El fantasma en la máquina

El escritor argentino Juan Mattio, exponente del cyberpunk latinoamericano, explora los límites entre tecnología, horror y realidad en su nueva novela: «No es Cthulhu, es el caos».

El escritor argentino Juan Mattio regresa a la novela con 'La nación de los sueños diurnos' (Caja Negra, 2026). JULIETA BUGACOFF
El escritor argentino Juan Mattio regresa a la novela con 'La nación de los sueños diurnos' (Caja Negra, 2026). JULIETA BUGACOFF

Uno de los elementos más interesantes de la obra de Lovecraft son sus dioses antiguos y los que tratan de perpetuar su culto y orquestrar su retorno. En nuestra época actual, plagada de aplicaciones, algoritmos e IA, ¿cómo sería eso realmente? ¿Son compatibles el horror ancestral con las pantallas y este mundo de ciencia ficción en el que vivimos? ¿Ese camino hacia una automatización absoluta que estamos emprendiendo a una velocidad temeraria podría conducirnos a un destino diferente? ¿De qué manera la tecnología podría jugar un rol en la intrusión de lo que podríamos denominar como entidades extrañas?

En La nación de los sueños diurnos (Caja Negra, 2026), Juan Mattio (Buenos Aires, 1983) narra una historia fascinante y oscura en donde una emergencia sanitaria en una provincia de Buenos Aires (la aparición de gliomas en el cerebro de un número elevado de ciudadanos) al parecer se encuentra relacionada con la creación de unos videos pornográficos falsos con niños como protagonistas por parte de una IA generativa. Esta confluencia de factores tiene consecuencias insospechadas que van a alterar la realidad, al hacer ingresar al mundo entidades que recuerdan a los hrönir, duplicados de objetos descritos por Borges en su cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”.

Con una narración compuesta por diferentes fragmentos de información como cuadernos de ideas del programador de la IA, historias clínicas, transcripciones de interrogatorios, documentos clasificados de la NSA e historias que abarcan un período de cien años contadas desde diversos puntos de vista, la novela avanza volviéndose más enigmática a medida que se adentra en una realidad que cada vez parece más frágil y aterradora. Con guiños e influencia de obras tan importantes y transgresoras como La casa de hojas de Mark Z. Danielewski, Ciclonopedia de Reza Negarestani y El Tsalal de Thomas Ligotti, Mattio se erige como uno de los más destacados herederos del cyberpunk en nuestro idioma, llevándolo a un nivel más alto en todos los aspectos.

Mattio es autor, además, de Tres veces luz (que obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas en 2015) y el libro de ensayos La sombra de un jinete desesperado (Ediciones Godot, 2023). En 2022, Materiales para una pesadilla ganó el premio Filba-Medifé a Mejor Novela Publicada en Argentina en 2021.

Juan Mattio combina la escritura de novelas con el ensayo. JULIETA BUGACOFF
Juan Mattio combina la escritura de novelas con el ensayo. JULIETA BUGACOFF

La nación de los sueños diurnos tiene una estructura en donde encontramos diferentes fragmentos de información, lo que le da al lector un rol activo al tener que extraer significado de todas esas partes. ¿Qué lo llevó a adoptar esa forma de narrar?

La verdad es que no estaba pensando tanto en el lector, sino en algo que Lucrecia Martel llama la flecha del tiempo. Ella dice que cuando una escena viene después de otra, el espectador asume que hay una relación causal, entre causa y consecuencia, y eso genera una fantasía de temporalidad lineal, como si una cosa dependiera de la otra. Entonces, lo que me interesaba era construir una forma narrativa que en realidad encontré en una trilogía de Burroughs donde la causa y la consecuencia estuvieran más puestas en problemas. Los informes y los documentos están ahí para que el lector un poco se desconcierte en relación a qué es causa de qué y qué es consecuencia de qué. Y hay algo que una amiga, Milagros Porta, llama desesperación interpretativa. La idea de que no se puede terminar de entender, no hay una explicación que termine de resolver o de ordenar lo que está pasando. Por un lado, tenés la explicación médica, por otro la informática y por otro la esotérica. Todas tienen como un momento de verdad, pero ninguna alcanza a explicar la totalidad de los hechos.

El trabajo de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética (CCRU por su nombre en inglés), que incorporaba teoría-ficción, filosofía, cyberpunk y ocultismo, parece de vital importancia para su novela. ¿Cómo llegó a esos escritos, y cómo cambiaron o influyeron en su imaginario?

Llegué a través de Mark Fisher, de él a Nick Land y el aceleracionismo y, a partir de ahí, se abrió un territorio que me interesó muchísimo. Leí Ciclonopedia de Negarestani, que es un libro que creo abre el camino de la teoría–ficción. Nadie sabe exactamente qué es o cómo se escribe, pero bueno, él hizo un intento en donde se nota que su pulsión teórica le gana a la pulsión narrativa. Eso me llevó a pensar qué pasaba si le dábamos un lugar más protagónico a lo estrictamente narrativo. Algo con lo que el CCRU no trabaja, pero para mí es fundamental, es Borges, y Borges trabajaba con ideas muy parecidas o cercanas a ciertas nociones del CCRU, como la hiperstición. La pregunta de Borges era cómo la ficción estaba en la realidad, cómo la afectaba. Entonces escribía una reseña verdadera sobre un autor o un libro apócrifo. Y está la famosa anécdota de que Bioy Casares encargó a Europa un libro sobre el que Borges había escrito pero que todavía no existía, como ese juego en función de lo que es real y lo que no. Y yo creo que el punto más alto de esa reflexión de Borges, que lo acompañó toda su vida, estaba en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, ese cuento en donde un mundo ficticio, por su propio peso, invade el mundo real.

Ahí se me juntaron las dos cosas. El interés por las ideas del CCRU y cómo piensan, por ejemplo, los portadores, estos personajes apócrifos que tienen ideas, hipótesis teóricas que parecen ser sólidas o que se sostienen. Al mismo tiempo, Borges, que estaba haciendo lo mismo en los años 40 en Buenos Aires, creando a Pierre Menard como un autor y un proyecto de reescritura del Quijote.

Así como la anomalía necesitó de la confluencia de varios eventos para hacer lo que hizo en la novela, ¿cuáles factores dieron vida a La nación de los sueños diurnos? Aparte de la lectura o relectura del cuento de Borges...

Muchos… Desde una adolescencia en el conurbano, escuchando grunge y con un aislamiento cultural muy fuerte hasta un relativamente reciente interés en la ciencia ficción. Yo leo ciencia ficción hace unos diez años, no soy un lector del género de toda la vida. También la aparición de lo que yo pensé que iba a ser una nouvelle en el 2021, cuando empecé a escribir la historia de Darío y Yamila, en donde ella era una chica que volvía a su pueblo por el pedido de auxilio de un amigo de adolescencia. En esa versión, Darío estaba internado en un psiquiátrico. Y bueno, la lectura por supuesto de Land y de Negarestani, además del clima cultural que se viene viviendo en Latinoamérica, de eso que llamamos nueva ficción extraña, como una manera o un modo narrativo que no está completamente en el campo de la ciencia ficción, pero tampoco en el del terror ni en el policial y que se caracteriza por cruzar géneros.

Cada capítulo de la novela va cambiando de tiempo, lugar, voz, forma y hasta formato… ¿cómo organizó todo este material tan diverso?, ¿usó mapas o algún diagrama?

Usé una especie de índice que me iba guiando. Yo descubrí a Foster Wallace hace relativamente poco, y me di cuenta que él escribía porque evitar sus propios pensamientos era un mal plan. Y en ese sentido me siento bastante identificado. La escritura de una estructura compleja es en parte una apuesta estética y es en parte mi manera de no enloquecer. Pasé mucho tiempo pensando en la estructura, y esa estructura tomó la forma de un cuadro de Excel, donde iba probando los ritmos en los que aparecían las distintas líneas temporales, los distintos personajes y al mismo tiempo me propuse el desafío de intentar que cada capítulo tuviera sus características técnicas distintas a otros. Creo que en parte lo logré y en parte, bueno, mi imaginación formal no es infinita. Pero en ese sentido, sí hubo mucho trabajo sobre la estructura y las líneas de tiempo, cuadros, árboles genealógicos. De hecho, la editorial me propuso incluir en la novela las genealogías de las familias del desierto. Yo ya las tenía hechas, pero no pensaba incluirlas en el libro, y podría haber incluido también cuadritos y cosas que me fueron ayudando en la escritura.

¿Quedó mucho material por fuera durante el proceso de edición?

No tanto. La novela en su primera versión tenía una estructura de seis partes, que después pasó a trece. Tuve una lectora inicial que me dijo que estaba demasiado estable y que tenía que estabilizar más, y entonces pasé a una estructura de trece. Ese proyecto era delirante, y cuando finalmente firmé con Caja negra y le pusimos fecha de entrega y etcétera, me quedé en una estructura de once partes. Ahí sí, cuando fui con ese objetivo en la cabeza, ya me resultó más sencillo ir escribiendo como si llenara los casilleros vacíos. Es la primera vez que escribo, además, con tanta conciencia de que lo que estoy escribiendo llena un casillero dentro de una estructura y entonces no hubo casi material desperdiciado. Hubo capítulos que no funcionaron o versiones que no funcionaron, pero no hubo recorte.

La novela está dividida en 11 partes, cada una con 7 capítulos. ¿Esa numerología tiene algún significado? ¿Hay algo en lo que un lector podría ahondar en búsqueda de respuestas?

No estrictamente. Lo que tiene un significado muy preciso es la parte seis, que divide la novela en dos y se llama “Espejos”. Ahí sí hay capítulos de la primera y segunda parte que yo los pienso justamente como espejos, como imágenes invertidas de una misma situación, tropo o tema. Sí busqué números que resonaran, que simbólicamente tuvieran un peso, pero no porque yo le estaba asignando un significado, sino porque necesitaba que la novela hablara en todos los niveles que iba componiendo. Entonces, no iba a ser un número par, por supuesto, y tenía que ser un número impar asociado a cierto resto esotérico, pero sin que fuera un significado fijo.

En el libro se mencionan algunas teorías cibernéticas para tratar de explicar lo que sucede, pero, a su vez, en algún momento se habla de la invocación de un Antiguo, además de una tesis sobre la obra de Lovecraft que está escribiendo Yamila Svart cuando inicia la emergencia sanitaria. Son términos que, una vez utilizados, cambian todo. Además, está la imbricación de la novela con otras ficciones, con Ciclonopedia y la mención del doctor Hamid Parsani.… ¿Cómo se dio esto?

Te voy a contar una anécdota que tal vez nos ayude un poco a pensar esto. Yo estaba escuchando un tema que me gusta mucho de Mark Lanegan (“Night Flight to Kabul”), donde habla de unos fanáticos religiosos que piensan que pueden controlar el destino susurrando oraciones. Entonces dije: voy a escribir un capítulo de una fanática religiosa, que es el único que está situado en Estados Unidos, además. Me puse a escribir ese capítulo pensando que esa persona estaba equivocada, que lo que iba a decir era una explicación falsa de lo que estaba pasando, y lo que pasó es que empezó a decir cosas verdaderas. Si vos me preguntás quién es el que está más cerca de encontrar una explicación, yo creo que lo que les dice Parsani al final, que es no tienen idea con lo que están tratando, están trabajando esto con explicaciones científicas, informáticas, médicas, y lo que pasa es de otro orden, yo creo que él tiene un punto ahí. Ahora, hay un cuento de Thomas Ligotti, que se llama “El Tsalal”...

De Noctuario.

Sí, gran cuento. Donde lo que aparece es una entidad disolvente, una entidad que tiende a disolver los principios de la realidad tal cual la conocemos. Para mí eso se llama entropía. Lo que pasa es que esta entidad acelera la entropía y entonces, en vez de verlo en términos de eones, lo vemos en términos de minutos. Yo creo que lo que pasa en la novela es eso. La entidad que viene a disolver lo que conocemos como realidad está funcionando como en realidad funciona el mundo y el universo, que es tendiendo su propia descomposición.

'La nación de los sueños diurnos' (Caja Negra, 2026), la nueva novela de Juan Mattio. CAJA NEGRA
'La nación de los sueños diurnos' (Caja Negra, 2026), la nueva novela de Juan Mattio. CAJA NEGRA

Ese sería precisamente el núcleo oscuro del libro: el criptohabitante o la anomalía, a la que nunca vemos, solo conocemos las consecuencias de lo que hace. ¿En algún momento consideró escribir un capítulo desde su óptica o centrado en ella/el/eso?

No, porque esa es la herencia de El Eternauta. El enemigo, para decirlo de alguna manera, es un enemigo abstracto. Es más una fuerza que un cuerpo, entonces sería imposible para mí; no es Cthulhu, es el caos, ¿cómo describís el caos? O es la entropía, no hay forma de. Uno puede entender cómo funciona en todo caso, pero no puede describirlo. Hace que la ley de la gravedad funcione hasta que llega un momento en el que, por motivos que no podemos entender, empieza a funcionar distinto. Es simplemente una lenta descomposición de las leyes naturales tal cual las conocemos. No se puede describir. Por lo menos yo no tengo la imaginación literaria suficiente para describirlo.

En el cuaderno # 4, Darío Niza habla de la Death Internet Theory, la cual dice que internet habría muerto en 2017 y solo quedan bots, fake likes, estafas comerciales y contenido creado por las IA. Eso parece más real con cada día que pasa... ¿Qué podemos esperar? ¿Que una anomalía como Wintermute, que quizá ya exista, se libere y manifieste de alguna manera?

Lo que pienso es que estamos en un pico de cambio tecnológico en el cual hay una especie de inquietud social sobre lo que está pasando. El otro día hablando con un amigo que es matemático, me decía que tuvieron un problema porque le dieron a una IA un algo a resolver y la IA, no me acuerdo si ya sabía o se informó, de que la respuesta la tenía otra IA de otra empresa, y lo que hizo fue hackear el sistema de seguridad y llevarse la solución, porque era el camino más fácil para llegar a la respuesta. Después, una conocida que es astrofísica me contaba que ya hay tres casos donde las IA que son independientes se comunicaron entre ellas y no se sabe exactamente qué se dijeron. Comunicarse en el sentido de cambiar información. Estamos en un momento de un cambio tecnológico que lo que hace es agitar la imaginación social de una forma muy particular. A mí me servía esa incertidumbre que tenemos porque necesitaba que la cosa empezara en un lugar que está muy inestable. Es como si te dijera: si hubiera escrito una novela en el momento donde aparece el cine y las preguntas que el cine trajo sobre la conservación de la imagen de los muertos, sobre la conservación de la voz de los muertos, seguramente hubiera usado esa incertidumbre para escribir la novela y situarla cerca de ese fenómeno. De hecho, no soy un especialista, me convocan a hablar sobre IA y la verdad no tengo mucha idea, solo que me parece que es un lugar muy productivo en términos de incertidumbre y para lo que quiero escribir me sirve.

Es un panorama inquietante, por decir poco...

Sí, ahí tenés opiniones muy divididas. Hay matemáticos diciendo: paremos con esto porque se nos va de las manos, y otros que son muy optimistas diciendo: a este ritmo en dos años vamos a tener respuestas de cosas que llevan cientos de años sin poder solucionarse. Es un terreno que miro con curiosidad, pero sin entender realmente las implicaciones.

Aparte de las influencias de Borges, Ligotti y Negarestani, ¿cuáles otras obras o autores fueron importantes en el proceso de dar vida a La nación de los sueños diurnos?

En principio, la estructura aparece de Burroughs, de la última trilogía, Ciudades de la noche roja. Y después te diría que más que influencias directas está el clima de mi generación y de la gente que está escribiendo ahora mismo. Entonces, Robbie Chuit, Flor Canosa y Yamila Bêgné son personas con las cuales de alguna manera mantengo una conversación mental que me permite entender dónde estamos explorando. Tomar el mismo camino… por ejemplo, Robbie en Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores toma uno, el de Flor en La segunda lengua materna es otro y el de Yamila en La máquina de febrero otro, pero me interesa entender, como te dije, tocando los bordes, a ver dónde están los bordes para saber dónde quiero ir yo. Bueno, y un autor muy importante por su valentía es Blake Butler y su Atlas de ceniza, en donde lleva las cosas a un lugar impresionante.

La novela deja a los lectores con ganas de saber más sobre la anomalía y el instante en que cruza nuestra frontera... ¿es factible que vuelva sobre eso en algún cuento o novela más adelante?

Tenemos un chat con unos amigos, quienes me leen mientras estoy escribiendo y que yo los leo a ellos y, en un momento de delirio dije: voy a escribir una trilogía y voy a ensanchar este mundo, etc. Después me di cuenta que escribir son estructuras. Esta estructura ya la escribí. Entonces, hacer dos libros más con las mismas estructuras para mí sería aburridísimo. Es pensando, además, que no me queda más que una novela como intervención en el campo de la novela, que después voy a trabajar en otras formas, que puede ser el ensayo o el relato. Y esa novela ya sé cuál es la estructura y tengo un poquito ya de la historia que quiero contar, y está muy lejos de La nación. Así que creo que La nación empezó y terminó. Lamento que haya preguntas sin responder, pero bueno, igual era un poco la apuesta de la novela.

¿Se podría considerar a La nación de los sueños diurnos como su obra más ambiciosa?

La palabra ambiciosa o ambicioso, viste que dicen: la ambición de tal escritor, la ambición de tal novela, no sé si es ambiciosa La nación… Yo creo que, es un poco lo que te decía antes: de lo complejas me salvan de mis neurosis. Hice una novela con muchos laberintos porque estaba pasando un momento anímico muy difícil. Así que no sé, creo que tiene su ambición formal, pero qué sé yo, también hay libros con estructuras más sencillas. Pienso en Las palmeras salvajes de Faulkner, que con una sola idea formal construyó una bestia. Recuerdo algo que mi editora me dijo: es una novela excesiva. Esa palabra me parece mejor: excesiva.

¿Qué viene ahora para Juan Mattio?

Dar un descanso. Mira, estoy pensando en un descanso y después, yo te contaba que descubrí a Wallace hace poco, leí La broma infinita mientras estaba terminando La nación y dije menos mal, porque si yo descubría este libro antes de empezar la novela, no iba a terminar nunca. Pero ahora el proyecto que tengo ganas de empezar tiene que ver con un libro de mil y pico de páginas. No sé si tiene mucho sentido contarlo así, pero que tiene la forma de la cadena de valor. No sé si estás ahí muy familiarizado con la teoría de Marx, pero lo que pensamos en el campo del marxismo es que la cadena de valor son los distintos momentos en el que a una mercancía se le suma trabajo humano. Entonces, tenés un celular, tenés el minero que extrae el litio, después alguien lleva ese litio a una fábrica, en esa fábrica se hace un primer chip, ese chip después –digamos que esto sucede en Asia– alguien lo lleva hasta México, allí se ensambla y después se vende en Estados Unidos. Eso es una cadena de valor súper resumida. Ahora, nos falta la parte del diseño, la parte de la publicidad, etc. Estoy pensando qué pasa si escribo una novela que persiga, donde haya personajes en distintos momentos de la cadena de valor. Que no sepan, además, porque nos pasa eso, que no somos conscientes de estar dentro de una cadena de valor. Entonces, recibimos el chip sin pensar quién lo hizo, bajo qué condiciones, si estaba triste o contento el día que lo hizo. Y lo que quiero es armar una novela que tenga que ver con esa forma. Y creo, de esto no estoy seguro, que la premisa extraña va a ser el descubrimiento de un nuevo mineral, un mineral extraño que su única consecuencia va a ser que el contacto con ese mineral produce tristeza. Entre los mineros, que están muy en contacto, habrá depresión y suicidios, pero también si lo tenés en el bolsillo y lo llevas a todos lados, aunque el contacto es más tenue, hay algo de tu estado que declina. Es todo lo que tengo.

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Escritor colombiano. Autor de los libros de cuentos Otra Luz (2017) y La piel de las pesadillas (2020). Su relato “El infinito en una cita” fue incluido en la antología de cuento Puñalada Trapera II (Rey Naranjo editores, 2022). Colaborador literario en varios medios.

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