Artes

La belleza agitadora de la ‘Amazônia’ de Sebastião Salgado

El fotógrafo brasileño muestra las maravillas de la selva tropical más grande del planeta. “Es la realidad de un concepto místico, el paraíso”, dice.

Detalle de la fotografía de una mujer indígena yawanawá, estado de Acre, Brasil, 2016. © SEBASTIÃO SALGADO

En la selva tropical más grande del mundo hay bosques, “ríos voladores”, nubes, montañas, lluvias torrenciales, un archipiélago cambiante y muchas tribus. Pura belleza, sin artificios, de la que Sebastião Salgado (Aimorés, Brasil, 1944) quiere hacernos guardianes. Para convencernos, el fotógrafo ha decidido mostrarnos la parte más bonita de este “pulmón del mundo”, ese que él mismo capturó en imágenes durante 58 expediciones a lo largo de siete años. Una travesía, también humana, que le llevó a explorar los rincones más remotos de la Amazonia brasileña. La exuberancia de un paisaje —y de sus habitantes— que tiene el poder de dar oxígeno a un planeta entero.

Cree el prestigioso fotógrafo (Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998) que, descubriendo lo bello de un territorio amenazado por la acción del hombre, conseguirá que quien observe sus fotografías despierte del letargo de no hacer nada por salvarlo.

“Nuestro objetivo no es denunciar el horror de la devastación sino mostrar la incomparable belleza de esta región y subrayar la importancia de preservar tanto el bosque como a sus habitantes”, dice Salgado en la presentación de la exposición Amazônia, que desde este 13 de septiembre y hasta el próximo 14 de enero se podrá visitar en el centro cultural Fernán Gómez de Madrid.

La muestra, comisariada y diseñada por Lélia Wanick Salgado, mujer y pareja creativa del fotógrafo, llega a la capital española tras haber recalado en ciudades como París, Roma, Londres, Los Ángeles, São Paulo y Zúrich, con alrededor de 1,5 millones de visitantes.

Río Jutaí. Estado de Amazonas, Brasil, 2017. © SEBASTIÃO SALGADO

Desde lo hermoso

Cada año, decenas de miles de explotaciones agrícolas amplían su superficie en la Amazonia, devorando el bosque y destruyendo poco a poco los territorios indígenas vecinos. Para salvar la vida y la naturaleza del exterminio y la destrucción solo queda un camino: participar en su protección. Este es el impulso que el fotógrafo brasileño quiere generar en todo el que visite Amazônia: un “viaje” al corazón de la selva en formato artístico que te adentra en lo vasto de la naturaleza, en la belleza de sus parajes, en lo excepcional de sus tribus.

“Es un trabajo de mucha emoción porque es un ecosistema amenazado. Hemos perdido hasta ahora en torno al 18%, pero queda aún el 82% de la Amazonia prístina y pura que estamos presentando en esta exposición. He visto la destrucción de la Amazonia, también la he fotografiado en otras ocasiones”, matiza Salgado.

Desde el cielo, el agua o a pie, la cámara capta la exuberancia del entorno. Por eso, en las más de 200 fotografías de gran formato y siete películas que componen la muestra, están la inmensidad de la selva amazónica desde el aire; fenómenos naturales extraordinarios como los “ríos voladores”, que surgen de la succión del agua por parte de los 400.000 millones de árboles de la región, que después liberan en forma de vapor a la atmósfera a través de los poros de su follaje; o las Anavilhanas, el archipiélago de agua dulce más grande del mundo.

Chamán yanomami realiza un ritual antes del ascenso al Pico da Neblina. Estado de Amazonas, Brasil, 2014. © SEBASTIÃO SALGADO
Las Anavilhanas, islas boscosas del río Negro. Estado de Amazonas, Brasil, 2009. © SEBASTIÃO SALGADO
Mujeres jóvenes suruwahá. Estado de Amazonas, Brasil, 2017. © SEBASTIÃO SALGADO
Archipiélago fluvial de Mariuá, Río Negro. Estado de Amazonas, Brasil, 2019. © SEBASTIÃO SALGADO

En Amazônia aparecen también las impresionantes tormentas tropicales y los cielos de imponentes formaciones de nubes; la cadena montañosa de Imeri, una de las más importantes de Brasil, con cimas únicas como el Pico da Neblina o el Pico Guimarães Rosa, y laderas cubiertas por la selva tropical; o el bosque con sus imponentes árboles de ramajes abundantes.

“Son nueve los países amazónicos, pero Brasil posee el 65% de la selva”, recuerda Salgado, quien llama a la unidad para proteger este hábitat. “Depende de todos porque la destrucción ha sido hecha por la sociedad de consumo. Nunca nos preguntamos de dónde viene la madera, o qué supone la producción de carne o soja”, añade.

El fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, en Madrid, el 7 de septiembre. EFE/SERGIO PÉREZ

Retazos de vidas

Además de las mil y una maravillas de la naturaleza, Salgado retrata con su cámara a algunos de los más de 310.000 indígenas que pueblan la Amazonia. En concreto, a 12 comunidades arraigadas en lugares recónditos de la selva tropical. “Esas tribus somos nosotros. Son la prehistoria de la especie humana. Amamos de la misma forma, tenemos el mismo sentido de la solidaridad, lo que es esencial para nosotros es esencial para ellos. Es un placer muy grande vivir entre estas tribus”, dice el fotógrafo.

Salgado nos sumerge en el día a día de comunidades como las de la tierra indígena del Xingú, en el actual estado de Mato Grosso, donde viven cerca de 6.000 indígenas de 16 grupos étnicos pertenecientes a cinco familias lingüísticas distintas. O en el de los awá-guajás, un pueblo indígena de bajo contacto, casi aislado, que vive en Maranhão, un estado que en las últimas décadas sufrió una intensa explotación maderera ilegal. En la actualidad, el grupo no pasa de 450 miembros. La ONG británica Survival International los considera la “tribu más amenazada de la Tierra”.

De los integrantes de estas y otras comunidades (los suruwahá, ashaninka, korubo, macuxi o yanonami), el fotógrafo ofrece potentes retratos que dan muestra de su vida y costumbres, además de vídeos con sus testimonios. En la exposición, cada tribu posee su propia “oca”, fruto de un ejercicio de recreación en el espacio de la vivienda indígena que lleva ese nombre.

Indígenas marubo, valle del Yavarí. Estado de Amazonas, Brasil, 1998. © SEBASTIÃO SALGADO
Mujer joven asháninka. Estado de Acre, Brasil, 2016. © SEBASTIÃO SALGADO
Familia korubo. Estado de Amazonas, Brasil, 2017. © SEBASTIÃO SALGADO
Familia asháninka. Estado de Acre, Brasil, 2016. © SEBASTIÃO SALGADO

Es fácil dejarse llevar por esta exposición multisensorial que consigue crear una experiencia íntima. Primero, por la penumbra que oscurece la sala y que permite que las fotografías de gran formato concentren toda la iluminación. Segundo, por una banda sonora única en la que la música del compositor francés Jean-Michel Jarre convive con el susurro de los árboles, el canto de los pájaros o el murmullo del agua, sonidos reales de la selva amazónica registrados por el Museo de Etnografía de Ginebra.

“La Amazonia es la realidad de un concepto místico, el paraíso”, describe Salgado. Su exposición también lo es. Amazônia constituye una oportunidad única para viajar, a través del arte, a este rincón fundamental del planeta y conocer su entorno, dejarse envolver por sus sonidos y poner rostro a las comunidades indígenas que lo habitan.

Periodista cultural. Colaboradora de medios como Cinemanía, La Vanguardia, Viajes National Geographic y El Confidencial