Artes

‘Mamacruz’: el despertar sexual no tiene edad

Patricia Ortega narra la historia de una mujer que descubre el deseo de placer en su vejez. “Es importante liberarse del edadismo”, dice la cineasta.

La actriz Kiti Mánver, protagonista de la película 'Mamacruz', de Patricia Ortega. FILMAX

“Mamacruz, así me dice mi nieta”, se presenta la protagonista en un momento de la película. Y con esa frase se desprende de su condición de mujer para reafirmarse en su rol de cuidadora, de abuela, de madre. Hasta que un día Cruz, que busca los orgasmos en un marido que no la encuentra, se empodera. Antes, hará falta un (des)afortunado suceso con la tecnología para que su deseo sexual, que ni la fe ni el dogma consiguen acallar, despierte.

La directora y guionista Patricia Ortega (Maracaibo, 1977) —cuya ópera prima, Yo, imposible (2018), representó a Venezuela en la carrera por el Oscar— construye en Mamacruz un coming to age de la tercera edad con la actriz española Kiti Mánver en las carnes de su gloriosa protagonista. Porque esta es una comedia luminosa y vitalista. De deseos y oportunidades a cualquier edad.

- El título de la película es ya una declaración de intenciones. ¿En qué momento nuestras madres y abuelas dejaron de ser mujeres a los ojos del mundo?

- Lamentablemente, el rol de madre lo aprendemos desde muy pequeñas. Nos enseñan a cargar una muñeca como si fuese un bebé o a darle tetero antes de que podamos verbalizar. Antes de entender un lenguaje oral, ya entendemos eso. Es como el inconsciente colectivo, como algo que está en la tradición, en la cosmovisión, eso de cuidar, de criar, del hogar, ese espacio que lo femenino supuestamente debe ocupar. Está tan enraizado en nuestra cultura, independientemente del continente en el que estés, que luego lo aplicamos en la práctica por mucho que lo deconstruyamos; por muy feministas o liberales que seamos, está en nuestras vidas. Deshacernos de ese peso, o de la culpa cuando no cumplimos ese deber ser, es bien complejo porque está en nuestra vida desde muy temprano.

'Mamacruz' explora el deseo sexual femenino en la tercera edad. FILMAX

- El germen de Mamacruz es una antigua foto que descubriste de tu madre y que te hizo cuestionarte muchas cosas. ¿Construir una película a partir de eso fue una idea inmediata o necesitaste madurarla?

- No fue una idea inmediata. Lo que surgió al instante fue hacer una historia, un cuento. Lo primero que escribí fue la crónica de cómo yo había encontrado esa foto, de las preguntas que me surgieron… Un poco después, conversando con mi mamá y con mi tía de las anécdotas y las historias, empecé a escribir sobre eso y, poco a poco, fue naciendo el personaje de Mamacruz. Ese mismo personaje empezó a pedir escena y, en la medida que lo fui desarrollando, fue cuando ya me di cuenta: “Esto es una película”. Y ahí empecé a convertirla a guion.

- “Una madre tiene que estar con su hija”, le espeta Cruz a la suya, que anda en Viena tratando de cumplir su sueño mientras ella cuida de su nieta. Pones sobre la mesa el difícil conflicto entre crianza y trabajo…

- Yo no tengo hijos, pero tengo amigas de varias edades que sí. De mi edad, 45 ó 46 años, y también de 30, las que están empezando a tener hijos, que se ven en esa compleja disyuntiva de “qué hago con mi trabajo”, “voy a tener que apartarme”, “trabajo por lo menos cinco años que son vitales en la vida profesional”… Otras que sí decidieron criar a sus hijos y, cuando quisieron volver al trabajo, se enfrentaron a una realidad donde a muchas les costó recuperar esa vida laboral y otras no pudieron. Son pocas las privilegiadas que tienen un contexto que les da contención y apoyo, y que les permite trabajar y criar. La mayoría de las mujeres no tiene ese privilegio económico o familiar y tiene que decidir. Esa lucha sigue presente, es muy dura esa combinación de crianza y trabajo, y no debería serlo.

Mi mamá fue madre soltera trabajadora y mi abuela era la que bregaba con nosotros mientras ella trabajaba. Lo viví desde pequeña, y ahora, siendo mujer, lo vivo a través de mis amigas. Yo, precisamente, una de las razones por las que decidí no tener hijos era porque no podía. Tenía que decidir entre hacer cine, que es una experiencia tan loca, llena de incertidumbres e inestable, o tener hijos. Y decidí por mi carrera, porque no tenía la plataforma económica para poder tener hijos. Es una decisión vital en la vida de muchas mujeres.

Tráiler de la película 'Mamacruz', de Patricia Fernández. YOUTUBE

- La faja que lleva la protagonista oprime y se convierte en la mejor de las metáforas…

- Es una metáfora no solamente de toda la culpa y todo a lo que renunciamos, desde el punto de vista interno y subjetivo, sino también de todo ese control estético, dogmático, que se da sobre nuestros cuerpos. Si hay una cosa castrada, malograda, mutilada es nuestra barriga. Ese mismo vientre que puede albergar la vida es el mismo vientre al que nosotras prácticamente matamos o tratamos de convertir en algo plano, sin forma. Y ese aplastar no es solamente asfixiar tu identidad, sino también demoldear toda una vida a ese deber ser físico, de roles sociales, de moral y, sobre todo, de la sexualidad.

- Resulta paradigmático que un medio como internet sea el que detona las fantasías sexuales de una mujer de 70 años…

- En eso también me inspiraron mi mamá y mi tía, porque, una vez que yo me fui del país y que mi hermano también se tuvo que ir para poder ganar dinero, ese teléfono móvil y esa tableta se convirtieron en el nexo de nuestras vidas. Prácticamente, nuestra comunicación y nuestra relación fue a través de esa pantalla. Y mi mamá se convirtió en una experta. Tiene párkinson, ya no puede moverse muy bien físicamente, pero es un lince con internet. Se mantiene súper activa investigando y creo que esa ventana, en el caso de las personas mayores o de las que tienen algún impedimento para relacionarse, para moverse, es una vía para mantenerse activos y y seguir explorando. Por eso está esa pantalla en la película, además de que vivimos en un mundo multipantalla y eso también quería incorporarlo.

- Cruz expía sus “pecados” con velas, mientras se empodera por dentro y por fuera: un sensual camisón, un cambio de look, un pintalabios… ¿Qué motor alimenta este despertar, este tomar las riendas de su vida?

- Lo primero que hace ella en la película es tratar de hacer lo convencional. Estoy sintiendo como un deseo, como una cosa, como un calor, como unas palpitaciones. Voy a hacer lo clásico: voy a seducir a mi marido. Como que, en el otro, es que yo voy a conseguir mi placer. No funciona. Y ahí, cuando no le funciona la estrategia convencional, entonces es cuando despierta realmente lo verdadero, que es el juego, la picardía, el buscar más allá, el no quedarse quieta y empezar a entender que está en ella misma esa posibilidad de explorar su cuerpo y encontrar ese placer de otra forma. Lo interesante es cuando ella entiende que no lo necesita a él, que, más allá de eso que llaman matrimonio o pareja, ella tiene una posibilidad de sentir, de jugar, de reír, de experimentar cosas, entendiendo la sexualidad como un espectro. La curiosidad y las ganas de jugar y de ser pícara son como una travesura. Y el instinto básico de la travesura es lo que la impulsa. Pero es una travesura para ella, para su propio placer.

La protagonista de 'Mamacruz', con una figura de Cristo. FILMAX

- ¿Que la protagonista sea tan creyente era necesario para apretar el conflicto entre Iglesia y tentación? Hasta te atreves con una fantasía con una imagen de Cristo…

- Sí, y no solamente para apretar el conflicto, sino también para entender que es imposible que la religión esté separada del deseo. El Cantar de los cantares que usamos en la película es un texto bíblico y de pasión supuestamente a Cristo, pero no sabemos a quién le escribieron eso. Por otro lado, cuando yo llegué a Andalucía y vi esas figuras de Cristo, todas musculosas, unos Cristos buenorros, me dije: “Esto confirma mi teoría de que aquí hay imagineros que suspiran en sus amantes o en alguien guapo que vieron por ahí, que dejan un Cristo resucitado que parece que viniera de la playa, como de gimnasio. Aquí hay fantasía, la del imaginero o la de Santa Teresa cuando hacía esos textos tan llenos de pasión”. Entonces, como la pasión es algo natural en el ser humano, no puede estar desligada de su creencia.

Me parecía bien interesante trabajar el erotismo dentro de la ficción, porque allí está vivo. Sobre todo, me parece muy importante el momento en que ella se atreve a vivir su sexualidad. Eso no quiere decir que deje sus creencias a un lado; al contrario, las transforma, las adapta. Por eso también la figura de la Virgen es muy importante, porque es como su alter ego. Cómo ella va cambiando a la Virgen, cómo la quiere vestir de otra forma, sobre todo, a esa Dolorosa que tiene esas lágrimas en la cara. A mí me asombraron mucho estas vírgenes con las lágrimas en el rostro, esa cosa de sufrimiento, la mártir femenina.

- ¿La exposición sensual y sexual del personaje de Cruz te dificultó la búsqueda de una actriz madura que quisiera interpretarlo?

- Al principio, cuando la película era venezolana, le propuse el personaje a una actriz que, de hecho, es menor que Kiti, que se llama Eva Escobar, y me dijo: “Ay, yo estoy muy vieja para ese papel, yo no follo ni nada”. Como que ella no se veía en esa sensualidad. Yo le decía: “¿Pero cómo no te vas a ver, si eres hermosa?”. Dudaba un poco. Cuando, después, la película ya no fue venezolana [produce la española Filmax] y llegué a España, sí que fue rápido, porque, cuando le describí el perfil de la mujer que estaba buscando a Olmo [Figueredo, el productor], me dijo que no tenía duda de que esa mujer era Kiti. Ella pidió una conversación conmigo. Le preocupaba mucho el tono, porque es su cuerpo, le daba miedo que se hiciera una caricatura de ese personaje. Le dije que la entendía, porque lo más fácil era abordarlo desde ahí. Una vez que hablamos y nos dimos cuenta que teníamos la misma visión del mundo, el mismo punto de vista al hablar de lo femenino desde otra instancia, desde el cuerpo, el desnudo, la sexualidad, desde lo subjetivo, dijo que sí.

Kiti Mánver y Patricia Fernández, durante el rodaje de 'Mamacruz'. FILMAX

- “Que yo sigo siendo una mujer y, aunque seamos viejos, sigo sintiendo cosas”, se sincera Cruz con su marido. ¿Es tu película un canto contra el edadismo?

- Sí, totalmente. Un edadismo que ya estoy sufriendo yo también. En la medida en que una ya pasó los 45, ¿qué eres?, ¿un bicho raro?, ¿porque no me comporto o no soy o no vivo o me niego a tener encima todas esas cosas impuestas? Y creo que, en la tercera edad, es donde ese dogma está más arraigado. De hecho, tienes que ser abuela o abuelo si tienes esa edad, nadie piensa que no lo seas, y pareciera que lo erótico, lo sensual e incluso la vida fuesen solo de la juventud. Cuando hablo de la vida, hablo de la posibilidad de explorar cosas nuevas, de tener nuevas experiencias. Además de los impedimentos físicos o de salud, también hay un estigma social muy duro. Es importante liberarse de esos edadismos que realmente vivimos todos. Además de los mandatos femeninos, de cómo debes ser a los 30, a los 40, a los 50, a los 60… eso también lo tenemos incorporado desde muy pequeños, y es como que uno se va muriendo antes de tiempo, te van matando; pero mientras tú respires hay vida. Y Mamacruz es eso. Existe la posibilidad de experimentar a cualquier edad y, sobre todo, en la tercera edad, que ya hay un camino recorrido y es cuando más pudieras enfocarte en vivir la vida como tú quieres.

- ¿Con un enfoque optimista y vitalista, como el tuyo, se interpela más al espectador que con un tono más dramático?

- Creo que sí. Sinceramente, estoy tan cansada de esta revictimización de las mujeres, de que metamos tanto el dedo en la llaga, en el dolor, en el sufrir, en el llanto, en esta cosa del cuerpo castrado, frustrado… Claro que hay que hablar de los conflictos, claro que hay que confrontarlos y visualizarlos, pero también hay que buscar el tono y las formas que nos permitan abordar estos conflictos que son tan complejos. Además, son durísimos de deconstruir, pero también hay que abrir una ventana a que sí hay una posibilidad de construir esa realidad, de transformarla en otra. Es importantísimo.

En las películas, los cuerpos de la tercera edad, femeninos, en algo erótico, no existen. Y cuando existen, están envueltos en un drama y en una oscuridad que es que pareciera que no fuese posible la belleza o la luz en ese cuerpo de 70, 80… Es como algo raro o extraordinario, cuando no debería ser así. Yo quería traer la sexualidad a lo cotidiano, a la luz del día… Por eso, al final, era tan importante que amaneciera y que hubiese esa luz cálida, que ella no estuviera en una habitación escondida, debajo de una sábana, sino erguida en el lugar donde pasa su vida, que es el salón de su casa, donde está la vida realmente, porque ¿hasta cuándo la sexualidad o nuestra intimidad va a estar escondida debajo de una sábana? Para mí eso era muy importante, porque ese punto de vista abona a que veamos una posibilidad de cambio. Es como las lágrimas de La Dolorosa, que hay que quitárselas de la cara. Estoy cansada de ver cuerpos violados, maltratados. Sí, hay violencia de género pura y dura, pero también hay mujeres que la sobreviven y que cambian la vida.

- ¿Mamacruz es también un homenaje a tu madre y a todas las madres del mundo?

- ¡Por supuesto! Tengo confianza en que las nuevas generaciones de madres no tengan que vivir lo que vivieron nuestras madres: el negarse para poder criar, el negarse para poder sobrevivir, cuando hablamos de la clase trabajadora. Mi mamá era una mujer de clase media-baja que se negó y que no vivió para vivir para el otro, por eso le rindo homenaje, porque realmente, ahora que nosotros estamos grandes, ella está pudiendo vivir. Y yo le digo que ojalá no hubiese sido así, ojalá nadie tuviese que hacer eso. Pero es importante que ella, ahora, quiera seguir viviendo y que se atreva, a pesar de todas las enfermedades que tiene encima. Que vea la posibilidad de ser traviesa, de ser juguetona… A esa energía de construir la vida a pesar de todos los obstáculos y todas las limitaciones es a lo que le rindo tributo. No al dolor, sino a la picardía y a la vitalidad. Ser feliz es la mejor manera de vengarse de todo. La sonrisa y, sobre todo, el placer.

Periodista cultural. Colaboradora de medios como Cinemanía, La Vanguardia, Viajes National Geographic y El Confidencial