Nunca tan poco

A 50 años del golpe de 1976, Argentina conmemora la fecha bajo el gobierno de Javier Milei, que cuestiona el consenso democrático y reabre la disputa por la memoria.

Jorge Rafael Videla jura como presidente de facto en la Casa Rosada el 29 de marzo de 1976, días después del golpe militar que inauguró la dictadura más sangrienta de la historia argentina.
Jorge Rafael Videla jura como presidente de facto en la Casa Rosada el 29 de marzo de 1976, días después del golpe militar que inauguró la dictadura más sangrienta de la historia argentina.

El destino, o parte de su sociedad, quisieron que la Argentina conmemore los 50 años del Golpe de Estado de 1976 bajo el mandato de un gobierno, el del libertario Javier Milei, que desde su llegada al poder (diciembre 2023) se ha encargado de discutir y refutar buena parte de los conceptos que las distintas administraciones democráticas habían elaborado en relación a ese hito y en relación a su luto, es decir, en relación al contenido de la historia reciente, espina dorsal de lo que La Libertad Avanza entiende como su batalla cultural.

Desde 1983 en adelante, aún con matices, tanto los gobiernos radicales, peronistas y liberales de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, el matrimonio Kirchner y —con menos fervor— Mauricio Macri, junto a las distintas organizaciones de derechos humanos, ubicaron cada 24 de marzo como una fecha para memorizar y repudiar sin ambages el horror militar, eficaz manera de evitar que el paso del tiempo horade o relativice el período más atroz de la historia argentina.

Ese consenso republicano se fracturó con la llegada de Milei al poder, quien en su afán por arrasar toda la narrativa política que lo antecedió —no olvidemos que él vino a destruir la casta—, también embistió contra el concepto de "Memoria, Verdad y Justicia”, la triada de peticiones que la democracia enarboló como forma de reparar el daño causado.

Para Milei, todo lo que hizo la democracia lo hizo mal, pero fue mucho peor si estuvo a cargo del kirchnerismo, encendido ciclo político de más de 12 años que hizo de la política de Derechos Humanos una de sus banderas. Para Milei y sus adláteres las acechanzas revolucionarias de las organizaciones armadas —ERP, Montoneros, etc— ocupan el mismo escalafón de dramatismo que la cacería desatada por el gobierno de facto de Jorge Rafael Videla, responsable, entre otras acciones espeluznantes, de la desaparición de personas —en su mayoría obreros y estudiantes—, el lanzamiento de prisioneros vivos al mar, el robo de bebés y decenas de matanzas al voleo. Ese afán por equiparar el daño causado por el Terrorismo de Estado con el de la guerrilla urbana —que para mediados de 1976, además, ya estaba prácticamente desarticulada—, es uno de los pocos puntos de encuentro entre Milei y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, conspicua negacionista, hija de militares y apasionada defensora de la dictadura. Por lo demás, el vínculo entre ambos es irreparable.

Una bandera con los rostros de los desaparecidos recorre la marcha del 24 de marzo de 2016 en Buenos Aires. FERBRUNO25
Una bandera con los rostros de los desaparecidos recorre la marcha del 24 de marzo de 2016 en Buenos Aires. FERBRUNO25

Hace un año, el 24 de marzo de 2025, el gobierno libertario difundió un video en el que uno de sus intelectuales orgánicos, el joven influencer y escritor Agustín Laje (Córdoba, 1989), denunciaba que en los últimos años se había instalado en el país un “negocio del setentismo” que implicó un alto costo económico para el Estado en concepto de indemnizaciones para las víctimas del golpe, cifra que ubicó, sin especificar la fuente, en alrededor de US$ 2111 millones.

Sin dar precisiones, Laje esgrimió que los organismos de derechos humanos “sirvieron como usinas de adoctrinamiento y trampolines políticos para sus dirigentes”. “Fue un proceso —dijo mirando a cámara— de destrucción de la verdad histórica con fines partidarios, ideológicos y económicos”, negando además la existencia de 30 mil desaparecidos como víctimas de la dictadura, ubicando esa cantidad en un número mucho menor, cercano a 9 mil. Ese mismo día, el diputado nacional José Luis Espert, por entonces connotado vocero del gobierno, dijo que el 24 de marzo debía dejar de ser feriado nacional. Eran otros tiempos para él. Seis meses más tarde, debió renunciar a su candidatura para renovar su banca en el Congreso acusado de haber sido financiado por el narcotráfico.

En este medio siglo, en parte porque el horror perpetrado ocupó todo el campo simbólico del “significante dictadura”, y en parte porque la peripecia social argentina siempre estuvo signada por las crisis, la dimensión económica del ciclo 76-83 pareció siempre subnarrada, sometida a la sombra imponente de la represión, el exilio y la muerte.

Ya en su legendaria “Carta a la Junta” de marzo de 1977, el escritor y militante Rodolfo Walsh da cuenta de la desastrosa performance en materia fiscal y financiera de un gobierno cuya deriva económica fue en saga a sus horrores en el resto de los ámbitos de la administración.

Jorge Rafael Videla encabeza un desfile militar en Buenos Aires en 1978. GOBIERNO DE ARGENTINA
Jorge Rafael Videla encabeza un desfile militar en Buenos Aires en 1978. GOBIERNO DE ARGENTINA

Como la historia enseña pero no tiene alumnos (Antonio Gramsci dixit), y aún cuando Milei se empeñe en manifestar que la decadencia nacional lleva “100 años”, su pretendido cambio cultural y, sobre todo, sus políticas económicas resuenan en la melodía de experiencias anteriores, todas ellas, tratándose de Argentina, acompañadas por un coro de detractores y aduladores. Nunca hay unanimidad en relación al pasado.

La actual apertura indiscriminada del mercado —es decir, la baja de aranceles para la importación, sumada al dólar “barato”— es un correlato de la liturgia económica aplicada durante la dictadura, concretamente en la gestión de su entonces omnisciente ministro de Hacienda, José Martínez de Hoz. Célebre por sus orejas y sus cadenas nacionales, Martínez de Hoz pasó a la posteridad como el padre de una era conocida como “plata dulce”, histórico ciclo vital en el que la Argentina, como ocurre ahora, era cara en dólares y en el que viajar al exterior y realizar una importación hormiga —con el aliciente de que era la primera que esto sucedía— estaba al alcance de la clase media. También como ahora, fue una época pródiga para la especulación financiera. Esas condiciones determinaron que un buen número de industrias pequeñas y medianas bajaran sus persianas, asfixiadas por la invasión de productos importados —sobre todo del sudeste asiático— que el cambio favorable y el nuevo escenario facilitaban. Filmada en 1982, la película —justamente— Plata dulce es un fresco invalorable de ese tiempo y de ese clima de época. Dirigido por Fernando Ayala, el film fue rodado con los militares todavía en el poder, quizás por eso su trama aborda de lleno la debacle económica de una familia tipo y evade la barbarie de represión y muerte que estallaba bajo la superficie.

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Así como ocurrió en el cine, en este medio siglo también la literatura ha sabido poner el foco en la ominosa performance de la maquinaria militar (exilio, aparato represivo, desaparecidos, deuda externa disparada, etc),  y ha generado a su vez un sinfín de obras tanto de ficción como no ficción. Libros como Almirante Cero (Claudio Uriarte), La llamada (Leila Guerriero), El vuelo (Horacio Verbitsky), El dictador (María Seoane-Vicente Muleiro) y en especial Nunca más, por citar solo un puñado, señalan, explican y relatan los pliegues más y menos visibles de esa enorme constelación de oscuridad y dolor.

Como es lógico, el paso del tiempo ha permitido la aparición de distintos acercamientos a la verdad, algunos de los cuales se aventuran en desentrañar aspectos menos notorios, y tal vez menos unánimes y más polémicos, de ese período. Como se tiende a tomar al ciclo como un todo, hay abordajes que se encargan de señalar, justamente, la inexistencia de esa supuesta homogeneidad en las cabezas a cargo de la junta de gobierno. Al contrario, lo que cuentan es que las internas agudizaron los defectos y profanaron algunos de sus planes. Abona ese enfoque el notable, y recientemente relanzado, Almirante Cero (Planeta), de Claudio Uriarte, especie de biografía física y metafísica del almirante Emilio Massera, considerado el personaje más despiadado, ambicioso y “político” de la primera cúpula militar. Uriarte señala las peleas feroces entre Massera y Videla, por caso. Y cómo el marino convirtió a la ESMA en una especie de casa de gobierno alternativa (además de un centro de torturas), hasta que sus propios excesos lo hicieron caer en desgracia.

Tres libros que revisitan la dictadura: 'Almirante Cero' (Planeta), 'Cómo gobernó la dictadura' (Edhasa) y 'La llamada' (Anagrama).
Tres libros que revisitan la dictadura: 'Almirante Cero' (Planeta), 'Cómo gobernó la dictadura' (Edhasa) y 'La llamada' (Anagrama).

También apunta a la misma dirección el flamante Cómo gobernó la dictadura (Edhasa), de Alejandro Bonvecchi y Emilia Simison, un libro que estudia la ostentosa dificultad para operar que tuvo un gobierno que, pese a lo que se cree, nació profundamente fragmentado y, por esa razón y aunque suene paradójico habida cuenta de las consecuencias de sus actos, con un poder de acción torpe y autolimitado.

Bonvecchi explica que la represión variaba de acuerdo a la tendencia de quienes la aplicaban: “En aquellas jurisdicciones, cuenta, en las cuales los centros clandestinos de detención estaban bajo el comando de oficiales de orientación liberal, murió menos gente que en aquellas zonas en donde estaban al comando de oficiales de orientación nacionalista. Y, por otro lado, esta última es una característica que no es propia de la dictadura del Proceso, sino en general de cualquier dictadura: en aquellas zonas en las cuales los centros de detención estuvieron al comando de oficiales que habían tenido malas calificaciones durante su formación, como cadetes, durante el inicio de su carrera militar, ahí también murió mucha más gente.”. O, por ejemplo, revela que pese a lo que el lugar común señala, las provincias contaron con algún tipo de capacidad de negociación financiera con el gobierno central. “A través de la CAL (Cámara de Asesoramiento Legislativo, de la que poca gente tenía noticias) y de los incentivos que las reglas del régimen crearon, los gobernadores estuvieron en condiciones de hacer con los presidentes militares el mismo tipo de negociaciones que los gobernadores civiles hacen con los presidentes civiles”.

Javier Milei y su portavoz Manuel Adorni ante la prensa en la Casa Rosada. CASA ROSADA
Javier Milei y su portavoz Manuel Adorni ante la prensa en la Casa Rosada. CASA ROSADA

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Agobiado por una crisis económica que no da respiro —la inflación sigue siendo una de las más altas del mundo y la desocupación no para de crecer—, Javier Milei llega al aniversario del golpe militar en su momento más bajo, con un mínimo histórico en el índice de aprobación de su gestión, alta imagen negativa y envuelto en escándalos. A su participación en el así llamado caso Libra se le suma la preocupación desatada tras descubrirse que su Jefe de gabinete, Manuel Adorni, viajó con su esposa en un vuelo oficial hacia Nueva York. El hecho, de menor cuantía, adquiere relevancia porque el gobierno había anunciado, con visible orgullo, que a partir de su asunción ese tipo de acciones estarían prohibidas. A las pocas horas, además, se descubrió que en enero pasado Adorni había volado a Punta del Este en clase business, también con su esposa, en una maniobra que intentó ocultar.

Todo esto ocurre días después de que Milei inaugurase el año legislativo en el Congreso atiborrando de insultos a la oposición y repitiendo que el suyo es un gobierno con altos estándares éticos. Interpelado por los medios, Adorni, cuya proverbial arrogancia verbal ahora parece jugarle en contra, optó por defenderse con un argumento absurdo: “Vengo una semana a deslomarme a Nueva York y me merezco venir acompañado por mi esposa”, dijo desde la ciudad estadounidense. La frase y, su imagen, se convirtieron de inmediato en meme vernáculo. Más adelante, acaso luego de recapacitar o de ser reprendido, Adorni enarboló una ligera disculpa, aunque se detuvo sobre todo en el hecho de que no debió usar la palabra “deslomarse”.

Adorni, justamente, fue el encargado de anunciar hace un año que el gobierno desclasificaría los documentos secretos de la Dictadura en manos de la Secretaria de Inteligencia del Estado. La noticia incluyó además la primicia de que el Gobierno reconocería ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que el atentado del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) a la familia del capitán Humberto Viola fue un crimen de lesa humanidad. Tras un año de silencio, y con llamativa precisión, el inicio de la operatoria comenzó ayer, a escasos días de un nuevo aniversario.

No obstante el gobierno, y aun cuando muchas áreas del Estado han sido desfinanciadas en estos dos años —entre ellos la Agencia de Discapacidad o el sistema jubilatorio—, el trabajo de identificación genética del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), cuyo prestigio internacional le ha valido ser considerado para el Premio Nobel de la Paz en 2020, no se detiene. Hace una semana, y tras muchos años de trabajo, el EAAF logró reconocer los restos de Mario Alberto Nívoli, un estudiante cordobés secuestrado por la dictadura en febrero de 1977, y enviado al centro de detención y tortura La Perla, en esa provincia. Cuando el Juzgado Federal a cargo de la causa se comunicó con la hija de Nívoli, María Soledad, para darle la noticia, esta se encontraba junto a su pareja y su hijo. Emocionada, abrazó a ambos y le dijo a su hijo: "Encontraron al abuelo''.  Más tarde, en declaraciones radiales, María Soledad contó: "Sentí alivio. Una paz que nunca había sentido. Y una certeza que apareció en mi cabeza: ya no soy más una hija de desaparecidos. Mi papá dejó de ser desaparecido. Ahora soy huérfana de padre.

Periodista y escritor. Editor jefe de la revista digital La Agenda y colaborador de medios como La Nación, Rolling Stone y Gatopardo. Coautor de Fuimos reyes (2021), una historia del grupo de rock argentino Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y autor de la novela Teoría del derrape (2018) y de la recopilación de artículos Nada sucede dos veces (2023).

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