En Ribadesella (pueblo costero de Asturias, al norte de España), sin que se supiera, había un volcán inactivo, comenzando a despertar y emitiendo señales de alerta. Su nombre: Jon Bilbao (1972).
El primer registro de una actividad inusual, que podía augurar un evento de mayor magnitud, ocurrió en 2008 cuando Como una historia de terror fue publicado. Cuentos como “Fortaleza”, en donde las vacaciones de una pareja se ven perturbadas cuando otra pareja desconocida trata de ingresar a la casa que un amigo les ha prestado para pasar la temporada. La equivocación al parecer se debe a que los otros están borrachos y se han confundido de casa, pero la situación no acaba de cuadrar. “Después de nosotros, el diluvio” (la primera aparición de Jon y Katharina, personajes importantes en la obra de Bilbao) con un road trip de un grupo de amigos al parque nacional de Yosemite (en California) que se empieza a torcer cuando toman la decisión de dejar tirada a una de las parejas que forman el grupo al no aguantar más la actitud del novio de la chica; y “Como una historia de terror”, uno de los mejores cuentos del autor, sobre una pareja que compra una casa en una colina, bastante aislada de la civilización, y pasados unos días se empiezan a dar cuenta del porqué de la premura del antiguo dueño por vender a un precio más bajo de los estándares del mercado.
“Creo que nunca me había costado tanto entrar en una historia y llegar a sentirme cómodo con ella. A priori el planteamiento era sencillo: contar una historia sentimental, el final de una relación de pareja, pero en clave de género de terror. Una pareja que no está en su mejor momento decide insuflar nueva energía a su relación mudándose a una casa nueva en el campo, pero en un entorno donde se sienten indefensos y donde ella interpreta lo que sucede a su alrededor como si fueran casi las primeras escenas de una película de terror”, señala el autor. “El problema no está fuera de la casa, sino dentro de ellos. Entonces, mantener ese equilibrio entre lo realista y la narración de género, sí que me ha resultado complicado”.
Transcurridos apenas dos años desde ese evento, Bilbao volvió a sacudir los radares con señales aún más fuertes con la publicación de Bajo el influjo del cometa, el cual contiene “Los espías”, en donde una pareja de mediana edad comienza a espiar a los vecinos de la casa del frente, ocupada durante las vacaciones de verano por una familia de cuatro. Lo que empieza como una diversión quizá inocente se transforma en una situación preocupante a medida que la obsesión por los vecinos aumenta. “Belígero”, en el que la estadía de una chica en una cabaña remota cambia cuando empieza a entablar una suerte de amistad con un zorro que se acerca a su vivienda a buscar comida. “Soy dueño de este perro”, sin duda de lo mejor de su obra en general, con una situación extraña que se vuelve cada vez más ominosa hasta rozar lo terrorífico. Una pareja se encuentra pescando muy temprano y rescata a un perro que un hombre lanza al lago para que se ahogue, sin imaginar las consecuencias devastadoras que dicho acto de valentía va acarrear.
“En general me gusta partir de un planteamiento muy sencillo: situaciones familiares, de pareja, muy reconocibles, en principio plácidas, aunque por debajo haya corrientes revueltas, y trastornar las cosas mediante la inoculación de un elemento extraño, atípico, que genere inquietud. Ese elemento en principio no tiene que ser en sí mismo merecedor de sospecha. Puede ser un paquete que llega por equivocación a tu casa o un cachorro perdido que es rescatado y adoptado por una pareja. Lo que sucede es que luego ese cachorro crece y se convierte en un perro enorme y se transforma en el macho alfa de esa casa. Entonces, sirve a modo de metáfora para hablar de las inseguridades del hombre que se ve desplazado por ese animal. Aquí tenemos la historia de terror, digamos superficial, de este perro que parece que está cometiendo una serie de crímenes cuando se escapa por las noches, y la historia de terror del hombre que se siente emasculado ni más ni menos que por su propia mascota” dice Bilbao.
Sucede lo más importante: el lector quiere saber más y no puede dejar de leer. En “Ha desaparecido un niño”, la desaparición de un pequeño moviliza a todo un pueblo en su búsqueda, pero no logra conmover demasiado a su maestra, la cual parece estar enfocada en disfrutar de la vida a como dé lugar.
Física familiar, publicado en 2014, dejó claro que ese volcán se encontraba en plena actividad y podía erupcionar en cualquier momento. “Preludio y consecuencias de un encuentro nocturno”, con un ejecutivo que sale tarde de su oficina y debe enfrentarse a un perro que lo ataca en la calle. Sin nadie que pueda ayudarlo, la situación pronto se torna en una lucha a vida o muerte; y “El becerro de Lego”, una de las historias más interesantes e inexplicables, en donde la construcción de Lego de un niño empieza a tomar una forma insospechada, a la vez que recibe y almacena en su interior extrañas peticiones hechas por sus compañeros de colegio.
Puntos calientes
Esos tres libros de cuentos, inencontrables desde hace años, contenían ya los rasgos que presagiaban la erupción de obras tan importantes como Basilisco (Impedimenta, 2020), en donde aparece John Dunbar/El Basilisco; la nouvelle Los extraños (protagonizada por Jon y Katharina), y Araña (2023), un western que fusiona pasado, presente, realidad y ficción en una simbiosis que sobrepasa cualquier categorización y que es quizá lo mejor que ha escrito el autor.
“Yo creo que cada nuevo libro se apoya en los anteriores, no solamente por la adquisición de destrezas técnicas, sino porque te vas conociendo más a ti mismo como autor. Por otro lado, y esto creo que es más interesante, me gustan los autores que siempre están manejando las mismas ideas y que su obra, para valorarla adecuadamente, hay que verla en conjunto, dado que cada libro retoma ideas de los libros anteriores, pero no para una mera repetición como si fuera una producción en cadena, sino que amplía, matiza, rectifica y refuta ideas anteriores, de manera que el conjunto de los libros forma un discurso y cada uno de esos libros es un capítulo dentro de ese discurso más general”, afirma.
Utilizando un lenguaje sencillo, las narraciones avanzan mediante capítulos cortos que facilitan la lectura y con los que se sostiene la tensión. Bilbao sabe enganchar, maneja bien el suspenso y cuando se espera que las situaciones tomen un giro hacia el terror y revelen el rostro retorcido de la maldad (lo que quizá hubiera hecho un Stephen King u otro autor norteamericano), el asturiano se planta en un terreno indefinido, una zona que podría sugerir varios caminos posibles, dejando que sea el lector el que decida.
“Aquellos cuentos se servían de la que a mi modo de ver es una de las mayores herramientas de alguien que escribe: la imaginación de quien te lee. No decirlo todo, dejar unos espacios intencionadamente brumosos, pero al mismo tiempo sugerentes para que quien te está leyendo los ocupe con su propia imaginación, sus fantasías o sus miedos. Seguramente, si explicitas el miedo y la inquietud, al mismo tiempo las estás desactivando. Y también puede ser que ese objeto del miedo, a lo mejor para mí es muy eficaz, me afecta personalmente, pero a quien te está leyendo no. Si lo que haces es activar los resortes necesarios para que quien te lee ocupe esos huecos y termine de completar el significado del relato, el efecto es más poderoso y, además, ese relato también se vuelve, quizá no imperecedero, pero sí aumenta su longevidad. De otra forma, sería como explicar el truco de un mago”, añade.
Una mirada a la oscuridad
El punto fuerte de su narrativa es alarmar sin utilizar elementos explícitamente de ultratumba, dejando en evidencia cómo en cualquier momento puede surgir algo que altere esa normalidad que consideramos inamovible.
“Podríamos decir que lo inquietante en la mayor parte de mis historias no reside en un suceso, fenómeno u objeto externo, sino sobre todo en la mirada de los personajes hacia ese sujeto. Porque si el origen de la inquietud fuera exterior, nosotros no tendríamos más que eliminar esa fuente de inquietud y todo estaría desactivado. Pero si la verdadera causa de la inquietud está en la mirada, aunque nosotros eliminemos el objeto a la mirada, va a buscar algo más a su alrededor, quizá otra persona, algo muy cercano, íntimo y familiar para vaciar sobre ello tal inquietud”, dice.
El temblor de lo desconocido
Impedimenta ha hecho una gran labor al reunir todos los cuentos en Antes del volcán. Los cuentos recuperados, agregando además tres relatos que fueron elegidos para otras antologías (como “Una casa frente al cementerio”, otro de los mejores de su producción), formando un conjunto imprescindible para los amantes de la narrativa breve.
Quizá sea un misterio, pero es inevitable preguntarse cuáles podrían ser esos elementos (la historia, el tema, alguna imagen) que llevan al autor a tomar la decisión de escribir un cuento en donde sucesos inquietantes alteran el orden del mundo. “Nunca me habían hecho esta pregunta. Lo que me motiva para escribir es lo que yo denomino el núcleo oscuro: algo que está dentro de la narración, en su centro, pero que yo mismo no entiendo muy bien, y alrededor de lo que todo gira. Entonces, en realidad, la narración es como una envoltura de ese núcleo oscuro que puede ser un misterio, algo inexplicable, un trauma del pasado de unos personajes. Y esa tensión entre tener que narrar algo, pero sin poder abordarlo directamente, tener que recubrirlo con una historia, es lo que me resulta más sugerente a la hora de escribir”.
Para los que no conocen a Jon Bilbao, esta selección es una gran oportunidad para adentrarse en el mundo de uno de los narradores más interesantes en nuestra lengua.
Bilbao es autor, además, de Estrómboli (Impedimenta, 2016), El silencio y los crujidos (Impedimenta, 2018) y Matamonstruos (Impedimenta, 2024), entre otros. Ha sido merecedor de los premios Ojo Crítico de Narrativa por Como una historia de terror, el Premio Tigre Juan y el Premio Euskadi de Literatura por Bajo el influjo del cometa y el Premio Otras Voces, Otros Ámbitos en 2011 por Padres, hijos y primates, publicados por la editorial Salto de Página.