Libros

14 libros para regalar (y no fallar)

Acertar con un libro no siempre es sencillo. Pero hay títulos que rara vez decepcionan. Como los de esta lista de recomendaciones.

Barcelona
14 libros para regalar (y no fallar). ELENA CANTÓN

Comprar libros es fácil. Regalar, no tanto. Hay que conocer bien los gustos de la persona obsequiada. ¿Le tiran los clásicos o es más de narrativa contemporánea? ¿Quizás le entusiasman los ensayos históricos? ¿O lo suyo es la poesía?

Y, a veces, ni por esas.

El riesgo de fallar siempre está ahí, y pocas cosas más tristes hay que descubrir que nuestra elección acabó criando polvo en la estantería de los eternos olvidados o, peor todavía, resucitó como nuevo regalo para un tercer incauto, en el inicio de una lamentable cadena de ofrendas repudiadas.

Para ir sobre seguro, hemos convocado a 14 firmas de COOLT y les hemos pedido sus recomendaciones infalibles: esos títulos que han regalado más de una vez y que rara vez decepcionan.

No se aceptan devoluciones. Ni reclamaciones.


Malena Rey recomienda ‘Teoría de la gravedad’, de Leila Guerriero (Libros del Asteroide)

Estos últimos años, el libro más infalible, ese que recomendé y regalé a más no poder, es Teoría de la gravedad, de la escritora y periodista argentina Leila Guerriero. En él se reúnen las columnas que publicó en El País, pero no tienen nada que ver con la actualidad ni las coyunturas. En cada texto Guerriero toca un tema en apariencia sencillo y, con un exacto número de palabras, logra destilar belleza y poesía. Estos breves escritos no necesitan ser leídos en orden. Me gusta, de hecho, volver al libro de manera oracular. Abrirlo al azar y leer ese que ha tocado. Allí está la voz de Leila para sacudirnos o calmarnos, para hacernos viajar o lagrimear. ¿Cuál es su secreto para ser atemporal y a la vez profundamente contemporánea?


Pablo Perantuono recomienda ‘Open’, de Andre Agassi con JR Moehringer (Duomo, 2014)

Trepidante, explosivo, sorprendente, pero, sobre todo, hermosamente escrito gracias a una prosa (obra de JR Moehringer) que nada tiene que envidiarle a otras consagradas como las de Carrère o Baricco (por citar dos al azar), Open es una verdadera obra maestra contemporánea.

Sabíamos, o sospechábamos, que la vida de cualquier deportista de (super)élite podía ser una sucesión de hitos maravillosos, una aventura reservada para unos pocos, pero lo que no sabíamos es que podíamos hundirnos dentro del río revuelto de las emociones y los pensamientos más profundos de un artista de la raqueta y que, gracias a eso, podíamos no solo conocer sus cimas y sus caídas o su miedo y su desesperación, sino ser partícipes del inusual gesto de humildad de relatar, con precisión freudiana, sus más bajas pulsiones.

No sucede a menudo que una lectura provoque un estado narcotizante tal como el que genera Open. Es, además, el típico libro que leen aquellos que leen muy poco (su condición de best seller conspira contra su prestigio, claro) y eso es un motivo más para celebrarlo, porque hace que la literatura sea de todos. Hay que hacer uno, dos, mil Opens.


Ana Bulnes recomienda ‘Tú no eres como otras madres’, de Angelika Schrobsdorff (Periférica & Errata Naturae)

Lo compré sin saber nada, solo porque me pareció atractivo. Me atrapó enseguida: la autora cuenta la vida de su madre, nacida a finales del siglo XIX en una familia de la burguesía judía berlinesa. Vivió al máximo, se enamoró intensamente e, incluso cuando no podía seguir ignorando el presente que creó la llegada de Hitler al poder (lo ignoró bastante tiempo), fue tan distinta como promete el título. Lo he regalado y prestado tanto que creo que ha pasado más tiempo en casas ajenas que en la mía.


Philipp Engel recomienda ‘París no se acaba nunca’, de Enrique Vila-Matas (Debolsillo)

Entre el cine y la literatura no hay tantas intersecciones como puede parecer a simple vista. Hay muchos libros de cine a los que les falta estilo, que me parecen plúmbeos y farragosos, carentes de elegancia, y no tanta literatura que comporte un pedazo de la historia del Séptimo Arte que me parezca tan significativo como este libro de Enrique Vila-Matas, en el que novela los años que pasó en la buhardilla de Marguerite Duras, divina escritora que también fue una magnífica cineasta, indie avant la lettre, tal y como por fin se ha reivindicado en la estupenda exposición que este año ha recalado en el Palau de la Virreina de Barcelona. Sus años de quimérico inquilino en la rue Saint Benoît, coincidieron con el rodaje de la icónica India Song (1975), y el escritor catalán, que había empezado queriendo hacer cine —llegó a rodar un par de cortos—, también participó por entonces en Tam Tam (1976), una de esas películas, totalmente underground, del no menos simpático Ado Arrieta. Por estas y otras razones, cuando hago ding dong en una fiesta de cumpleaños y no sé qué regalar, suelo acudir con París no se acaba nunca bajo el brazo.


Ana Llurba recomienda ‘Amo a Dick’, de Chris Krauss (Alpha Decay)

El libro que más he regalado es Amo a Dick, la novela-artefacto de Chris Krauss, con una trama epistolar, con ensayos, gossip-theory y otros híbridos genéricos donde desarticula que entendemos por el deseo y la humillación, a la vez que pasa por la plancha a todo el mundillo del arte y la intelligentsia de su época. No es una novela fácil, pero suelo regalarla porque me acompañó en un momento de crisis vital muy importante y supongo que espero que tenga el mismo efecto en las amigas a las que se la regalé.


Pilar Gómez Rodríguez recomienda ‘Las pequeñas virtudes’, de Natalia Ginzburg (Acantilado)

Que la educación no son normas, sino un clima; que las grandes virtudes no vienen solas; que no hay que sobrevalorar el rendimiento académico; que es mejor no prometer o dar premios (“la vida raramente tendrá premios y castigos”); ¡que no se regalan huchas!; que no se espera ni se pretende nada de los hijos; que la gran tarea de padres y madres es el nacimiento y el desarrollo de su vocación… Vuelvo a este libro porque es un completo repaso de todo lo que importa (teoría y práctica) y porque demuestra lo fácil que se olvida para hacer justo lo contrario. 


Damián Huergo recomienda ‘En lo más implacable de la noche’, de Idea Vilariño (Colihue)

Un libro que suelo regalar es En lo más implacable de la noche, una antología de poemas de la uruguaya Idea Vilariño. Me gusta dárselo a amigos y amigas que no les gusta la poesía, incluso que no se acercan seguido a la literatura. No con afán de convencimiento, sino porque en sus versos hay algo del abrazo y la pena cotidiana donde, intuyo, todos nos podemos reconocer. Sus poemas son como esas estaciones de tren que pisamos por primera vez, pero que en nuestro interior sentimos que ya estuvimos ahí. Y aunque duela, no tenemos apuro en marchar.


Javiera Tapia Flores recomienda ‘Susan Sontag: la entrevista completa de Rolling Stone’, de Jonathan Cott (Ediciones UDP/Alpha Decay)

Pensar y concluir. Pensar otra vez y cambiar de opinión. Pensar de nuevo. Lo que se puede leer como indecisión, después de haber leído esta entrevista de Jonathan Cott a Susan Sontag, se parece más a sentirse viva. Estas páginas están llenas de interesantes reflexiones sobre el ejercicio de escribir; pensar, claro; el amor, la muerte, el sexo, el arte, la identidad y todo lo que se nos presenta siempre como antónimos (bello/feo, viejo/joven, etc.). “Una de mis cruzadas más antiguas es contra la distinción entre pensamiento y sentimiento, que es realmente la base de todos los puntos de vista anti intelectuales: el corazón y la cabeza, el pensamiento y el sentimiento, la fantasía y el juicio… y no creo que sea cierto. Tengo la impresión de que pensar es una forma de sentir y que sentir es una forma de pensar”, dice Susan en una de las páginas. ¿Las conversaciones con amigos que nacen después de esta lectura? Miles.


Eileen Sosin Martínez recomienda ‘El tipo que creía en el sol’, de H. Zumbado (La Pereza Ediciones)

Me gusta regalar cualquier selección de textos de H. Zumbado. Sus crónicas de la cotidianidad son una sabrosa muestra de lo que en Cuba conocemos como “choteo”, esa habilidad para burlarse de todo, típica de los cubanos —y fundamental para nuestra supervivencia—. Las colas, la burocracia, las guaguas… Zumbado retrató problemas que duran hasta hoy, y provoca a la vez el cuestionamiento y la risa auténtica. Suelo escogerlo también porque a veces las personas a quienes les regalo no son ávidos lectores y, sin embargo, se beben estos libros. De alguna manera creo que así los estoy embullando a leer más.


Albert Gómez recomienda ‘Patrimonio’, de Philip Roth (Debolsillo)

Quería hacer alguna propuesta vanguardista, pero en un ejercicio de sinceridad he echado las cuentas y resulta que el libro que más veces he regalado es este. El gran novelista judío, rey de la autoficción, emplea aquí todo su conocimiento y sus técnicas sobre un tema tan simple como el padre enfermo. A nivel literario, crea una sólida pieza del mencionado género, con un resultado tierno fruto de la mezcla entre humor y drama. A nivel comercial, pueden encontrarse fácilmente ediciones de bolsillo.

El quid de la cuestión es a nivel humano, porque quien más, quien menos ha tenido un padre y, por suerte o por desgracia, al margen de la relación con él, quien más, quien menos lo ha visto envejecer. El ocaso resultado de la pérdida intelectual y la decadencia corporal sobre una figura que simbólicamente a menudo ha representado valores opuestos durante nuestra época de crecimiento es un golpe de efecto del tiempo sobre nuestras conciencias amorosas. Siempre me ha resultado más útil leer algo para expresarlo o ver cómo lo siente otra persona. Por todos esos motivos, a menudo lo he considerado un regalo perfecto para muchos perfiles de personas.

La foto de la portada española, por cierto, procede del álbum familiar del autor.


Laureano Debat recomienda ‘La conjura de los necios’, de John Kennedy Toole (Anagrama)

Perfecto como regalo para lectoras y lectores frecuentes porque siempre hay alguien que aún no lo leyó o que lo leyó hace mucho y le gustaría releerlo, o que lo prestó y nunca se lo devolvieron y es un libro que hay que tener en casa. Y éxito asegurado para personas que no acostumbran a leer demasiado, incluso aquellas que arrugan la nariz cuando reciben un libro de regalo: una vez que lo leen, quieren más. Suele ser un buen dispositivo para inocular adicción a la lectura.


Beatriz García Guirado recomienda ‘Las madres no’, de Katixa Agirre (Tránsito)

Es un atentado contra la maternidad como happycracia, es decir, un libro supernecesario para todo el mundo, pero especialmente para esas amigas que acaban de parir hace poco y a las que les han vendido el cuento de que todo es luz y lactancias paradisíacas, y no acaban de atreverse a verbalizar que hay días que van camino de perder la cabeza. Porque lo que cuenta Katitxa Agirre en este digamos que thriller con momentos ensayísticos y de crónica de sumo valor es la historia de cómo una madre puede cometer infanticidio. En suma, una novela que se disfruta igual que esos masajes tailandeses que te obligan a apretar los dientes de vez en cuando y que te dejan hecha polvo, pero descontracturada al fin de tanta memez pink flower contraria al feminismo real.


Rodolfo Chisleanschi recomienda ‘El Chino’, de Henning Mankell (Tusquets)

Una trama bien urdida y una narración que no deja cabos sueltos son buenos argumentos suficientes para componer una eficaz novela policial. Pero aquí el interés va más allá de encontrar al asesino. Publicado en 2008, se introduce en la geopolítica y la economía global con epicentro en los movimientos de China para convertirse en potencia mundial. Un libro que permite “espiar” los manejos del poder en el planeta sin defraudar a quienes disfrutan de disfrutar el quién y los por qué de un crimen.  


Christian Saurré recomienda ‘Manual de antiayuda’, de Peto Menahem (Planeta)

No tengo suerte con los regalos. En el Día del Padre sigo regalando corbatas; en el de la Madre, perfumes; mi novia recibió flores solo una vez en todo este tiempo y agradezco que me siga queriendo. Mi hija sigue coleccionando ositos de peluche y la ropa que le compro con sus personajes favoritos de la televisión no calzaría jamás en el cuerpo de una niña de casi 7 años. Nunca sé qué hacer cuando de un regalo se trata, pero hay cosas que se me dan natural: la específica labor de regalar un libro, por ejemplo. El año pasado, en un 24 de diciembre, en la búsqueda del regalo de navidad para mi novia (sí, porque también soy del tipo que busca los regalos a última hora) entré a una librería y pedí una antología de Joan Didion: Sur y Oeste. Didion había fallecido el día anterior a mi compra. En ese momento, la voz de Julio Villanueva Chang, fundador de la revista Etiqueta Negra y mi exjefe, resonó en la librería: “Eres un oportunista literario, Saurré”. Y es que eran las 15 horas del 24 de diciembre y Didion no tenía pierde.

Antes, la tarea de la búsqueda de un buen libro regalo me obligaba a rebuscar en mi pobre memoria y en mis libreros los títulos que más me impactaron, las historias más profundas, las más sesudas. Esa búsqueda siempre terminaba en una historia que te invita a olvidar la idea de que algún día vamos a ser felices. No es profunda ni sesuda. Manual de antiayuda (léase como bajada: Para terminar con el mito de la felicidad) del guionista argentino Peto Menahem, arranca con la frase: “Quisiera que este libro le pese en la mochila”, y desde ahí se descubre la intención del autor para tratar de inocularnos, en un cóctel en formato de libro de autoayuda, sus sarcasmos, humor negro e ironías . Menahem destruye cada concepto que nos invite a pensar que podemos ser mejores, casi siempre en código de humor y con la fluidez de un monólogo de stand up comedy.

Para el receptor, romper el papel de regalo cuando se le entrega un libro como este es una invitación a la cachetada más certera, pero también a la carcajada más sincera. Dos de mis grandes amigos fueron presa de mis primeras entregas en forma de regalo de este ejemplar. Luego tocó regalarlo en un intercambio navideño a un médico más amigo de mis amigos que amigo mío propiamente. La sonrisa fue fingida y luego una mirada de “gracias, pero, ¿es una broma?”. Meses después, atendió a mi hija en un proceso de resfriado y quedamos en tomar un café: hablamos tanto del libro que me aburrió, pero sabía que el libro nos había hecho un poquito más amigos compartiendo el texto de la desesperanza desde la esperanza natural que nos unía. Al fin, no conozco a nadie que, terminado el libro, no haya sido un poquito más feliz y otro poco más optimista en su vida. Este libro siempre falla y en eso reside su magia.

Editor jefe de COOLT.