Las letras en el Virreinato del Perú, armas de doble filo

Entre la dominación y la liberación, la cultura letrada fue clave en el territorio virreinal. Una exposición en Madrid que viajará a Lima repasa ese legado.

Ilustraciones de la 'Nueva crónica y buen gobierno', libro de 1615 sobre el Virreinato del Perú. INSTITUTO CERVANTES
Ilustraciones de la 'Nueva crónica y buen gobierno', libro de 1615 sobre el Virreinato del Perú. INSTITUTO CERVANTES

El 28 de julio de 1821, hace ahora dos siglos, el Perú se declaraba independiente de la Corona española. Así finalizaba un período de dominio hispano que se había prolongado durante casi 300 años y que había dado lugar al Virreinato del Perú, una entidad territorial cuya capital fue Lima y que comprendía regiones de las actuales Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia, Panamá, Paraguay y Uruguay.

A lo largo de su existencia, el Virreinato del Perú fue el centro de la cultura letrada en América del Sur. Fue Lima la ciudad que albergó la primera universidad del continente, y también ahí se ubicó, desde 1584, la única imprenta que hubo en la región hasta el año 1700.

Esa época de esplendor bibliográfico centra precisamente la exposición Libros y autores en el Virreinato del Perú. El legado de la cultura letrada hasta la Independencia, una muestra organizada por el Instituto Cervantes y el Centro Cultural Inca Garcilaso con la colaboración de la Biblioteca Nacional de España que, coincidiendo con la celebración del Bicentenario, recorre ese período de la historia peruana a partir de más de un centenar de libros, manuscritos originales y reproducciones digitales.

La exposición permanecerá en la sede madrileña del Instituto Cervantes hasta el próximo 5 de diciembre, cuando cruzará el océano para llegar a Lima de la mano del Centro Cultural Inca Garcilaso, aunque con cambios: “Todos los ejemplares y manuscritos expuestos en Madrid estaban en España, en la Biblioteca Nacional y en otras colecciones. Cuando la exposición se haga en Perú, la haremos con manuscritos que estén allí”, explica a COOLT Alonso Ruiz Rosas, agregado cultural de la Embajada del Perú en España y comisario de esta exposición junto con Marta Ortiz Canseco, profesora de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Madrid. Para realizar este reportaje, nos citamos en el Instituto Cervantes con ambos especialistas. La idea es recorrer la exposición con ellos y profundizar en sus aspectos más importantes.

Vitrinas de la exposición 'Libros y autores en el virreinato del Perú', en la sede del Instituto Cervantes en Madrid. INSTITUTO CERVANTES
La exposición 'Libros y autores en el Virreinato del Perú', en la sede del Instituto Cervantes en Madrid. INSTITUTO CERVANTES

El primer choque cultural

Libros y autores en el Virreinato del Perú se ordena de forma cronológica. De esta manera, el recorrido comienza en el atardecer del 16 de noviembre de 1532. Fue en ese día cuando Francisco Pizarro y sus tropas capturaron al soberano inca Atahualpa en la ciudad de Cajamarca. Atahualpa fue ejecutado un año más tarde, pero de su primer encuentro con Pizarro se cuenta una anécdota (o, más bien, leyenda) que ayuda a comprender las acciones españolas en la región a partir de ese momento. “No se sabe hasta qué punto esta historia es del todo cierta”, relata Ortiz, “pero se dice que un cura que iba con Pizarro le ofreció un libro sagrado a Atahualpa diciéndole que éste contenía la palabra del Señor. Atahualpa, como no conocía la escritura latina, se llevó el libro a la oreja, lo olió, lo movió y, al darse cuenta de que no entendía lo que era, lo arrojó al suelo con desdén. En teoría esto fue lo que demostraba lo grandes herejes que eran los incas, porque tiraban la palabra del Señor al suelo”.

Los incas no podían comprender los libros sagrados del cristianismo porque ni siquiera sabían cómo leerlos. La escritura latina y los números arábigos les eran completamente ajenos, pero en la cultura incaica existían otros métodos para llevar registros y conservar informaciones: los quipus, estructuras hechas a partir de conjuntos de cuerdas atadas entre ellas con distintos nudos. Los administradores de los quipus eran los quipucamayos, las únicas personas capacitadas para comprender y leer lo que se expresaba en estas herramientas. “Los quipus permitían registrar información contable, aunque también, según los quipucamayos, era posible almacenar otro tipo de información de carácter más histórico, dialógico o incluso vinculado a las fábulas. Sin embargo, era una herramienta que más bien servía como ayuda a la memoria, no era una escritura tal y como nosotros las entendemos”, detalla Ruiz Rosas. El uso de los quipus pervivió hasta el siglo XVIII, aunque la llegada de la escritura, el alfabeto latino y la implantación de la imprenta en Lima marcaron el nacimiento de la cultura letrada en el Perú.

'Captura del Inca Atahualpa', autor anónimo, siglo XVIII. INSTITUTO CERVANTES
'Captura del Inca Atahualpa', autor anónimo, siglo XVIII. INSTITUTO CERVANTES

Crónicas para comprender lo desconocido

En términos históricos e incluso narrativos, los mejores documentos para conocer y comprender los primeros años de la conquista de América por parte de los españoles son las crónicas indias, textos producidos por soldados y exploradores occidentales que, mediante la palabra escrita, trataban de contar lo que estaban viendo en aquella lejana y todavía extraña tierra. Al referirse a este asunto, Ortiz Canseco explica que los libros de crónicas son “valiosísimos” porque son los primeros documentos que dan noticia de lo que allí estaban viendo los españoles: “Con estos textos entiendes cuán sorprendente fue para ellos encontrarse con esas nuevas realidades tan ajenas”. De entre todos estos libros, destaca La crónica del Perú de Pedro Cieza de León. La primera parte de esta trilogía fue publicada en Sevilla en 1553, y se la considera el fresco más completo hecho hasta entonces sobre el país y su historia.

En 1584, año en el que se instaura la imprenta en Lima, se publica el primer libro peruano. Es Doctrina christiana y catecismo para la instrucción de los indios, y se imprimió en español, quechua y aimara. La gran mayoría de los primeros textos producidos en el Perú poseían una intención evidente: evangelizar a los nativos. De todos modos, junto a estos documentos de claro anhelo catequizador aparecen otros libros como Arte y vocabulario de la lengua general del Pirú llamada quichua (1586) o Gramática o arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú (1598). Son textos (católicos, eso sí) que en cierto modo se esforzaban por comprender la lengua y las costumbres incaicas.

Avanzando en el recorrido de la exposición, el espectador se topa con dos documentos de valor excepcional. Son Nueva crónica y buen gobierno (1615), de Felipe Guaman Poma de Ayala, y la Relación de antigüedades deste reyno del Pirú (1613), de Joan de Santa Cruz Pachacuti. Lo destacable de ambos volúmenes es que son dos de los primeros textos escritos por indígenas en toda la historia del Perú. De Nueva crónica y buen gobierno Ruiz Rosas dice que “es un documento fundamental, aunque estuvo inédito hasta el siglo XX”. Conservado en la Biblioteca Real de Dinamarca, este inmenso libro compuesto por casi 400 dibujos y 800 páginas fue escrito por Guaman Poma, autor amerindio que en esta obra logró combinar la historia andina con un tratado sobre los males y errores de la sociedad colonial. Todo ello escrito, además, alternando el quechua y el español. Por su parte, el texto de Santa Cruz Pachacuti interesa no solo por su relato de los orígenes y expansión del imperio incaico, sino también por los sugerentes dibujos y esquemas que tratan de explicar la cosmovisión andina.

'Relación de antigüedades deste reyno del Pirú', de Santa Cruz Pachacuti. INSTITUTO CERVANTES
'Relación de antigüedades deste reyno del Pirú', de Santa Cruz Pachacuti. INSTITUTO CERVANTES

El Inca Garcilaso, personaje fundamental

Llegamos entonces en la exposición hasta la figura del Inca Garcilaso, quien representa de manera paradigmática el mestizaje americano de las primeras décadas de la conquista. En este punto, Ortiz Canseco señala que este autor es, claramente, fruto de la primera generación de mestizos del Perú: “El Inca Garcilaso nació en 1539, y el encuentro entre Pizarro y Atahualpa se produjo apenas siete años antes, en 1532. Por lo tanto, el Inca nace de ese primer encuentro, de ese primer choque, y, por cierto, también de esas violaciones a mujeres indígenas por parte de los españoles”.

Nacido en la ciudad de Cuzco, de madre nativa y de padre español (un sobrino del célebre poeta Garcilaso de la Vega), la mayor particularidad del Inca es que él mismo se reivindicó, de una manera positiva, como mestizo e incluso como indio. De entre todas sus obras destaca, sin discusión, los Comentarios reales. Este texto fue publicado en dos volúmenes a principios del siglo XVII, y en él se aborda la historia de los incas a partir de las narraciones orales que Garcilaso escuchó a su familia materna durante su infancia. El libro también es valioso por su novedosa forma de ver y entender el antiguo Imperio inca, por aquel entonces ya diluido tras ser derrotado por los españoles.

Según Alonso Ruiz Rosas, que define al Inca Garcilaso como el primer autor clásico de América, sería posible decir que Comentarios reales “es la primera versión positiva de lo que fue el imperio incaico, pues desde un punto de vista ilustrado se considera a la civilización incaica como una suerte de Imperio romano en el mundo andino”. De hecho, añade Ortiz Canseco, Garcilaso compara a los emperadores incas con los 12 césares de Roma, “lo que deja claro su intento por colocar la cultura incaica al mismo nivel que las culturas europeas”.

Figuras femeninas destacadas

Como queda patente en la exposición, la cultura letrada y literaria del Virreinato del Perú se forjó inicialmente a partir del trabajo de españoles, criollos y mestizos, a los que más tarde se le fueron añadiendo indígenas y también afrodescendientes. Todos los libros y manuscritos relacionados con la literatura quedan agrupados en la muestra bajo el título de Las bellas letras. Y en esta sección destacan dos obras líricas escritas por dos autoras. Son Discurso en loor de la poesía (1608), atribuido a Clarinda, y la Epístola a Belardo (1619), firmado por Amarilis. 

“La búsqueda de figuras femeninas para darles espacio en la exposición ha sido un poco mi lucha”, dice Ortiz Canseco, “aunque en realidad no hay que escarbar mucho porque ambas son dos poetas muy importantes, era imposible no ponerlas”. De hecho, Amirilis se carteó con Lope de Vega, el gran poeta del Siglo de Oro español, y el propio Lope introdujo su epístola en su obra La Filomena

Santos, tratados de derecho y obras de filósofos

Precisamente fue otra mujer la primera persona nacida en América que logró ser canonizada. Fue santa Rosa de Lima, patrona del Perú y del Nuevo Mundo. Es curioso observar cómo, durante aquellos años, en el virreinato peruano proliferaron las figuras de santos, profetas y visionarios. Para los indios y mestizos acceder a la santidad era un método de ascenso social y obtención de estatus. Y para la Iglesia, una forma de extender su influencia. “El Imperio español estaba muy interesado en convertir a la religión católica los territorios que conquistaron”, explica Ruiz Rosas. “En Estados Unidos esto fue distinto, pues los ingleses no tuvieron ningún interés en volver anglicanos o protestantes a los indígenas americanos”. 

Otra personalidad importante en relación con este asunto fue Nicolás Ayllón, un sastre indígena que a comienzos del siglo XVIII a punto estuvo de ser el primer indígena de la historia en haber sido nombrado santo, antes de que su proceso de canonización se truncara. De su vida queda el libro Vida admirable, y muerte prodigiosa de Nicolás de Ayllón, y con renombre más glorioso Nicolás de Dios, publicado en Madrid en 1684. En el texto aparece un retrato del protagonista, que Ortiz Canseco destaca por la forma “en que se muestran perfectamente los rasgos indígenas, sin occidentalizarle el rostro”.

Retrato publicado en 'Vida admirable, y muerte prodigiosa de Nicolás de Ayllón'. INSTITUTO CERVANTES
Retrato publicado en 'Vida admirable, y muerte prodigiosa de Nicolás de Ayllón'. INSTITUTO CERVANTES

Después de los libros y hagiografías de santos, el visitante alcanza los libros de derecho, filosofía y ciencias. Los primeros corresponden a textos de derecho indiano, donde despunta Política indiana (1647), escrito por Juan de Solórzano Pereira y reseñado en la muestra como “la obra doctrinal y jurídica más importante escrita en torno a la América hispana”.

En los apartados de filosofía y ciencia abundan los libros y manuscritos de autores nacidos o arraigados en el Perú, casi todos ellos clérigos, juristas y abogados. En este sentido, un nombre como Bernabé Cobo, padre de la historia natural en el Perú, constituye un modelo arquetípico. “Fue un jesuita que llega al Perú a finales de 1600, con menos de 20 años, y vive allí hasta 1650. Fue un magnífico observador de la realidad, nadie como él describe el contexto peruano del momento. Escribe sobre animales, plantas, tradiciones, costumbres. Tuvo un conocimiento muy profundo del Perú”, dice Ruiz Rosas.

Ilustración y ansias de libertad

Entre los siglos XVIII y XIX se produce un cambio de paradigma. El desarrollo de ciertas disciplinas científicas estimuló el debilitamiento del pensamiento férreamente católico y arbitrista. Nuevas ideas relacionadas con la capacidad de autodeterminación del hombre, de la realización de sus capacidades de libertad, condujeron a la burguesía del Virreinato del Perú hacia otras formas de entender al ser humano y la sociedad.

“Con el siglo XVIII llegan los vientos de la Ilustración a las principales ciudades hispanoamericanas. Muchas de las figuras intelectuales más destacadas del Perú viajan a Europa, a España, a Francia, y establecen relaciones con sus pares europeos”, explica Alonso Ruiz Rosas. “Ahora bien, estos vientos y anhelos de emancipación no vienen solo de la Ilustración. Precisamente los teólogos españoles del siglo XVI, como Bartolomé de las Casas, con su defensa de los derechos indígenas, habían sembrado ya una suerte de idea emancipadora. Esta idea de independencia estaba ya inserta en el espíritu de las élites desde aquel tiempo”.

Es decir, las principales figuras relacionadas con la independencia del Perú se influenciaron más por los textos del Inca Garcilaso o de Bartolomé de las Casas que por los de Rousseau, Voltaire o Kant. El caso ejemplar es el de Tupac Amaru II, un personaje emblemático en Latinoamérica por su papel de líder en las revoluciones contra la Corona española que se produjeron a finales del siglo XVIII en los virreinatos del Perú y del Río de la Plata.

Plano de Lima realizado por el grabador holandés Joseph Mulde en 1688. INSTITUTO CERVANTES
Plano de Lima realizado por el grabador holandés Joseph Mulde en 1688. INSTITUTO CERVANTES

“Tupac Amaru no fue un separatista, pero quiso cambiar el régimen, el sistema. No leyó a Rousseau pero sí al Inca Garcilaso, y el Inca a su vez fue un gran lector de Bartolomé de las Casas. Hay una continuidad ahí”, dice Ruiz Rosas, quien también destaca el nombre de Juan Pablo Viscardo y Guzmán, autor de Carta a los españoles americanos (1799). “Viscardo y Guzmán fue un ilustrado, pero también un jesuita. Esto sirve de ejemplo para mostrar la idea que comento de continuidad. Las ideas de independencia vienen de antes, y no solo son una invención francesa, como pretenden hacernos creer algunos”.

En 1821, algo más de 20 años después de aquel texto de Viscardo y Guzmán, se produce la definitiva independencia del Perú. Atrás quedarán los 300 años de virreinato que recopila esta exposición, con sus mestizajes de lenguas y culturas, sus descubrimientos y narraciones de nuevas formas de vivir, y también sus dramáticas situaciones de dominio, abuso de poder y desigualdad. Como colofón, una de las ideas sustanciales de la muestra, enunciada por Ruiz Rosas el día de su presentación: “La producción bibliográfica y la cultura letrada fueron las armas de la dominación, pero también fueron las de la liberación”.

Periodista. Ha escrito para medios como Colofón Revista Literaria, Perfiles o Viajar, entre otros.

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