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Nona Fernández: “Escribo para poder metabolizar la vida”

La novelista y dramaturga chilena habla sobre su obra, el paso del tiempo y nuestra necesidad de conectar con los demás.

Santiago de Chile
La escritora chilena Nona Fernández. SERGIO LÓPEZ ISLA

“Nunca he tenido una postura muy clara en relación a las reediciones”, reconoce Nona Fernández desde su casa, en Santiago de Chile, a través de una videollamada. Dice, en primer lugar, que tiene que ver con el paso del tiempo, “porque también una se va volviendo más vieja y va constituyendo una obra que es posible de reeditar”. Pero esto, como se verá a lo largo de la entrevista, es un proceso que le es imposible ver solo de forma individual: en cada reflexión, pasa inmediatamente a lo colectivo. “Pienso en una postura de época, en lo importante que es ir haciendo reconocimiento de lo ya hecho y de lo que una considera que es importante reconocer”, explica la actriz y escritora.

¿Por qué hablamos de reediciones? Porque se acaba de reimprimir en Chile Avenida 10 de julio, su segunda novela publicada originalmente en el 2007, a través de Alquimia Ediciones. Además, en el otoño español llegará a las librerías Space Invaders, de 2013, de la mano de Editorial Minúscula.

Nona piensa que ambos textos siguen teniendo actualidad desde otros puntos de vista. “Quiénes somos, la época en la que estamos, el proceso en el que estamos envueltas tanto personal como históricamente, van dándonos las claves para leer los textos desde otros lugares. Y sentí que en el caso de estos dos libros no había que hacer mucho con ellos, seguían entregando posibilidades de lectura tanto o más interesantes que las que yo misma había podido ver cuando los hice. Una siempre es muy ciega con respecto a lo que hace”, dice la escritora.

Un recorte de prensa de 2007. Revista de Libros de El Mercurio. Una entrevista por la publicación de Av. 10 de julio Huamachuco (el nombre con el que originalmente se publicó la novela). Nona sentada en una escalera, postura relajada, zapatillas. “Me gusta mucho la idea de recolonizar Santiago literariamente. Me sirve en términos metafóricos más que reales”, dice en esa publicación de hace 14 años. “Siempre me llamó la atención la calle 10 de julio”, explica, sobre la avenida que recorre el centro de la capital chilena. “Todo el mundo sabe que ahí venden piezas de autos robadas, pero vamos y las compramos, y nos roban y volvemos. Ese tema, sin tener mucha claridad de lo que era la metáfora, me daba vueltas y sentía que cuando extrañaba a esa niña que fui, a esa pieza original, era porque me había transformado en un repuesto más. Creo que es el trasfondo del libro: cómo nos transformamos y cómo nos conformamos con los repuestos, perdemos la pieza original y la olvidamos tan fácilmente”.

Es 2021 y le recuerdo a Nona aquella metáfora. Le pregunto qué se sostiene de ella con el paso del tiempo.

“Cuando me metí a trabajar con esta calle tenía una obsesión que aún tengo: intentar reconocer los espacios urbanos. Yo soy santiaguina, así que, cuando hablo de espacios urbanos, hablo de Santiago, no del resto de las ciudades. Quería reconocer ahí las claves de sentido de la ciudad y las de nosotras como santiaguinas. Creo que buscando un poco lo de la chilenidad, es algo que todavía me da vueltas. La identidad de quiénes somos. Me gustaba mucho este ejercicio de observar los espacios y buscar la metáfora ahí. Y en la calle apareció esta metáfora de este reciclaje, de cómo vamos allí a reciclarnos también, cómo hemos perdido algo y cómo lo vamos a encontrar ahí”.

Pero hay algo que apareció en su lectura reciente, para la reedición, que según ella completa aún más la mirada de ese minuto: “Cómo nos completamos con las piezas de los otros, eso me ha hecho sentido ahora, en esta segunda lectura. Cómo nos reconocemos como personas, entes, cuerpos incompletos, y requerimos de los repuestos y piezas colectivas para seguir funcionando. Eso me hizo mucho sentido ahora. Y también, si pensamos en los automóviles... necesitamos movernos en base a piezas que no son nuestras. Y eso está muy bien también. Reconocernos como seres incompletos a los que les falta algo que solamente podemos recuperar abriéndonos a llevar piezas ajenas. La idea de modificarnos con lo que un otro puede aportar”.

Avenida 10 de julio es un libro muy crítico con el período de la transición democrática chilena, es por eso que puede resultar muy interesante de leer en el presente. Con los ojos y el cuerpo puestos desde un país que ya explotó, leer a aquellos personajes que parecían dormidos. 

“Evidentemente, este escenario le da otra lectura o más lecturas al libro. Es loco para mí, extraño e interesante, asumir que este libro parte su escritura a partir de la incomodidad de entender que las cosas no eran como pensamos que iban a ser. De tener esas primeras luces con respecto a un modelo o sistema que estaba muy lejos de habernos hecho felices. Estábamos perdiéndonos. O yo sentía eso en ese momento, que había algo que habíamos pedido, algo vital, que tenía que ver con esta idea de pieza original”.

La escritura de Avenida 10 de julio comenzó en 2006, antes de la Revolución Pingüina, la primera movilización masiva protagonizada por estudiantes en contra del sistema educacional impuesto desde la dictadura. ¿Por qué pingüina? Pingüinos. Así se le decía a los niños y jóvenes, por sus uniformes blancos y azul marino.

“Cuando inicié esa escritura pensaba, qué loco que nadie diga nada, que nadie reclame, cuán solos nos quedamos que no hay tejido social, ya nada nos asocia, es difícil movilizarnos. Y cuando el libro se publicó ya había ocurrido la primera Revolución Pingüina y yo sentía que había un camino”, dice Nona, que considera que ese momento supuso un punto de inflexión en la historia reciente chilena. El precedente del estallido social del 18 de octubre de 2019, que a su vez llevó al proceso constituyente actual. Teniendo en cuenta esos acontecimientos, la relectura del libro llena ahora a Nona de optimismo: “Me pone muy feliz ver que no estaba sola pensando en ese malestar y que hemos entendido que somos gente incompleta, que nos necesitamos, que necesitamos contaminarnos unas con otros”, dice.

En su relectura del libro, la escritora también ha descubierto cosas que le habían pasado inadvertidas en un inicio: “Tiene un final que deja un poco abierta la posibilidad de que haya una movilización subterránea, de que hay una grieta que se está abriendo y que se abrirá a punta de explosiones. Cuando escribí eso tenía menos conciencia de lo que estaba escribiendo que ahora. Ese optimismo que no sabía que tenía era más bien un ejercicio de justicia literaria, como cuando escribes las cosas que quieres que pasen, pero sabes que en la realidad no van a pasar. Sin embargo, ahora lo veo y sí, hubo una movilización que en ese momento era subterránea y hubo explosiones y los niños nos hicieron movilizarnos. Y eso es bonito”.

Reconocer la tradición

La entrevista avanza y conversamos sobre el tejido que se va creando en la medida en que las mujeres escriben y publican. Un manto diverso del que muchas incluso no son conscientes a la hora de llevar a cabo el ejercicio de la escritura. Pero aparece. En la obra de Nona, la ciudad es un telón de fondo y a la vez un personaje más, uno que nos constituye también como seres humanos, nos moldea. Que da y quita. Y sus libros publicados en la primera década del 2000, además, son rincones de la ciudad que no aparecieron con efusividad durante los noventa. Si damos un salto en el tiempo hasta el pasado reciente, encontramos autoras nacidas al final de la dictadura que construyen otros espacios de la capital. Romina Reyes y la zona norte de Santiago, Daniela Catrileo y la zona sur, por ejemplo. Y así, podríamos ir dibujando un árbol, donde ellas, sin quererlo, se van cruzando. Un mapa enorme.

“Reconocer para mí está siendo un verbo tremendamente importante en la actualidad. Reconocer, reciclar, revisualizar. Tiene que ver con reconocer la tradición y, por supuesto, esa de la que una viene muchas veces sin saberlo. Y también reconocer la escritura contemporánea de la cual uno es parte”, dice Nona, que considera vital este ejercicio de tejer redes. 

La propia Nona recuerda que se formó de la mano de autoras “que siempre estaban reconociendo el trabajo de otras escritoras”. Figuras como Diamela Eltit, Pía Barros o Sonia Montecino, a las que considera sus “maestras”, y con las que forjó un sentimiento de pertenencia. ”Escribíamos pésimo,  y algo sabían ver en nuestros textos, e igual estaban con una y de pronto te llamaban a cosas. Una sentía que era parte de algo y de algo con ellas”.

—Con el colectivo Lastesis hablamos sobre cómo son ahora las jóvenes que participan de los movimientos feministas quienes se están interesando por reconocer a las que vinieron antes.

—Sí, claro que sí y también pienso en otras áreas, porque yo también me muevo en el teatro. La dramaturgia en general es un espacio literario muy poco reconocido. Y sin embargo, ahí también hay trabajos de reconocimiento que se están haciendo. Es tan importante ese ejercicio, independientemente de que luego puedas decir que un texto te gusta o no, pero por lo menos tener el mapa del que una viene. Es como tener el árbol genealógico. Ahí están las tías que no te gustan, con las que no vas a hablar nunca, pero también vas a encontrar a las tías que sí. Eso es superimportante, y creo que para las nuevas generaciones es un trabajo que se ha ido avanzando. Hay más referentes. Antes era muy difícil llegar, lo hacías por los talleres. Yo llegué a Diamela Eltit porque Pía me habló de ella y ahí empecé a leerla. A la Guadalupe [Santa Cruz] también, porque Pía me dijo. Y además eran autoras muy vanguardistas, entonces, nunca iban a tener un lugar en el mercado para que te las mostraran”.

La escritora chilena Nona Fernández. SERGIO LÓPEZ ISLA

Hablar con el fantasma

Nona debutó como dramaturga en el año 2012 con El taller, una obra inspirada en el taller literario que Mariana Callejas desarrollaba en su casa, mientras Michael Townley, su marido, dirigía desde allí las operaciones de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta de Pinochet.

Este 2021 Nona ha vuelto a la dramaturgia con un proyecto muy singular, la adaptación de Paren la música, la última obra de la trilogía del actor, dramaturgo y director Alejandro Sieveking, figura fundamental en la historia de las tablas chilenas. Se trata de una obra póstuma —Sieveking murió el 5 de marzo de 2020— y trabajada de forma especial, ya que el autor no pudo escribirla.

“Ha sido un trabajo muy bonito, quiero darle densidad a la palabra bonito, de verdad muy loco y bonito. Alejandro tenía una trilogía, Todo pasajero debe descender, Todos mienten y se van y la última era Paren la música. Esa escritura Alejandro nunca pudo concretarla, nunca llegó a escribir nada. Estaba muy viejito. La situación en la que estaba él en los últimos años era compleja”.

Nona y Alejandro se conocieron más a fondo en 2017, cuando ella y la actriz Paulina García fueron directoras de la 18ª edición de la Muestra Nacional de Dramaturgia. “Ese año decidimos que se reconociera la tradición y quisimos dedicarle la Muestra a Alejandro”, dice. “Ahí comenzamos a tener una relación muy cercana, porque preparábamos todas las actividades con él. Siento que nos anduvimos enamorando, de verdad”. Nona y Alejandro hablaron mucho sobre su obra, pero al dramaturgo le fue imposible escribirla: demasiado trabajo y una enfermedad grave. “Le salió un tumor en la cabeza, fue muy acelerado todo. Cuando cayó en el hospital, tuve la posibilidad de verlo mucho y ahí tenía varias obsesiones: una era el tema de la venta de su departamento, quería venderlo rápidamente, otra era una fundación que quería hacer y la otra, era su obra. Él quería terminarla”, recuerda Nona.

Para ayudar a Alejandro a materializar la obra, Nona se ofreció a grabar sus ideas y luego trasladar todo ese material a un documento, para editarlo, cuando saliera del hospital. “Mientras tanto, él delegó mucha información que tenía en la cabeza a Paulina Moyano, que era su alumna, asistente, productora, todo. Y claro, salió del hospital y duró muy poquito. Estuvo un mes y falleció, nunca lo concretamos”.

Aún así, Nona explica que Alejandro tenía todo claro. Quería que Paren la música fuera dirigida por Cristián Plana, y así sucedió. “A mí nunca me dijo que quería que la escribiera yo, pero, según Paulina, a ella sí se lo dijo. Entonces, cuando falleció, el Teatro Nacional Chileno y Paulina, que eran los herederos de este proyecto, me convocan a escribir la obra. Quedé un poco en shock, porque no estaba preparada. En general, no me gusta escribir por encargo y soy muy respetuosa de las autorías. Pero luego entendí que por algo yo había estado ahí, que por algo había conversado durante cuatro años de la obra con él”, dice.

Y así Paren la música se puso en marcha, de forma colectiva, y se ha podido representar este agosto en el Teatro Nacional Chileno. “Lo siento como un trabajo desde el lugar de una médium, de intentar completar todas aquellas intuiciones que teníamos, todas las claves que dejó, todos sus deseos. Yo tomé la escritura, pero lo hicimos mucho con el equipo, tuvimos nuestras sesiones de espiritismo, diría, intentando entender estas claves”, cuenta Nona.

Nona conecta esta función de puente con el trabajo de escritora. “Creemos que estamos haciendo algo superoriginal, pero no, estamos mediando con lo que está en el aire, con lo que traemos. Una es un eslabón de una cadena mucho más grande”.

Una escena de la obra teatral 'Paren la música', en el Teatro Nacional Chileno. TNCH

“Soy optimista, tengo ese problema”

En Chile el presente es convulso y complejo. La grieta que terminó de romperse y explotar en octubre de 2019 abrió un proceso social y político inédito en el país, uno que no ha sido fácil de llevar con una pandemia encima. “Estamos viviendo en la incertidumbre constante de un proceso que es nuevo”, dice Nona. “Yo tengo 50 años y creo que desde la Transición, desde nuestra democracia pactada, no había pasado nada nuevo, todo era cíclico, de Bachelet a Piñera, de Piñera a Bachelet. Una ya magullaba el fracaso como un estado perenne, ya no íbamos a salir de ahí, no había otra posibilidad de vida. Sin embargo, ahora todos los días son incentivos nuevos para intentar armarnos un mapa del futuro y ese mapa se desarticula constantemente”.

“Yo quiero ser optimista. Soy optimista, tengo ese problema”, dice riendo la escritora, que reconoce que la Convención Constitucional que ya está en marcha la tiene muy entusiasmada, incluyendo el caos burocrático de las primeras semanas. “Teníamos todo en contra, una vía institucionalizada horrorosa y aún así llegamos con unas mayorías impresionantes. Está la casa de putas allí adentro, y me parece genial que sea así, que exista ese desorden, es maravilloso que dialoguen, que se pongan en ese estado y que entiendan que acá hay que reconocer mucha diversidad que no se está reconociendo, que entiendan el país”.

Nona dice que ve un Chile “encendido y consciente” respecto al presente y el futuro, “con ganas de participar y con ganas de ser protagonista de su propia historia”.

—Es un gran cambio esto que dices, respecto a lo que escribiste en Avenida 10 de julio. Allí hablas de gente dormida.

—¡Sí, completamente! Yo jamás pensé que iba a vivir esto, jamás. Por eso, una vez que ocurrió el estallido yo me volví un poco loca y todavía estoy un poco loca, de felicidad, entusiasmo y tristeza por las cosas que han ocurrido. Lo he vivido como el hecho histórico más importante que creo que voy a vivir. Ni los terremotos, ni la llegada a la democracia tiene este impacto y esta importancia, y creo que hay que vivirlo asi, con la intensidad de lo que es.

—¿Por qué la llegada a la democracia no tiene el mismo impacto que esto para ti?

—Porque fue algo tremendamente pactado. Lo sabemos. Y hemos vivido las consecuencias de eso, lo que estamos viviendo ahora es parte de esas consecuencias. Yo tenía 17 años y fue un gran momento dentro de lo que era el contexto. Fue un momento feliz. Yo eso jamás voy a negar. Fue tremendo, pero claro, muy pronto nos dimos cuenta que era raro. Incluso quienes no conocíamos la democracia entendimos que era raro lo que estaba pasando. 

Sobre el proceso actual, Nona destaca que “viene de la calle, es soberanía popular real”. Una soberanía que incluso se ejerce sin saber que se tiene: “Eso a mí me parece impactante y muy aplaudible, por eso siempre he estado intentando meter llama ahí y que no se apague”.

“Una es reciclaje de la plaza pública”

Nona tiene 50 años y ha vivido los procesos más importantes de la historia reciente, como mujer y ciudadana, pero también como escritora, con un ojo de águila y un corazón abierto. ¿Por qué comenzó a escribir décadas atrás y lo sigue haciendo ahora? Si el paso del tiempo cambia muchas cosas ¿modifica también nuestras razones? Ella dice que partió por puro goce. “Al principio están las ganas de ejercer ese espacio que una ha vivenciado a partir de la lectura. Lo primero es eso, querer estar del otro lado; me pasó también cuando quise actuar. Al ver obras, yo quería estar ahí”.

Luego de esa primera intención, se formó en talleres literarios como los de Pía Barros y Carlos Cerda. “Y cuando ya logras entender que escribes, que puedes escribir, cuando encuentras una voz o te enfocas, te preguntas, ¿para qué escribo?”. Y Nona tiene una respuesta clara a esa pregunta: “Escribo porque necesito un espacio para poder metabolizar la vida, así como cuando una respira y el aire entra y sale convertido en otra cosa, algo así me pasa con la realidad. Y tengo la percepción, porque así lo he vivido como lectora, que esas reflexiones las puedo ofrendar. Quizás a alguien le interesa esa ofrenda, quizás le pueda hacer sentido y ayude a sus propias reflexiones, tal como a mí los libros y el arte en general me han ayudado”.

“Creo que una se configura por la vida que ha tenido, la geografía que una ejerce, pero también por esa biografía paralela que una lleva en las lecturas, en los visionados, en las experiencias artísticas”, dice la novelista.

—Vuelves a la idea de las piezas, que una va viviendo la vida mientras se arma de piezas de otros.

—Sí, porque una es reciclaje de la plaza pública. Está la plaza pública que te ofrenda algo, y una roba, toma, apropia, y metaboliza y vuelve a ofrecer, una y otra vez. En ese ejercicio estoy y me parece hermoso pensarlo de esa manera. Un ejercicio menos solitario.

Periodista especializada en música pop y feminismo. Directora de la revista digital POTQ Magazine y fundadora de la web Es Mi Fiesta. Organizadora del festival Santiago Popfest. En 2020 publicó Amigas de lo ajeno, libro que da voz a algunas de las artistas más representativas de la música chilena.