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Lastesis: “El feminismo no es una meta”

El colectivo que ayudó a globalizar la lucha feminista publica dos libros. Y charla sobre patriarcado, performances y cambio social en Chile.

Santiago de Chile
El colectivo Lastesis: Sibila Sotomayor, Dafne Valdés, Paula Cometa y Lea Cáceres. ARCHIVO

“En este mes se han presentado cuatro veces más querellas por violencia sexual que en nueve años y casi el doble por otras torturas”, decía el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile el 22 noviembre de 2019. La frase se refería a acciones como desnudamientos forzados, tocaciones, amenazas y violaciones por parte de agentes del Estado hacia civiles, en el marco de las protestas que explotaron en el país desde el 18 de octubre de ese año.

Dos días antes de esa declaración, el colectivo Lastesis, formado por Lea Cáceres, Paula Cometa, Sibila Sotomayor y Dafne Valdés, se reunió junto a decenas de mujeres en la plaza Aníbal Pinto de Valparaíso para realizar la performance Un violador en tu camino, una obra basada en el concepto de violación expuesto por la antropóloga y escritora argentina Rita Segato en el libro La guerra contra las mujeres, en el que se explica que los agresores sexuales a menudo actuan para castigar a las mujeres o cuerpos feminizados que han salido de su lugar.

Las cuatro integrantes de Lastesis —que provienen desde las artes escénicas, el diseño, la historia y las ciencias sociales— ignoraban que, en cuestión de semanas, a partir de la primera presentación, ese tecno y esos pasos de baile que incluían sentadillas aludiendo a los desnudamientos y los ojos vendados como metáfora de las mutilaciones oculares se transformarían en una acción de denuncia para mujeres y disidencias alrededor del mundo.

Primera interpretación de 'Un violador en tu camino' de Lastesis, en Valparaíso, el 20 de noviembre de 2019. YOUTUBE
 

“El contexto lo es todo. Los contextos siempre van a ser relevantes para la producción de lo que vas a hacer. Es de donde salen las ideas, las teorías. El mismo contexto pandémico post 18 de octubre transformó nuestra forma de ver. Nos volvimos más sociales postestallido y centramos el eje en lo colectivo, luego vino lo pandémico, que transformó todo esto en la virtualidad y nuevamente cambió la forma. Creo que si no hubiese sido por el contexto, Lastesis no se hubiesen hecho conocidas, no se hubiesen masificado”, dice Sibila en entrevista con COOLT, a través de una videollamada, junto a Paula, Lea y Dafne.

Este contexto convulso postrevuelta popular, y pandemia mediante, encuentra a las integrantes de Lastesis con dos novedades en las librerías: Quemar el miedo, publicado por Planeta y Antología feminista, por Debate.

“Fueron dos invitaciones que nos hicieron un poco paralelas. Primero apareció la de la antología y después la otra, con menos de un mes de diferencia. Lo conversamos y pensamos que las dos eran interesantes, en el sentido de que eran dos cosas muy distintas, que nos motivaba hacer. Y las editoriales no tuvieron problema con que trabajáramos ambos proyectos, así que decidimos hacerlo. Y bueno, los lanzamientos iban a ser separados por seis meses, pero con la pandemia el de Planeta se postergó. Les explicamos que el otro estaba para marzo y bueno, al final a ambas les dio lo mismo”, explica Sibila.

“Es que las editoriales piensan que marzo es el mes para sacar libros de mujeres. No, ¡no puede ser en abril!”, dice Dafne, riendo.

Ambas publicaciones son una buena puerta de entrada a los feminismos. Por una parte, Quemar el miedo funciona como un manifiesto muy personal de sus autoras, pero no uno con verdades taxativas, sino con más preguntas que respuestas.

“Pensamos que el feminismo no es una meta o un lugar al que hay que llegar. No es un punto fijo, sino un recorrido que tiene distintas formas de ser transitado, entonces, por lo mismo no queríamos posicionarnos diciendo esto es el feminismo, como algo rígido. Quisimos hacerlo a través de experiencias personales de cada una y también contextuales, a partir de casos emblemáticos de Chile y Latinoamérica, para dar cuenta que en realidad es experiencia individual pero también colectiva”, responde Dafne.

“Cuando nos dijeron que querían que hiciéramos un manifiesto, nosotras dijimos que no, porque un manifiesto son verdades, punto por punto, son sentencias y nosotras tenemos más preguntas que respuestas y la invitación es al diálogo, al debate y a la acción eventualmente, considerando que el feminismo es plural: son los feminismos. Eso es algo que tuvimos muy claro desde el principio. Esa iba a ser nuestra postura, porque si no, no era feminista”, aclara Sibila.

La teoría feminista de décadas pasadas —la de los sesenta, setenta y ochentas, por ejemplo— está llena de manifiestos, en sus diferentes corrientes. Verdades para sus autoras o círculos determinados. ¿Acaso ahora todo es más relativo? ¿Estamos más conscientes de los grises?

“En parte, el desear que caiga el patriarcado es desear que se acabe la verdad absoluta”, dice Lea Cáceres. “Cuál verdad es absoluta, cómo podemos nosotras posicionarnos y decir esta es la forma de hacer feminismo, cuando nosotras tampoco sabemos cuál es, sino que estamos intentando cuajar nuestras propias formas de hacerlo. Nos parece súpercerrado y poco evolucionado encasillarnos en tener la verdad de algo, porque cada vez hay más interrogantes”.

“Hoy hay una fluidez que no te permite estar en un dogma fuertemente posicionada, eso ya se desarma. Hay otras lógicas”, agrega Paula Cometa. “Estamos cada vez más intentando alejarnos de las lógicas binarias que nos han hecho mucho daño como sociedad en todos los ámbitos, del género para adelante”, remata Sibila.

En el caso de Antología feminista, desde su prólogo, las autoras lo definen como un libro-collage, como una extensión de su propia metodología de trabajo como colectivo interdisciplinario. Esta compilación reúne a escritoras, poetas, ensayistas, pensadoras, activistas y artistas: desde Guerrilla Girls, pasando por Manuela Infante, Paul B. Preciado, Carmen Berenguer, Artemisa Gentileschi y María Lugones, entre muchas otras referencias.

“Fue una selección en la que intentamos mezclar lo que ha inspirado a cada una personalmente y también como colectivo y, claro, vas estudiando y eligiendo a alguna autora que te apasiona y después te das cuenta que está ligada a otra. Fue un trabajo muy entretenido”, dice Lea.

Quemar el miedo y Antología feminista son producción de pensamiento feminista en formato masivo y, por ello, resulta muy importante un detalle que ellas mismas mencionan en el prólogo: “Como país colonizado, la mayoría de nuestras formaciones han estado guiadas por las grandes ideas blancas, occidentales y heteronormadas”. Es por eso que no es difícil observar debates en lugares de Latinoamérica en donde se desarrollan argumentos con esas claves y no las locales. ¿Qué más extraño que decir “hombre blanco” en alguno de nuestros países? En Antología feminista hay textos de pensadoras europeas o anglosajonas, sí, pero también muchos otros de autoras de este lado del planeta, que ayudan a orientar esas conversaciones a imaginarios locales.

“Hay algo que también era muy importante: desaprender”, dice Dafne. “Con todas estas ideas que una podría haber tenido en su formación, si es que tuvo en el colegio o después en la universidad, o donde sea, son en general de hombre, blancas, europeas y las pocas mujeres o personas disidentes a las que pudiste acceder son incomparables en porcentaje”.

Para Dafne, este trabajo no solo es un aporte a “esa deuda histórica” que se tiene con las personas que han tenido poca visibilidad hasta ahora, como las pensadoras latinoamericanas. También contribuye a la reivindicación de “otras formas de producir conocimiento que no necesariamente son lo tradicional”, como son la poesía, el teatro o la imagen. Es decir, ir más allá de los textos teóricos tradicionales. No es extraño viniendo de un colectivo que apuesta por la performance como vehículo de expresión.

“Darse cuenta”

La historia de la performance en Chile es profunda y diversa. Es desde la década del setenta que se consolida como una forma de producción artística muy crítica con su contexto, que era nada menos que una dictadura. Ineludibles nombres de la performance local son Fernando Balcells, Diamela Eltit, Lotty Rosenfeld, Raúl Zurita y Juan Castillo, quienes juntos integraron el Colectivo Acciones de Arte (CADA). También otros como Cecilia Vicuña, Vicente Ruiz y Las Yeguas del Apocalipsis, el dúo conformado por Pedro Lemebel y Francisco Casas.

Dafne coincide en que hay momentos muy importantes de la performance en Chile y que, por ejemplo, Las Yeguas del Apocalipsis son un gran referente para Lastesis. Por su parte, Sibila explica que su desarrollo de la performance está muy influenciada, además, por la corriente más contemporánea del teatro: “El tema del cuerpo, la no representación de un personaje”. Y agrega otro componente: “La influencia histórica de la performance vinculada a los feminismos”.

Lastesis, en un acto contra violencia policial. LASTESIS

“Lo interesante de lo performativo en nuestro país también tiene que ver con la falta del recurso material. Muchos artistas se vieron no deseosos de explorar estas técnicas más materiales sino de expresar todo su ideario a través del cuerpo. Eso lo hace más barato y Chile es un país muy pobre, entonces utilizar el cuerpo como tu herramienta artística, como tu medio de difusión de ideas es súper interesante y habla también de un país muy precarizado en las artes. Usar el cuerpo es una forma política de enfrentarte a todo eso”, dice Lea.

“Mi primer performance fue darme cuenta de lo que hacía el viento en mi cintura. Yo era niña, andaba en la playa, en estas playas heladas chilenas, en bikini y el viento en vez de pasar de largo, rodeaba mi cuerpo. Ahí vi que pasaba algo entre mi cuerpo y el viento. De ese momento surge algo que en inglés es una palabra muy bonita que no existe en español que es awareness, el darse cuenta de. Para mí, ese es el origen del performance, el darse cuenta. El darse cuenta de lo que tu cuerpo está haciendo con lo demás y de lo que lo demás está haciendo con tu cuerpo. La gente ha estado haciendo performance por miles y miles de años y nosotros somos esa continuidad”.

Eso decía la artista Cecilia Vicuña en medio del Parque Forestal de Santiago, el 15 de diciembre de 2019. El contexto era una de las citas de Coloquio de Perros, sesiones de encuentro organizadas por el colectivo Tres Tristes Tigres, que nació a partir de la revolución social de octubre en Chile. Junto a ella estaba el colectivo Lastesis. Y durante esa semana, algunas personas tuvimos la fortuna de presenciar dos veces este cruce intergeneracional. La otra fue en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), tres días antes. Y ocurrió algo bello: jóvenes y adolescentes que se sintieron parte de Un violador en tu camino, una obra viralizada a través de redes sociales, pudieron conocer de cerca a una de las figuras más importantes del arte chileno. Un ejemplo práctico del hilo rojo que une al arte y también a los feminismos a lo largo de toda la historia.

Representación de 'Un violador en tu camino' en Santiago de Chile, el 25 de noviembre de 2019. JAVIERA TAPIA

“Lo que nosotras hacemos es una instalación, nos instalamos a operar máquinas y a hacer cosas trabajando contenido teórico que viene desde hace mucho. Y Cecilia Vicuña tiene una larga historia de trabajo intelectual y artístico. Nuestra obra se hace conocida a partir de lo digital, entonces va por ahí el tema de cómo nos cruzamos con estos referentes más históricos, es raro también para nosotras, es una dimensión muy extraña eso de pertenecer a la historia del arte”, dice Sibila.

“Quizás en Chile Cecilia Vicuña no es masiva, pero sí dentro de los círculos de arte y también afuera. ¡Es famosísima la amiga!”, agrega Sibila. “Eso habla de un tema cultural, de que en Chile hay un desconocimiento de las artistas. Pero hoy estamos viviendo un revival de grandes artistas como ella, o como Carmen Berenguer, muy ignorada por ciertos sectores hace algunos años”.

Estos encuentros se dieron en un momento de total efervescencia en el país, posterior al 18 de octubre. “Fue tan fuerte que nadie podía ser indiferente”, dice Sibila. “En el GAM se abrió un espacio, el Coloquio de Perros se armó y la gente quería ir al parque a escuchar artistas, filósofas, a quien fuera. Era imposible no tener ganas de escuchar, informarse, lo mismo con los cabildos, todo el mundo quería ir a los cabildos [reuniones autoconvocadas por grupos como vecinos, organizaciones sociales, gremios, etc.]. La gente quería ser parte y no desligarse de este proceso sociocultural tan importante. Entonces a las instituciones culturales no les quedó de otra tampoco, porque habría sido prácticamente negacionista si no lo hubiesen hecho. Y creo que hoy seguiría pasando si no fuera por la pandemia”.

“Todo es patriarcado y neoliberalismo”

“Podrán dominarnos, pero los procesos sociales no se detienen ni con el crimen ni con la fuerza”, decía Salvador Allende en su último discurso, antes de que el palacio de Gobierno fuera bombardeado en la mañana del 11 de septiembre del 1973. Esa frase se puede aplicar a todos los movimientos feministas alrededor del mundo que, a su vez, sobre todo en Latinoamérica, parecen trasladar su fuerza de un país a otro. Solo basta mirar cómo la Campaña por el Aborto en Argentina ayudó a activar aún más la organización y movilización en otros lugares, incluyendo a Chile.

Y, por supuesto, dentro de cada país, cada punto de inflexión cataliza los procesos.

En la huelga feminista del 8 de marzo de 2019, los movimientos feministas chilenos habían llegado con un programa de cambios radicales bajo el lema “Contra la precarización de la vida”, en el que se abordaban cuestiones como el sistema de pensiones, la ecología, la migración o la soberanía alimentaria. Una propuesta integral que podía sorprender a aquellos que creen que el feminismo está limitado a cuestiones como el aborto o la violencia machista. Luego vino la revuelta del 18 de octubre, una explosión social que exigía cambios en todas estas áreas, pero aún así, el debate en la opinión pública siguió cooptado una vez más por hombres. Hombres opinando. Hombres como fuentes consultadas en los medios de comunicación. 

En ese contexto irrumpe Un violador en tu camino, que se puede leer también como una obra que viene a ampliar el concepto de violación para nombrar a otras violencias que ocurren. Y así esta obra se transformó en una gran ola que en su cresta llevó a mujeres y disidencias, quienes pudieron entrar con más fuerza dentro del debate público, el mismo que durante las primeras semanas después de la revuelta les había invisibilizado. Y todo esto, poniendo nuevamente sobre la mesa una idea clara: la organización feminista también fue un catalizador del estallido. La muestra de ello es que las activistas feministas comenzaron a aparecer como fuentes consultadas en medios tradicionales.

Una manifestante porta una pancarta, en Santiago de Chile, el 25 de noviembre de 2019. JAVIERA TAPIA

“Es algo que nosotras decimos siempre”, dice Dafne, “las demandas feministas son de segunda categoría, además existe la idea de que solo tienen que ver con temas reproductivos y no hacen el vínculo de que tienen que ver con todo. La performance fue para decir también, con nuestras herramientas, que nuevamente no nos pueden relegar a la segunda categoría porque todo es patriarcado y neoliberalismo”. 

“Este vínculo con la revuelta social quizás sí ha contribuido a que, si bien desde el 2018 se instala aún mas el feminismo, ahora hay mucha más discusión y espacios en donde se habla incluso del proceso constituyente desde una perspectiva feminista, se les pregunta a las feministas. Quizás esta vinculación contribuya a que más personas hagan el vínculo y dejen de ver el feminismo como este alienígena que está allá lejos”.

El 4 de julio comienza su trabajo la Convención Constituyente que escribirá la nueva Carta Magna chilena. Para Lastesis, “este es un momento histórico, muy importante, y las demandas son feministas, entonces las soluciones también tienen que serlo”. Según las integrantes de este colectivo, la perspectiva feminista es la única que puede ayudar a combatir las formas de violencia y opresiones neoliberales y patriarcales. 

“Creemos que va a ser un proceso muy complejo, arduo, largo y van a ser años en que vamos a tener que tener el ojo muy puesto en lo que va a estar pasando en ese lugar, para tratar de asegurar que el Frankenstein que salga de ahí efectivamente piense en el bienestar de las personas. Todos los problemas que ahora tenemos radican en que la Constitución lo permite. Esas cosas son legales y no deben serlo. Es impresentable que hayan pasado 30 años de esta supuesta democracia y que recién ahora se esté cambiando la Constitución hecha en dictadura. Eso es violento y horrible”, dicen.

Periodista especializada en música pop y feminismo. Directora de la revista digital POTQ Magazine y fundadora de la web Es Mi Fiesta. Organizadora del festival Santiago Popfest. En 2020 publicó Amigas de lo ajeno, libro que da voz a algunas de las artistas más representativas de la música chilena.