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Flor Canosa y Agustina Bazterrica: el horror que vino de Argentina

Las dos escritoras analizan el impacto de sus novelas distópicas, que han cobrado nueva vida en los circuitos internacionales.

Las escritoras argentinas Flor Canosa y Agustina Bazterrica. ELENA CANTÓN/FOTOS: CORTESÍA Y ALEJANDRO METER

¿Existe una tendencia creciente hacia el horror extremo en la literatura de género?

La profética autora de quiet horror Tamara Romero advirtió en su día que tras la pandemia iban a intensificarse los códigos del terror, parafraseando un similar comentario sobre el género hecho por Stephen King cuando el 11-S. Es en este nuevo contexto en el que dos obras de autoras argentinas anteriores a la crisis del coronavirus alcanzan nueva vida en otros circuitos culturales y en catálogos muy distintos a los que las vieron nacer.

Cadáver exquisito es el caso por excelencia. Publicada por Alfaguara en 2017, la novela de Agustina Bazterrica (Buenos Aires, 1974) contó en su momento con grandes dosis de difusión gracias a ganar el Premio Clarín y formar parte de la colección Mapa de las Lenguas, que se distribuye por casi todos los países de habla hispana. La obra trata de un futuro en el que toda la carne animal ha sido (presuntamente) infectada, y por eso los Gobiernos han decidido que puedan comerse humanos que nacen en criaderos y a los que se les arrancan las cuerdas vocales. El protagonista es el responsable de un importante matadero que ha perdido un hijo y al que su mujer ha abandonado provisionalmente, así que a la pesadilla caníbal se le suma el proceso de luto que atraviesa la narración. En este caso, la novela ha adquirido nueva vida en su traducción al inglés, al ser incluida entre las recomendaciones splatterpunk y la comunidad indie de horror extremo.

Pulpa (Obloshka, 2018), de Flor Canosa (Buenos Aires, 1978), funciona a una escala distinta, ya que no ha sido traducida, sino importada desde Argentina a España por Horror Vacui, editorial independiente dedicada a lo grotesco, lo monstruoso y el horror. Sin embargo, estructuralmente, el punto es el mismo. En este caso, la obra trata de un futuro higienizado en el que el sexo ha sido prohibido. La protagonista y su amante van en contra de la norma, y se deleitan en sus relaciones con la dominación y lo escatológico. Múltiples capas de deseo atravesadas por un espíritu sádico de transgresión generan una propuesta filosófica, profundamente foucaltiana, que tal vez podría evocar una versión postporno de Le ParK (Siberia, 2010), del filósofo francés Bruce Bégout.

La inspiración argentina

Bazterrica y Canosa atienden a COOLT para charlar sobre sus respectivos trabajos y sus conexiones con la escena internacional, aunque empezamos por su relación con la tradición argentina a la que pertenecen.

Ambas escritoras señalan inmediatamente El matadero (1871) de Esteban Echevarría como gran referente, aunque Canosa aclara que el diálogo entre novelas argentinas siempre ha sido mestizo. “El fantástico, la ciencia ficción y el weird corren por nuestras venas literarias”, dice la autora de Pulpa, motivo por el que, de forma consecuente, en su propuesta se mezclan el new weird, la pornografía o la distopía biopolítica. Bazterrica destaca por su parte el importante legado de Juan José Saer, autor de El entenado (1983), así como su relación con el panorama actual a través de las lecturas que organizaba con Pamela Terlizzi Prina. Y cita a ese gran secreto que es Rafael Pinero, quien “murió muy joven, pero nos dejó distopías excelentes: Plop y las nouvelles Frío y Subte.

Bazterrica va más allá de las relaciones literarias, y contextualiza el terror como parte de la vida cotidiana. “Creo que Latinoamérica es desbordada, vivimos al límite, en extremos, y lo que para un europeo puede ser mágico o surrealista resulta que para nosotros es el día a día”, explica. “En Argentina se siente día a día el peso monstruoso del terrorismo de Estado, que torturó, mató y desapareció a miles de personas. ¿Cómo no escribir sobre ese sentimiento ominoso que nos atraviesa a todos? Otro día el Estado decide que la gente no va a poder sacar sus ahorros del banco. ¿Cómo no entender que lo impensado puede suceder de un momento a otro y destruir tu vida, como lo hizo con la gente que se mató a causa del Corralito? Te matas o te matan. Las estadísticas muestran que matan a una mujer cada 48 horas por violencia de género. Si sos mujer, en Latinoamérica, no es necesario salir a la calle para entrar en zona de riesgo”.

El circuito internacional

Llega el momento de expandir un poco más el foco, y tratar esa doble lectura en circuitos internacionales, que deviene en el hecho de que la autora de Cadáver exquisito pensara en consciencia alimenticia y que la comunidad estadounidense de horror extremo se fije en el canibalismo.

Bazterrica replica que no sabe si existe “una manera correcta” de leer su libro, y añade: “Ojalá permita todas las lecturas posibles, sean de las corrientes que sean”.

Canosa asegura por su parte que no se esperaba esta nueva vida de su novela en absoluto, y detalla su experiencia: “Me parece hermoso que Pulpa haya encontrado un público tan específico. Justamente, dialoga con Sade, Masoch, Ballard, El Bosco y el cine de Cronenberg o Julia Ducournau. Tiene ese salvajismo de los géneros mestizos, sin el refinamiento de cierto gótico, pero con una impronta que puede satisfacer a su público, que además tiene una forma de leer muy atinada. Me sorprendió la sutileza y la inteligencia de algunas reseñas, que supieron interpretar perfectamente ciertos ítems que en mi país pasaron desapercibidos o fueron soslayados a priori. Eso hace más interesante la experiencia, a sabiendas de que las miradas extranjeras puedan ser tan enriquecedoras. La literatura por fuera de los circuitos intelectuales o académicos locales me resulta fascinante. Mi pluma es pop. Mi primera novela está camino a convertirse en película, mi segunda novela es leída en colegios por estudiantes de 16 años. Nunca sé cuál va a ser el público de cada libro, y eso es lo mejor”.

En ese sentido, Bazterrica explica que, en Argentina, su obra recibe el tratamiento de distopía, pero también es empleada en escuelas para discutir sobre la trata o la apropiación de bebés en la última dictadura militar. En cambio, en Estados Unidos se considera horror tras ganar el año pasado el premio Ladies of Horror Fiction. Y remata: “En mi literatura se mezcla todo, se funden los géneros, y eso también me da la posibilidad de escribir con más libertad. Cuando escribía Cadáver exquisito nunca pensé ‘estoy escribiendo una distopía, o una novela de terror’, lo que pensaba era “estoy escribiendo algo, veremos a dónde me lleva y voy a tratar de hacer lo mejor que pueda’”.

Bazterrica, que aclara que no esperaba esa repercusión internacional, tampoco cree que vaya a modificar su estilo de escritura por esa multiplicidad de lecturas, más bien porque su proceso de escritura se vincula a “una energía potente” que le tiene que “obsesionar lo suficiente”. 

Destello de autoconsciencia

Llega el final de la entrevista, y sobrevuela la duda de titular esta pieza como “Damas argentinas del horror extremo”, pero entonces uno se acuerda de cuando Mónica Ojeda, Fernanda Trías y Giovanna Rivero dejaron claro que no les gustaba nada el modo que tenía la prensa de agruparlas en función de su género. ¿Qué opinan Canosa y Bazterrica?

“No tengo idea de qué sensación me va a provocar este mote más adelante”, dice la autora de Pulpa. “Hoy no me molesta que me mencionen como representante de un género o corriente literaria. Me divierte, me da un sentido de pertenencia y hasta cierto orgullo. Lo que me molesta sobremanera es que hablen de ‘literatura femenina’, porque mi sexo me parece anecdótico. No escribo con mis caracteres sexuales primarios. No escribo con la vagina ni las tetas. Mi cerebro no tiene sexo biológico. En ese sentido, las escritoras no somos un boom. Es como decir que las mujeres existimos desde hace cinco minutos y nos pusimos de moda”.

Bazterrica expresa por su parte todos los reparos con las etiquetas comerciales y dice que todavía queda mucho por hacer, como evidencia el hecho de que algunos libreros le cuenten que todavía hay hombres que jamás leen a mujeres. “Aspiro a que la literatura sea universal y ojalá llegue el día en el cual no se hable más del género de la persona que escribe. Que no haya más titulares que digan ‘Damas del horror’, simplemente que se hable de personas que escriben horror”, concluye.

Periodista, traductor y guionista. Autor del ensayo Panero y la antipsiquiatría (2017) y de las novelas Samskara (2019) y Díptico Espiritista (2022).