‘Mostro’: la revolución milenial del cine mexicano

Ruido industrial, viajes químicos y una desaparición. José Pablo Escamilla, miembro del Colectivo Colmena, habla de su puesta de largo.

El actor mexicano Salvador de la Garza, en un fotograma de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. COLECTIVO COLMENA
El actor mexicano Salvador de la Garza, en un fotograma de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. COLECTIVO COLMENA

“Si escuchas esto, mándame tu ubicación. Yo voy a donde sea, a donde me digas”, le dice Lucas a su teléfono, con la esperanza de que el mensaje de voz llegue a los oídos de Alex, la chica que ha iluminado su vida en los arrabales industriales de la sociedad mexicana. Alex, interpretada por la novel y ultramagnética Alexandra Cueto —toda una revelación, una más de las que contiene esta película tan subyugante como abrumadora—, acaba de desaparecer en medio de una confusa persecución en la que se han escuchado gritos de “está bajo arresto” y sirenas de policía, al menos que todo haya sucedido en la cabeza de Lucas, al que da vida Salvador de la Garza, que ya había participado en un corto de José Pablo Escamilla, Libélula, que se presentó en la Berlinale de 2016.

El argumento es simple. Podría ser un feminicidio más, de tantos que se han dado, por desgracia, tanto en la realidad como en la ficción mexicana. Pero, en lo que se refiere a la forma, el primer largo de José Pablo Escamilla, miembro fundador del Colectivo Colmena, que lleva un lustro revolucionando el audiovisual mexicano (cortos, publicidad, videoclips...), es una bomba. Una auténtica bomba. Mostro, que es el apodo cariñoso con el que Alex llama a Lucas, y al revés, —además una metáfora del sistema— se desarrolla a caballo entre el mundo de los sueños y las alucinaciones, que se mezclan con la cruda y sórdida realidad. Y eso da pie a un despliegue de creatividad sin límites, que nunca, y eso es lo extraordinario, se hace cargante o plomizo. Todo lo contrario, Mostro es una película absolutamente hipnótica, no puedes dejar de mirarla. Algo así como si Antonioni hubiese hecho una película con los hermanos Safdie en el México de ayer por la noche, una pequeña gran revolución, que va, por supuesto, con carga política. 

Escamilla nos atiende por videollamada desde el Festival de Locarno, donde esta semana ha tenido lugar la presentación mundial de su película. El director mexicano no podía elegir mejor escenario: el de Locarno es el festival más radical chic de Europa, una cita que ha encumbrado a figuras como Albert Serra, que en 2013 ganó el Leopardo de Oro por Historia de mi muerte

El cineasta mexicano José Pablo Escamilla, director de 'Mostro'. ARCHIVO
El cineasta mexicano José Pablo Escamilla, director de 'Mostro'. ARCHIVO

- Me ha encantado Mostro, y creo que, en gran parte, es porque utiliza muchos recursos del cine más radicalmente autoral y experimental, pero sin perder nunca el flow...

- ¡Muchas gracias! Sí, para nosotros era muy importante que, a pesar de que tiene partes, digamos, más contemplativas, o que en las secuencias de la fábrica reproducimos los mecanismos y las repeticiones de la jornada laboral, nunca llegáramos a aburrir. Eso hubiera sido lo peor para nosotros. Me gustan las películas que te mantienen ahí, que te van dando impulsos y que te llevan por un lado que no crees que te vayan a llevar…

- ¿Crees que vuestra experiencia en videoclips ha ayudado a la hora de conjugar materiales tan distintos, que sin embargo armonizan en conjunto?  

- Claro, en el colectivo somos todos muy melómanos, y tenemos muy en cuenta cómo se construye la música. Trabajamos mucho con unos amigos que tienen un estudio de música, que se llama Lucerna, y siempre me fijo en cómo hacen sus canciones. Tienen una maqueta, y la van esculpiendo hasta que ya tienen una versión muy distinta a la demo. Al principio, me decía que el cine no podía hacerse así, pero finalmente es lo que hemos acabado haciendo. Mientras la hacíamos escuchábamos mucho Sonic Youth, y mucha psicodelia, digamos, industrial. No queríamos mantener un solo tono, sino que fuera evolucionando, como si fuera música psicodélica. Ha sido un proceso muy cercano a cómo se concibe la música, al sonido. 

Fotograma de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. COLECTIVO COLMENA
Fotograma de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. COLECTIVO COLMENA

- El montaje de sonido, de hecho, es brutal.

- Sí, el diseño sonoro fue una de las cosas que más trabajamos, jugando con la música, las voces en off, los sonidos de la ciudad que siempre te dan una sensación como de asedio. México es un país que nunca duerme, y la zona en la que filmamos, que es el corredor industrial de Lerma Toluca, a 40 kilómetros de la capital, tiene sonidos particularmente opresivos. Es como la columna vertebral de la sociedad de consumo en México, ya que es ahí donde se maquilan todos los productos que luego van a venderse en el país y en toda Latinoamérica.

- Está claro que es una película muy política.

- Sí, quiere ser una reflexión sobre cuál es el verdadero costo del capitalismo en términos humanos, y no sólo económicos. Habla sobre cómo el capitalismo se mete en tu inconsciente, que es como el lugar más íntimo y preciado que tenemos. Es un vistazo al cableado que está detrás del sistema, y aquí quiero hacer una referencia a Mark Fisher y al capitalismo realista: si la sociedad capitalista es una simulación, el narcocapitalismo es una simulación cínica. Todos saben qué hay detrás, pero nadie lo cambia. Todas estas ideas estaban dentro de nuestras cabezas mientras la hacíamos. Así que sí, es una película política que está haciendo un reclamo desde el punto de vista de personajes vulnerables. No queríamos hacer nada que fuera irreal. No queríamos hacer el viaje del héroe, al estilo Hollywood. Lucas es un trabajador que tiene sentimientos, y que no llega a resolver nada, porque se da cuenta que nada tiene sentido.

Fotograma de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. COLECTIVO COLMENA
Fotograma de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. COLECTIVO COLMENA

- ¿Qué crees que aporta la película al tema de los feminicidios? En COOLT ya hemos hablado sobre el tema con otros cineastas como Lourdes Portillo o Julio Hernández Cordón.

- El tema de las desapariciones forzadas en México es un tema complicado y que sigue creciendo. Todos los días lo vemos en las noticias o lo escuchamos de gente cercana, y queríamos hacer un comentario al respecto. Lo difícil es tocar el tema sin que raye en la pornomiseria, que no se aproveche del sufrimiento.

- Aunque de manera ambigua, la película señala a la policía, dejando clara su  incompetencia, y tal vez su responsabilidad, ¿no es un enfoque tan habitual, no?

- Se supone que están ahí para salvaguardar la seguridad de los ciudadanos, y eso no pasa. Hemos crecido con eso. El miedo empieza cuando ves a la policía, enseguida piensas que no me paren, que no me intenten sacar dinero… Y sí, la película se desarrolla en los primeros momentos de una desaparición, que son los más importantes para encontrar a la persona, y muchas veces se desperdician en burocracia y desinformación, por parte de los que deberían estar buscando.

- ¿Es complicado estrenar en México películas tan, digamos, disidentes?

- México no es un país al que le guste la crítica, y la industria vive de proyectos extranjeros tipo Netflix. Luego sólo está el Estado para apoyar otros proyectos, y es difícil establecer una crítica si queremos que nos apoyen. Por eso decidimos irnos por un lado absolutamente independiente, desmarcándonos de las instituciones, y de todo. Nosotros bebemos mucho de la cultura de los cineclubs, que ha cobrado mucha fuerza en México, porque los canales de distribución son insuficientes, y porque nos gusta mucho hablar después de la proyección. A veces no conectas con una película porque no la has entendido, pero al descodificarla luego platicando la acabas viendo de otra manera.

Tráiler de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. VIMEO

- Aunque tú eres el director, la película se reivindica en los créditos como el resultado de un proceso colectivo. ¿Cómo os habéis organizado para realizar la película?

- A mí no me funciona crear en soledad. El proceso creativo tiene que ser colectivo y horizontal, por mucho que tenga que tener una estructura en cuanto a responsabilidades. Tenemos como un laboratorio de ideas, en el que nos reunimos todos los jueves para discutirlas con unas cervezas. La película también ha sido un proceso muy libre y muy circular. Gran parte del proceso consistía en platicar, en pensar todos juntos cómo lo vamos a resolver. Luego, como decía Glauber Rocha, íbamos a rodar con un idea en la cabeza y una cámara en la mano. Así que escribíamos, leíamos lo que habíamos escrito al resto del grupo, íbamos a filmar, luego veíamos lo que habíamos filmado, y regresábamos al cuarto de escritura, volvíamos a leer, a filmar, y así cuatro o cinco veces, hasta que ya tuvimos la película que queríamos. Todos hemos tenido más de una responsabilidad en la película, llegando incluso a un momento en el que nos perdemos, y ya no sabemos quién ha hecho qué cosa, y eso para nosotros era muy importante, en contraste con esa idea de que el autor tiene que ser el que lo tiene todo controlado, porque es un genio tocado por los dioses...

- Imagino que algunas de las partes, como esos momentos como de animación con papel de plata, se desarrollaron paralelamente al rodaje, ¿no es así?

- Sí, claro. Esas partes en concreto las hizo una amiga bióloga, que también es fotógrafa, y es una poeta del mundo microscópico. Se llama Inés Gutiérrez y su proyecto es Cirrina Lab, que es una cosa alucinante. Nunca te imaginas que el mundo microscópico puede ser tan grande. Ella nos ayudó mucho. Llamábamos a gente cada vez que queríamos hacer algo en concreto, y si no lo aprendíamos con tutoriales de YouTube. Yo aprendí a tocar la guitarra en internet, y luego en el conservatorio, cuando trataron de enseñarme a leer música, dije que eso no era para mí.

- Salvador de la Garza está muy bien en modo adolescente ensimismado, pero Alexandra Cueto es absolutamente deslumbrante, ¿dónde la descubristeis?

- Está chistosa esa historia, porque empecé a escribir la película hace como cinco o seis años con otra persona en mente, incluso llegamos a filmar con ella. Pero luego se mudó de casa y no contestaba. Fue un poco angustioso porque era una situación como la de película, aunque luego resultó que se le había roto el celular. Como nosotros teníamos que seguir avanzando, por cuestiones logísticas, ahí nos encontramos con Alexandra, y su irresistible naturalidad. Era perfecta para representar esa parte de la humanidad que sabe cómo curarse, refugiándose en el inconsciente y en las drogas como válvula de escape. La veo como una especie de chamana contemporánea que trabaja con sustancias que tiene a mano.

La actriz Alexandra Cueto, en un fotograma de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. COLECTIVO COLMENA
La actriz Alexandra Cueto, en un fotograma de la película 'Mostro', de José Pablo Escamilla. COLECTIVO COLMENA

- ¿Qué es ese espray que se meten y les hace tener alucinaciones? ¿Me lo recomiendas?

- ¡No, no te lo recomiendo! Es eso que se usa para limpiar el ordenador. Ahora le meten pepper spray para que la gente no lo haga. Pero cuando eres adolescente, y no quieres acceder al mercado negro que es responsable de toda la violencia que hay en el país, te vas a una papelería, y por 50 pesos tienes toda una tarde de libertad y alegría. Yo lo probé, porque todos en la escuela nos metíamos, hasta que nos tuvieron que explicar que era una sobreoxigenación del cerebro, que por eso te marea y te hace entrar en un éxtasis muy fugaz. La primera vez que sentí que estaba muerto fue con esa cosa. Es como verlo todo en ocho bits, pixelado, en baja resolución.

- No me has contado cómo diste con Alexandra.

- Ella es una chica muy creativa que hace de todo: música, tatuadora, ilustradora, gamer, instagramer, fotógrafa. La conocimos en Estudios Lucerna, donde estaba trabajando en una canción, y también coincidimos en concierto de Pussy Riot, que tocaron en el festival Ceremonia, en el que mucho de lo que es este proyecto tuvo su gran fuerza. Se me heló el alma con el speech que dio la poeta Wendy Moira, y me pregunté: ¿qué estamos haciendo nosotros?

- En la película también aparece Francisco Barreiro, al que acabamos de ver en Se escuchan aullidos. Es como un símbolo del underground mexicano de la generación anterior. ¿Contasteis con él para fomentar el diálogo intergeneracional?

- Sí, él ha trabajado con directores como Julio Hernández Cordón o Nicolás Pereda, aunque también ha estado en series como Narcos. Él sabe cómo trabajar con no actores, dónde picar para que expresen, y supo entender muy bien el proceso de la película. Fue un placer trabajar con Paquito.

- Al margen de Barreiro, sois todos muy jóvenes, tanto delante como detrás de la cámara. ¿La película puede tomarse como un manifiesto generacional?

- Totalmente, y hasta cierto punto Luca, el personaje principal, representa a toda una generación que está despertando, dándose cuenta de cómo es el lugar en el que vive, mirando la realidad a los ojos

Periodista cultural especializado en cine y literatura. Fue redactor de la revista Fotogramas durante 17 años. Ahora colabora regularmente con medios como La Vanguardia, El Mundo, Cinemanía o Sofilm, entre otros.

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