Artes

Renata Schussheim, una sirena inquietante

A la artista argentina le “interesa todo”. Así lo atestigua ‘Al rojo vivo’, exposición que se adentra en el mundo infinito de la creadora.

Buenos Aires
Retrato de Renata Schussheim expuesto en 'Al rojo vivo'. CENTRO CULTURAL RECOLETA

Una sirena semidesnuda en una sala de museo tiene el torso levantado y mira al público. Parece que buscara el mar, pero sólo hay oscuridad a su alrededor, y personas con teléfonos que apuntan como ojos. Una nena de cuatro años se enamora de ella. Mira con detenimiento a la sirena-muñeca-humana. Alguien le debe haber dicho que no le puede tocar el pelo rojo que le llega hasta la cintura, que se mueve como un río de lava. No, para ser más precisa, la cabellera parece flotar, delicada, sobre ella. Esa nena se sintió un volcán cuando la vio por primera vez, porque pidió a sus padres que, a la salida del jardín todos los jueves, la lleven de vuelta al museo a verla.

Cuando en 2022 terminó la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires en el Centro Cultural Recoleta, la sirena hecha en 3D a semejanza de la artista argentina Renata Schussheim se fue. ¿A dónde van las obras de arte cuando la muestra se levanta? Un año después, la creadora estrenó en el mismo museo Al rojo vivo, una retrospectiva de su obra curada por Romina Del Prete que termina este mes de febrero. La niña volvió, fue a la inauguración, miró a la sirena de carne y hueso, vestida para la ocasión, y le preguntó: “¿Vos estás húmeda por dentro?”.

“Fue un drama, los padres le dijeron que la sirena se había ido al mar, por eso cuando volvió me preguntó eso, y yo le dije que sí”, dice Renata (Buenos Aires, 1949) en pleno verano porteño. Las sirenas, las que enloquecen a los viajeros, las que te hacen perder en una tormenta de amor, ilusión y te llevan a la perdición más grande de la vida, a desconocerte, pueden ser también un canto silencioso de autodescubrimiento. “Es fuerte pegar así en la mente de una nena tan chica, es tan fuerte como cuando alguien dice que empezó su carrera porque vio mi muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes [en 2006], gente que ahora es artista plástica o diseñadora de indumentaria”. A ella también le pasó cuando vio por primera vez el trabajo de Marie Orensanz, quien después se convirtió en su mentora y, como un círculo de alimentación sin fin, también es ella admiradora de la obra de Renata. “Cuando vi sus dibujos me dije ‘yo quiero dibujar así’, y ese estímulo se va pasando de generación en generación. Para mí es lo más valioso, estimular a que hagan lo que les gusta”.

Ese parece ser su mantra, hacer y hacer, estar atenta a lo que la estimula, le despierta la creatividad, lo que sueña y le llama la atención. Un mundo de texturas, aventuras y universos interconectados. “Me interesa todo”, dice, y es imposible no creerle. Empezó con el dibujo pero luego se dio cuenta de que una artista podía travestirse a otras disciplinas, traficar su imaginario a mundos plásticos-vivos: un día ser una vestuarista; otro, una escenógrafa; otro, una escultora; después, fotógrafa, pintora, animadora, ¿qué más? Caminar por las salas rojas y negras de Al rojo vivo es como entrar en una película de Yorgos Lanthimos sin la moralina, un mundo hermoso pero levemente perturbador, como si la ternura estuviera corrida de su eje. Causa desconcierto, pero también fascinación, por lo inesperado y lo sutil.

Renata Schussheim, con una ilustración para Charly García expuesta en 'Al rojo vivo'. CENTRO CULTURAL RECOLETA/FACUNDO GALÁN

Un dibujo en trazo de lápiz proyectado al fondo de la sala Cronopios es un oso que apenas mueve su plumaje. Ay, qué lindo, podrá decir alguien que no mira, hasta que lo hace más profundamente, y el oso mama de la teta de la chica del dibujo. Ay, qué lindo sombrero, podrá decir otro espectador, hasta que una de sus plumas se mueve, cierra un agujero y lo abre, ¡es un ojo! ¡Es un cisne! “Me gusta descubrir esa humanidad en los animales y la animalidad en la gente, esa mixtura siempre la busqué, la ambigüedad”, dice la artista. ¿De dónde provienen esas imágenes? De los sueños, y Renata intenta mantener esas apariciones en ese nivel onírico, sin intelectualizar. “A mí lo que me encanta es exponerlo y que cada uno sienta cosas distintas, emocionar con eso”, dice sobre lo que nace mientras duerme y crece en dimensiones mientras está despierta.

“No lo tengo muy definido ni muy claro”, contesta Renata a la pregunta de cuándo se dio cuenta que con un dibujo podía crear un mundo entero, encerrado en sí mismo. “Las cosas se fueron sucediendo y sumando, las disciplinas se fueron superponiendo. Empecé dibujando y exponiendo de una manera más clásica, y después hice teatro y se fusionó, hasta una muestra en especial, que no me acuerdo el año, pero ahí mezclé imagen, puse televisores que reproducían un video que hice, puse una hamaca para una performance y a partir de ahí se mezcló todo adentro mío”.

Navegar por su currículum es como adentrarse en un mar. Hizo vestuario para obras que se representaron en el Teatro Colón, hizo la escenografía de varios shows de Charly García a principio de los ochenta, hizo la ambientación de un hotel alojamiento —ese invento argentino que alquila la habitación por hora para cumplir la fantasía de los amantes—, colaboró con Oscar Araiz en infinidad de espectáculos, entre ellos la adaptación de Boquitas pintadas de Manuel Puig. Trabajó en colaboración con Jean François Casanovas y su grupo Caviar, y para muchas de las óperas dirigidas por Emilio Sagi en España, Francia, Portugal y Rusia.

Retrato de la serie 'Estado de gracia'. CCR
Diseño de vestuario de 'Las bodas del Rey Niño'. CCR
'El poder de esa mirada'. CCR

Se puede decir que en Al rojo vivo se ingresa en el Mundo Schussheim. O, como dice María Moreno, se entra en los Archivos Schussheim. La crítica, periodista y escritora feminista insiste, esto no es una retrospectiva. Ella lo deja bien en claro no bien se ingresa a las salas de la muestra en el Recoleta: “Renata deliberadamente eliminó esa palabra, que asocia a la impostura cronológica y a una verdad meramente periodística. Ella sabe muy bien que el montaje, el corte y el desplazamiento de objetos, dados por completos de acuerdo a determinada situación y pertenecientes a la obra ya realizada, construyen algo nuevo, sin ninguna referencia a lo anterior”.

Lo que construyó y se puede espiar apenas por la cerradura de sus creaciones es un sueño secreto. Algo que susurra que en la vida se puede hacer de todo. Un recorrido: en una sala, está todo el trabajo que Renata hizo con la música. La dupla con Charly García es la estrella, por lo mucho que trabajaron juntos y por su amistad. Pero una de las primeras cosas que se ve es la santísima trinidad del rock nacional: Charly, por supuesto, en la espalda de un sacón de terciopelo rojo con unas rosas rojas bordadas a su alrededor; Luis Alberto Spinetta y Federico Moura con rosas blancas en sus cabellos en los otros dos sacones. Esas mismas fotografías y muchas más que Renata sacó en esos años de inicio del rock argentino están estampadas en almohadones con fondo celeste y blanco de cielo nublado. Así, la gente se sienta sobre la cara de un ícono a mirar un documental inédito, hecho con fragmentos de recitales, entrevistas y videoclips que la artista hizo en la época que trabajó con Charly en el diseño y realización de la presentación del álbum Bicicleta del grupo Serú Giran, y también ya en la etapa solista del cantante la de los discos Yendo de la cama al living —presentado en 1982 en el estadio de ̈Ferro— y Piano bar, y el espectáculo Líneas paralelas en el Teatro Colón.

Chaqueta con la foto de Luis Alberto Spinetta. CCR/SANTIAGO BENÍTEZ
Luis A. Spinetta, Renata Schussheim y Charly García, en 1984. JORGE FISBEIN
Cartel de la gira del disco 'Bicicleta' de Seru Girán. CCR

El show de Ferro aparece con especial dedicación en el documental, y es que es algo impensado hoy. Era la última dictadura militar en Argentina, el país estaba en medio de la guerra de Malvinas con los ingleses y en un conflicto incipiente con Chile. En ese contexto, Charly escribió ‘No bombardeen Buenos Aires’, el hit de Yendo de la cama al living. La idea era osada: cuando Charly llegara a esa canción en el concierto, la escenografía gigante, que reproducía a escala la ciudad, iba a recibir bombas de fuego desde las plateas. La Buenos Aires de cartón se iba a prender fuego. Y ocurrió, incendiaron la escenografía. “Todo fue idea de Charly”, dice Renata. “A él se le ocurrió y después con Juan Lepes lo diseñamos para que con unos alambres desde los costados del estadio llegara el fuego. Es una locura pensarlo hoy, pero salió. No es que éramos los Rolling Stones y teníamos posibilidad de hacer un ensayo; esto era todo a tracción de sangre, a puro desarrollo”.

Eso la ilustra: Renata va para adelante, sin pensar para atrás o en un futuro no mucho más lejano que el hoy. De hecho, esa vez no se le ocurrió filmar lo que estaban haciendo, por suerte Canal 9 lo hizo y ahora puede trabajar con ese archivo. “Nosotros no estamos muy acostumbrados a registrar tanta cosa, a sacar fotos de todo. Yo hacía el original y listo, no documentaba, era todo vivir el momento”. El video, ahora, ya está online.

Aunque no documenta todo con la velocidad que un centenial lo hace, Renata guarda los originales de sus dibujos, de las muestras de telas, el camino que la llevó a diseñar todo el vestuario para un ballet, para la ópera o para un teatro. Los vestidos rojos de terciopelo, de chifón, suaves y voluptuosos, visten a los maniquíes blancos. Los figurines hacen lo propio en los pasillos. Renata inunda de posibilidades un camino de vida. El de ella, que, como la Alicia de Lewis Carroll, abre una puerta para meterse en un mundo, dentro de un mundo, dentro de otro mundo. El suyo, el infinito.

Periodista. Es editora en Cenital. Colaboradora de medios como Rolling Stone, Indie Hoy y Rockdelux. Antes lo hizo en Anfibia y Los Inrockuptibles, entre otros. Parte del portal de noticias feministas LatFem. Autora de la novela Entre dos ríos (2018) y del ensayo Brilla la luz para ellas. Una historia de las mujeres en el rock argentino (2020).