Los pelados de la guerra colombiana

Miles de menores fueron reclutados durante décadas por guerrillas y grupos paramilitares. La novela 'Amangna Eshi', de Marcos Tarre Brice, se adentra en ese universo marcado por la violencia.

Niños juegan en la playa de Juanchaco, en la costa colombiana. Durante décadas, miles de menores fueron reclutados por guerrillas y grupos paramilitares. RICARDO HINCAPIÉ TRUJILLO
Niños juegan en la playa de Juanchaco, en la costa colombiana. Durante décadas, miles de menores fueron reclutados por guerrillas y grupos paramilitares. RICARDO HINCAPIÉ TRUJILLO

Los niños de la guerra forman el 40% de los grupos armados colombianos. Una novela recientemente galardonada recoge uno de los dramas que desde hace décadas padece una parte de Latinoamérica. Son los “niños combatientes” reclutados desde los 7 u 8 años de edad por los grupos armados irregulares que operan en Colombia. La dramática historia fue reconocida con el premio Black Mountain de novela negra inédita de 2026.

Su autor es el venezolano Marcos Tarre Briceño quien lleva un poco más de un año residiendo en España. El curioso título que le dio a su obra ha sido Amangna Eshi (Bohodón Ediciones), un término acuñado por una antigua cultura indígena de la región Norte de Colombia y Occidente de Venezuela, la etnia wayuu, cuya región y uno de los personajes más destacados en el complejo relato, forman parte de una serie de historias que encarnan las dramáticas vidas de estos niños combatientes que comienzan sus vidas empuñando armas y explosivos en un camino de violencia en el cual no saben en qué momento encontrarán la muerte.

El premio a la “novela negra”, entregado el pasado 19 de febrero, fue promovido por el Ayuntamiento de Vielha e Mijaran y la Asociación de Escritores Lee o Muere de esa región de la provincia de Lérida, España. Entre las seis novelas finalistas de las sesenta y seis presentadas, los miembros del jurado decidieron premiar, por unanimidad, Amangna Eshi del escritor venezolano. El jurado destacó la potencia del lenguaje, la brillante arquitectura narrativa, la tensión y misterio de la dura historia relatada.

Aunque Marcos Tarre es arquitecto de carrera, la vida lo llevó a ser un analista e investigador en el área de seguridad, violencia y delincuencia organizada y consultor para ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y otros organismos internacionales. Actividad que acompañó como columnista en esos temas y de allí saltó a la escritura de novelas y relatos, algunas llevadas al cine como fue Colt Comando 5.56 (1986).

El escritor venezolano Marcos Tarre Briceño, autor de 'Amangna Eshi'. CORTESÍA
El escritor venezolano Marcos Tarre Briceño, autor de 'Amangna Eshi' (Bohodón Ediciones). CORTESÍA

De todas tus novelas, esta es quizás una de las más complejas que evidencia una profunda investigación. En Amangna Eshi se aborda el tema de los niños en la lucha armada; pero desde dentro, desde las entrañas de estos ejércitos irregulares como lo son las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que no sólo controlan importantes zonas de Colombia sino que se han extendido a Venezuela.

Amangna Eshi está enfocada en los niños combatientes en Colombia. Desde hace muchos años he tenido gran preocupación por ese tema y en una oportunidad debido a mis actividades llegó a mis manos un amplio informe de Human Rights Watch (HRW), de nombre “Aprenderás a no llorar” que exponía el caso de estos niños reclutados por la guerrilla en Colombia. Para mí, y creo que para muchas personas, la idea de niños combatientes la asociábamos con regiones como de África; pero uno no se imaginaba que, en la vecina Colombia, estuviese sucediendo eso con la magnitud que registraba ese informe de comienzos de este siglo. El estudio documentaba la existencia de 11.000 niños combatientes. Es un hecho que no sólo sigue existiendo, sino que se ha extendido. En marzo de este año, tres comandantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se refirieron al tema y reconocieron que en sus filas había 18.000 niños combatientes. Estamos hablando que casi el 40 % de las tropas que operan en la guerrilla y los paramilitares son menores de edad.

A partir de aquel informe tuve gran inquietud hacia el tema, le hice seguimiento y hasta escribí un cuento que titulé “Pelados van primero”. Ese escrito quedó entre los cuentos publicables en la Semana Negra de Gijón. Y se publicó en un libro en España en 2006. Debo explicar que “pelados” llaman los colombianos a estos niños que son reclutados para la guerrilla.  

Con esta nueva novela, retomé el concepto de cómo, por las acciones y la actitud que predomina frente a estos niños reclutados, para los comandantes, para las FARC, la vida de un combatiente adulto vale más que el de un “pelado”. Y por eso a los menores, desde su proceso de integración y formación, los mandan a las operaciones más peligrosas, más difíciles, pues sus vidas valen menos.

Con eso en mente, con lo que permite la ficción de llenar espacios que convergen con la imaginación del escritor, uno puede ir mucho más allá de lo que refleja un informe de una ONG o un trabajo para los medios de comunicación. Así fue naciendo en mis pensamientos esta novela. Estas historias que protagonizan los “pelados” son episodios de distintos tiempos, etapas y situaciones.

Para el escritor siempre hay un tiempo necesario para dedicarle a la construcción. No es que uno lo termina de escribir y se acabó. Después de construir el relato pueden surgir ideas, ves o lees algo que te genera una idea que puede servir para incorporarlo, aunque en el proceso creativo de la escritura las cosas finalmente tienen un cierre.

Comienzas en el primer capítulo con una impactante y conmovedora historia en donde el personaje central es una joven mujer que termina siendo una importante comandante guerrillera de las FARC. Llama la atención que es de la etnia wayuu y en su largo camino se vincula a un pelado especializado en explosivos que es enviado a su zona de combate.

Para el momento en que escribí la primera versión de la novela esa era la última historia. Ahora en la versión publicada es la primera. Estaba puesta al final porque la consideré como la misión culminante por el tipo de operaciones que allí se exponen. La historia la ubico en los tiempos del atentado de Las Torres Gemelas en Nueva York, en la que ya se estaba utilizando un modelo de atentados suicidas muy complejos por parte de terroristas. Ese pelado que ubico en la historia forma parte de una misión suicida de esas características y quien dirige aquella misión en mi historia tenía que ser una mujer.

Una mujer wayuu de La Guajira, de donde viene ese extraño nombre que le pusiste a la novela Amangna Eshi.

La escogí, además por su origen wayuu de la Guajira colombiana, porque al leer sobre esa cultura recogí una costumbre guajira en la que cuando hay conflictos o diferencias en el que se derraman sangre o lágrimas, se negocia entre las partes y debe haber un pago por eso y quien lleva esa negociación se le identifica con el nombre de Amangna Eshi.

Eso me llamó mucho la atención y como esa es una cultura binacional, que existe tanto en Venezuela como en Colombia, pensé que eso le daba una atmósfera especial, a ese capítulo y de allí viene el nombre de la novela que es un título incomprensible para la mayoría de la gente.

Amangna Eshi, de Marcos Tarre Briceño, obtuvo el Premio Black Mountain de Novela Negra Inédita 2026. CORTESÍA
'Amangna Eshi', de Marcos Tarre Briceño, obtuvo el Premio Black Mountain de Novela Negra Inédita 2026. CORTESÍA

Esta comandante wayuu de apariencia muy severa dirigía operaciones muy complejas y peligrosas, y le asignan a un pelado, quien, aún siendo tan joven, 17 años, ya era experto con explosivos y en cada una de sus misiones ese menor de edad está al borde de la muerte.

En efecto, desde esta primera historia trato de evidenciar cómo menospreciaban la vida de estos menores, desde sus primeros tiempos de formación como combatientes. Eso incluía una serie de situaciones incluso en etapa de formación cuando ordenaban a los pelados a poner bombas a vehículos militares, pero al mismo tiempo alertaban a los mismos militares para hacer más compleja y peligrosa la misión sin importarles si había algún fallecido en la acción.

En las diferentes historias, al mismo tiempo, traté de reflejar un mundo en el que viven estos menores desde sus etapas de formación, en las que incluso algunas de las jóvenes terminan como parejas sexuales de los comandantes, de cómo aprovechaban su jefatura y los beneficios que podían darle a las niñas menores convertidas en amantes, algunas lo aceptan gustosamente, pero se sabe que en esos frentes guerrilleros hay violaciones o sexo obligado.

Trato de reflejar también cómo se utilizó la zona de distensión cuando la presidencia de Andrés Pastrana (1998-2002), cuando para negociar la paz acordaron que en esas zonas no debía haber presencia de policías ni militares. Eso lo usó las FARC para hacerse más fuerte. Y en este caso lo menciono como la historia de un campamento de secuestrados que había en la zona de distención y en donde la mayoría de los vigilantes eran pelados reclutados que al mismo tiempo de sus tareas de vigilancia hacían operaciones suicidas o debían cumplir órdenes como la de sentenciar a muerte a algún secuestrado.

En las historias se observa que tanto los menores reclutados como los comandantes ponen en evidencia las debilidades humanas, como este que mencionas con el tema sexual, la necesidad afectiva como el caso de la comandante wayuu que al mismo tiempo que planea una misión suicida se involucra de manera emocional con el pelado que le han asignado.

Esta narración trata de desmitificar ese mundo de líderes de la revolución que muchos han idealizado, el mito de la revolución armada, el Che Guevara, eso que dominó toda una época, pero detrás de esas supuestas historias míticas están estas personas reales como los pelados, los comandantes, con sus debilidades y necesidades, los intereses particulares. En una situación de un conflicto muy especial que ha sido el conflicto colombiano, no se puede hablar de una guerra civil pero sí de un conflicto armado que lleva unos 50 años. Las FARC y el ELN han ido evolucionando de ser enemigos acérrimos del narcotráfico, terminaron ligados a ese gran negocio del narcotráfico. A través de la novela tratamos de humanizar esas historias.

El segundo capítulo que se ubica en la Comuna 13 de Medellín, donde ocurrió una extrema violencia entre grupos armados. El fondo de esto lo pongo con un pelado que se subleva, que busca su propia sobrevivencia, se separa del núcleo rígido de las FARC y es quien dispara ese conflicto entre grupos armados como los llamados Paracos (Grupos paramilitares ligados al narcotráfico). Se lleva a una muchacha del prostíbulo de la zona y termina convirtiéndose en un pequeño narco con aspiraciones de dominar el negocio. Entonces se ve cómo detrás de toda una situación de conflicto, prevalecen intereses individuales que influyen en quienes están allí.

En esa evolución de los grupos armados en las historias que narras se ven los acuerdos territoriales, que aún siendo enemigos con intereses distintos, intentan convivir frente a un enemigo superior que sería el estado formal. 

En el caso de La Comuna 13 ese equilibrio existía muy bien, mantenido por un personaje que mediaba entre todos y con su propio orden hasta que llega este pelado y genera un conflicto que acaba con todos esos acuerdos.

Con 'Amangna Eshi', Marcos Tarre Briceño lleva a la ficción una de las heridas más profundas del conflicto colombiano. CORTESÍA
Con 'Amangna Eshi', Marcos Tarre Briceño lleva a la ficción una de las heridas más profundas del conflicto colombiano. CORTESÍA

Uno de los aspectos que más destacas en las historias de los pelados es la formación como explosivistas. Comienzan desde muy niños, pero desde los mismos tiempos de formación ya comienzan a hacer misiones altamente peligrosas ordenadas por los comandos centrales.

En cada tema de los niños combatientes, en cada historia hay como una edad diferente del pelado, que refleja una etapa siguiente. Pasan por todo un entrenamiento que se les van dando. Y luego de que es captado inicialmente con esa especie de juego que hacen donde los ponen por ejemplo a tirarle piedras a una mina, tienen un inicio, como el indígena que les enseñaba ciertas prácticas rudimentarias a uno de ellos en el tema de explosivos, que le dice que si quieres pescar tienes que ser paciente, con las bombas. Traté de seguir como un orden de lo que podía ser el proceso de aprendizaje de un explosivista que sobrevive a todas esas acciones y misiones que debe cumplir. Sobrevive porque tiene suerte. No todos llegaban a especializarse. Es como un proceso de los que se van formando, se van especializando entre los que van quedando vivos en el proceso. A esos los van llevando a entrenamientos cada vez más sofisticados.

Por ejemplo, ese curso en donde están los explosivistas de La Comuna 13, llegaron los especialistas del IRA (Ejército Republicano Irlandés). Eso sucedió en la vida real. Las autoridades colombianas detuvieron a unos terroristas irlandeses que habían ido a Colombia a darles cursos de apoyo en esa materia a la gente de las FARC.

También introduzco un elemento un poco misterioso que está presente en varios capítulos que es el que llaman La Máquina. Se trata de un enemigo mortal que tienen estos combatientes. Supuestamente estos enemigos que los acosan son grupos especializados militares, algunos extranjeros que siempre están enfrentándolos, especialmente a quienes hacen acciones de atentados con explosivos.

Este tipo de grupos en Colombia surgieron como grupo especial para capturar a Pablo Escobar con amplio apoyo norteamericano. En la ficción la idea era crear ese enemigo invisible, pero que está presente constantemente. Eso le daba un elemento adicional en todo el recorrido de la novela.

Con esta nueva experiencia como escritor en España, ¿cómo ves el tema del interés por la literatura?

En España hay cantidad de actividades constantemente vinculadas a la literatura. Premios, concursos, ferias y una gran difusión en los medios televisivos. Se le da gran importancia al libro que llama la atención. Hace unos días leí un artículo que aseguraba que el 50 % de los libros que se publican en España no venden ni un ejemplar. Afortunadamente ya superé ese paradigma porque ya se han vendido unos cuantos libros.  Hay en esto un mundo que se mueve muy lentamente. Cuando me llamaron para decirme que había ganado me pidieron no divulgarlo hasta que ellos lo anunciaran. Enviar un escrito a un concurso, son meses hasta que ocurre el fallo y te libera para usar ese mismo relato para encontrar otra opción. Es un campo muy competitivo, pero en mi caso me ha arrojado resultados positivos.

Los eventos en los que pude participar al recibir el premio de Black Mountain fue como encontrarme en ese mundo de los escritores, al mismo tiempo conocer una zona de España que es como un enclave de España con Francia, Los Pirineos. Una experiencia muy rica. Mi novela la presentó el escritor Javier Sagastiberri, quien ganó ese premio el año pasado, un escritor vasco. Igualmente participé en la Feria de Valencia. Me sorprendió la cantidad de gente que pasaba circulando por esos pasillos de casetas de libros. Es tener una dimensión de lo que es el libro en España, es una gran industria. Es parte del camino por el que pasa un escritor, parte del camino que hay que recorrer. 

Periodista y consultor. Ha trabajado en medios como El Diario de CaracasEl Universal, donde fue editor del área de Investigación. En 1995 ganó el Premio Nacional de Periodismo por el libro Las cuentas ocultas del presidente. Es autor de otros títulos como Las balas de abril (2006), Afiuni, la presa del comandante (2012) y Los últimos días de Hugo Chávez (2020).

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