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Daniel Bernabé: “La tiranía de la fragmentación nos va a costar la democracia”

El periodista español imagina en su primera novela, ‘Todo empieza en septiembre’, una intriga política con la que avisa de peligros reales.

El escritor y periodista español Daniel Bernabé. JAVIER OCAÑA

Los lectores de Todo empieza en septiembre (Planeta, 2023) escriben a Daniel Bernabé (Madrid, 1980) para decirle: ¡Lo que sale en las noticias es lo que pasa en el libro! El periodista y escritor español quería hacer ficción para liberarse “de las estructuras del periodismo” pero ha tejido su primera novela “muy atento a la realidad”. Tanto, que estos días blande su libro como un aviso de que el peligro es cierto.

Bernabé cuenta que las elecciones generales del 23 de julio en España le pillan alicaído. Su temor trasciende la ideología: lo que está en juego, asegura, es la democracia. Pronostica no sólo un previsible gobierno del PP (conservador) con Vox (ultraderecha), sino “el inicio de un proceso de involución racional” al calor de un universo comunicativo “de trincheras” y “de fogonazos” donde “la verdad ha dejado de tener la fuerza que tenía antes”.

Con el comentado ensayo La trampa de la diversidad (Akal, 2018), Bernabé logró su mejor éxito editorial, y ahora busca repetir esa repercusión desde la ficción. Su palabra y sus análisis políticos pueden leerse y escucharse a diario en medios españoles de prestigio como la Cadena SER, El País e Infolibre. Es consciente de que el columnismo ya no tiene la influencia de antaño, pero él no deja por eso de dar la batalla.

-¿Todo empieza en septiembre es una buena lectura para este verano electoral?

- Lo es para las elecciones y para después de ellas. El argumento gira en torno a un periodista que se ve frente a un hecho intrigante: alguien va a manipular unas elecciones generales. Y va a tener que enfrentarse a este hecho en un mundo donde la verdad ha dejado de tener la fuerza que tenía antes. Donde las manipulaciones y la mentira parece que se han hecho con el mando de todo.

- Situó la historia en 2019 pero reivindica que explica lo que pasa ahora.

- Si a lo anterior le sumamos que los personajes que están dispuestos a manipular son gente cercana a la ultraderecha, empresarios del ladrillo, empresarias televisivas, nos encontramos un libro que no sólo marca la actualidad electoral, sino que puede explicar en cierta medida los acontecimientos de estos últimos meses que van a desembocar en el 23-J.

- El periodismo está siendo protagonista en esta campaña.

- En los últimos años han sido asentados en la sociedad determinados hechos falsos de forma constante. Una parte del periodismo ha hecho dejación de funciones y ha optado por intentar deslegitimar al Gobierno desde el minuto uno. No han tenido una línea editorial, lo cual es perfectamente legítimo, sino que se han convertido en una herramienta de partido para asentar una serie de datos erróneos sobre este Gobierno.

- ¿Y fuera del periodismo?

- Al final tenemos todo un ecosistema de medios informales en el ámbito digital donde agitadores de todo tipo directamente han hecho de la mentira y la manipulación el caldo de cultivo perfecto para adulterar y envenenar la sociedad. El candidato del PP, Alberto Núñez Feijóo, colocó en el debate cara a cara con el presidente, Pedro Sánchez, la guinda sobre el pastel, pero esa tarta de siete pisos ha sido construida pacientemente en estos últimos años.

- ¿Qué papel juega el público en este contexto?

- El público se ha acostumbrado a escuchar lo que quiere escuchar. En ese cara a cara lo inédito fue que una parte mayoritaria del discurso de Feijóo fuera para deslegitimar al rival con datos falsos, y que no ocurra nada. Eso sucede porque el público está desprotegido contra los datos falsos. Mucha gente no sólo no sabe buscar la información, sino que atribuye a determinados medios, precisamente a los que suelen hacer bien su trabajo, la ilegitimidad. Sobre todo la ultraderecha ha conseguido con su red de manipulación ilegitimar la labor del periodismo y atribuirle una falta de compromiso con la verdad que no es cierta.

- El periodismo convive con cualquier mensaje que llega por WhatsApp.

- Hay un ataque frontal al periodismo que trata de contar la verdad. Mucha gente se fía más del meme o del dato incorrecto que le manda su primo por WhatsApp que de los periódicos más leídos de España, y ahí sí tenemos un problema.

- ¿Qué quiere decir?

- El público se ve atrapado en la tiranía del fraccionamiento. Mucha gente no sabe tener una imagen de globalidad. Aunque es perfectamente posible acceder a ella, te requiere un cierto tiempo. Y es necesario tener una imagen de globalidad, una línea temporal que marque de dónde venimos y hacia dónde vamos y cuáles son los actores importantes que están influyendo en nuestra vida y en cómo funciona el mundo.

- ¿Cómo se consigue esa imagen de globalidad?

- Requiere de una alimentación constante, dedicar todos los días 20 minutos a informarte. Eso se ha perdido, lo que tenemos es a lo sumo una serie de datos inconexos, fogonazos, ocurrencias, zascas, píldoras en muchos casos envenenadas. Todo esto nos hace creer que estamos informados, pero realmente lo que hace es alimentar nuestro prejuicios. Esa tiranía del fraccionamiento hace que reaccionemos de manera hostil cuando alguien nos presenta una información verídica.

- En su novela, ese clima lleva a un momento oscuro. ¿Vislumbra algo así?

- En las elecciones municipales de mayo, muchos lectores que ya habían terminado Todo empieza en septiembre se sorprendieron muchísimo y me empezaron a decir que lo que estaba ocurriendo ya salía en la novela. Lo publiqué en enero y lo escribí hace dos años, pero lo hice atento a la realidad.

-¿Cuál era su premisa?

- Buscaba hacer un pronóstico en ficción de cómo se podía comportar la ultraderecha en unas elecciones generales. Situé la ficción en 2019 pero con la intención de que valiera para el futuro.

- ¿Por qué eligió hacerlo con una novela y no con un ensayo?

- Tenía muchas ganas de hacer ficción por cuestiones personales, necesitaba liberarme de las estructuras del periodismo. Quería utilizar la ficción para tratar un tema que como investigación periodística probablemente te lleve muchísimo más tiempo. Y yo necesitaba que este libro saliera en un momento adecuado, que estuviera por lo menos presente.

- ¿Qué aporta la ficción al mensaje?

- Yo tenía claro que mediante la ficción se puede apelar a las emociones, entre otras cosas porque puedes conseguir que el lector o lectora se sitúe en primera persona en un escenario que ha vivido pero que, sin embargo, no ha sido consciente del todo que vivía.

- Es el tiempo de las emociones.

- Si se da cuenta, todo el rato hablamos de sensaciones, emociones, improntas. Elementos que surgen como un fogonazo y deslumbran a quien los ve. Y cuando desaparecen, dejan algo dentro. Eso es en lo que se ha convertido nuestro ecosistema político comunicativo.

- Se ha instalado un cierto desánimo ante la desinformación.

- Vamos tarde, vamos años tarde. Frente a este escenario de la impresión y de la emoción, más allá de la izquierda, la propia democracia va tarde, no ha sabido establecer una serie de modos de revertir este ecosistema. Nuestra sociedad forma unos ciudadanos que son excelentes técnicos en la materia en la que se hayan educado, pero unos pésimos ciudadanos porque muchos no conocen nada de cómo funciona el sistema político y económico.

- ¿Falta interés por buscar la verdad?

- La tiranía de la fragmentación nos lleva a un punto donde los ciudadanos quieren algo que les emocione, les seduzca mediante detalles breves que no conducen a ninguna parte pero dejan una impresión, y en ese escenario nos movemos. Este escenario no es que vaya a costar unas elecciones a la izquierda, es que nos va a costar la democracia. No porque en estas elecciones concretamente vaya a ganar la derecha muy probablemente y vaya a meter a la ultraderecha en Moncloa, sino sobre todo porque van a ser el inicio de un proceso de involución racional.

- Usted suele decir que el periodismo ya no tiene la influencia que tenía.

- Si vamos a los años ochenta y noventa, ¿quién influía en la sociedad española?, influían cineastas, músicos. Influía una gente de la cultura que, más allá de sus opiniones concretas, hacía un trabajo seguido por millones de personas con atención. Es decir, sus novelas, sus películas, sus discos, daban una imagen de la sociedad. Ahora eso ha cambiado: en el fondo, a casi nadie le importa lo que digan los cineastas, ni los escritores, ni los músicos. Tampoco los periodistas.

- ¿Quién ocupa ese lugar ahora?

- Ahora los únicos que parecen tener capacidad de influir en la sociedad es gente que sabe emocionar en 30 segundos mediante contenidos que en su gran mayoría no responden a la información, ni siquiera al criterio artístico. Hay una gran parte de la población, sobre todo por debajo de 30 años, cuya única manera no ya de informarse, sino de tener una visión del mundo, es una serie de contenidos que tienen muy poco que ver con una forma, digamos, razonable de acercarse al mundo.

- ¿Es un formato imposible?

- Sí, no se pueden construir discursos racionales con píldoras de 15 ó 20 segundos. Se puede generar una emoción. Y eso puede valer para destruir, y la destrucción le viene mucho mejor a la ultraderecha, que agita miedos, que utiliza cabezas de turco, que se basa en el odio a las minorías. Hasta que no consigamos que la gente se interese por otros formatos de nuevo, estamos perdidos.

Periodista independiente. Entre tres mundos: Estados Unidos, Latinoamérica y la España despoblada. Fue corresponsal de la Agencia EFE en Washington, reportera para El Mundo en Argentina, freelance en Guatemala, oficial de prensa en la Organización de los Estados Americanos y periodista digital en Univision Noticias. Colabora en medios como Infolibre, Revista 5wLa Marea, La Opinión de Zamora y Tinta Libre y en el programa Club de Prensa de NTN24.