Sanar a través de la lectura

El Banco del Libro ayuda a los niños afectados por el terremoto en Venezuela a expresar sus emociones y afrontar el trauma. Los cuentos también reconstruyen.

Dos niños participan en una sesión de biblioterapia del Banco del Libro con familias afectadas por el terremoto, en un refugio temporal de Caracas. DIEGO TORRES PANTIN
Dos niños participan en una sesión de biblioterapia del Banco del Libro con familias afectadas por el terremoto, en un refugio temporal de Caracas. DIEGO TORRES PANTIN

Son las 2:30 de la tarde en el Liceo Alejo Fortique, que sirve como “campamento temporal”, ubicado en el suroeste de Caracas. Los guardias del Ministerio del Poder Popular de Servicios Penitenciarios custodian la entrada. Permiten que entre un grupo de siete personas, entre staff y voluntarios del Banco del Libro. Vienen a contar historias para los damnificados provenientes de La Guaira, Santa Cruz, Hoyo de la Puerta y varias comunidades afectadas por el doble sismo ocurrido en Venezuela.

Lo primero que hacen es agrupar a los niños; son más de veinte. Es importante también llamar a los padres. Lo segundo, ponen las sillas de plástico en orden. Entre todos los presentes, tres niños se negaron a dejar los teléfonos. Los cuentacuentos ponen tres láminas en el suelo con citas de diferentes autores. En una de las mesas despliegan una serie de libros. Uno de los cuentacuentos abre la sesión. "¡Comienzan los cuentos!", anuncia. Pide un aplauso. Se lo dan. Luego, pide uno más fuerte.

-Esos aplausos deberían ser más duros. ¿Quién comió? Espero que tengan los ojos muy abiertos. Venimos a contarles cuentos. Pero no cualquier cuento. Muchos cuentos para que se les alegre el corazón. El primer cuento... ¡Lo trae él!

Selecciona a uno de los niños, a quien invita a pasar. La primera historia es sobre un sapo que le pregunta a su abuelo cómo ser valiente. Desde el primer momento se marca un tema. Tras terminar la narración, hay una conclusión a la que llegó el protagonista: siempre es más fácil encontrar el valor cuando se cuenta con la ayuda de otros. El cuentacuentos abraza al niño frente a todos los presentes.

Los niños se dividen en pequeños grupos para compartir las lecturas con los mediadores del Banco del Libro. DTP
Los niños se dividen en pequeños grupos para compartir las lecturas con los mediadores del Banco del Libro. DTP

Durante una hora, los miembros del Banco del Libro contaron diferentes cuentos. Era participativo el enfoque: había preguntas que los niños debían responder, buscaban quién perdía la atención para interactuar con él, acercaban los libros y mostraban las ilustraciones. Después, el grupo se segmentó en secciones, cada una liderada por un cuentacuentos distinto, con quien fueron leyendo más libros. La actividad culminó con un dibujo colectivo de todos los participantes; la instrucción era simple: debía estar relacionada con alguna de las lecturas.

Así es como se desarrolló la sesión de biblioterapia. Es la primera de varias sesiones que tendrán lugar en ese refugio. Es parte del proyecto Leer para vivir, que desarrolla el Banco del Libro con comunidades afectadas por el terremoto. Su método fue desarrollado en 1999, tras el deslave de Vargas, una catástrofe natural que también afectó La Guaira y las poblaciones aldeanas. Hoy, la necesidad de atención social a víctimas del terremoto ha hecho necesaria su reactivación.

Los niños participan en un dibujo colectivo inspirado en las historias que han escuchado. DTP
Los niños participan en un dibujo colectivo inspirado en las historias que han escuchado. DTP

Biblioterapia: un antecedente

El Banco del Libro es la sede venezolana de la Organización Internacional para el Libro Juvenil. Fue fundado en 1960 y sus espacios se ubican en el este de Caracas. En su sede se encuentran una biblioteca, una librería y espacios para talleres. Los sábados toca La hora del cuento, un encuentro en el que padres e hijos escuchan una historia por parte de un narrador oral. Es como su misa: la ceremonia semanal que da sentido a la institución.

María Beatriz Medina (1949), directora de la institución, trabaja allí desde el 2002. Como licenciada en Letras en la Universidad Central de Venezuela, entiende la lectura como un conjunto de posibilidades: aprender a expresarse, respetar, convivir. Para cada proyecto de difusión de lectura, busca la estimulación intelectual de los más jóvenes. En Cuentos entre amigos trabajaron junto a niños de las barriadas de Caracas; en Palabras para la no violencia acudieron a colegios de Baruta y Chacao. Allí establecieron la violencia como tema central. Son dos ejemplos entre varios. La metodología suele ser la misma: lecturas, conversaciones e interpretaciones. Cambian los contextos y temáticas.

María Beatriz Medina, directora del Banco del Libro. DTP
María Beatriz Medina, directora del Banco del Libro. DTP

Cuando ocurrió el terremoto, decidió reactivar Leer para vivir. Fue necesario convocar a quienes quisieran ser voluntarios. Se impartieron talleres para que desarrollasen oratoria y comprendieran los lineamientos del proyecto. Les explicaron que los contenidos de los cuentos deben concordar con la situación que viven quienes han perdido sus hogares. No literal, sino emocionalmente: procesar las emociones que ha provocado el desastre. Y para asegurar el éxito, cada refugio deberá tener varias sesiones.

— Hay dos cosas: que estén más relajados y que se apropien del lenguaje. Eso propicia la expresión. Se está buscando hacer actividades donde los niños puedan hablar. Y dejamos una colección de libros. Pero formamos a los mediadores: padres, guías, docentes. Somos una organización de transferencia: lo que enseñamos debe transferirse.

Los cuentos permanecen en los refugios para que la lectura continúe después de cada sesión. DTP
Los cuentos permanecen en los refugios para que la lectura continúe después de cada sesión. DTP

Una regla primordial de Leer para vivir es la continuidad: si solo van una vez a un refugio, no se logra nada. Sembrar el hábito de la lectura es primordial. Deben crear procesos. Es ese el motivo por el cual siempre entregan cuentos. Esperan que en próximos encuentros los niños les digan que han vuelto a leer, los docentes tengan anécdotas que contar sobre los grupos, que haya dudas que quieran consultarles. Hay que ir tejiendo redes. Los aprendizajes logran una profundización cuando se crea un interés genuino.

En 2003 la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de Bibliotecas (IFLA) le otorgó el Premio de Alfabetización Guust van Wesemael por la labor de 1999. Gracias a que pertenecen a IBBY, las bases metodológicas del proyecto se usaron en iniciativas similares de otras latitudes: Tsunami Ibby (países del océano Índico, 2004) y Salas de Lectura (México, 2007). En la segunda ocasión viajaron para asesorar a los difusores.

Una sesión de lectura con niños alojados en el campamento temporal del Liceo Alejo Fortique, en Caracas. DTP
Una sesión de lectura con niños alojados en el campamento temporal del Liceo Alejo Fortique, en Caracas. DTP

Comenta que quienes la presidieron tuvieron muchísimas más facilidades en 1999 para acceder a los campamentos de damnificados. Hoy, el control institucional y militar tiene más presencia, por lo que el acceso es más complicado. Cree que esos accesos han sido posibles gracias a la larga lista de instituciones con las que tienen alianzas —como CAF, Venemergencia o Movistar—. Los campamentos transitorios, como los denomina el gobierno, están bajo estricta vigilancia.

María Beatriz cree que las nuevas dificultades no representan un problema: el equipo siempre ha sabido cómo adaptarse. De hecho, tienen una fiel comunidad de seguidores. Dos días después del terremoto, una mujer les escribió que quería usar 100 dólares para comprar algunos cuentos. El equipo le preparó una selección y ella realizó la transacción con gusto. “Sé que harán alguna cosa con las víctimas del terremoto, por eso quise hacer esto”, les dijo.

No es una anécdota aislada. Esa comunidad de fieles es la que ha permitido que el programa de voluntariado tenga éxito.

Los niños comparten cuentos y lecturas durante una sesión de biblioterapia. DTP
Los niños comparten cuentos y lecturas durante una sesión de biblioterapia. DTP

Una preparación previa

Para reunir a los cuentacuentos, el Banco del Libro anunció en sus redes sociales que iban a lanzar el proyecto Leer para vivir. Una de las personas que vio la convocatoria fue María Alejandra Bello Uztáriz. Quiso sumarse al proyecto justo cuando la institución estaba realizando sesiones de formación para los voluntarios que iban a ayudar a los damnificados por el terremoto. Fue a la primera clase, donde había un grupo de unas 30 personas. "Todos en el grupo éramos sensibles hacia el tema de la educación y la cultura". Durante la sesión, le informaron cómo se realizó el proyecto en 1999 y le dieron las pautas para ejercer de mediador entre los niños y los libros. Le emocionaba que el objetivo no fuera un aprendizaje de tipo escolar, sino que la lectura ayudara a los niños a comprender la realidad que estaban viviendo.

Les hicieron leer varios cuentos en voz alta con la intención de ayudarles a desarrollar la capacidad de oratoria y practicar la lectura. Se realizó una base de datos sobre los participantes para establecer los grupos y poder garantizar las visitas a los refugios. Dado que María Alejandra ya había desarrollado proyectos junto a María Beatriz y otros miembros del staff del Banco del Libro, para ella esa alianza fue algo natural.

-Daba algo de nervios porque sabíamos que íbamos a un contexto diferente al habitual. Sin embargo, nos indicaron que nosotros íbamos a contener y acompañar. De todas formas, uno va como voluntario, y va acompañado de personal capacitado del Banco del Libro y especialistas.

Una niña sostiene uno de los cuentos utilizados en la sesión de 'Leer para vivir'. DTP
Una niña sostiene uno de los cuentos utilizados en la sesión de 'Leer para vivir'. DTP

¿Por qué apostar por biblioterapia?

Las investigadoras Anaclara Castro Santana y Nelly Altamirano Bustamante, en un artículo sobre la biblioterapia, sitúan dos tipos: la clínica y la creativa. La segunda, que es la que realiza el Banco del Libro, a través de las narraciones, “permite a los lectores identificarse no solo con el protagonista o con el personaje más obvio, sino con otros de diferente género, edad, posición social o con situaciones de vida ostensiblemente muy distintas”. De esa forma, los participantes obtienen herramientas para construir un mundo interno que les permita interpretar y sobrellevar el trauma que han sufrido.

Eso es algo que se pudo ir notando durante la actividad. Wilmery Polanco, madre participante en el taller que se dio en el Liceo Alejo Fortique, relató que, minutos después del temblor, su expareja la llamó por teléfono desde La Guaira para decirle que el edificio donde residían colapsó. Ella se encontraba con su hija de año y medio visitando a su abuela en Caracas. Al día siguiente, ya se encontraba junto a varios familiares en el refugio. Su bebé, que ya estaba durmiendo las noches completas, ahora se despierta a mitad de la noche para pedirle pecho. Además, nota que los demás niños que están residiendo allí suelen ensimismarse mucho: se les ve encerrados con frecuencia, usando los teléfonos como refugios. “Con esto, los niños pueden jugar, hacer actividades, distraerse. Eso les hace falta”. Mientras hablamos, le regalaron el libro ilustrado ¿Qué necesito cuando tengo miedo?, de Tania García, y uno para su hija con dibujos de conejos.

Cuando la actividad ya había terminado, una de las cuentacuentos felicitó a un niño por un dibujo que hizo donde se veía una ciudad bajo el cielo azul. “Gracias, pero ya lo destruí porque era La Guaira y la ciudad fue destruida”, le respondió él. Ella, aún con la sorpresa, le contestó: "Vuélvela a pintar, porque la van a volver a construir".

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Periodista y fotógrafo. Colaborador de medios como Prodavinci.

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