Élmer Mendoza: vuelve el padre de la narcoliteratura

El escritor recupera al detective El Zurdo Mendieta en ‘Ella entró por la ventana del baño’. “La realidad de México es difícil”, dice.

El escritor mexicano Élmer Mendoza, padre de la narcoliteratura y autor de la novela ‘Ella entró por la ventana del baño’. ELENA CANTÓN/FOTO: JANETH GÓMEZ
El escritor mexicano Élmer Mendoza, padre de la narcoliteratura y autor de la novela ‘Ella entró por la ventana del baño’. ELENA CANTÓN/FOTO: JANETH GÓMEZ

¿Qué tienen en común la venganza de un peligroso narco y el recuerdo del deseo de una enigmática amante? Para empezar, que comparten un duro y curtido detective, El Zurdo Mendieta, que en cinco entregas literarias anteriores ya ha demostrado que es capaz de pagar las investigaciones con algo más que una onza de carne.

El escritor mexicano Élmer Mendoza vuelve sobre su ya mítico personaje en Ella entró por la ventana del baño (Alfaguara, 2022) para, como nos indica el título que parafrasea una canción de los Beatles, entregarnos una de sus vivas novelas repletas de música, oralidad, localismos, maravillosas conversaciones noir y la fuerza de la violencia de la calle.

Por un lado, El Zurdo deberá resolver un asesinato que parece obra de un narco militar. Por otro, tendrá que ayudar a recordar su secreta pasión a un empresario a punto de desfallecer. Vida y muerte, rabia y deseo, se trenzan en una trama que viene con las novedades de una profunda carga erótica y un nuevo tono para su protagonista, más nostálgico y consciente del fin de su ciclo, con un paisaje de fondo compuesto por poderosas y enigmáticas mujeres fatales.

Ella entró por la ventana del baño es una muesca más en la dilatada trayectoria de Mendoza (Culiacán, 1949), un autor que empezó a publicar en 1978 y que con Un asesino solitario (Tusquets, 1999) inició una de las sagas policíacas más emblemáticas de su país, traducida a más de una decena de idiomas. Catedrático de Literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, el escritor es un referente ineludible de la literatura negra de su país, y es considerado un fiel narrador de la cultura del narcotráfico. 

Portada del libro 'Ella entró por la ventana del baño' de Élmer Mendoza. ALFAGUARA

- ¿Qué espera que encuentren los seguidores del Zurdo Mendieta en esta sexta entrega?

- Espero sorprenderlos, que encuentren sobre todo esa parte erótica que no había trabajado antes. Ese erotismo se mezcla con la historia de los militares retirados, corruptos y muy crueles. Mi estilo es el mismo, intento ser más firme en esos detalles. Espero pasar la prueba una vez más. A los jóvenes seguro que les gusta, ojalá también a los mayores.

- En una entrevista anterior dijo que encontraba difícil escribir erotismo, pero aquí se zambulle en material de ese tipo...

- Es muy difícil, en serio, no lo vuelvo a hacer. Me ha costado mucho. Pregunté a autores que han trabajado más el tema, como Santiago Roncagliolo, y me dijeron que era muy fácil. Es un recurso increíble, pero cuesta demasiado. Lo que sí me ha gustado es lo de emplear dos historias muy definidas bien unidas.

- Escribe que el cortejo debería ser guardado en una cápsula del tiempo. Me preguntaba si había la dificultad añadida de representar el erotismo desde la óptica de una vida que se desvanece, como le sucede al empresario protagonista, Ricardo Favela.

- El erotismo es el complemento perfecto del amor. Cuando te dicen que te unen con alguien para ser felices para siempre deberían desearte que seas erótico para siempre. Eso sí garantiza la felicidad. Dentro de la evolución de las relaciones amorosas creo que lo que más cambió es el erotismo, porque tiene que ver con el atuendo, la cosmética y las formas en que los amantes se unen. También hay variaciones culturales.

- ¿Cuál es su relación con El Zurdo Mendieta a estas alturas?

- No lo odio, pero lo ignoro, que no sé si será peor. Mientras hago otras cosas, ni me acuerdo del Zurdo Mendieta y mira que, en estas circunstancias, aquí en casa, me lo citan un par de veces a la semana. Creo que tengo la capacidad de alejarlo y, cuando vuelvo a él, tenemos ganas de vernos y tomarnos un whisky por la tarde para ocultar los problemas en los que lo voy a meter.

- La etiqueta de la narcoliteratura ha crecido con los años, con autores como el también mexicano Juan Pablo Villalobos y, por supuesto, el estadounidense Don Winslow. Pero usted estaba en los inicios.

- Me gusta mucho que haya autores importantes que trabajen eso, como los que has mencionado. Dicen que el papá de la narcoliteratura soy yo. Tengo buena amistad con los dos, especialmente con Winslow, y me gusta el trabajo de ambos. No hay ningún problema, si tenemos un subgénero que merece un nombre creo que hay que desarrollarlo. Sobre todo, lo que ha pasado es que, como no he tenido temor en reconocer que he creado un género, eso ha generado mucha confianza. Especialmente en los autores más jóvenes. No me educaron para los boicots. Si he creado un género, no pasa nada. La primera vez que escuché la etiqueta fue en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y quedé impactado: el ponente no sabía que yo estaba en la charla.

- El género negro ha sido acusado de conservador. ¿Le parece que esa crítica en territorio del narcotráfico es poco válida?

- De lo poco que yo conozco de la novela negra de otros países, creo que es distinta a la nuestra. Una vez me irrité con una autora de la literatura negra del frío porque dijo que nosotros éramos buenos escritores porque tenemos muchos delitos que contar. ¿Se creía que somos salvajes o qué? Luego lo pensé, y la verdad es que somos un continente tan herido que puede prestarse a una opinión de esa naturaleza.

Yo me leo una novela inglesa, y la influencia del delito allí es muy territorial. Aquí hay delitos con grandes impactos en la política y la economía. El villano de algunas de mis novelas es un militar, y ese es un perfil real. La realidad de México es difícil. En 45 días que llevamos de este año han aparecido seis periodistas asesinados: eso no es normal. Nuestra literatura no puede ser inocente ni neutral. Es una literatura que se faja contra los poderes que están muy bien armados; nosotros solo tenemos el ordenador portátil.

- No sé si hay un horizonte para las aventuras del Zurdo…

- Ahorita no. En algún momento voy a hacer una séptima, pero hasta entonces al Zurdo lo arrumbé. Cuando llegue el momento, el próximo año, ya conservaré con él. Me iré de vacaciones a los lugares que me gustan, y mientras tomamos un whisky nos pondremos en claro sobre el horizonte.

Periodista, traductor y guionista. Autor del ensayo Panero y la antipsiquiatría (2017) y de la novela Samskara (2019).

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