Aina Clotet se ha llevado el premio a la “estrella emergente” en la Semana de la Crítica de Cannes, y de manos, esto hay que recalcarlo, de un jurado que presidía la excelsa cineasta india Payal Kapadia, directora de una obra maestra como La luz que imaginamos. Y no es para menos. En Viva, su primera película como directora, después del corto Tiger y de la serie Esto no es Suecia, realmente lo da todo, se entrega totalmente a la performance de encarnar a una mujer, Nora, que acaba de superar un cáncer y de someterse a la mastectomía de uno de sus pechos, para precipitarse en una huida hacia adelante, una carrera contra el miedo que activa sus deseos. En ese momento vital donde se junta el miedo a la recaída y la reapropiación del cuerpo mutilado, Nora se alejará de su pareja, y se lanzará a una loca pasión con Max, un bailarín bastante más joven que ella.
Después de una larga carrera como actriz, que arranca en la más tierna infancia con su participación en 126 episodios de la popular serie de TV3 —la televisión catalana— Estació d'Enllaç, emitida entre 1994 y 1999, Clotet se ha consagrado como directora de una dramedia valiente y rompedora, en la que se dedica a romper tabúes y desactivar el drama desde la risa. Coescrita mano a mano con su cómplice habitual, Valentina Viso —también coguionista de Mar Coll o Nelly Reguera—, Viva es un triunfo, que ya es internacional, y que, contrariamente a lo que suele suceder con las películas de Cannes, no tardará en llegar a las salas españolas: se estrena el 19 de junio.
Viva es una película que se ríe del cáncer, y no con el cáncer. ¿Ese fue el punto de partida?
En realidad lo que queríamos era hablar del miedo a la muerte, y de su impacto en los vínculos románticos. Así, con Valentina, acabamos llegando a esa mujer, Nora, mi personaje en la película, que ha superado la enfermedad y está a punto de volver al ruedo. Nora vive un proceso de duelo que pasa por la reapropiación del cuerpo. Queríamos contarlo de manera luminosa y vitalista, con un pulso como de comedia romántica. Nora trata de superar su miedo más profundo, el miedo a la muerte, abrazando una especie de carpe diem. El humor era básico porque es nuestra manera de ver la vida. Pero siempre desde el máximo respeto al cáncer.
¿Qué impresión te dio verte sin pecho para la película?
La primera vez que me vi, aluciné. Luego llamaron mucho de internacional, y no sabían cómo dirigirse a mí, porque pensaban que era una mastectomía real, lo que demuestra que la película llega con mucha verdad. Fue durísimo, porque me pasé todo el rodaje con una prótesis que me chafaba el pecho, que llevaba vendado. Era una manera de jugar con los miedos que tenemos todas las mujeres, incluidas Valentina y yo. La película habla de nuestra manera de colocarnos en el mundo, de nuestra búsqueda de vida, luz, pasión, deseo, para contrarrestar los miedos. Dialogo con todo lo que le pasa al personaje.
La escena de la mamografía es muy real.
La primera vez que me hice una, flipé por cómo te chafan el pecho como si fuera un bistec desde no sé cuántos sitios. Cuando emprendí el proceso de escritura, me dije: esto tiene que salir porque no lo he visto nunca. Había que mostrarlo, porque también estaba la reivindicación de que las mujeres pasamos por lugares muy fuertes, como esto o el parto, que es algo muy gore, o el embarazo, que ya es muy salvaje. Lo que más me gustaría es que llegara a las mujeres desde la fuerza y la luz que he querido transmitir, aunque entiendo que algunas cosas pueden chocar o incomodar.
Al no estar basado en una experiencia autobiográfica, ¿investigasteis mucho?
Claro, me entrevisté muchísimo con mujeres que habían pasado por esto. No era nuestro caso, pero teníamos gente cercana que sí. Vimos que era muy común sentir que, cuando una enfermedad te sacude, te cuestionas la pirámide de tu vida, tus estructuras. Queríamos hacer una película sobre alguien que se cuestiona sus estructuras vitales y que, al mismo tiempo, fuese un homenaje a las que han pasado por ahí, un canto de luz y de abrazar un cuerpo no normativo del que Nora se acaba reapropiando.
Creo que el tema del cáncer está abordado con mucha sensibilidad. Por ejemplo, cuando alguien dice que el pelo corto le queda muy bien, con la mejor intención. Eso siempre duele, ¿no?
Claro, yo misma me tuve que rapar el pelo y le pedí a una amiga cercana que había pasado por ahí que me mandara fotos de su proceso. No me corté el pelo de la manera más cool. Yo misma sentí que, por mucho que la gente te quiera animar, una está en duelo. Una cosa es que me lo corte porque me apetece, y otra que se te haya caído y esté volviendo a crecer en el momento de atreverte a mostrarte de nuevo a la gente.
La primera escena de sexo con Max, donde le enseña que le falta un pecho, ¿es como una prueba de fuego?
Sí, desde la dirección y la interpretación la traté como una pérdida de virginidad del personaje, la segunda de toda su vida. Con Tom, su pareja, Nora se siente enterrada en vida, porque lo asocia a su vida anterior. El miedo la aboca al deseo, y Max pertenece a una generación que siento más libre y menos prejuiciosa. Ojalá vayamos hacia ahí...
¿La aventura con Max es como un reseteado para Nora?
Sí, en ese momento vital estaba a punto de asentarse con Tom, posiblemente le tocaba tener hijos. Pero Nora no se siente preparada, se ahoga y necesita romper con todo eso. Su cuerpo necesita algo nuevo. En todo momento, hay dos fuerzas contrapuestas que son su cuerpo y su cabeza. Nora tiene que encontrarse a sí misma, porque se ha transformado en otra. Los vínculos de antes ya no le sirven. Quizás haya una parte positiva en lo que le ha ocurrido, porque la ha ayudado a liberarse de ciertas cosas que también han sido heredadas. Al mismo tiempo, necesita estar sola, pero tampoco sabe estar sola. Nunca ha estado sola. Por eso tiene apego ansioso, primero de Tom y luego de Max. Sus modelos son unos padres que están juntos, aunque nunca los ves juntos. Queríamos contar un viaje de búsqueda de la propia fortaleza interna. Alguien que aprende a quererse bien, para así luego poder querer.

¿De dónde viene esa utópica cabaña en la que Nora vive con Tom?
Quisimos crear un marco mini distópico en el que subir el volumen a la sequía, donde la salud mental estuviera todavía más presente, y con una precariedad que obliga a un mujer con una niña a vivir en un piso compartido. En este contexto, la casa que se han construido con Tom representa la culminación de esa estructura previa.
La relación con Max me recordó a la de Léa Drucker con un adolescente en El último verano, de Catherine Breillat, que es una película magnífica, ¿la viste?
No la he visto. También está la Tilda Swinton en Yo soy el amor, de Guadagnino. Pero Max no es un adolescente. Parece muy joven, pero ya tiene veinte y pico. Se llevan quince años. Si fuera al revés, ni se comentaría. Aunque para Nora, una mujer más bien clásica y estructurada, que un chico joven le haga caso es algo que nunca se habría permitido a sí misma. Pero en ese momento de su vida sí se lo permite. Incluso cree que son novios. Es un poco ilusa y errática.
Es muy Woody Allen, tanto en la manera de moverse como en su cháchara neurótica, ¿no crees?
Me gusta la comparación. Es verdad que he tenido referentes de grandes cineastas, aunque también a Mr. Bean.
Hay mucho slapstick. La escena del accidente, por ejemplo.
Es un accidente patético, por eso es divertido. También es simbólico, porque Nora tiene muchísimo miedo a morir, y de repente ve que se puede morir de la manera más absurda y ridícula. La fragilidad de la vida era como otro faro que tenía que estar siempre presente.
¿Querías que hubiera un abanico de los más distintos palos de humor? Aparecen desde Lloll Bertran, una clásica de TV3, a Xavi Daura, de los Venga Monjas.
Teníamos claro que el casting tenía que aportar inherentemente humor: Lloll Bertran lo lleva dentro: su mirada ya establece una distancia. Cuando se me sentó delante en el casting, después de ver actrices maravillosas, fue como tener a Rowan Atkinson. Sentí que era imposible que su personaje no fuese amado, aunque es una mujer dura y exigente, que te ayuda también a entender quién es Nora y por qué es como es. Xavi Daura también hace gracia instantáneamente. Luego está Wiz Problema, el amigo de Max, que es un cómico súper conocido que llena teatros y nunca había actuado. Buscaba una energía muy concreta, inspirada en un amigo mío que, por desgracia, tuvo un accidente y falleció. Le puse su nombre al personaje como homenaje. Willy Toledo también es un actor que se ha movido mucho en este terreno…
¿Y el humor lo aplicas en tu vida?
Me río bastante. Es mi manera de sobrevivir y de desactivar los dramas. También me parece que la vida es una mezcla de tonos todo el rato. Tienes un día malo y luego viene un día bueno. El ser humano es un cuadro en sí mismo. Todos intentamos entender un mundo que es bien curioso y extraño.
Volviendo al sexo, la escena de la masturbación es muy buena, porque muestra, en clave de humor, lo imperioso de un deseo casi adolescente, ¿era la intención?
Hay un despertar súper fuerte. Pero creo que puede ocurrir a cualquier edad. En el deseo hay como ciclos. Ella viene de muchos años de estar muy tranquila, y de repente se siente sacudida por algo tan terrible que la confronta a la finitud. Ahí aparece el deseo, aunque su cabeza lucha contra ello. Nos parecía interesante hablar del deseo de la mujer.

¿Has querido romper estereotipos en lo que respecta al deseo femenino?
Al menos quería salir de zonas de confort. Quería arriesgar, y eso que me ha costado mucho levantar mis proyectos de dirección, tanto esta película como Esto no es Suecia. Han sido muchísimos años. Desde el principio, supimos que, en el viaje de liberación de Nora, el deseo y la temperatura sexual iban a estar siempre súper presentes. Sentíamos que para contar bien su miedo más profundo había que contar con mucha fuerza su deseo.
El deseo es la vida.
Exacto. Con Valentina, cuando escribíamos las escenas de sexo, salvo la primera, que es más delicada, queríamos que fuese ella quien las liderara, y que fuesen cada vez más salvajes, más animales.
Están muy bien rodadas, son muy creíbles, ¿alguna fuente de inspiración?
Sí, me miré bastantes cosas, y además tuvimos la suerte de disponer de coordinación de intimidad, cosa que es muy importante, porque te ayuda a llegar más lejos. Te ayuda a sentirte más seguro, y entonces arriesgas más. En mi caso, como actriz y directora, sentía que era súper importante que todo el mundo se sintiera seguro. Yo nunca había tenido un coordinador de intimidad hasta hace relativamente poco.
¿Quieres decir en tus trabajos como actriz?
Sí. A lo largo de mi carrera, he acumulado muchos referentes. Pero, claro, el cine, durante casi siempre, ha sido contado con una sola mirada que nosotras mismas hemos heredado. Entre otras cosas, me inspiró mucho un documental, Manipulación: Sexo, cámara, poder, que vi en Filmin, que examina la mirada masculina sobre el sexo y sobre el cuerpo de la mujer. Lo vi durante la preproducción, empezando a planificar, y me hizo cambiar ciertas cosas porque me di cuenta de que yo también cargaba con la misma herencia visual. Nosotras también tenemos que reescribirnos. Eso me llevó a repensar muchas cosas, desde cómo están colocados los cuerpos en la penetración, quién está encima, quién está arriba, y hacer un trabajo realmente del personaje, de cómo va reapropiándose de ese poder y cómo se va empoderando.
Luego, en tu vida privada, ¿también te analizabas en ese sentido?
No, la verdad es que separo mucho mi vida privada de la profesional. Para eso estaban también las coordinadoras de intimidad que sí que analizaban y aportaban muchas cosas. A ellas les cuentas lo que quieres conseguir y qué es lo que quieres transmitir, porque tiene que estar realmente todo muy hablado, no solo entre los actores, sino en todos los departamentos. Con el director de foto, que es como mi mano derecha, hablamos un montón de esas escenas y de cómo hacerlas. Para mí eran súper importantes. Quería ser muy elegante. La escena del hotel era muy compleja porque hace como funambulismo entre el humor y el drama...
Es el clímax de la peli. Mejor no revelar nada más.
Sí. Nora se da cuenta de que no puede más. Es su cuerpo el que le habla. O sea, su cabeza ya no la puede forzar más. Es como que su cuerpo le dice: sal de aquí.

¿Al dirigirte a ti misma, crees que has podido llegar más lejos como actriz? No me refiero sólo a la desnudez.
No sé si será tanto por esto como de la necesidad profunda que tenía de contar este personaje. Al final lo que manda es lo que necesita este personaje para ser contado. No me considero alguien muy exhibicionista. Pero sentía que la peli sí o sí necesitaba esa exposición, aunque solo la llevo a cabo en los momentos en que es indispensable, cuando siento que eso también está contando algo.
¿Y cómo te diriges a ti misma?
La verdad es que me desdoblo. Sobre todo en montaje me doy cuenta de que hablo en tercera persona de la actriz. Siento que hay una parte de mí que le da toda la libertad a la otra parte, una confianza. Aunque no lo hago sola, sino que me rodeo de gente con la que siento que puedo tirarme a la piscina. Me considero bastante trabajadora, y tuve clarísimo que si me ponía a actuar y a dirigir al mismo tiempo tenía que doblar la preparación. Así que ensayé mucho, desde muchos meses antes del rodaje. Busqué una figura que venía del teatro como Juan Miranda, al que le propuse que estuviera a mi lado desde el primer día, para que me escuchara sobre lo quería en cuanto al tono, a lo que quería de los personajes, de los actores. Probamos muchas cosas juntos. Ensayamos en la productora y en las localizaciones. Hay que haber probado muchas cosas para poder arriesgar.
¿Además de Juan Miranda quién más formaba parte de ese núcleo duro de confianza?
Nilo Zimmermann, el director de fotografía, que detrás de la cámara tiene muy buena mirada interpretativa, y dos scripts maravillosas. Me rodeo de gente con criterio porque tampoco puedo visionar todas las tomas. No hay tiempo, y todavía menos aquí porque también soy la actriz principal. Sólo visiono las que siento que son buenas, o cuando hay un error técnico que hay que solucionar. Desde dentro ya noto si la escena ha funcionado o no. Hay escenas muy importantes que no puedo dar por buena, a menos que haya una toma que me haya gustado.
Como actriz, ¿qué te queda por hacer?
Trabajar con directoras que me lleven al límite. Me gustaría mucho trabajar fuera. No porque aquí no tengamos talento increíble, sino porque me gusta mucho el intercambio cultural. Me hace mucha ilusión que la peli se estrene en Francia el 14 de octubre.
¿Cuáles dirías que han sido los otros grandes retos de tu carrera?
Elisa K, que hice con 27 años, o Saraband, de Bergman, en el teatro, un monólogo muy complicado. Fueron grandes retos, pero eso es lo que más me gusta: colocarme en lugares en los que no sé qué hacer de entrada. Aunque tanto Nora como Mariana de Esto no es Suecia son los personajes que más he gozado de mi carrera, porque también los he creado.
Supongo que tienen algo de ti también, ¿no?
Tienen algo de mi energía. Pero los dos son muy diferentes entre sí y muy diferentes a mí en muchas cosas. La verdad es que me gusta mucho jugar.

Viva tiene trazas autobiográficas: el padre de Nora también es médico como el Dr. Bonaventura Clotet Sala.
Sí, aunque eso viene más de mis ganas frustradas de haber querido dedicarme a la ciencia. Por eso me inventé que mi personaje era bióloga. Vengo de cinco generaciones de médicos, una familia súper científica. Pero mis padres no tienen nada que ver con los de la película, aunque supongo que hay un guiño ahí. Lo más real es el estudio científico que se está llevando a cabo en Can Ruti sobre el estudio del envejecimiento celular, para alargar la vida de las células. Oí hablar de ello cuando justamente estaba escribiendo sobre una mujer que quería vivir mucho, pero que, al mismo tiempo, tenía mucho miedo. Y nos pareció adecuado incluirlo en nuestro marco mini-distópico.
La paradoja de alargar la vida en un mundo que cada vez parece más inhóspito.
Sí, por eso también no quisimos introducir el tema de la salud mental. Nora no está bien y tiene una madre psiquiatra que se dedica a medicar a todo quisqui, monjas incluidas. Y que quiere medicarla todo el rato contra la ansiedad.
Hoy en día, casi todo el mundo está medicado. Es muy fuerte.
Claro, por eso queríamos explicarlo desde el humor, sin ninguna mirada prejuiciosa. Aunque sin dejar de preguntarnos: ¿Hacia dónde vamos? Parece que cada vez podemos vivir más, pero ¿cómo queremos vivir? Cada vez corremos más, tenemos más prisa. Por eso quería que la película tuviera un pulso enérgico. Nora siempre está corriendo. No sabe parar.
En nuestra sociedad, estamos todos en una carrera sin sentido.
Totalmente.
¿Tienes hijos o hijas?
Una niña y un niño. Ella tiene diez, y él siete.
¿Han visto la peli?
–¡No la verán hasta que tengan 18 años!
¿En serio?
No la pueden ver. Es una peli para adultos.
¿Y otras pelis?
Sí, me gusta que vean buen cine. Han visto sin problema las pelis de Carla Simón y las han disfrutado muchísimo. Mi hija con Verano 93 lloró mucho. Disfrutó mucho con Sorda. Tiene mucho corazón. El otro día le puse La boda de mi mejor amiga, de Kristen Wiig, gran referente. Y de repente me dijo: no sabía que hacer el amor era así de fuerte. Pero Viva es distinta. Además soy su madre y no quiero que me vea así.

Es curioso porque empezaste muy joven a actuar.
Tenía once años cuando empecé a trabajar como actriz en una serie catalana. Fue por casualidad. Con mi hermano Marc, acompañamos a mi padre a la televisión porque lo entrevistaban a raíz de los primeros casos del sida. TV3 estaba empezando con series de producción propia, y nos hicieron un casting. Estuve en una serie que fue un súper éxito, con un millón de espectadores cada semana. Era muy loco todo, aunque me apoyaron amigas, la familia y los actores de la propia serie, que eran todos increíbles y me enseñaron cosas como muy esenciales sobre la interpretación, que empecé a ver como un oficio muy bonito. Descubrí que me gustaba mucho entender las emociones de otras personas, ver el mundo desde puntos de vista muy distintos. Con la interpretación, te estás cambiando las gafas de ver el mundo todo el rato. Después de estudiar ciencias puras, hice Comunicación audiovisual en la UPF, porque ya pensaba dedicarme a la actuación. Ahí descubrí que me gustaba escribir, aunque luego he tardado mucho en dirigir. Pero la interpretación es un sitio en el que no quiero que mis hijos hagan nada, porque la infancia es un lugar muy delicado. Yo tuve muchos factores a favor…
Pero ellos también los tendrían...
Sí, pero no los controlas todos. Están las plataformas y las redes sociales. Yo estoy muy agradecida porque descubrí mi vocación, pero hay muchas cosas que dejas de hacer. Te vuelves una persona muy responsable. A los doce años, ya controlaba mi agenda, hacía los exámenes a destiempo, no iba al cole. Maduras muy rápido. Por eso a veces digo que mi adolescencia nunca ha terminado, porque no me la permití mucho.
¿No quieres que tus hijos pasen por eso?
Si lo quieren hacer, ya les acompañaré. Aunque tiene que venir de una pasión, porque es una profesión muy dura. Cuando hice Esto no es Suecia, tuve mucho cuidado en cómo estaban los niños en el set, el tipo de secuencias que escribía para ellos, las emociones con las que jugábamos. Todo tenía que ser un lugar seguro. Le tengo respeto, aunque no tuve ninguna mala experiencia. En la vida, ya tendrán tiempo para hacer lo que quieran.
