El título de la exposición juega con una doble intención. Ground Rules. Están, de un lado, las reglas del fotógrafo: las restricciones creativas que se impone a sí mismo en cada proyecto, como el formato, el tema o la localización. Están, de otro, las reglas del mundo: las fuerzas sociales, políticas y económicas que limitan al artista. Son las normas impuestas por la sociedad, el urbanismo o las estructuras de poder.
Alejandro Cartagena: Ground Rules es la primera muestra que recorre toda la obra del fotógrafo, que se articula en torno a la exploración del paisaje y el retrato como dispositivos críticos para observar las estructuras sociales, culturales y políticas que configuran las sociedades latinoamericanas contemporáneas. A través de la fotografía, construye narrativas visuales que interrogan las dinámicas de urbanización, trabajo y desigualdad.
En más de dos décadas, el artista ha creado más de 20 series que, hasta el próximo 30 de agosto, expone la Fundación Mapfre en Madrid, dentro de la programación oficial de PHotoESPAÑA 2026. Organizada junto al San Francisco Museum of Modern Art, la muestra se concibe como un recorrido por las distintas etapas de producción del artista y permite comprender la evolución de su obra a lo largo del tiempo.
“Mi trabajo reside dentro de unas capas conceptuales que es cómo pensamos la ciudad, cómo la ciudad nos transforma a nosotros, cómo la ciudad me transforma a mí de manera personal y cómo la representación de la ciudad tiene que ver con las representaciones en la historia del arte y de la fotografía. Dentro de esos espacios conceptuales es donde ejerzo mi práctica”, explica Cartagena. “Fotografío a la gente no solamente por fotografiarla, sino por cuál es su conexión con la ciudad, con las consecuencias de decisiones políticas, sociales, que hacen que la ciudad funcione de una manera”, continúa.

Alejandro Cartagena nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1977 y se afincó en Monterrey, México, a la edad de 13 años. Por eso sus preocupaciones giran en torno a algunos de los retos sociales y ambientales más urgentes en México, si bien sus hallazgos resuenan más allá, especialmente en el área de la Bahía de San Francisco. Su obra investiga los mecanismos del poder, a la vez que cuestiona el papel de la propia imagen fotográfica y su capacidad para ofrecer la verdad en esas estructuras. Aquí la fotografía se plantea como un medio capaz de preservar y distorsionar la memoria, así como de construir significado mediante la repetición.
La obra del fotógrafo se organiza en series en las que la acumulación, la repetición y la variación de imágenes constituyen la base de su lenguaje visual. Ahora, en la Fundación Mapfre, todas ellas se exponen agrupadas en seis secciones: primeros trabajos, la frontera entre México y Estados Unidos, vivienda e infraestructura, la maleabilidad de las imágenes, la crisis climática y el fotolibro como forma creativa.

El principio y la frontera
Durante sus años formativos, Alejandro Cartagena trabajó en la Fototeca Nuevo León, digitalizando archivos fotográficos, lo que reforzó su interés por la fotografía cotidiana y las historias locales. En colaboración con el también fotógrafo Rubén Marcos, realizó el proyecto Identidad Nuevo León (2005-2006), en el que, influidos por series de retratos icónicas como In the American West de Richard Avedon, documentaron a los habitantes del estado mexicano. El resultado fue una serie de 800 retratos que reflejan un amplio tejido social.
Otra serie primeriza, Ciudad (2005-2006), registró distintos muros de Monterrey mediante imágenes digitalmente retocadas que reproducen la estética limpia y homogénea de los nuevos barrios periféricos. Pero esa perfección aparente, propia de un contexto de rápida expansión urbana, encubre una inquietud latente. De forma paralela, en esa misma época, el artista exploró lo personal y lo político a través del autorretrato, fotografías de la casa de su infancia en la República Dominicana y capturas de webcams instaladas en la frontera entre Estados Unidos y México.
A la sección sobre la frontera entre Estados Unidos y México pertenece la trilogía Invisible Line (2009-2017), que examina la frontera entre los dos países desde una perspectiva tanto física como simbólica. En vez de perpetuar los discursos habituales sobre la migración, Cartagena cuestiona en sus fotografías quién cruza, quién permanece y qué divide realmente la frontera.
En Between Borders (2009-2010), la primera serie de la trilogía, retrata a los habitantes de División del Norte, una comunidad mexicana junto al río Bravo. En ellas pone de relieve cómo, pese a sus dificultades económicas y a la cercanía de las rutas de cruce, los habitantes construyen sus vidas con dignidad. Cuestiona, así, la idea del “sueño americano” como aspiración universal. La segunda serie, Los Americanos (2012-2014), retrata a estadounidenses que eligen vivir en México, explorando temas como el privilegio y la identidad. Without Walls (2017), la última colección, aborda las infraestructuras fronterizas y muestra historias de separación y encuentro. La frontera se presenta como un espacio de restricción, pero también de resiliencia y conexión humana.

“¿Cómo me muevo a mi trabajo?”
Los suburbios del norte de México centran gran parte de la obra de Cartagena. Estos sufrieron una drástica transformación a causa del auge inmobiliario a comienzos de los años 2000. El respaldo de los subsidios estatales hizo que promotores privados levantaran millones de viviendas en la periferia de Monterrey, a menudo sin acceso a transporte o infraestructuras básicas. Al fotografiar la fase de expansión de estos barrios suburbanos y sus efectos posteriores, el artista documenta no solo la arquitectura, sino también a las personas afectadas por esta nueva realidad.
“Carpoolers (2011-2012) es para mí una representación de las consecuencias no intencionadas del crecimiento desmedido en muchas ciudades mexicanas a principios del siglo 21. Mucha gente compró el sueño americano de tener una vivienda propia en las afueras de las ciudades, pero ya estando ahí se confrontaron con “y ahora, ¿cómo me muevo a mi trabajo?, ¿cómo regreso?, ¿cómo voy a la ciudad?, ¿cómo voy de compras?”. Y aquí vemos a la gente tratando de sobrevivir su sueño de tener casa propia, viajando de manera ilegal en la parte de atrás de un camión, donde están completamente vulnerables a un choque o a la intemperie”, detalla el fotógrafo sobre una de sus series más icónicas. “En Suburban Bus (2016), muestro cómo tienen que viajar una hora y media para llegar a su lugar de trabajo con cientos de personas en transportes públicos que fallan o son de muy baja calidad. Lo que vemos sí es gente transportándose, pero, más allá, es esta ineficiencia de un gobierno de planear una ciudad de manera correcta”, continúa en relación a otra de sus series más célebres.
![Serie 'Santa Barbara Return Jobs Back to US' [Santa Bárbara: devuelve los empleos a EE. UU.], 2016. © ALEJANDRO CARTAGENA Serie 'Santa Barbara Return Jobs Back to US' [Santa Bárbara: devuelve los empleos a EE. UU.], 2016. © ALEJANDRO CARTAGENA](/uploads/s1/11/00/23/13-santa-barbara-return-jobs-back-to-us.jpeg)
Un desencuentro
Tras haber desarrollado gran parte de su carrera en torno a la capacidad de la imagen documental para reflejar la realidad del mundo, el fotógrafo comenzó a cuestionarse esta premisa en 2016. “Para mí la fotografía documental tenía este romanticismo de documentar y representar una sociedad en problemas. Pero conforme avancé mi proyecto, yo creo en los 12 ó 13 años de estar trabajando en la fotografía documental, hubo un desencuentro. Ese romanticismo se cayó y entré en una fase un poco nihilista donde me pregunté: ¿necesitas pensar en una foto documental para representar un problema?”, cuenta.
Como respuesta, el artista recortó imágenes de su serie anterior Fragmented Cities (2005-2010) para ensamblarlas de nuevo en paisajes imaginarios, lo que dio lugar a Accumulations (2018). “Me pregunté: ¿este collage de pedazos de imágenes fotográficas documentales hace el mismo efecto que la fotografía documental? Y para mí decía que sí, porque al final podías ver el mismo problema en el collage y en la foto documental. Fue abrir una puerta, una presa con agua, y he experimentado con vídeo, con inteligencia artificial, con destruir más imágenes… Me interesa ahora más cómo la fotografía nos hace pensarnos a nosotros y utilizarla, no de una manera romántica, sino perversa”, reflexiona.
Alejandro Cartagena también creó proyectos a partir de la apropiación y la edición de fotografías, sentando las bases de su investigación en torno a la estructuración de las imágenes. Las series Santa Barbara Return Jobs Back to US (2016), Photo Structure / Foto Estructura (2018-2019) o Masking (2025) son algunos ejemplos. Dentro de esta línea, Photographic Structures GAN y We Sell Houses GAN (ambas series de 2025) utilizan un modelo de inteligencia artificial, entrenado con el archivo del propio artista, para generar obras de vídeo que incorporan la técnica de animación conocida como morphing.

De la crisis climática al fotolibro
La crisis ambiental es otro de los temas centrales en el trabajo de Alejandro Cartagena. Es el caso de Rivers of Power (2010-2016), que documenta los estragos causados por el huracán Alex. El artista combinó imágenes tomadas por él con otras extraídas de las noticias para reflejar el efecto devastador del huracán en infraestructuras y viviendas de la zona de Monterrey, así como el desbordamiento del río Santa Catarina, habitualmente seco. Para Accumulations No. 12 (Suburban Sky, 7:00 p.m., 101-150 MECA, Área Metropolitana de la ciudad de Monterrey), de 2018, realizó fotografías de noche, desde la azotea de su vivienda, para captar las tonalidades del cielo de Monterrey en función de la calidad del aire, deteriorada por los contaminantes industriales que se liberan al amparo de la oscuridad. El resultado es un montaje de cientos de fotografías que conforman un gran círculo negro.
La última sección de la exposición Alejandro Cartagena: Ground Rules pone en valor los 28 fotolibros que ha publicado, buena parte autoeditados, además de haber producido otros muchos. Debido a su temprano interés por publicaciones icónicas como The Americans (1958) de Robert Frank y The Last City (1995) de Pablo Ortiz Monasterio, concibió el fotolibro como un medio que permite crear significado a través de la secuenciación y el ritmo. La experiencia con distintos formatos, tipos de papel y ediciones le permiten renovar la experiencia visual, repensar el papel de la fotografía, las estructuras de poder y las formas en las que las imágenes circulan por el mundo.




