‘Azucre’: la historia de los esclavos gallegos en Cuba

Bibiana Candia novela un episodio desconocido del pasado colonial. “Hay que mostrar las sombras para tener una visión equilibrada de quiénes fuimos”, dice.

Ilustración de esclavos cortando caña de azúcar en la Cuba colonial. ARCHIVO
Ilustración de esclavos cortando caña de azúcar en la Cuba colonial. ARCHIVO

Hay historias que nunca se contaron e historias que se contaron pero nadie parecía recordar. La escritora Bibiana Candia (A Coruña, 1977) ha logrado rescatar una de las segundas. El periplo de Orestes, el Tísico, el Rañeta, Trasdelrío y los más de 1.700 jóvenes que viajaron a la Cuba del siglo XIX para buscar una vida mejor y terminaron como esclavos de otro gallego, Urbano Feijóo de Sotomayor.

Una historia de racismo dentro del racismo. Sotomayor aprovechó la necesidad de sus paisanos para promover una campaña de colonización blanca: ir sustituyendo la mano de obra llevada desde África para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar de la isla.

Azucre (Pepitas de Calabaza, 2021) es la primera novela de Bibiana Candia y ya va por su segunda edición aunque acaba de publicarse. La autora gallega ilumina con la literatura una de esas historias reales que parecen pertenecer a la ficción.

- En un mundo donde parece que todo está ya contado, encontró una historia que sorprende. ¿Cómo lo hizo?

- Una amiga, Inma Gende, me envió el primer hilo documental del que tirar. Me dijo que tenía que conocer esa historia, que era increíble. Yo al principio era muy escéptica, pensaba que eso no podía ser cierto: que era imposible que 1.700 personas hubieran ido a Cuba y sido esclavizadas y que no tuviésemos conocimiento de ello. Cuanta más documentación encontraba y más real se volvía la historia, más me dejaba estupefacta que no la conociéramos si había sido tan gran escándalo, si había salido en los medios. Cómo podía ser que ni los gallegos supiéramos de eso. Y llegué a la conclusión de que no la conocíamos porque no nos han contado esta historia, porque no tenemos el testimonio de sus protagonistas. Por eso decidí escribir Azucre: pensé que lo único que tenía sentido era usar la ficción para llegar justamente adonde la realidad no había llegado y reproducir ese testimonio de la boca de sus protagonistas. La ficción, en este sentido, apela mucho más a la parte humana del lector y puede conseguir que esta historia perviva y se quede en la memoria.

- La historia de la novela es muy potente: racismo sobre el racismo

- Me pareció muy indignante, me acordé de una frase de mi abuela: la gente no descansa de maltratar a los desgraciados. El escándalo en ese momento no fue que hubiese esclavos en Cuba, sino que hubiese esclavos blancos. En el diario de sesiones de las Cortes españolas había gente en contra de que se esclavizase a los gallegos, pero también gente que entró en la discusión para decir que la esclavitud era un error; algunos eran conservadores y decían que se basaban en la Biblia. Era tan complicado y hay tantos matices en la historia que no puedes basarte en el brochazo. La persona que monta esta empresa y engaña a los rapaces, los protagonistas, es un gallego; quien presenta ante las Cortes la solicitud para que este caso se revise y sacarlos de allí es otro gallego. Hay aquí una especie de enorme endogamia cruzada de buenas y malas intenciones en un microcosmos dentro de una macroestructura que era el dominio de la colonia. Por eso me pareció muy interesante este caso concreto: de repente, en muy poca superficie de historia tenías a todas las fuerzas vivas empujando cada una para su lado.

La escritora española Bibiana Candia, autora de 'Azucre', novela sobre los esclavos gallegos en Cuba. CORTESÍA
La escritora española Bibiana Candia, autora de 'Azucre', novela sobre los esclavos gallegos en Cuba. CORTESÍA

- ¿Dudó hacer un ensayo?

- Mi primer impulso fue escribir uno o dos artículos bien documentados. Luego me di cuenta de que no tenía sentido porque ya hay artículos muy buenos escritos y documentos académicos hablando del tema. Es decir: la información está ahí, no está oculta, y sin embargo la historia no se conoce. Creo que, especialmente desde que el cine llegó a nuestras vidas en el siglo pasado, la ficción es muy responsable de la imagen histórica que tenemos acerca de los eventos que nos han rodeado, y creo realmente que era la mejor manera de llevar esta historia. Entonces decidí que no iba a escribir un artículo porque no iba a ser mejor de lo que ya se había hecho, e historiadora no soy. Pero sí me siento capaz de aportar mi parte literariamente y eso es lo que hice de la mejor manera que pude.

- ¿En qué se basó para que la ficción respetara el tiempo, la clase y la lengua de la historia?

- Para documentarme utilicé literatura de la época, mapas de entonces, documentos antropológicos sobre cómo era la Galicia rural del siglo XIX.  Del mismo modo, busqué cómo era Cuba en el XIX, busqué relatos de viajeros que describían cómo era la isla y los ingenios [fábricas productoras de azúcar]. Intenté huir lo más posible de mi propia memoria visual, tanto de Cuba como de Galicia. Un momento crucial fue cuando, documentándome, vi en los personajes a mi propio abuelo, un hombre que era labrador, prácticamente analfabeto, y en muchas cosas me di cuenta de que él podría haber sido perfectamente uno de ellos si hubiera nacido unas generaciones atrás. En ese momento, la historia cobró una dimensión casi personal, esa idea se volvió potentísima, como una cuestión de mi propia memoria, de historias que mi abuelo me había contado de memorial familiar y de las que están retratadas en la literatura de esa época. Con todo eso he intentado que esta obra se inserte en la tradición de la literatura gallega tal como la entendemos.

- ¿Le costó decidir si contaría la historia en gallego o en castellano?

- Cuando empecé a planteármelo tenía realmente todo en abierto y llegué a pensar si tenía que escribirla toda en gallego. Aunque es un idioma en el que no he publicado habitualmente, estaba dispuesta a hacerlo. Algunos párrafos iniciales estaban en gallego, yo soy bilingüe. Luego me di cuenta de que me parecía mucho más atractiva la idea de que el gallego apareciese en el texto en castellano. Pensé que tenía sentido tratar de trasladar a un texto principalmente en castellano esa sensación, que un cambio de idioma es a veces un cambio de clase. Como desafío lingüístico me parecía mucho más atractivo.

- ¿Ha sentido libertad al escribir ficción, al poder trabajar algunos aspectos de manera más libre con su primera novela?

- En la ficción es donde yo me siento más libre. Ficción es lo que más me gusta hacer, mi primera vocación siempre ha sido literaria y que escriba artículos siempre ha sido consecuencia de eso. Siempre me voy a sentir mas cómoda, más libre y más yo escribiendo ficción, sin duda.

Portada del libro Azucre de Bibiana Candia. PEPITAS DE CALABAZA

-¿Cree que hay una parte de la historia de este país poco contada porque sus protagonistas no eran quienes narraban? ¿Hay ahora una cierta reivindicación?

Hay un movimiento hacia ahí y me parece bien que lo haya, porque además nosotros convivimos con una versión de la historia constante y, en algunos casos, como en el tema de América, es la memoria de la gloria, que hay que equilibrar con la memoria de los antihéroes. Para tener una visión equilibrada acerca de la historia y de quiénes fuimos es necesario mostrar también las sombras, porque si no lo que lleva es a una visión maniquea arquetípica no realista y un tanto fanática. No soy una escritora que crea que la literatura debería ser utilitarista, pero sí pienso que aquí tiene un campo enorme, que haría una gran labor simplemente dejándose ser quien es, haciendo su propio trabajo, contando sus historias y, sobre todo, contándolas donde la realidad no llega. Eso haría mucho bien.

- ¿Cómo se cuenta la historia de América Latina en España?

- En Galicia tenemos una huella de la emigración a Latinoamérica profundísima, pero más porque lo tenemos en la familia: me atrevería a decir que no hay familia gallega que no tenga historia de migrantes. Yo he tenido en Suiza, Santo Domingo y Brasil. Creo que en Galicia no depende tanto de que se enseñe en las escuelas sino de que hay un legado importante, tanto tradicional como literario. Lo que yo pienso es que en el momento en que afrontas tu historia te vuelves dueño de ella. Creo que a España no le beneficia nada no afrontar su propia historia o tratar de evadirla en ciertos puntos. Cuando se habla tanto de que la leyenda negra viene de cómo nos han contado los demás, lo mejor que se puede hacer contra eso es contarse a uno mismo, afrontarlo y ya está. Y por eso también relatos como el de Azucre son importantes, porque equilibran la memoria. No se trata de mirar atrás con los ojos del presente, porque ya sabemos que el mundo era otro, las circunstancias eran otras, los valores eran otros; pero sí de mirar atrás para hacernos preguntas, porque nosotros somos el producto de generaciones que vinieron detrás de aquellas. Es mucho más sano, adulto y maduro afrontar la propia historia.

Periodista y escritora. Especializada en Estados Unidos y Latinoamérica, actualmente trabaja en Univision Noticias. Anteriormente fue corresponsal de la Agencia EFE en Washington, reportera para El Mundo en Argentina, freelance en Guatemala y oficial de prensa de la Organización de los Estados Americanos. También colabora en medios como Revista 5w, Anfibia, La Marea y La Opinión de Zamora

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