Buh Records y la periferia sonora

El sello fundado en Lima por Luis Alvarado impulsa un archivo dedicado a la recuperación de la música latinoamericana al margen de los circuitos comerciales.

Luis Alvarado, fundador de Buh Records, sello independiente con base en Lima y Madrid dedicado a la recuperación de la música experimental latinoamericana. CEDIDA
Luis Alvarado, fundador de Buh Records, sello independiente con base en Lima y Madrid dedicado a la recuperación de la música experimental latinoamericana. CEDIDA

Luis Alvarado todavía recuerda la curiosidad que le despertaban los puestos de casetes en la Avenida Colmena, en el Centro de Lima, durante las caminatas que hacía con su padre. Tenía apenas diez años y le llamaba poderosamente la atención la fauna que se reunía en el lugar. En las escalinatas de la Universidad Nacional Federico Villarreal circulaban todo tipo de personajes vinculados con la cultura underground de la capital peruana: punks, metaleros y buscadores incansables de fanzines, maquetas, cintas piratas y vinilos usados. Más que un espacio para simples puestos de venta, aquel lugar era un nodo fundamental de la cultura alternativa limeña. Recién comenzaba la década del 90, y Luis todavía ni siquiera sospechaba que quince años más tarde estaría al frente de su propio sello discográfico.

En 2004, sin que mediara una intención o una inspiración consciente, Luis Alvarado fundó Buh Records, un sello independiente con base en Lima y Madrid dedicado a la investigación, edición y difusión de músicas experimentales, de vanguardia y de difícil clasificación dentro de los circuitos comerciales convencionales. Con el tiempo, algo de aquel ambiente subterráneo que lo había intrigado desde niño terminó por reaparecer y encontrar forma en su propio sello.

El catálogo de Buh Records se caracteriza por articular dos líneas complementarias, explica Luis: por un lado, un trabajo de recuperación y archivo de obras fundamentales de la música experimental peruana y latinoamericana, incluyendo compositores y proyectos históricos cuya producción había circulado de forma limitada, se encontraba fuera de catálogo o directamente se había mantenido sin publicar; y por el otro, la edición de propuestas contemporáneas que dialogan tanto con lenguajes experimentales como con tradiciones populares, electrónicas y alternativas, proponiendo cruces estéticos que desbordan las categorías de género habituales.

Buh Records también ha desarrollado un rol activo en la producción y curaduría de conciertos, ciclos y festivales destinados a promover la música independiente y experimental. Su actividad en el campo de la música experimental ha sido destacada por medios especializados de alcance internacional como PitchforkThe QuietusThe WireThe New York TimesBandcamp Daily y la BBC. También ha editado a artistas españoles como Eduardo Polonio, compositor e intérprete madrileño de música electroacústica fallecido en 2024. Y hoy prepara colaboraciones con la Asociación de Música Electroacústica y Arte Sonoro de España (AMEE).

El fundador de Buh Records, Luis Alvarado, pasó del underground limeño a dirigir un sello con casi 200 discos. ÁLVARO BUENDÍA
El fundador de Buh Records, Luis Alvarado, pasó del underground limeño a dirigir un sello con casi 200 discos. ÁLVARO BUENDÍA

Aquel espíritu señero de Avenida Colmena parece seguir vivo en el proyecto de Buh. El espacio que funcionó durante años como una especie de archivo vivo y red informal, que fomentó la formación de músicos, artistas y futuros gestores culturales como oyentes y creadores, tiene un correlato en este sello discográfico que en los últimos veinte años ha editado cerca de doscientos discos.

En la memoria de Alvarado, la deriva de aquellos días inolvidables está íntimamente ligada a su historia familiar: “He crecido en un entorno bastante nómade -cuenta ahora-. Por diversas razones, mi familia siempre se iba mudando, aunque de niño viví siempre en zonas aledañas al centro de Lima, una parte de la ciudad bastante envejecida y en esa época bastante peligrosa, incluso”, añade.

“Mi mamá se mudó conmigo y mi hermana a un departamento en el centro de la ciudad, en un noveno piso del jirón Ica. Allí se reunían muchos amigos de ella a escuchar música. Como estábamos cerca, a veces los acompañaba a comprar al jirón Quilca, una calle que concentraba la venta de casetes. También me volví adicto a los pinballs que había en esa zona. Muy pronto empecé a acercarme por mi cuenta y a comprar yo mismo casetes. Fue mi primer contacto con la subcultura de Lima. Y se volvió algo cotidiano.”

Por la casa donde vivía Luis con su madre, que tenía por entonces unos 35 años, pasaban muchos amigos que escuchaban una música que él veía en aquel momento como “rebuscada”. Uno de ellos estaba fascinado con el rock argentino. Gracias a él, Luis conoció a un prócer de esa movida, Luis Alberto Spinetta. Y se volvió fan de ese músico que, desde que apareció en escena como frontman de Almendra a fines de los 60 hasta su muerte en 2012, construyó una obra prolífica y llena de matices que, más allá de algunos arrebatos intermitentes de popularidad, siempre conservó su estatus de culto.    

“También había uno de esos amigos de mi madre que escuchaba muchos soundtracks -revela Alvarado-. Había toda una cultura de los soundtracks relacionada con algo más new age. Además, mi mamá estaba en ese momento muy relacionada con los Hare Krishna. Era todo un mundo que estaba conectado: la música de protesta, el rock argentino, el new age, el post-punk, los soundtracks… Todo eso lo recibí en un mismo paquete, era lo que escuchaban los amigos de mi madre”.

Así conoció la música de Jean-Michel Jarré y de Vangelis. Y empezó a coleccionar vinilos que compraba en la Avenida Colmena, que más tarde quedaron en una habitación de una de las casas donde vivió su padre y se perdieron en una mudanza. “Eran discos de Santana, de Jimi Hendrix y de grupos latinos como Soda Stereo y Caifanes, entre otros. He tenido unas cuantas pérdidas en la vida, pero esa fue de las más dolorosas”, asegura Luis.

Luis Alvarado se formó como oyente en la efervescente escena alternativa limeña de los años noventa. DANIELA SÁNCHEZ
Luis Alvarado se formó como oyente en la efervescente escena alternativa limeña de los años noventa. DANIELA SÁNCHEZ

El descubrimiento de Nirvana en los años 90 a través de algunos programas radiales que escuchaba en Lima fue otro hito para Alvarado: “Empecé a buscar ese tipo de sonido y a ir a conciertos de grupos underground. En algunos no me dejaban entrar por la edad. Mi papá me acompañó al primero que fui. Pero por suerte también había muchos conciertos en la calle. Estaba emergiendo una escena… Para mediados de los 90 ya teníamos algunos festivales, incluso. No era algo multitudinario, pero empezó a surgir un movimiento de nuevas bandas que se fue consolidando de a poco. Ya para mediados de esa década aparecieron sellos discográficos independientes como Navaja y Eureka, que editaban a bandas under de los años 80 como Leusemia (así, con s), Voz Propia y G-3. Yo me conecté muy rápido con eso. Recuerdo dos conciertos que me marcaron mucho: uno de Voz Propia, una banda de post punk, cuando tenía 15 años, y otro de una banda experimental de psicodelia que se llamaba El Aire. Yo había ido a ver un show de otro grupo, Dolores Delirio, y El Aire fue el grupo telonero. Nunca había visto algo así y quedé muy impresionado. En esa época yo estaba descubriendo muchos grupos post-punk”. 

En 1998, Alvarado ingresó a la Pontificia Universidad Católica del Perú para estudiar Comunicación Audiovisual y encontró en la biblioteca discos de música electroacústica: recuerda alguno del compositor argentino Ricardo Dal Farra y del polaco Krzysztof Penderecki “Pero lo más importante es que allí había internet -señala él-. Me pasaba todo el día conectado buscando información, y así empecé a descubrir música experimental de una forma más sistemática. Y al poco tiempo empecé a escuchar garage, psicodelia, krautrock… También a intercambiar mucha música con amigos en la universidad. En un año escuché más música que en el resto de mi vida anterior. Y empecé a pedirle a un amigo que viajaba al exterior que trajera discos de artistas experimentales como Glenn Branca”. 

De esos años también recuerda el cambio que produjo la llegada del CD-R. “Escuchar música en la primera mitad de la década del 90 era escuchar copias de copias de otras copias. Todo en casetes, en muy mala calidad. Era lo que había… Ahora de algún modo hemos vuelto a lo mismo con las plataformas de streaming: escuchas todo a 128 kbps, un estándar de compresión de calidad no muy alta en el que se pierden muchos detalles de lo que estás escuchando”.

Para los años 2000 Alvarado ya estaba muy consustanciado con la música experimental. Había tenido tiempo de investigar ese universo, y el trabajo que consiguió en una disquería de Lima muy enfocada en la psicodelia fue también un paso importante. Ya era parte de ese mundillo. Se sumó al staff de colaboradores de la revista Caleta, que no duró tanto (fue creada en 1995 y cerró en 2002), organizó algunos conciertos (e incluso un festival, en 2002) y decidió hacer su propio fanzine, Autobús. Un amigo le sugirió el nombre. El diseño estaba inspirado en la apuesta avant-garde de Ray Gun, una revista estadounidense que acompañó a la escena alternativa de los años 90, la época de la explosión de la cultura indie y el grunge. Un equivalente gráfico a la cadena televisiva MTV, digamos. 

“Yo ya había hecho algunos fanzines en la universidad, pero Autobús fue algo más serio, más trabajado -advierte Luis-. El mismo amigo que me sugirió el nombre me propuso incluir una compilación con ese primer número. Él ya tenía una selección de artistas independientes de lo-fi. Además, tocaba en algunas de esas bandas. Se trataba de una escena muy pequeña, muy influida por el indie norteamericano, y me interesó mucho porque yo venía escuchando ese tipo de música, bandas como Guided by Voices o Beat Happening. A eso sumé algunas propuestas más experimentales y abstractas, ligadas al noise y la psicodelia. La compilación se llamó Vamos a ser felices. Y como hubo que inventar un sello que estuviera detrás de todo eso, así nació Buh Records. Escogí ese nombre porque estaba leyendo una antología de cuentos de Woody Allen en la que aparecía un relato donde un personaje hablaba de un libro de historias de brujas y fantasmas que se llamaba Buh.

Luis Alvarado lanzó a comienzos de los 2000 el fanzine Autobús, antecedente directo de Buh Records. RAÚL GARCÍA
Luis Alvarado lanzó a comienzos de los 2000 el fanzine Autobús, antecedente directo de Buh Records. RAÚL GARCÍA

Autobús duró solo dos números, el segundo ya impreso en offset y financiado por alguien que Alvarado define como “un Andy Warhol peruano”, Jorge Villacorta, un crítico y curador de arte contemporáneo que fue uno de los fundadores y el director académico de Alta Tecnología Andina (ATA), una organización cultural sin fines de lucro dedicada a promover el arte, la ciencia y los nuevos medios electrónicos en América Latina. “Jorge había producido el disco debut de Electro-Z, una banda de indie rock de culto en Perú que duró poco pero fue muy influyente. Estaba interesado en mi trabajo y ayudó a financiar el segundo número, que tuvo un perfil más profesional que el primero y salió con un compilado de indie latinoamericano”.

En el número 2 de Autobús, Alvarado incluyó un dossier de música experimental peruana donde hacía una mención a los pioneros de los años 60, y eso le interesó mucho a José Javier Castro, de la banda El Aire, y miembro también de ATA. Castro le ofreció a Alvarado ampliar esa investigación para publicarla en una web a cambio de un pago de 250 dólares. “Yo estaba sin trabajo y eso me parecía una fortuna -analiza hoy-. Empecé a rastrear a muchos de los compositores de los que hablaba en aquel dossier y le comenté a Jorge que había material para una exposición. Al poco tiempo me llamó para ofrecerme asumir el rol de curador de esa muestra de música de vanguardia de Perú que terminó haciéndose en la Fundación Telefónica. Fue cuando me di cuenta de que podía dedicarme a lo que me dedico hoy”.  

Autobús se terminó ahí, pero Alvarado desarrolló en cambio el proyecto del sello: a partir de aquella primera compilación en CD-R de 2004 se fue edificando un valioso catálogo de cerca de 200 discos editados con el paso del tiempo en CD y vinilo. En realidad, la primera antología que ideó Luis fue publicada por Pogus, un sello de música experimental y archivo con base en Nueva York muy activo por entonces. Estaba dedicada a César Bolaños, musicólogo, docente y pionero de la música electrónica en Perú. 

En 2012, Buh lanzó su colección de reediciones Sonidos esenciales, básicamente orientada a rescatar música de vanguardia producida en Perú a partir de la década del 60, algo que no estaba para nada sistematizado en el país. Y de allí en más desplegó un incesante y admirable trabajo de arqueología musical que ha complementado siempre con una mirada atenta sobre el presente de la escena experimental latinoamericana.

La búsqueda de esos materiales del pasado tiene sus dificultades, claro. En Perú no existen fonotecas ni archivos institucionales de grabaciones. Y buena parte de estos archivos suelen estar mal conservados. Una porción nada despreciable del acervo sonoro que le ha interesado a Buh sólo estaba disponible en casetes o cinta de carrete, así que Alvarado dedica parte de su tiempo a digitalizarlos. 

“Hay artistas que conozco, pero de los que no encuentro material. Francisco Vergara, por citar un ejemplo. Está documentado que hizo mucha música, pero por ahora no pude encontrar ninguna grabación”, revela. Nacido en 1930, Vergara es autor de más de veinte composiciones electrónicas que grabó en su propio laboratorio privado utilizando un sintetizador ARP Odyssey 2800. Se supone que lo hizo recién cuando estaba cerca de los 50 años. Es un perfil que obviamente calza a la perfección con el de Buh: un músico lo suficientemente extravagante como para que el hallazgo de sus huellas sea complicado y represente un desafío, un anzuelo, una meta para el sello.   

Buh Records tiene, eso está muy claro, una forma particular de entender la música experimental en América Latina: no como un apéndice periférico de la historia escrita en el Norte global, sino como un territorio con tradiciones, rupturas y genealogías propias. 

En un mercado donde la música latinoamericana suele circular a través de sellos europeos o estadounidenses que la presentan bajo la lógica del “descubrimiento”, un término demasiado pegado a las políticas colonialistas, Buh pone en circulación grabaciones olvidadas, pero atendiendo al contexto, aportándole densidad histórica y agencia local. En ese gesto hay una toma de posición sobre quién narra, desde dónde se narra y qué relatos se consolidan cuando una música vuelve a circular. El trabajo de Buh también es el de la creación de mapas: formas de conectar escenas, obras y estéticas que aparecen fragmentadas o directamente fuera del radar.

Hoy en día, Buh es mucho más que ese puente hacia un pasado que sin dudas valía la pena conservar vivo. Su estatus es posiblemente el del archivo alternativo de la experimentación sonora en la región (el sello edita desde piezas de música concreta y exploraciones electroacústicas hasta rock experimental, músicas populares de las regiones del Perú, música disco y diversas tradiciones híbridas). En 2025, por caso, lanzó Selva Selva, el primer álbum de Wayku, proyecto liderado por el guitarrista e investigador Percy A. Flores Navarro, originario de Tarapoto, en la Amazonía peruana. El disco fusiona sonidos tradicionales y populares de la selva con lenguajes contemporáneos, utilizando la guitarra eléctrica como eje central para explorar nuevas texturas, ritmos y posibilidades expresivas.

Más que proponer una identidad cerrada, Buh trabaja alrededor de la fricción entre lenguajes y épocas. Porque también articula una red contemporánea de músicos enfocados en los cruces entre electrónica, improvisación y experimentación en diálogo abierto con lo que se hizo antes en ese mismo territorio.

Con algunos de esos artistas, además, Alvarado ha sabido crear sociedades muy productivas: un caso demostrativo es el de Alejandra Cárdenas Pacheco, conocida artísticamente como Ale Hop, una música experimental, artista sonora e investigadora peruana radicada en Berlín con la que editó Switched On: The Dawn of Electronic Sound by Latin American Women, un elegante libro de tapa dura con contribuciones de artistas, musicólogas y periodistas centradas en la obra electrónica de artistas como Alicia Urreta, Beatriz Ferreyra, Iris Sagüesa, Jacqueline Nova, Jocy de Oliveira, Leni Alexander, Margarita Paksa, Marietta Veulens, Mónica O'Reilly Viamontes, Nelly Moretto y Oksana Linde, entre otras. 

Entre los planes inmediatos del sello aparecen ahora dos reediciones importantes. Las de la agrupación T de Cobre, un grupo de techno industrial de fines de los 80 que ya fue incluido en la compilación de Buh Síntomas de techno. “Es una de mis bandas peruanas favoritas”, resalta Luis. Y el álbum Dosis completas del grupo de garage rock Manganzoides, “una de las bandas que más disfruté ver en vivo cuando tenía 20 años”, aporta Alvarado. “Su música es corrosiva y de una creatividad desbordada, quizás sea la banda peruana más salvaje de todos los tiempos”, apunta entusiasmado. “También estoy muy contento con una compilación de underground electrónico cubano actual. Son todos artistas jóvenes”, adelanta.

Es indiscutible que la tarea de Luis Alvarado tiene la categoría de intervención cultural. En un campo donde el control del archivo implica también el control del relato, Buh Records propone otra cartografía: una historia de la música experimental contada desde Lima, con perspectiva propia y con una atención sostenida a los vínculos entre memoria, política y sonido. Larga vida a Buh Records.


Cinco discos fundamentales de Buh Records

OKSANA PORTADA BAJA

Aquatic and Others Worlds (Oksana Linde, 2022)

El primer disco que menciona Luis Alvarado cuando se le pide una lista de los lanzamientos más importantes para Buh Records. “Es una compositora venezolana de mediados de los 80 que había publicado una sola grabación en una compilación francesa -explica el fundador del sello-. Está entre el ambient, la electrónica experimental y el new age. Fue un trabajo complejo recuperar y seleccionar sus grabaciones. Lo hice durante la pandemia y quedó plasmado en este disco y en otro que se llama Travesías (2025). Los dos son un éxito dentro de la historia y los cánones de Buh”.

De ascendencia ucraniana, Linde desarrolló en la Caracas de los años 80 un universo electrónico propio en un contexto dominado casi por completo por hombres. Tras abandonar su trabajo como investigadora por motivos de salud, armó un pequeño estudio doméstico con equipos como el Polymoog, el Moog Source y grabadoras de cinta abierta. Y construyó un archivo vasto que permaneció inédito durante décadas. Aquatic and Other Worlds fue la primera puerta de entrada a ese mundo oculto. 

La música del disco se balancea entre lo psicodélico y lo melódico, con secuencias que se superponen, capas de reverberación flotante y una lógica cercana a la de muchas bandas sonoras cinematográficas. En las composiciones de Linde hay algo a la vez acuático y espacial. Son paisajes sonoros que sugieren exploración, deriva y contemplación, más que estructuras rígidas.

Emparentada con creadoras como Delia Derbyshire, Suzanne Ciani o Laurie Spiegel, Linde comparte con ellas la capacidad de convertir la tecnología en un lenguaje íntimo y personal. En el contexto latinoamericano, su figura adquiere un peso aún mayor: rompe una hegemonía masculina en la historia del sintetizador y propone otra genealogía posible para la electrónica regional. Este disco no solo recupera una obra olvidada: reescribe, desde el sonido, una parte de esa historia pendiente.

spotify

Creación de la tierra: Ecos palpitantes de Jacqueline Nova (1964-1974) (Jacqueline Nova, 2022)

Nacida en Bélgica y fallecida en Bogotá, Colombia, en 1975, cuando tenía apenas 40 años, Jacqueline Nova es una figura clave de la música de vanguardia colombiana. Este álbum reúne sus obras electroacústicas más importantes: Creación de la tierra (1972), Oposición-Fusión (1968) y Resonancias 1 (1968-69), además de la música para la película Camilo, el cura guerrillero (1974). Nova trabajó en el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM) del Instituto Torcuato Di Tella de Buenos Aires y en el Estudio de Fonología de la Universidad de Buenos Aires. La compilación incluye también las obras instrumentales Omaggio a Catullus (1972-1974), Transiciones (1964-1965) y Asimetrías (1967), en las que explora la aleatoriedad, las posibilidades tímbricas y el encuentro entre el medio acústico y el electrónico.

“Nova vivió en un medio hostil al cambio, al debate y la discusión, hostil con ella, que era una mujer autónoma y lesbiana -escribió la curadora e investigadora Ana María Romano, que colaboró con esta edición de Buh-. Emprendió hazañas que hoy la hacen pionera, sin habérselo propuesto, sólo como resultado del compromiso, la entrega y la pasión de una creadora con su sociedad”. 

Las partituras de esta singular artista dejaban en muchos casos espacios abiertos para la decisión de los intérpretes, un cuestionamiento abierto a la figura del compositor como autoridad absoluta y una propuesta clara para establecer una relación más horizontal con la ejecución. Atravesada por la curiosidad, la indisciplina y el deseo de expandir los límites de la escucha, la obra de Nova dialoga con debates actuales sobre género, identidad, colonialismo cultural y memoria sonora. 

caratula spotity

Síntomas de techno: Ondas electrónicas subterráneas desde Perú (1985-1991) (Varios artistas, 2022)

Este compilado funciona como una radiografía de una escena latinoamericana que, durante los años 80 y 90, creció de manera subterránea, fragmentada y muchas veces invisible para los grandes relatos de la música electrónica. El disco opera como un archivo vivo: un conjunto de rastros sonoros que permiten reconstruir cómo el techno, el industrial, el EBM y las primeras formas de electrónica experimental se filtraron en contextos marcados por las crisis económicas, la violencia política y una circulación precaria de la tecnología.

Lejos de los centros hegemónicos de Detroit, Berlín o Londres, muchos de los artistas reunidos en Síntomas de techno… trabajaron con recursos limitados: usaban sintetizadores, pero también casiotones, cajas de ritmo básicas, grabadoras de cassette y estudios caseros armados con lo que hubiera disponible. Esa precariedad técnica, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en una estética. Los tracks revelan un sonido áspero, directo, muchas veces crudo, donde el pulso mecánico convive con el ruido, la distorsión y una sensación constante de urgencia.

“El título de la compilación se inspira en el nombre del que es considerado el primer concierto de música techno de la historia de Perú. Se llevó a cabo en Lima en 1991 y no todos los grupos eran de ese género, pero sí compartían el uso de teclados”, remarca Luis Alvarado. 

“Lima era por entonces una ciudad convulsionada por una profunda crisis económica y un entorno violento como resultado de la guerra entre los grupos terroristas y las fuerzas militares -agrega-. En medio de ese conflicto, el rock subterráneo explotó: con un lenguaje crudo y desencantado, asimiló los postulados del punk y del DIY. Un puñado de bandas comenzó a darse a conocer a través de demos y fanzines. Aparecieron nuevos locales nocturnos centrados en la difusión de otros estilos alternativos derivados del new wave y el post-punk. En 1979 abrió una discoteca significativamente llamada No Disco. A esta le siguieron otros espacios como Biz Pix, No Helden y Nirvana, que se convirtieron en puntos de encuentro de una joven generación de inconformistas que asimiló las nuevas tendencias de la música alternativa. Estos locales también alojaron a muchas de las bandas involucradas en el naciente movimiento del rock subterráneo y a los grupos que forman parte de este disco”.

SPOTIFY BR50 zerokama

Return To L.A.Y.L.A.H. - Tribute to Zero Kama (Varios artistas, 2012)

“Cuando lo mencionaron en una nota en Pitchfork de 2023, el disco se agotó muy rápido- cuenta Luis Alvarado-. Zero Kama es un artista austríaco muy  interesante que me recomendó un amigo del grupo Liquidarlo Celuloide, que gusta mucho del noise y el industrial. Según la leyenda, Michael DeWitt -el nombre real de Zero Kama- usó solo instrumentos fabricados con huesos humanos en la grabación de su obra más famosa, el disco The Secret Eye of L.A.Y.L.A.H (1984), que Alvarado define como ritualista, experimental y de culto. “En los años 2000 –explica-, hubo un boom del ocultismo en la escena independiente y alternativa, un resurgimiento del occult rock de los 60 y los 70 y una explosión del witch house, una música electrónica oscura y atmosférica. Creo que fue algo así como un reciclado del esoterismo hippie. Me puse a investigar esa escena, escuché mucho el disco de Zero Kama y se me ocurrió la idea de hacer una compilación de artistas de estos géneros que le rinda homenaje, casi todos lo conocían y eran muy fans. Michael me pasó algunas imágenes, escribió un texto para la edición y recomendó a un par de artistas que están incluidos en el compilado. Se vendió muy bien y me permitió conectarme con un circuito más grande, con distribuidoras de Japón y de Europa. Es el disco que me dio la idea de que podía dar un salto con Buh Records. Inmediatamente después fue que empecé a publicar la colección Sonidos Esenciales con artistas peruanos de fines de los 70 y principios de los 80, que también hicieron música de carácter ritualista”.

El compilado es un estupendo tributo: respeta la densidad simbólica del original -cabalística, tántrica y obsesionada con la transgresión como vía hacia niveles ocultos de la conciencia- y mantiene el espíritu de la obra de 1984 a la vez que lo enriquece con la introducción de voces y sensibilidades contemporáneas que expanden sus alcances. El disco recuerda que la música de Zero Kama no es un ritual por sí mismo, sino la celebración del ritual: la vida como práctica de voluntad y exploración infinita. En este CD editado originalmente en 2012, los misterios órficos y las vibraciones de lo oculto se entrecruzan para celebrar la influencia perdurable de aquel disco de Zero Kama que desarticuló los límites comunes entre sonido, magia y filosofía.

MARINA MELLO front

Deságua (Marina Mello, 2025)

La arpista y compositora brasileña Marina Mello debuta en solitario con este álbum que expande los límites tradicionales de ese instrumento de cuerda para situarla de inmediato en el centro de un territorio sonoro contemporáneo, entre la música experimental, la improvisación y la exploración electroacústica. Nacida en 1992 en Brasilia y radicada en Zúrich, Mello combina una sólida formación clásica con una investigación profunda de las posibilidades tímbricas del arpa, construyendo un lenguaje personal que se aleja de la cristalización del instrumento como emblema de lo etéreo para convertirlo en una máquina de texturas, fricciones y resonancias producidas con arpas de palanca (celtas) y de pedales, distorsiones, cuerdas con afinaciones variadas y microfonía cercana que captura cada gesto mínimo.

Mello cursó una licenciatura en San Pablo, seguida de dos maestrías, una en interpretación y otra en docencia con especialización en música contemporánea, improvisación libre y música barroca. Empezó a experimentar con el arpa por la vía de la música escrita contemporánea y de la improvisación. En su primera maestría, en la Universidad de Artes de Zurich, Suiza, asistió a clases de improvisación que la marcaron. Decidió participar en grupos de improvisación de esa universidad e inició un proceso de exploración de las posibilidades sonoras del arpa con micrófonos de contacto y pedales de guitarra. El resultado de todo ese trabajo se ve reflejado en este gran primer disco de su carrera.

Periodista. Redactor jefe de Ciclosfera y colaborador de la emisora de radio El Destape y de La Agenda de Buenos Aires, ha trabajado en medios como Agencia Télam, Clarín y Radio Nacional y publicado en revistas como Los Inrockuptibles, Rolling Stone y El amante. También ha codirigido la película Ocio (2010) y escrito diversas obras teatrales.

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