Ideas

Argentina, un país para comérselo

Una tierra de oportunidades gastronómicas, vinos extraordinarios, paisajes abrumadores y un magnetismo social que sigue seduciendo pese a los vaivenes económicos.

El horno de leña de Ness, restaurante de Palermo, resume la fuerza del fuego en la gastronomía argentina y su creciente sofisticación. CORTESÍA

¿Qué hace una española como yo en un Buenos Aires caro como este? Amar. Pero no vayamos a caer en el topicazo del «ay, emigró por un hombre». No. Me mudé por amor a los paisajes argentinos, a mi capital favorita de toda mi vuelta al mundo, a sus extraordinarios vinos (más allá del Malbec), a sus cariñosas gentes y, sobre todo, a su gastronomía.

Me enamoré de todo el país en 2006 y luego he seguido viviendo el romance en diversos viajes de dos en dos meses. Así que necesitaba quitarme la duda de si lo tenía idealizado como a esos amores platónicos que duran para siempre o realmente es una relación kármica para toda la vida. Y encontré la excusa perfecta en el grado de sommelier de carne de la Universidad de Buenos Aires, una especialización que no existe en España y que me ha permitido ser la primera española periodista y escritora del planeta con esta titulación.

Tengo que decir que las prácticas las traje hechas de España desde que estudié Periodismo en Bilbao y aprendí lo que es un buen asador; y segundo, por todos los parrilleros que he ido entrevistando desde que empecé en el periodismo gastronómico hace 20 años. ¡Hasta un novio carnicero halal tuve! O sea, que cuando me enteré de que este título existía entrevistando al chef y sommelier de carne Julio Gagliano, de la parrilla Viejo Patrón de Buenos Aires, supe que estaba hecho para mí.

Pero de la carne ya hablaré más adelante. Primero, quiero contar mi visión sobre la compleja coyuntura actual, contrastada con cientos de entrevistas desde 2019 y, después, contaré mis demás motivos para quedarme en esta patria inmensa que me acoge como una familia de adopción maravillosa.

El barrio de San Telmo, en Buenos Aires, uno de los enclaves históricos de la ciudad. ANDREW MILLIGAN SUMO

La gente: el verdadero tesoro argentino

Si tuviera que elegir un solo factor determinante en mis ganas históricas de vivir en Argentina, sería indudablemente su gente. Los argentinos poseen una combinación única de calidez e inteligencia emocional, creatividad, brillantez intelectual y resiliencia vital que resulta irresistible.

La calidez de los argentinos no es ese trato superficialmente amable que encuentras en culturas más protocolarias. Es una apertura genuina, una disposición a la intimidad emocional inmediata que a mí me parece imprescindible para establecer relaciones profundas. Y cuando las establecen, es para siempre, no se quedan en un encuentro casual. Aquí tengo amigos desde hace casi 20 años con quienes puedo contar como hermanos, ¡hasta el punto de que una argentina me prestó los 3.000 € para pagar la formación!

Su rapidez conversacional es legendaria por su cultura y su curiosidad innatas. Un taxista porteño puede pasar sin solución de continuidad de analizar la crisis política y económica global a citar a Borges, para luego rematar contándote qué pinta murales artísticos y enseña a niños arte por todo el país. Esta devoción por la palabra, por el debate y por la expresión de ideas complejas con claridad meridiana, me conquistó desde el primer momento porque sí, su locuacidad será objeto de chanza, ¡pero al menos resultan interesantes!

A eso hay que sumarle la hospitalidad argentina, sin parangón. Desde el primer viaje, me vi integrada en círculos sociales que en otros países habrían permanecido herméticos durante años. Las invitaciones a casas particulares, a celebraciones familiares, a proyectos profesionales, surgen con una naturalidad maravillosa que conecta muy rápidamente con mi manera de ser.

Pero quizás lo más asombroso sea su capacidad para navegar la adversidad con dignidad y humor, merecedores herederos de Mafalda. Los argentinos han desarrollado una adaptabilidad económica que les permite sobrevivir a crisis que habrían abocado a la inseguridad y a la delincuencia a sociedades menos resilientes, en cambio, yo, en Buenos Aires, me siento más segura que en Barcelona. Como me explicó un amigo economista: "Aquí cada ciudadano común maneja conceptos financieros que en Europa convalidarían con la carrera de Economía”. Es pura supervivencia cuando cada día te levantas con un parámetro cambiario diferente, el valor de tu dinero puede cambiar en horas y la referencia es el dólar.

Se impone hacer, de la necesidad, virtud, y vivir la vida a tope cada día, porque nunca se sabe. De ahí procede su creatividad vital, esta reinvención perpetua, la capacidad para buscarse la vida y remarla en dulce de leche. Los argentinos no pueden dar por sentado que las cosas funcionarán según lo previsto, así que siempre tienen un plan B, C y hasta Z. Y en esa improvisación es donde a menudo surge la verdadera innovación.

Bar situado en el barrio de La Boca, en la ciudad de Buenos Aires. UNSPLASH/ NATHANA REBOUÇAS

Argentina es ciclotímica (y yo también)

Por todo lo anterior, la vida aquí se aprovecha con una intensidad única, marcada por su permanente vaivén económico. Como yo misma, Argentina es ciclotímica, todo va por ciclos y todo es previsible porque todo lo que está pasando ya lo han vivido varias veces en distintas décadas y con diferentes gobiernos, como me comentaba el crítico gastronómico Don Pancho Ramos, que vivió mucho tiempo en España.

A pesar de su inagotable fuente de recursos naturales, el Estado lleva más de diez años sin crecer económicamente, y la situación social con el gobierno de Javier Milei es especialmente compleja, porque ‘el loco de la motosierra’ (como se autodenomina el propio presidente) está cumpliendo a nivel macroeconómico, pero a nivel microeconómico el precio del «¡Viva la libertad, carajo!» está siendo inconmensurable para millones de habitantes.

Todos los economistas y yo misma le reconocemos que ha frenado la inflación galopante, el déficit fiscal y la devaluación permanente. Pero la escalada de precios llegó a poner el país más caro que Suiza y que Australia, lo cual ha encarecido tanto los costes que, por un lado, dejan de ser rentables negocios de todos los rubros y, por otro lado, la gente no consume porque no se lo puede permitir.

Hasta el consumo de carne y vino ha caído en picado. Si a mediados de los años 50 el consumo per cápita de vacuno en Argentina era de 101 kilos por persona al año, en la actualidad ha bajado hasta unos 50 kilos, ¡y eso que yo estoy subiendo la media sobremanera! Como comprenderás, no es que a la gente haya dejado de gustarle comer o beber vino, simplemente no puede pagar el triple de lo que pagaba antes con sueldos muy parecidos, así que pide comida a domicilio y se compra el vino en el supermercado.

Muchos hosteleros están asumiendo pérdidas porque el turismo ha menguado bastante por los precios y los costes que soportan no se compensan con el consumo local. Cualquier comida o cena normalita te sale por unos 60.000 pesos, de modo que, en lugar de salir a cenar fuera todas las semanas, salimos una vez al mes y, el resto del tiempo, hacemos picadas (picoteo de quesos y embutidos) y asados en casa. Porque si algo está claro es que los argentinos no van a dejar de disfrutar mientras tengan una parrilla a mano, ¡y las hay prácticamente en cada comunidad de vecinos!

El presidente de Argentina, Javier Milei, saluda desde la Casa Rosada tras su investidura en 2023. EFE/ENRIQUE GARCÍA MEDINA

¿Van a bajar los precios? Spoiler: NO

Te preguntarás, como lo hago yo a todo el que me pasa por delante, si van a bajar los precios. Y la respuesta unánime es que no, incluso aunque económicamente pudieran permitírselo. El motivo principal, me argumentan, es cultural y tiene que ver con la mentalidad del empresariado argentino.

Hasta donde yo he deducido, el lema parece ser «yo no voy a perder nunca», es decir, parece que nadie está dispuesto a ceder un poco sus márgenes para que la economía fluya, algo que me corroboran mis fuentes argentinas y me desmenuzan al detalle: 

A diferencia de un capitalismo competitivo, donde teóricamente emergen los mejores productos o servicios, en Argentina ha prevalecido históricamente un sistema casi mafioso donde muchas empresas han prosperado no por ofrecer mejor calidad o servicio, sino por prácticas comerciales cuestionables: desde amenazar a la competencia hasta crear monopolios de facto en ciertos sectores.

Me han dado ejemplos concretos de empresas que, durante décadas, construyeron su éxito «parando camiones de la competencia» o empleando tácticas de extorsión para mantener su posición dominante.

Esta «cultura empresarial», combinada con la experiencia histórica de inflación recurrente, ha creado un entorno donde nadie quiere ser el primero en bajar precios, incluso cuando la demanda cae estrepitosamente. Prefieren vender menos a precios altos que ajustar hacia abajo, porque existe la creencia generalizada de que una vez que bajas un precio, luego será imposible subirlo nuevamente si las condiciones cambian.

Emperrarse en ello no parece muy compatible con una economía liberal donde se supone que el mercado se autorregula según la oferta y la demanda, pero cada uno verá durante cuánto tiempo puede mantener sus costes si no vende nada. Muchos chefs ya están ofreciendo menú ejecutivo a mediodía, congelando precios desde 2023… Yo espero pacientemente, porque, en este epicentro del surrealismo político, todo puede cambiar de la noche a la mañana.

Y más con Milei al volante. Hasta sus más acérrimos defensores asisten atónitos a muchas de sus declaraciones y apariciones en actos nacionales e internacionales —cuando menos polémicas—. Cada vez que habla sobre minorías como la comunidad LGBTI+ o sobre los derechos de la mujer, sube el precio de la carne del susto.

Otra pregunta lógica: ¿Por qué, si los argentinos son tan cultos y tan brillantes, votaron a este tipo? Bueno, porque el candidato alternativo ya había demostrado que tampoco era mejor. Sergio Massa, como ministro de Economía, colocó a los argentinos ante una inflación superior al 140% anual y, si no la supo solucionar mientras gobernaba, cómo iban a confiar en que la bajase como presidente, ¿verdad? Pues votaron al malo por conocer. Y en primavera de 2025 revalidaron su confianza en su gestión.

El Tren del Fin del Mundo atravesando el Parque Nacional Tierra del Fuego. CORTESÍA

Pese a todo ello… el país es una maravilla

Aquí empiezan todos mis motivos para quedarme a vivir. Porque todo lo demás da igual cuando tienes un territorio con una diversidad geográfica tan abrumadora que a veces parece imposible que todo pertenezca al mismo país. En el extremo austral, mi rincón favorito del planeta, Ushuaia te recibe con esa melancolía hermosa del fin del mundo.

Para no quedarte varando por la ciudad, recomiendo contratar previamente excursiones con agencias como Latitud Ushuaia para subirte en el Tren del Fin del Mundo y contemplar el bellísimo Parque Nacional Alberto de Agostini, pasear por los lagos Escondido y Fagnano o ver pingüinos en isla Martillo. Por supuesto, tienes que probar las delicatessen del archipiélago más cercano a la Antártida: cordero fueguino, pescados como la merluza negra, centolla y otros mariscos marinas con vistas al Canal de Beagle, como Tierra Mayor, Kalma, Kaupé o Volver, son los mejores de Tierra del Fuego y no te van a costar más caros que los engañaturistas.

Puedo hablar maravillas del glaciar Perito Moreno, de la Ruta de los Siete Lagos entre Bariloche y San Martín de los Andes, y de Villa La Angostura, uno de esos lugares que parece diseñado por un arquitecto paisajista obsesionado con la perfección frente al lago Nahuel Huapi. O de las Cataratas del Iguazú y de Mendoza, con sus rutas del vino que puedes recorrer en el Bus Vitivinícola. Pero seguramente ya has oído hablar más de esos destinos que de otros que a mí me han enamorado últimamente, por sus paisajes, por su gastronomía y por sus vinos.

Lago Escondido, uno de los paisajes más emblemáticos de Tierra del Fuego. LATITUD USHUAIA

Empezamos por la zona del noroeste argentino, donde hay rutas de bodegas de altura para hacer enoturismo. Lo cual te aboca a la policromía imposible de la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, con su Cerro de los Siete Colores cambiando de tonalidad según avanza el día, imagen casi psicodélica. La primera vez que contemplé el Hornocal, con sus estratos geológicos formando un abanico cromático imposible, tuve la certeza de estar ante uno de los grandes espectáculos del planeta.

Igualmente, las formaciones rocosas de la Quebrada de las Conchas, en Salta, creadas por millones de años de erosión eólica e hídrica, ofrecen un paisaje marciano salpicado por viñedos que desafían toda lógica agrícola. Recorrer esta zona por la Ruta 40, deteniéndose en cada mirador para contemplar escenarios que cambian dramáticamente cada pocos kilómetros, redefine tu concepción de la belleza natural.

Comedor Balcarce, el bodegón por excelencia de Rosario. CORTESÍA

Rosario: cuando el Paraná lava la memoria narco con brasas y vino

Bordeando el Paraná desde Puerto Norte —torres residenciales y silos cerealeros convertidos en galerías— hasta el barrio de La Florida, Rosario recupera todo su esplendor con el Monumento Nacional a la Bandera afianzando la costanera recuperada.

Testigos son dos restaurantes históricos como Escauriza, con sus pescados a la parrilla, o el centenario Sunderland (operativo desde 1931). Ambos conviven con propuestas contemporáneas como Refinería, de los hermanos Avalle; y Negre, donde el chef mendocino Diego Tapia juega junto a Fernando Santarelli, también propietario del mítico Comedor Balcarce. La avenida Oroño, boulevard neoclásico y Art Nouveau, alberga Lehonor, catedral del vino con 2.400 etiquetas y de la carne por el barrio cultural de Pichincha.

Once 11, referente de la gastronomía cordobesa, deslumbra con su diseño y su propuesta de cocina de autor. CORTESÍA

Córdoba: la docta que aprendió a cocinar sin complejos

Los valles cordobeses se despliegan en rutas turísticas que combinan patrimonio jesuita, naturaleza serrana y cultura vitivinícola. Desde el Valle de Traslasierra—visitando el pintoresco pueblito alpino en las sierras, pasando por La Cumbrecita (réplica de pueblo alemán en plena montaña), la Capilla Vieja y el Molino Doble, monumentos históricos coloniales como la Capilla Candonga y Villa General Belgrano con su fisonomía centroeuropea, el recorrido atraviesa paisajes de ensueño.

La ruta RP 5 regala vistas espectaculares del Lago y Dique Los Molinos antes del regreso a la capital y los Caminos del Vino atraviesan diversos valles serranos —Calamuchita, Traslasierra, Punilla, Paravachasca…— recorriendo bodegas y viñedos cuyos vinos puedes conocer en Vino Córdoba, La Feria, que se celebra anualmente en la capital.

Bodega Nebula en el valle de Punilla, Córdoba. CAMINOS DEL VINO

Córdoba, entre iglesias jesuitas patrimonio UNESCO y el Parque Sarmiento, da mucho juego para conocer todo su patrimonio arquitectónico mientras pruebas su gastronomía, que va subiendo de nivel por momentos. Muestra de ello es Cartof, de Dante Aparicio, coronado en septiembre 2025 como campeón del Torneo Federal de Chefs (máximo galardón nacional); o El Papagayo, que no deja de acumular reconocimientos desde su pasillo de 2,4 metros de ancho con menú de 11 pasos y cava de 400 etiquetas bajo la batuta del chef Javier Rodríguez, quien también cocina genialidades en Standar69 y la pastelería de su hotel boutique.

Por su parte, el increíble local Once 11 fusiona brasas de autor y sushi gracias al tándem culinario de Santiago Maestre y Calu Camuyrano; mientras IDA y Matorral, ambos de Julio Figueroa, defienden coctelería, cocina contemporánea y una parrilla muy premium, que encuentra su contraoferta en las maduraciones de novillos propios con cortes norteamericanos asados por Cayetano Bellomo en Poncho y Yunta.

Furia Puro Fuego, el rooftop cárnico de Mar del Plata, con vistas privilegiadas de la ciudad. CORTESÍA

Mar del Plata: el polo gastrónomico de Buenos Aires que no es Buenos Aires

A 400 kilómetros de Buenos Aires, la ciudad balnearia que Argentina entera conoce como "La Feliz" se convirtió en un grato paseo por dentro y fuera del mar gracias a chefs formados en Europa que aplicaron técnicas Michelin al producto del Atlántico Sur. Sarasanegro, de Fernanda Sarasa y Patricio Negro, lidera con charcutería de mar y 20.000 referencias vinícolas, complementado por su rooftop Furia Puro Fuego, donde la coctelería acompaña grandes carnes y pescados, su especialidad. También es muy particular la carta de Carácter de Fonda, ¡y además, hacen catas!

Lo de Tata, Caldo y Lo de Fran —que también tiene la vermutería Sin Nombre—consolidan una escena que ronda en torno al pescado. En la parte más exótica, Asian Ghetto como cantina sostenible asiática y la coctelería Tiki Bar, que está en la lista mundial 50 Best Discovery, muy cerca de Mar Cocina Suratlántica, donde Pedro Barguero da una muestra del arte que disfrutamos en Costa 7030 en Buenos Aires. Más allá de la gastronomía, la Torre Tanque ofrece vistas de 360 grados, el Museo MAR exhibe el lobo marino pop de Marta Minujín, el Torreón del Monje despliega desde su restaurante y librería su castillo neogótico de 1904; y la bodega Costa y Pampa sorprende con sus vinos oceánicos con mineralidad salina distintiva.

La paella perfecta de Pedro Barguero en el restaurante Costa 7070. CORTESÍA

Buenos Aires: epicentro de la revolución gastronómica

Aquí ahondamos ya en terreno gastronómico, el principal atractivo para mí en esta ciudad tan arquitectónicamente ecléctica y europea, con todas esas zonas verdes y una luz celeste incomparable. Batiéndose en Estrellas Michelin desde 2023 con Mendoza, Buenos Aires comenzó la revolución culinaria argentina desde hace ya algunas décadas. Dante Liporace fue uno de los pioneros con su Tarquino y su Secuencia de la vaca, como puedes comprobar en Mercado de Liniers, en pleno Palermo Hollywood, o en Dantte, cocina italiana bastarda en Madrid.

Bajo mi punto de vista, ese es el camino congruente para todos los chefs que se han alimentado de influencias internacionales y han vuelto a montar sus restaurantes en Argentina, como el chef Tomás Treschanski, con su Estrella en Trescha, que ofrece un menú degustación para once comensales que refleja su experiencia mundial con una capacidad de innovación a prueba de bombas.

Al otro lado de la creatividad se sitúa Crizia, una barbaridad de edificio cuya bodega de cuatro pisos y 12.000 referencias vinícolas es el barco perfecto para una inmersión oceánica en la que cada bocado captura la esencia pura del Atlántico Sur. ¿Es posible comer ostras en Argentina? Sí, gracias al empeño de su chef, Gabriel Oggero, que, con todos los motivos, ha sido galardonado con una Estrella Michelin y una Estrella Verde.

Y con influencias europeas de calado tenemos Ultramarinos, el do de pecho que da Maximiliano Rossi con producto fresco del mar en pleno Barrio Chino, o Ness, un local inmenso donde Leo Lanussol triunfa con una propuesta deliciosa de pescados y guarniciones, además de carnes más allá de la res y bar de vinos integrado.

Con mucha identidad propia, ha logrado todos los reconocimientos la chef Narda Lepes por su visión moderna y basada en sus viajes, pero profundamente arraigada en los productos y técnicas ancestrales locales en Narda Comedor y en Kona. Por no hablar de Gran Dabbang con su producto argentino cocinado ‘a la asiática’ y posicionado internacionalmente.

Kōnā Corner, el restaurante de cocina nipona y coctelería de autor. CORTESÍA

Y ahora, te llevo de parrillas

National Geographic puso en el segundo lugar de su ranking anual en 2024 a la comida argentina entre las cinco mejores del mundo, destacando, cómo no, el asado. ¿En Argentina se come el mejor asado del mundo? Pues depende de quién lo haga. Hay parrillas de toda la vida que todavía no han entendido que no todos los cortes se pueden cocer el mismo tiempo y otras que sacan cada pieza al punto perfecto y con la jugosidad idónea.

Yo, en nueve meses dando mi hígado por Argentina, he creado mi TOP 5, aunque no voy a decir el orden. Entre las míticas, Cabaña Las Lilas, no es casualidad que lleve 30 años trayendo de la cabaña familiar al plato del comensal esas carnes de pasto terminadas a grano en sus múltiples estancias ganaderas. El servicio, la carta de vinos, el carro de quesos… De 10.

Las vistas sobre los diques de Puerto Madero desde el restaurante Cabaña Las Lilas. CORTESÍA

Enfrente encontramos Cauce, un bello establecimiento, también con vistas a Puerto Madero que, aparte de la charcuteria y las carnes, en su parrilla apuesta por el pescado con la llegada de su nuevo chef, Emiliano Belardinelli.

Muy cerca tenemos otros dos TOP: El secreto de Elena, el reconocidísimo restaurante del Four Seasons, es una cámara de maduración con tres toneladas de carne madurada hasta 100 días. Además del típico angus, ensalzan razas como la shorthorn del productor Miguel Ceverio, que es pura intensidad, y el wagyu madurado, impresionante diferencia entre el entrecot y el solomillo del T-bone por la infiltración de la grasa, según pude catar con su chef ejecutivo, Juan Gafuri.

Juan Gafuri en Elena, el restaurante del Four Seasons, donde las carnes maduradas son sello de la casa. CORTESÍA

Otro imprescindible es El Mercado de Faena, con las carnes maduradas de la marca Muge, que aquí alcanzan su máximo esplendor, por lo bien que lo hacen sus parrilleros in situ y el maridaje con vinos que no te sirven habitualmente en cualquier lado. Esa ceja o pestaña de ojo de bife permite entender por qué se ha puesto tan de moda este corte.

¿Quieres otro más hipertop que está ganando todos los galardones del mundo? A los argentinos no les da por ir a Fogón Asado porque creen que es una experiencia que enseña al turista el ritual del asado que ellos ya viven en casa, pero la sofisticación de las técnicas, el respeto a cada producto, la selección de tu cuchillo artesanal, la combinación de sabores en cada paso del menú, y los cuatro manos que hace Sebastián Cardamoni con otros chefs de los 101 Best Steakhouses como Lorenzo Aniello bien merecen, no una, ¡varias visitas!

Fogón Asado, referencia del 'fine dining' argentino, con su cocina a la vista. CORTESÍA

Si buscas algo rico, pero más económico, no falla Hierro Casa de Fuegos, tan exitosa que ha tenido que abrir ya tres sedes (Nordelta y Palermo y Bodegón Hierro). Es uno de mis refugios, aunque, ante un ataque de nostalgia, me voy a Berria by Sagardi: un espectáculo de local en Palermo Hollywood donde puedes tomar txakoli, pintxos y paella, pero además, en sus cámaras, cuelgan los únicos chuletones de vaca vieja y madurados al más puro estilo español que hay en Argentina, los de Estancia Jesús María.

Sagardi lleva 17 años sirviendo la carne al punto menos, lo cual ha influido en que por fin vaya menguando la manía de comer suela de zapato, y ya se puede conseguir más jugosa, más masticable, en más asadores como Somos Asado, con carnes maduradas en su propia cámara y cocinada al horno de leña; el restaurante Fervor con su asado de campo muy poco hecho o Happening, en la Costanera, de las mejores mollejas que he probado hasta la fecha. Y con la permeabilidad de los argentinos, estoy segura de que en un par de años todos llegarán a ese punto de no retorno.

El restaurante Fervor, en Recoleta, conocido por su asado de campo muy poco hecho. CORTESÍA

La nueva revolución charcutera

La apertura mental y la creatividad también van en aumento en el apartado de charcutería, sobre todo gracias a la unión de sinergias de Corte Charcutería, Corte Carnicería y Corte Asador. Sus fundadores aprovechan al máximo las carnes de sus frigoríficos para asar cortes nobles como la medialuna de vacío en su parrilla o hacer unos alucinantes embutidos de todos los tipos y carnes imaginables, hasta de pescado, de la mano del maestro César Sagario, cuya evolución técnica es puro arte.

Con más influencias italianas en su charcutería casera, también merecen especial mención la chistorra y la morcilla desmechada de Abreboca, un lindísimo patio en Chacarita, que se bate con mucha dignidad con las chacinerías de carne y de pescados de Anchoíta y su Cava Anchoíta. Su personal nunca defrauda con ese servicio tan cariñoso, un amor por el producto local que se extiende desde sus vinos hasta sus quesos, por elaborar tienen hasta su propia ganadería de vacas carnes charolesas. Puestos a criar sus propias razas, me inclino mucho más las de wagyu de Madre Rojas, pues Barcos & Sons fueron los pioneros de traer la genética de esta raza japonesa a Argentina. Y está suficientemente lograda como para no echar de menos el Kobe auténtico que comemos en España.

Sinceramente, yo solo echo de menos el jamón ibérico y a mis seres queridos, aquí me siento en casa. Buenos Aires tiene mi energía o yo tengo la de Buenos Aires. Me vuelven majareta los trámites, los impedimentos por no tener DNI argentino, lo cual me veta comodidades como pagar con sus aplicaciones. Pero estos inconvenientes palidecen frente a lo que el Cono Sur me ofrece: una intensidad vital incomparable, conexiones con gente que sí va al psicólogo y un entorno cultural y gastronómico que estimulan mi imaginación y las ganas de escribir.

Argentina, como me dijo el periodista y escritor Pablo Perantuono, "nunca es aburrida. Es caótica, frustrante, exasperante a veces, pero nunca, jamás, es aburrida". Y en este caos apasionante me gusta vivir a mí, qué le vamos a hacer.

Periodista y escritora especializada en relaciones. Autora de más de una veintena de libros, entre ellos el ensayo Yo no me caso con nadie. El libro para entender por qué no funcionan tus relaciones, de próxima publicación y en el que se basa este artículo. Creadora del www.sindicatohedonista.es, plataforma mediática para que los singles se relacionen en torno a la gastronomía, el vino, la cultura y los viajes.