más radicales del chavismo, exmilitar que mantiene gran parte del control de los organismos de seguridad. Cabello se ha alineado con los hermanos Rodríguez en esta nueva etapa que aparenta un amplio acuerdo con el gobierno de Donald Trump. A Cabello, más que como un líder político, se le identifica como un hombre del aparato que ha tenido en sus manos el control de los cuerpos represivos y de las policías del país.

El viraje chavista
Ese viraje de 180 grados de la actual cúpula chavista hacia el gobierno de Trump ha llenado de incertidumbre el nuevo rumbo del país y la autenticidad de una transformación que echa por tierra 27 años de revolución.
En palabras de la propia presidenta interina, la extracción de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero cambió el panorama político de Venezuela. “Necesitábamos buscar una nueva Venezuela”, aseguró en una reciente entrevista con Time Magazine. Al referirse a esta nueva etapa habló de “corregir los errores del pasado para poder avanzar hacia el futuro (...) la necesidad de impulsar la transformación económica para atender las necesidades más apremiantes del pueblo venezolano (...) Mi trabajo diario me lleva a creer que hay un futuro brillante para Venezuela”, dijo en la entrevista a la centenaria revista estadounidense, publicada el pasado 31 de julio.
El hecho de que quienes hayan quedado al frente del poder sean tres figuras que acompañaron al chavismo en todas sus etapas genera desconfianza y merma las esperanzas de la población. Aun así, la ansiedad de cambio no ha desaparecido en la mayoría de la población, según indican importantes consultas de opinión.
Algunos se sorprenden por la alianza que se ha establecido entre Delcy Rodríguez y Donald Trump. Las alabanzas entre ambos se han sucedido junto con los acuerdos, especialmente el petrolero, que pone a disposición de Estados Unidos las grandes reservas para ser explotadas por empresas estadounidenses con garantías del Departamento de Estado. Desde distintas trincheras, opositoras o gubernamentales, se disparan críticas, dudas y cuestionamientos a ese acuerdo y a la gestión de Delcy.
También causa suspicacia y genera numerosas hipótesis la ambigua posición de apoyo a esta nueva etapa de Diosdado Cabello, secretario general del PSUV y ministro para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, así como la de Jorge Rodríguez. Ambos fueron durante años radicales enemigos de EEUU y gestores de numerosas operaciones contra las potencias occidentales.
El lenguaje radical y la persecución de miles de ciudadanos, llevados a la cárcel o al exilio hasta por publicar en las redes un mensaje que molestaba al poder, han sido sustituidos por un discurso de aparente conciliación, tolerancia y recuperación institucional y económica de Venezuela.

Paz y conciliación
Delcy Rodríguez ha puesto en marcha algunos programas promovidos desde la propaganda oficial con los que busca mejorar una imagen deteriorada y recuperar un apoyo que no ha logrado superar el 10 % de la población.
Una de estas políticas para recuperar respaldo, llamada Programa para la convivencia y la paz democrática, utiliza mensajes conciliatorios. En este programa, Delcy promueve “un tipo de sociedad diferente”. Aspira a alejar a la sociedad venezolana “del odio y la intolerancia” y encaminarla hacia un tiempo de “comprensión y convivencia” en el que se reconoce la diversidad. “Así es como veo el presente y el futuro”, ha dicho en reiteradas declaraciones.
Venezuela Renace es otro programa de promoción que ofrece un “renacimiento” del país. Con ello está reconociendo que se viene de un proceso destructivo. ¿Sería por los 11 años de Nicolás Maduro en el poder o por los 27 del chavismo? Aunque se reconoce la crisis, la atribuyen a las sanciones de EEUU y dejan de lado todos estos años de elevada corrupción en las industrias estatizadas y el florecimiento de las mafias en la economía ilegal, una realidad que ha sido visible para los venezolanos y documentada por reconocidas ONG y organismos internacionales.
En su propuesta informan de que han realizado al menos 30 encuentros con sectores económicos, políticos y sociales en todo el país. El principal logro anunciado ha sido el acuerdo petrolero con EEUU que, como se ha señalado, contempla una participación del 35 % del gobierno estadounidense. Igualmente, tendrán que entregar en concesión las refinerías del país que colapsaron por la ineficiencia de quienes las han dirigido y por una corrupción que ha sido ampliamente documentada.
Algunos expertos en esa materia sostienen que la reconstrucción de la industria petrolera y los beneficios para la población serán resultados a largo plazo que dependerán igualmente del establecimiento de un gobierno legítimo, de la reconstrucción de la institucionalidad, de la reducción del crimen organizado y de la transparencia en los acuerdos con las empresas inversionistas.
Delcy Rodríguez ha señalado que los resultados no dependerán de una sola persona y espera que "podamos construirla juntos”, aunque sus acuerdos están siendo muy cuestionados también desde sus propias filas políticas y comienzan a generar conflictos con sus exaliados de Rusia, China e Irán, apartados de los nuevos proyectos.
En su mensaje para los jóvenes y emprendedores anunció la creación del programa Emprender Juntos e informó de que ya se han registrado 56.000 jóvenes para impulsar sus iniciativas privadas. Esa propuesta va en sentido contrario al estigma y a la descalificación contra los sectores privados que prevalecieron en los años anteriores. No se trataba solo de descalificación, sino también de extorsión al comerciante, impuestos y la creación de complejos mecanismos para crear una empresa. Con este nuevo programa, Delcy intenta, entre otras cosas, hacer que regresen al país miles de migrantes, en su mayoría jóvenes cualificados con estudios universitarios y técnicos.
El trío que gobierna se enfrenta a múltiples barreras para mantenerse en el poder. A través del programa para la convivencia y la paz democrática se convocó la llamada Mesa de Diálogo, que lleva ya más de un mes instalada y en la que participan sectores opositores para promover acuerdos que deberían llevar al fortalecimiento y a la reinstitucionalización democrática. Se ofrece la protección de los derechos humanos y las libertades civiles y políticas. En este punto se ha cuestionado la lentitud de la liberación de presos políticos. Aún permanecen encarceladas 390 personas, según los datos verificados por varias ONG.
También se ha propuesto llevar adelante la reforma y renovación de los poderes públicos, en particular del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y del Consejo Nacional Electoral (CNE); el restablecimiento de garantías para la participación de partidos y dirigentes políticos, incluida la eliminación de las inhabilitaciones de partidos intervenidos y líderes políticos. Este último punto será el más complejo de cumplir para el grupo que gobierna, dado que, al acudir a unas elecciones libres con la participación de dirigentes inhabilitados como María Corina Machado, no solo perderían la Presidencia, sino también la representación mayoritaria parlamentaria.
En este diálogo no participa el sector representado por la líder María Corina Machado y su partido Vente Venezuela, que siguen siendo mayoría en el país y cuya organización ganó las elecciones de 2024, resultado no reconocido por el gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, no han interferido en esos diálogos.

Trump y los Rodríguez
El proceso de cambios despierta dudas sobre las intenciones de Donald Trump y el trío que gobierna. Algunos sospechan que esta nueva dirección del chavismo ha encontrado una fórmula de supervivencia política y económica con su nuevo aliado, quien, más que mostrar interés por la democracia venezolana, estaría dando prioridad a su supervivencia política interna en EEUU y a los intereses geopolíticos frente a China y Rusia.
Trump está logrando neutralizar las influencias de China, Rusia e Irán en Venezuela y, al mismo tiempo, ampliar el acceso a grandes reservas energéticas y minerales en tiempos de guerra, cuando el petróleo retoma una gran importancia geoestratégica. Trump ha celebrado los supuestos beneficios que obtendrán con los acuerdos con Venezuela, que apuntan a la reducción del precio de la gasolina y a contrarrestar el rechazo que han generado algunas de sus políticas internas.
Los resultados para Trump se medirán en las próximas elecciones a la Cámara de Representantes de EEUU del próximo 3 de noviembre, comicios que coinciden con otras elecciones federales, estatales y locales. Algunos sondeos y analistas predicen el ascenso del voto independiente y de los demócratas, que podría influir también en las presidenciales previstas para noviembre de 2028. Trump se enfrenta además al dilema de estar firmando acuerdos con un gobierno presidido por una encargada procedente del anterior Ejecutivo, encabezado por Nicolás Maduro, extraído por la fuerza del país y procesado en los tribunales, partiendo de la premisa de que aquel no era un gobierno legítimo.
Para el trío que gobierna en Venezuela, la salida de Trump del poder cambiaría sustancialmente las futuras políticas y los acuerdos establecidos en Venezuela, así como sus intenciones de permanecer al frente del gobierno o de garantizar su seguridad ante una eventual salida negociada si acceden a una posible transición.
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