Desde su exilio en México, donde lleva viviendo 20 años, se ha ocupado de desmenuzar e hilvanar lo que ha ocurrido en el país, especialmente lo acontecido en la primera década del chavismo. Su primer trabajo de investigación, La rebelión de los náufragos, publicado en 2010, tuvo gran impacto al exponer, con sus indagaciones, cómo desde las mismas entrañas del país se abrió el camino a un líder autocrático. Ahora nos presenta La oscuridad no llegó sola, una detallada investigación que publica en dos tomos Editorial Alfa, en la que hurga la etapa cuando la mayoría del país despertó del sueño socialista y ya el modelo impuesto se había consolidado.
Sin embargo, a veces, hechos inesperados desvían objetivos que parecen inamovibles. Después de 27 años con el chavismo en el poder, el pasado 3 de enero, Estados Unidos, bajo las órdenes de Donald Trump, produjo un giro sin precedentes para Venezuela cuando una operación de la Fuerza Delta ingresó al refugio militar de Nicolás Maduro, quien ocupaba la Presidencia de Venezuela desde hacía 11 años y junto a su esposa, Cilia Flores, fueron capturados y llevados para ser procesados en tribunales de Nueva York.
Esta nueva obra que nos ofrece Mirtha Rivero, explica en profundidad los factores que llevaron a un país que disfrutó de 40 años de democracia, a poner en el poder a un militar que, tras un fracasado golpe de Estado, fue convertido en una suerte de “héroe vengador” que llevó a Venezuela a ser uno de los países más pobres del continente y con menos libertades ciudadanas.
Luego de haber presentado su nuevo libro en varios países de la región y en ciudades de España, pudimos conversar con ella, tanto de sus libros como sobre la situación venezolana que, a la par de la guerra con Irán, se ha convertido en un territorio clave del conflicto geopolítico.

Retomando el mismo concepto con el que tituló su libro, reafirma que la “oscuridad” sigue presente en Venezuela porque el control del país está en manos de la misma gente. Siguen al frente los mismos personajes que durante casi tres décadas se han aferrado al poder. Si bien comprende que se abren grandes expectativas en la gente por la abrupta salida de Maduro, considera que, ahora, con más razón, es necesario comprender lo que ocurrió para que se pudiese imponer ese modelo de socialismo del siglo XXI y pudiera permanecer durante tantos años a pesar del rechazo de la mayoría de los venezolanos.
Nos recuerda Rivero que, del modelo cubano que siguió Hugo Chávez, no solo se aprendió cómo dominar al sector militar y convertirlo en un brazo armado de la revolución para sostenerse en el poder, “de los cubanos aprendieron los métodos represivos y los mecanismos para generar miedo en la población”.
En relación a estos nuevos acontecimientos, Rivero resalta que, unos días antes de su “extracción”, Maduro bailaba tranquilo en los actos públicos frente a las cámaras de televisión sin sospechar que gente de su confianza, posiblemente de su círculo cercano, “habría suministrado información”. Aunque aclara que no maneja información directa sobre lo ocurrido, está al tanto de lo que se ha filtrado e indica que EEUU tenía conversaciones previas e informaciones de gente muy cercana a ese círculo de poder. Lo que observa es que, “al conocer lo que podía ocurrir, se apartaron para que se facilitara lo que finalmente pasó el 3 de enero, negociando o presuponiendo que no los van a tocar. Por eso digo que la oscuridad sigue en Miraflores”.
Observa la escritora que en el país hay mucha expectativa y se ven unas lucecitas en medio de esa oscuridad. “No conozco esa realidad directamente porque en todos estos años he vivido fuera del país y me he dedicado a mis investigaciones. Y a mí me interesa muchísimo que la gente recuerde lo que significó aquello, lo que ocurrió en todos esos años, porque la violencia que se vivió sigue ahora, parte de ella aún existe. La gente no puede olvidar que ya no había industria petrolera; que después de la muerte de Chávez ya no tenían un líder con carisma para mantener la expectativa en la gente. Maduro fue el sucesor que Chávez escogió siguiendo las órdenes de La Habana. Eso que estamos viendo con la excarcelación de los presos políticos es fundamental y a través de sus testimonios se está conociendo con mayor profundidad lo que ha ocurrido en el país”.
Rivero advierte que si bien se están tomando importantes reformas económicas por primera vez después de tantos años de controles, siguiendo las instrucciones de Donald Trump, “esas medidas de apertura en la economía no van a funcionar si no hay una estabilidad democrática. Si no hay democracia en el país, si no hay seguridad jurídica, instituciones independientes, que se respeten los valores de las empresas, especialmente aquellas a las que expropiaron sin recibir ninguna compensación, no van a venir capitales.
“Estamos en un período muy incierto con un gobierno tutelado, pero al mismo tiempo se están documentando todos esos testimonios que dejaron la represión, las detenciones, las persecuciones. Toda esa gente que está saliendo de las cárceles es la expresión de la represión que ha habido. Creo que es importante que la gente vea que no son solo números, son personas, que tuvieron una vida. Cuando la luz llegue algún día, se debe hablar de eso. Porque un país sin memoria no puede salir adelante. En este momento la gente está entusiasmada con las expectativas de cambio. Hay nubarrones todavía y la oscuridad aún sigue con el gobierno de los Rodríguez”, afirma.

Tus investigaciones, que dieron vida a tus libros, las procesaste desde un exilio en México y con una mirada cargada de reflexiones sobre una patria que había desparecido. Cuéntanos las razones que generaron esas investigaciones que nos ofrecen en detalle miradas que, con cada nuevo evento, vuelven a recordar lo que hicimos y cómo lo hicimos para perder un país.
Nos vinimos para México hace ya 20 años porque, a partir del referendo revocatorio de 2004, junto con mi esposo, que era trabajador petrolero, nos preguntábamos: “¿Cómo nos vamos a quedar aquí?” y encontramos esa opción.
Yo ya había comenzado a investigar en Venezuela y a recopilar toda la bibliografía para mi libro La rebelión de los náufragos. En esos dos años solía ir frecuentemente a Venezuela. A partir de 2006 retomé con más tranquilidad lo recopilado y comencé a trabajar más organizadamente. Fueron unos cuatro años de trabajo. Lo culminé en febrero de 2010. Si me hubiese quedado en Venezuela no hubiese podido escribir estos libros porque la situación era cada vez más compleja, los conflictos, la angustia de lo que se vivía, el temor.
Lo que más te llamó la atención, en tus primeras reflexiones, fue cómo importantes figuras de la democracia auparon a un militar rebelde con ambición de poder.
Desde nuestros tiempos, cuando trabajábamos en los medios de comunicación que aún existían en aquella época, sentados en nuestras salas de redacción, observabábamos con preocupación lo que estaba ocurriendo, cuando sacaron de la Presidencia a Carlos Andrés Pérez (CAP), el golpe de Estado de Hugo Chávez en 1992 y su mensaje amenazante: “¡Por ahora!” cuando fue detenido.
Yo quería indagar en detalle sobre aquella trama que se urdió para sacar de la Presidencia a CAP, la cual fue una trampa tan obvia que montaron gente de su propio partido.
En todas esas indagaciones encontré cómo la democracia fue vulnerada con los mismos instrumentos que daba la democracia. Entonces, distintos sectores, cada uno con diferentes motivaciones, por agendas personales, venganzas y rivalidades personales, se aprovecharon de aquellos mecanismos y utilizaron aquel intento de golpe de Estado del 4 de febrero 1992. A pesar de que aquel año fue de crecimiento económico, en el ambiente político había mucha incordia por las reformas políticas neoliberales aplicadas por CAP. En aquellos años se había logrado la elección por el voto de los alcaldes y gobernadores, la descentralización del país y eso comenzó a hacer mella en las cúpulas tradicionales. Los partidos políticos venían sufriendo un marcado deterioro. Igualmente en el sector privado que, aunque se hablaba de libre mercado, gran parte de ellos preferían seguir con el proteccionismo. Todos esos sectores se unieron en aquel momento utilizando las herramientas que daba la democracia. Y a pesar de que no se encontró nada ilegal y determinante en el juicio a Carlos Andrés Pérez, lograron sacar a CAP a nueve meses de culminar su período, llevarlo a la cárcel y paralizar su programa transformador. De haberse concretado su programa de gobierno, Venezuela se hubiese enrumbado hacía una economía abierta y menos dependiente de los favores del Estado. Había un movimiento de la antipolítica que ya había comenzado a nacer.

Sin embargo, mucha de esa gente que denominas “náufragos” ya desde los primeros años del gobierno de Chávez, aunque ya tardíamente, se dieron cuenta que no habían elegido un presidente sino un autócrata que se proponía permanecer eternamente en el poder, que se había aliado a las principales autocracias del mundo.
Cuando me propuse a escribir estos dos tomos de este nuevo libro, volví a indagar sobre lo ocurrido en los primeros años de Chávez en el poder.
En esos años en que se produce el revocatorio en 2004, luego de las protestas y paros cívicos, no se logra sacar a Chávez tampoco por esa vía del voto, pues ya se había instalado en el país toda una maquinaria de control. Para ese momento se habían reprimido todas las protestas de abril de 2002, había concluido el paro petrolero y el paro cívico, se había producido el despido de 18 mil trabajadores de la industria petrolera, la depuración de los altos mandos militares y del sistema de “justicia”. Ya todos los poderes dependían de la voz del Ejecutivo. Allí se asentaron las bases de un modelo autoritario. Chávez Frías y su círculo cercano, desde el primer día, tenían un modelo en su cabeza y ese modelo, independientemente de quien estuviera a la cabeza, iba a terminar en lo que terminó siendo el chavismo. A mí me parecía muy importante revivir esos años y sobre todo ahora, a la luz de lo que ha pasado en Venezuela en los últimos años, donde hay riñas, separaciones y peleas internas entre los chavistas, los originales y los nuevos, que al final son los mismos. Para mí era importante contar la historia, como dijo Rosa Montero: “Hay que escribir, hay que contar la historia para que la locura no acabe también como el silencio”. Revivir esa historia, donde ha habido muchos muertos, la desintegración del país, los prisioneros, las torturas, todo lo que estamos viendo con los testimonios de los excarcelados, es muy grave; pero hay que acordarse que lo que pasó es fundamental. Si no se entiende aquello, aún seguirían argumentando algunos que han sido execrados: “Que fuera distinto si mi comandante estuviera aquí”.
Cuando utilizaste ese título en La rebelión de los náufragos, ¿a quiénes te referías? Hay una escena que no olvidamos: la noche que Chávez ganó las elecciones en 1998, los cielos de Caracas se llenaron de fuegos artificiales Fue como una celebración masiva, en la que participaba casi todo el país. Con tristeza, vi esos fuegos en el cielo, quizás como muy pocos venezolanos, como la celebración del fin de la democracia.
Ese título lo conseguí yo en un discurso de Carlos Andrés Pérez en su despedida de la Presidencia al referirse a toda aquella gente, políticos, líderes, empresarios, figuras notables, que querían pasarle una factura histórica. En efecto, finalmente lo llevan luego a la cárcel. Así pues, aquellos náufragos lograron que naufragara todo el país.
Cuando comencé a redactar este nuevo libro, me di cuenta que, sin proponérmelo, estaba escribiendo la continuación de aquella historia. Recordando al escritor cubano Leonardo Padura, en su libro El hombre que amaba los perros, hay un personaje, Ramón Mercader, que le pregunta sobre lo que había pasado con León Trotsky a su superior, el general Kotov, un jefe del partido comunista, en la vieja URSS, y este le responde:
-¿Tenemos que hablar de esto? -preguntó Ramón.
-¿De qué otra cosa sino de la mar podemos hablar los náufragos? -respondió Kotov.
Y por eso me pregunté: ¿De qué puedo yo hablar sino del naufragio que hemos vivido en Venezuela? Todos esos acontecimientos que investigaba tenían que ver con la mar y por eso finalmente lo llamé así. Y sí, creo que todos naufragamos.
