‘Granta’: el presente de la literatura del futuro

Es la revista literaria en español más internacional. Y sus selecciones de escritores marcan tendencia, inyectan prestigio y generan discusión.

Distintas portadas de la edición en español de la revista literaria 'Granta'. ELENA CANTÓN/GRANTA
Distintas portadas de la edición en español de la revista literaria 'Granta'. ELENA CANTÓN/GRANTA

La historia de Granta no puede homologarse a un relato de superación y emprendimiento. No fue un pequeño y humilde proyecto que con el tiempo se convirtió en un fenómeno global. Más bien estamos ante una revista que nació —o, mejor dicho, renació— con la pretensión de convertirse en una publicación que agrupase a los que serían los mejores escritores en lengua inglesa.

En 1979, los editores Bill Buford y Pete de Bolla rescataron el nombre de una antigua revista estudiantil de la Universidad de Cambridge con la intención de crear un diálogo transatlántico de literatura joven y anglosajona. El primer número, de 208 páginas, se tituló La nueva escritura de los Estados Unidos, y allí encontraron espacio textos de los ya reconocidos William Gass, Joyce Carol Oates, Donald Barthelme o Susan Sontag. Los grandes nombres que vinieron a continuación —y hasta el día de hoy— no hicieron sino aumentar el prestigio original de Granta, otorgando al organismo la potestad y el reconocimiento para elegir a los autores con más talento que se abren paso en el mundo editorial.

En 2003, de la mano de Valerie Miles y Aurelio Major, vio la luz Granta en español, ampliando el riguroso trabajo de la revista inglesa a la lengua castellana. Sus dos primeras listas —publicadas en 2010 y 2021— presentan una selección de los mejores escritores menores de 35 años procedentes de España y América Latina, con el objetivo de establecer una guía para el mercado editorial, advirtiendo nombres y tendencias, aunque resistiéndose a ciertas inercias de la industria. Una clasificación respetada también entre los propios autores, tanto por el prestigio que brinda como por las oportunidades materiales en que se traduce.

“Creo que fue Edmund Wilson, un gran crítico estadounidense, el que dijo que entre Estados Unidos e Inglaterra había solo un mismo idioma que los separaba, y para mí, de alguna manera, ese es un buen lema para Granta en castellano: entre España y Latinoamérica hay un solo idioma que nos separa”, cuenta Valerie Miles en una entrevista con COOLT para explicar la necesidad de esta división en castellano. “Damos por sentado que por compartir el idioma, compartimos también tradiciones y conocimiento del mundo o perspectiva, pero no es verdad”, dice la periodista y editora de origen neoyorquino, establecida en España desde 1991. “Es importante saber que estamos ante un mosaico, no ante un cuadro. Hubo una época, no hace mucho, en la que no se permitían por ejemplo los argentinismos aquí o los castellanismos allí. Granta es todo lo contrario a esta corrección de estilo, nace con la idea de explorar esa realidad, no intenta unificar, sino celebrar tradiciones, historias y literaturas diferentes”.

La periodista, editora y escritora​ Valerie Miles, fundadora de la edición española de 'Granta'. LENA PRIETO
La periodista, editora y escritora​ Valerie Miles, fundadora de la edición española de 'Granta'. LENA PRIETO

Para aparecer en las listas de Granta, además de reunir los requisitos de tener una novela o libro de relatos publicado y contar menos de 35 cumpleaños, los autores deben presentar previamente su candidatura, pudiendo hacerlo ellos mismos, su agente o editorial. A partir de aquí, Miles explica que tiene lugar una preselección —en esta ocasión, a cargo de Leticia Vila-Sanjuán— que da paso a la deliberación final de la lista definitiva.  De los 112 hombres y 82 mujeres que se presentaron en 2020, el jurado, formado por  Gaby Wood, Horacio Castellanos Moya, Rodrigo Fresán, Chloe Aridjis, la propia Miles y Aurelio Major, escogió a 14 hombres y 11 mujeres. Pero mientras que en 2010 la mayor dificultad que encontraron fue que el nombre de Granta aún no era muy conocido entre los autores de habla hispana, lo que les obligó a hacer un trabajo de prospección duradero y tedioso, el inconveniente con el que se han topado al hacer su última lista ha sido una pandemia mundial que ha dificultado los encuentros entre los miembros de jurado, retrasando incluso un año el anuncio de los elegidos.

“Cada semana yo iba enviándoles una nueva cata de libros: fue un proceso de envío, de lectura y de comentarios. Luego nos reunimos todos juntos dos veces. Era muy divertido en general, aunque hubo momentos en los que se llegó a decir que un autor no entraba por encima de su cadáver”, explica Valerie sobre la parte final del proceso de selección, que recuerda con cierta tensión, pero sobre todo enriquecedor y con cierta gracia. “Claro, todos tenemos gustos y a veces se trataba de persuadir a los demás del interés de una obra o una autora de la que quizá no habían visto lo más relevante. Sobre todo en la literatura experimental es más difícil conseguir consenso, ahí es cuando cada uno tuvo que defender su apuesta. Pero creo que funcionamos bien, entendimos que había una ronda de persuasión y finalmente solo hubo un par de momentos en los que alguien se negó a firmar”.

En la conversación que tiene lugar en Barcelona, ciudad en la que la versión española de Granta tiene su sede, Valerie Miles repite que se trata, como no puede ser de otra forma, de una selección intrínsecamente subjetiva. “Entendemos la selección como una enorme responsabilidad y por eso intentamos insistir también en que es una lista hecha por este jurado en concreto, en este día y cada uno con las circunstancias que ha pasado para llegar aquí. Puede que haya un núcleo que hubiera entrado sí o sí, pero después hay una configuración muy variable”. Con estas palabras la editora intenta quitarle peso a la selección como un oráculo definitivo y sacudirse así las críticas que apuntan a que las listas acotadas por número y edad son una forma de constreñir la literatura. Como argumento admite además que varios autores que quedaron fuera de la de 2010 ahora cuentan con varios libros publicados de gran calidad literaria y buen número de ventas. “Hay escritores que emergen más tarde, que prueban hasta dar con su obra. Creo que hay ejemplos claros de personas que han sobrevivido a pesar de no estar”, cuenta en tono jocoso, “esta selección simplemente nos da una buena vara de medir para saber si hay un buen clima literario en castellano. Y lo que todos estamos de acuerdo es que hay muchísimos escritores actualmente de gran calidad, que se augura un buen futuro, y que esto hubiera sido difícil de afirmar en la época post boom, el tener tantos proyectos y no estar todos repitiendo los mismos nombres de escritores”.

De hecho, el rasgo más característico que ha destacado tanto la prensa como la propia Miles sobre la selección de 2021 es la variedad de formas lingüísticas. “Sin duda, que puedan existir tantos lenguajes es un rasgo literario generacional o más bien, de nuestro tiempo. Y esto se consigue porque hay más acceso a la publicación: existen muchas editoriales independientes que dan lugar a un microcosmos muy rico donde más escritores y escritoras pueden publicar. Así lo que sale es la originalidad, nuevos registros del lenguaje”. Algo que se deja ver de manera explícita —a través del uso de localismos, la reproducción del habla, el género no binario o imitaciones del lenguaje en internet— en el libro publicado por Granta en inglés y castellano que reúne 25 relatos escritos por los seleccionados.

Alejandro Morellón, Irene Reyes-Noguerol, Valerie Miles, Luis García Montero, Mónica Ojeda, Munir Hachemi y David Aliaga, presentando la lista de 'Granta' de 2021 en la sede del Instituto Cervantes de Madrid. INSTITUTO CERVANTES/ FERNANDO GUTIÉRREZ
Alejandro Morellón, Irene Reyes-Noguerol, Valerie Miles, Luis García Montero, Mónica Ojeda, Munir Hachemi y David Aliaga, presentando la lista de 'Granta' de 2021 en la sede del Instituto Cervantes de Madrid. INSTITUTO CERVANTES/ FERNANDO GUTIÉRREZ

La cofundadora niega rotundamente que existiera una imposición o siquiera búsqueda por apuestas literarias alejadas del mainstream, como se ha afirmado en varios titulares: “Todo se dio de manera orgánica”. En contraposición, expone que su entendimiento de lo que es o no literatura bebe de las raíces de la revista original. “Granta en general no quiere notas sobre el sueño, sino el sueño en sí. Nosotros no publicamos sobre literatura, Granta publica narrativa y creemos que eso no significa crónica o literatura testimonial, queremos ficción, obras de la imaginación”, explica Miles para justificar por qué les prohibió a los seleccionados que sus textos para esa recopilación de Granta versaran sobre la cuarentena. “Un diario de la pandemia, por muy ingenioso que sea, no deja de ser un diario. Yo no estoy diciendo que estemos en contra de la primera persona, y esto se ve porque hay varios textos en la selección que la usan, el problema es no saber distinguir el yo de una narradora con el yo de una autora. Esto es algo básico de la literatura. Hemos encontrado muchos textos así, que no están en conversación con nadie, que no tienen fondo”.

Entre todos los temas que se tratan —y que pueden considerarse generacionales—, lo que más le ha sorprendido a Miles por su reiterada aparición es la figura de la abuela. “Muchos libros muestran una admiración por ella como una parte fundamental de la familia, no solo como alguien que se da por sentado, sino como una mujer con una vida particular. No sé si es porque con la entrada de la era digital y la admiración de todo lo joven y nuevo, los mayores se hicieron de repente super mayores y no interesantes, se les miraba con recelo; pero ahora hay como especie de reivindicación de esta actitud. La abuela es quien arquetípicamente sigue nutriendo y cuidado de manera desinteresada en un ambiente de capitalismo feroz. O puede que simplemente sea porque esta generación se está haciendo mayor también”, comenta entre risas. 

Aunque lo más polémico que se advierte en las palabras de Miles al introducir a los autores en el libro de relatos es su insistencia en que Granta busca “escritores como los de antes, que no conocieron Instagram”. En persona, matiza y rebaja estas palabras: “No hay un rechazo explícito, simplemente era una manera de provocar una irritación y generar discusión. Yo no estoy en contra de nada nuevo, creo que es muy importante estar abierta, cada época describe los mismos arquetipos pero busca su manera particular de hacerlo. Yo soy solo una observadora, no alguien que incide, creo que hay que dejar brotar la realidad. En cambio, con las redes sociales mi visión es que a veces nos perdemos en la distribución del arte en vez de juzgar el arte en sí, y a mí me importa poco cómo se distribuye, lo que importa es el arte en sí”, desarrolla la editora. “Hay mecanismos que funcionan y hay otros que solo planean sobre la superficie, nosotros buscamos la profundización. Queremos pensar en si no debería ser más la obra en sí misma y no la cara de alguien en Instagram lo que le otorga valor a una obra”.

Esta no es, sin embargo, una discusión o crítica que en la mayoría de los casos pueda dirigirse contra los autores. Como ella misma reconoce, son muchas las editoriales y, en concreto sus estrategias de marketing, las que han unificado la identidad de un autor con su obra. “Y también hay un objetivo que cumple esto y es importante: así se venden libros, las redes sociales venden literatura. Podemos cuestionar su valor pero es muy importante que existan los grupos editoriales grandes que viven de esto y lo necesitan”, continúa Miles, que igual que celebra el trabajo de las pequeñas y cree que la lista de Granta está más cerca de la literatura que publican, también advierte, con una clara actitud conciliadora, que son las grandes quienes “mantienen abiertas las librerías y el interés del público en la lectura”.

Valerie Miles, Valeria Luiselli, Mario Bellatin, Guadalupe Nettel,  Álvaro Uribe y Aurelio Major, en 2012. DANIEL MORDZINSKI
Valerie Miles, Valeria Luiselli, Mario Bellatin, Guadalupe Nettel, Álvaro Uribe y Aurelio Major, en 2012. DANIEL MORDZINSKI

Los seleccionados de 2010, diez años después

Para la escritora española Elvira Navarro, aparecer en la lista de Granta de 2010 fue toda una sorpresa, en un sentido nada fingido: “He de confesar que no tenía ni idea de lo que era Granta y que no recuerdo quién me dijo que me presentara. Supongo que fue alguien de mi editorial, o mi agente. Recuerdo que pensé que se trataba de una de tantas antologías de jóvenes autores. No entendí por qué se generaba tanto revuelo ante aquella convocatoria. Hasta que se me ocurrió buscar qué era eso de Granta”. Aunque tardó poco tiempo en comprender que ser antologada suponía obtener visibilidad, credibilidad y un impulso de confianza en sí misma como escritora profesional. “Estar seleccionada es como que te pongan el sello de un buen jamón. Yo ya estaba publicando en Penguin Random House, así que no supuso ningún salto a nivel editorial. Aquello era más como una inyección de prestigio”.

Ahora, 10 años después del anuncio y con varios libros más en el mercado, Navarro valora la importancia de Granta, aun sin sobredimensionar su impacto en el mercado editorial y la posibilidad de desarrollar una obra duradera a lo largo de los años. “En literatura, lo que vale es tu capacidad para la carrera de fondo. Escribir mucho, leer mucho y que te acompañen la musa, la suerte y los lectores. Muchos autores de mi quinta que no fueron seleccionados para Granta no solo han demostrado una calidad indudable, pienso en Sara Mesa o en Mario Cuenca Sandoval, por ejemplo, sino que no han necesitado estar en ninguna lista para lograr un reconocimiento mayor que algunos de los seleccionados”, explica Navarro. “Por otro lado, la primera lista de Granta apostó por valores seguros, por autores que ya estaban bastante consolidados, como Andrés Neuman o Andrés Barba. La lista que han sacado este año es más osada”, concluye.

Precisamente Andrés Barba, otro de los seleccionados en 2010, cuenta una experiencia similar: él sí conocía Granta pero no recuerda siquiera haberse presentado por sí mismo. Para Barba, además de los contactos, las felicitaciones y el reconocimiento, a nivel material “favoreció que se tradujeran algunos libros al inglés, que en ese momento era una lengua casi imposible para un autor literario y joven”. Aunque admite que en el mercado español no tuvo un efecto específico “en el aumento de ofertas ni en el aumento de tarifas. Creo que nos ayudó a conocernos un poco entre nosotros, eso sí, porque hicimos varios viajes juntos”.

La argentina Pola Oloixarac, por el contrario, era ya fan de la revista antes de que se instalase en España y de conocer que ella sería nombrada como una de las mejores narradoras en castellano menores de 35 años. “Creo que las listas son puentes entre el mundo de la literatura y el público. El mundo de la literatura tiene sus propias obsesiones y murmullos, entonces cuando aparece una lista así es como formalizar algo de esas conversaciones”, expone la escritora, que entiende la selección como un barómetro de los autores que están trabajando en prosas ambiciosas. “Granta tenía un glamour especial porque era ese milieu de escritores y críticos el que de alguna forma te elegía”. En cuanto a las oportunidades que ha ganado, confirma una mayor distribución de sus libros en otros países tanto de habla española como anglosajona, lo que sería el objetivo último de Granta. “Fue un poco una confirmación para los editores extranjeros de que no estaban totalmente locos. Granta inauguró sin dudas un período aventurero ligado a la escritura, en nada exento de placeres y peligros, y un poco de esta experiencia recaló en mi tercera novela, Mona”. Y añade: “todas estas cosas son buenas porque excitan una relación con los lectores y el periodismo, pero lo único que realmente importa es escribir”.

Oloixarac, con estas declaraciones, cuestiona que las listas puedan suponer, más allá de todo lo bueno, una presión extra para los seleccionados por lo que el público ya espera de ellos. Algo en lo que está de acuerdo Andrés Barba. “En realidad, después de dos días la presión ya ha pasado. Tampoco es la lista de los salvados para el fin de los tiempos. Seguro que algunos de los mejores escritores de esa generación no está en esta lista de ahora, como tampoco estuvo en la nuestra, por poner un caso clamoroso, Valeria Luiselli, y mira tú”. Una conclusión que coincide con las palabras de Elvira Navarro, quien nuevamente recuerda que detrás de cualquier antología lo que queda es una obra por escribir: “La presión es algo que siempre sientes, pero no son las expectativas de los demás las que te espolean, sino las tuyas propias”.

Periodista especializada en feminismo y cultura. Colaboradora de medios como Pikara Magazine, eldiario.esS Moda y El Salto. Recomienda libros de mujeres en el programa Tardeo, de Radio Primavera Sound. Cocreadora y coeditora de la revista digital la Fronde Mag.

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