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Mayte López: “El mundo odia a las mujeres”

La narradora mexicana expone en ‘Sensación térmica’ la universalidad de la violencia de género.

Barcelona
La escritora mexicana Mayte López, autora de 'Sensación térmica'. ROMINA HENDLIN

La narradora Mayte López (Ciudad de México, 1983) quería dedicarse a la escritura desde muy pequeña. Le costaba hablar en público en clase, era muy tímida y fue con las letras que logró encontrar un asidero donde volcarse. Así, a los nueve años ya escribió su primer libro. “La escritura me permite explayarme y me permite ser yo completamente sin sentir que estoy como en el spotlight”, dice mientras conversamos a propósito de su segunda novela —primera publicada en España—, Sensación térmica (Libros del Asteroide, 2021).

Entre modismos mexicanos y anglicismos, se nos desvela cómo Mayte López ha perdido las fronteras identitarias después de vivir más de 10 años en los Estados Unidos, específicamente en Nueva York. López ha estudiado y dado clases en varias universidades estadounidenses, entre ellas la de Columbia. Este lenguaje expandido entre varios acentos no solo es propio de su oralidad, sino que también impregna su escritura en Sensación térmica, una narración llena de bordes rotos, de la memoria atravesada por nuevos territorios y fronteras, pero, sobre todo, por cómo la violencia no tiene lugar de origen, sino que puede encontrarse en cualquier parte del planeta.

- ¿Cómo llegaste a encontrar la historia que querías contar en Sensación térmica?

- La historia llega un poco por observación. Es ficción, pero a la vez creo que es algo que todas las mujeres hemos vivido de cierta manera, ya sea al ver a una amiga que está en una situación de abuso o al pasar por situaciones parecidas. Lo que me interesaba rescatar es que justamente todas podemos ser cualquiera de los personajes de la novela. Todas podemos ser Lucía o Juliana. Quería contar esta historia de violencias que nos atraviesan por ser mujeres, que nos atraviesan desde siempre y que compartimos, y no importa a dónde nos vayamos, de dónde vengamos o dónde estemos, porque en esta novela los personajes están en una universidad de primer mundo, muy prestigiosa, y a pesar de eso, no se salvan de la violencia patriarcal.

- ¿Por qué fue necesario unir a dos personajes para la creación de la estructura de la novela?

- Justamente por pensar en estas violencias que nos atraviesan. Por un lado, la violencia que vive Lucía en su infancia, en México, es en su casa. La violencia existe en la relación entre sus padres, pero también hacía ella. Vive una violencia explícita, es decir, es muy fácil reconocer que hubo un golpe y, por otro lado, está la violencia que sufre Juliana que va in crescendo al empezar de manera mucho más sutil. Me interesaba conectar esas dos violencias precisamente para poner sobre la mesa la idea de que no son tan distintas una de la otra. También reforzar la idea de que la violencia en las relaciones de pareja no empieza con un golpe. No te vas a tomar un café con un señor, te da una patada y dices “ay, me enamoré”. No, evidentemente no. Hay una curva, hay un proceso y va escalando; por eso quería ponerlas juntas, para mostrar que esas violencias son lo mismo, un problema con el que convivimos desde siempre.

- ¿Por qué crees que necesitabas utilizar esta figura del personaje de poder para desatar el eros que fascina a Juliana?

- En las relaciones de abuso hay una cuestión de poder muy importante, también porque muchas de estas de estas cuestiones son aprendidas. Aprendemos a relacionarnos con nosotros y a relacionarnos con el poder. Tenemos una educación sentimental donde hay que admirar, y por supuesto que la admiración es parte de una relación sana de pareja, pero a veces, esa admiración, si hay abuso de poder, se puede convertir en otra cosa, en toxicidad. En este caso que los personajes de la novela fueran mujeres poderosas y fuertes, mujeres ambiciosas y perfectamente capaces, para mostrar que no hay un tipo de víctima de violencia de género. Solemos pensar que la violencia de género sucede en ciertos contextos y que está atravesada por una serie de prejuicios de clase o de raza. Se piensa que esto no puede pasar en una universidad de primer mundo, pero por supuesto que pasa, y muchísimo, precisamente porque en estos espacios se escudan en el poder para hacer lo que les da la gana.

- ¿La novela ve la amistad como una forma de salvación? ¿Querías reivindicar su lado luminoso?

- No sé si diría que me quería quedar con el lado luminoso; hay algo ciertamente de eso, sobre todo en el personaje de Alma, que es una tabla de salvación, un rayito de esperanza. Pero la relación entre Lucía y Juliana me interesaba que fuera más compleja, precisamente como parte de toda esta socialización donde se nos dice que las mujeres siempre peleamos, donde se nos enseña que las otras mujeres son el enemigo. Se nos enseña por un lado y luego se nos culpa cuando efectivamente nos relacionamos así entre nosotras, entonces las mujeres siempre perdemos. No hay forma de ganar.

Más allá del elemento de salvación, que existe, por supuesto, me interesaba mostrar la frustración que hay a veces cuando vemos que una amiga está en una relación violenta. Hay momentos en los que Lucía juzga a Juliana y la juzga duramente, y también hay momentos donde esas violencias se reproducen en la relación entre ellas dos. Lucía ve que su amiga está en esta relación de violencia y se desespera, cae en ese juicio social de revictimización, donde se pregunta por qué no se sale, por qué se aguanta. Es algo que como sociedad hacemos, revictimizar, pero al final son personajes muy vulnerables, que con toda esa complejidad finalmente se tienen la una a la otra. Creo que esa es la obsesión, no tanto como una cuestión idílica de la amistad entre mujeres, sino más bien que, ante una sociedad que nos acorrala, pues ojalá encontrarnos y acabar con esa especie de antagonismo.

- ¿Cómo se puede escapar a esa trampa?

- La idea de la trampa es lo que más interesa explorar. Hay múltiples trampas en la novela, sin embargo, al final estos personajes se encuentran porque no les queda de otra, pero a la vez están aprendiendo en el camino. Lucía está navegando cómo relacionarse con Juliana, cómo ayudarla y también cómo gestionar sus propios sentimientos, no solo hacia Juliana sino también hacia sus propios sentimientos de rabia y los flashbacks de su infancia. Hay muchas aristas en la relación entre estas mujeres que van más allá del rayito de esperanza.

- ¿Qué preguntas nuevas te hiciste o te respondiste en torno a la revictimización? ¿Por qué crees que existe?

- Es una novela de muchísimas preguntas y yo no sé si diría que tengo las respuestas, o que llegué a las respuestas. Tengo algunas nociones. El porqué de la revictimización, porque sí, porque es más fácil culpar a las mujeres de su propio destino. Es más fácil porque estamos acostumbrados como sociedad a que la culpa es nuestra, entonces si la culpa de que nos maltraten también es nuestra es perfecto, porque entonces pueden seguir maltratándote hasta el final de los tiempos, porque si te dejas es porque la culpa es tuya. Este punto es lo que mucha gente no entiende, que no empieza así, no empieza con maltrato físico, que hay una serie de mecanismos, de abusos psicológicos y de minimización de la autoestima hacia una persona y, que cuando se llega a ese nivel de toxicidad y de maltrato, la persona está completamente desarmada, no hay nada que hacer. Lo más frustrante es ver que alguien que quieres está en una situación así y es más fácil echarle la culpa, que asumir que existe una estructura detrás que lo permite y lo fomenta. Entonces es maravilloso, es la trampa perfecta.

- Más allá de poner nuestros límites ¿hay un tema social que no nos ayuda?

- Nos han enseñado que hay ciertas cosas que forman parte de una relación de pareja y que son no solo permisibles, sino deseables. Esto es aprendido, lo vemos en las películas, en la literatura, lo vemos en las canciones, que están muy presentes en la novela. Si alguien te cela, si hay gritos y sombrerazos, si hay mucha pasión, eso es el amor. Cuando tenía 18, si un novio me daba un grito, yo pensaba que era porque había hecho algo que lo había alterado. Te enseñan que en la medida que haya drama, que haya mucha acción, mucha pasión, hay amor.

- ¿Eso nos llevaría a preguntarnos qué es la pasión hoy día?

- Aprendemos que la pasión es eso, la toxicidad. Cuando te empieza a suceder con 15 años, lo vas interiorizando, y llega un punto en que es muy difícil percibir los límites entre lo que es parte del juego de la seducción y lo que es violencia. Son muy difusos. Esa es la rabia, por qué son tan difusos estos límites y por qué nos cuesta tanto trabajo a veces reconocer lo que es violencia, pero a la que le ponemos otros nombres.

- Las canciones son un referente dentro de la novela y dentro de esta misma revictimización ¿Cómo crees que influyen en la sociedad?

- Influyen. Es lo que permitimos y no sólo permitimos, sino que entendemos como algo deseable o que forma parte de una relación de pareja. Me puse a pensar en esto porque tenía una compañera española y cuando yo andaba muy nostálgica escuchaba rancheras, que tienen unas letras horribles y pavorosas, pero que son canciones que, por otro lado, he escuchado toda la vida, que siempre me han gustado. En México ponen ‘Mátalas’ de Alejandro Fernández y la gente se para, canta y brinda. Festejamos con una canción que supuestamente es de amor. Fue entonces cuando caí en cuenta en todos estos objetos culturales que forman parte de nuestra educación sentimental, que nos enseñan cómo debe ser una relación de pareja y que son apologías de la misoginia. Por eso es tan importante la música en la novela. Pero no solo lo oímos en la música, lo vemos en las telenovelas, en todo lo que estamos consumiendo desde que tenemos uso de razón, que nos va enseñando una idea del amor que luego vamos a reproducir en nuestras relaciones de pareja. 

- ¿Cómo se manejan estos objetos culturales? ¿Podemos censurar estos referentes para no reproducirlos?

- Yo tengo más preguntas que respuestas, pero esto me lo preguntan mucho. No creo que se pueda tapar el sol con un dedo, estas canciones forman parte de nuestra historia y de nuestra cultura. No creo que haya que censurar nada, hay que verlo críticamente: hay que ver todos estos referentes, pensar qué dice realmente esta letra y replantearnos cómo se entendía antes y cómo se entiende ahora. Espero que en un futuro deje de existir tanta violencia contra las mujeres, entonces los objetos culturales ya no reflejarán esa violencia. Al final, ¿qué es primero? ¿El huevo o la gallina? Los objetos culturales son una representación de la sociedad. Si la relación no cambia, la representación no va a cambiar tampoco.

- ¿Por qué era importante triangular el lenguaje del amor y la violencia entre tres países? ¿Por qué enfrentar a Estados Unidos con dos países latinoamericanos?

- Quería poner esta imagen del charro, del típico macho mexicano, pero también esa otra cara de la moneda, la de los estadounidenses, que al final no son tan distintas. El mundo odia a las mujeres, y eso se reproduce de diferentes maneras a través de diferentes culturas. Lo que me interesa es tratar de luchar con lo que se piensa que es el exotismo latinoamericano y dejar de pensar que lo que se escribe desde Latinoamérica es sobre la violencia latinoamericana. Creo que todas las marcas de un solo lugar o de un solo espacio son intentos de quitarle universalidad a la violencia. Hay cierta ansiedad por afirmar que esto pasa solo en ciertos lugares y yo quería pelearme con esa idea. Hay que dejar de intentar localizarlo. A mí me hacen muchas preguntas que van un poco encaminadas en saber qué tanto de esto me pasó a mí, y yo siento que eso es también es un intento de quitarle universalidad a la historia, de decir “no es que esto pase, es que te pasó a ti”; y no, no es así. Esta es una novela en donde simplemente reproduzco lo que pasa en todos lados con diferentes matices, a través de la oralidad, para así poder jugar con el lenguaje.

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Actualmente Mayte López se encuentra buscando las ideas para una nueva novela. Las escribe en post it y múltiples notas en su teléfono móvil, aunque no puede adelantarnos mucho más. Mientras tanto, se puede disfrutar de De la Catrina y la flaca y Sensación térmica.

Periodista cultural y especialista en marketing digital. Creadora y editora de la web feminista Culturetas. Jefe de producto de The Objective. Colaboradora de medios como Letras libres, Altaïr MagazineLetra global y Be latina.