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Cómo ser padre y cinéfilo al mismo tiempo

El crítico Javier Ocaña cuenta en ‘De Blancanieves a Kurosawa’ qué hizo para contagiar a sus dos hijos el virus del cine.

Barcelona
Detalle de la portada de 'De Blancanieves a Kurosawa', el libro en el que Javier Ocaña explica cómo ser padre y cinéfilo. PENÍNSULA

Es algo que nos preocupa soberanamente a los que somos cinéfilos y padres al mismo tiempo: ¿podré ver películas con mi hija, que todavía está con los dibujos animados, o no pasará de las series y de los vídeos de TikTok? En mi caso, pronto tendrá seis años, y ya estamos tardando en abrazar los clásicos: hoy mismo le he puesto El guateque, y vamos bien, por la mitad. Mañana la acabaremos. En el caso de Javier Ocaña (Martos, España, 1971), crítico en Cinemanía y El País, además de profesor de cine, sus dos hijos, Santi y Julia, ya tienen 12 y 15 años respectivamente, y el experimento de inoculación de la cinefilia en la prole ha sido todo un éxito: sus hijos están “enfermos” de cine. Lo cuenta en el reciente De Blancanieves a Kurosawa (Península, 2021), una crónica, más que un manual al uso, que lleva por subtítulo La aventura de ver cine con los hijos. Una aventura, como las de antaño.

- ¿Cuál es la última película que has visto con tus hijos?

- Las pasadas Navidades vimos Amadeus (Milos Forman, 1984). A solas con Santi vi U-571 (Jonathan Mostow, 2000), una de submarinos que es muy divertida. Y con Julia estuvimos viendo Sin novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930), porque tenía que hacer un trabajo de clase sobre el retorno a casa después de la guerra. También le recomendé Nacido el 4 de julio (Oliver Stone, 1984), y Capitán Conan (Bertrand Tavernier, 1996), aunque le dije que era mejor que empezara por las otras, porque esta última es bastante más áspera.

- Esas ya no salen en el libro, porque ahí solo llegas hasta que Julia cumple 14, justo la edad en la que se define la personalidad, ¿no?

- Por supuesto, a esa edad ya se define tu identidad. Julia ya va a los cines de versión original con sus amigos. Está viendo muchas más películas con ellos que conmigo. Y prefiero con mucho eso a que vea a sus padres como unos pesados. A esa edad creo que ya puede ver lo que sea, al menos que se trate de una auténtica salvajada. Con sus años yo me ponía de todo, y aunque no lo acabara de entender, algo se iba quedando.

- En el libro te posicionas contra los padres-helicóptero. No crees que sea bueno sobreproteger a los niños, ¿verdad? 

- Yo crecí en un pueblo, era el menor de tres hermanos. Mis padres tenían un pequeño negocio, y estaban bastante ocupados todo el día, con las letras y las facturas, y nos dejaban bastante sueltos. Ahora me da la impresión de que hay algunos padres que ordenan demasiado a sus hijos, igual no habría que planear tanto. Yo me he saltado mil veces la recomendación por edades, y no pasa nada.

La comedia 'Aterriza como puedas' es una de las películas de las que Javier Ocaña habla en su libro. PARAMOUNT PICTURES

- Cuando hablas de Aterriza como puedas, comentas algo así como que hoy no se podría hacer una película así para toda la familia. ¿Vivimos una época muy mojigata?

- No creo que nos hiciera peores personas ver Aterriza como puedas con 10 años. En cualquier caso, nos hizo más divertidos, desprejuiciados y tolerantes. Esa mojigatería laica que, efectivamente, se da mucho hoy en día me parece excesiva. En  algún momento pensé que ese puritanismo de izquierdas podría saltar por alguna cosa que digo en el libro, pero de momento no ha habido quejas. En ese sentido, este libro podría ser algo que mucha gente estaba esperando para contrarrestar todo eso. Al mismo tiempo, está claro que mis hijos son mucho más libres con la homosexualidad y esos temas que nosotros, y eso es porque la sociedad ha evolucionado para bien.

- Se dan polémicas un poco artificiales. Qué más da que Disney, por ejemplo, avise antes de sus películas. Obviamente, como periodista cinematográfico, solo puedo estar a favor de la contextualización. Ojalá se contextualizara más, tendríamos más trabajo...

- Desde luego, yo siempre digo que Disney es una empresa privada y que cada empresa puede hacer lo que quiera con su catálogo, siempre que no escondan las películas, ni las censuren. Tampoco tengo nada en contra de una buena contextualización, todo lo contrario.

- Por otro lado, pensando en un profesor y sus alumnos, escoger una película puede ser un poco odisea. No puede contener material sensible, pero al mismo tiempo tampoco les puede quedar pequeña, porque se descolgarían…

- No lo sé, porque mis alumnos más jóvenes, y en total tendré unos 125, van a primero de carrera. Luego tengo muchos profesores, y también jubilados. En cualquier caso, para mí escoger las películas que iba a ver con mis hijos fue algo muy libre y relajado, un divertimento. Sin pensarlo demasiado, y con mucha naturalidad.

- Tampoco te gusta el cine “con mensaje”, ¿no?

- Me gusta que las películas transmitan emociones y también enseñanzas alrededor de la condición humana, pero que eso se quede en el subtexto. El cine se ha llenado de películas buenistas, con una cierta superioridad moral, presuntamente progresista y de izquierdas, cuyo principal objetivo es la transmisión de valores, y una película tiene que ser la narración de una historia emocionante que coloque a los personajes en encrucijadas, y ver si consiguen salir de ellas o no. La nobleza, la solidaridad y el compañerismo tienen que quedar por detrás.

- Ponme un ejemplo de cine buenista.

- Te pongo un ejemplo a la contra. Buñuel decía que no le gustaba que todos los mendigos fueran buenas personas. Hay mucho cine social europeo donde los buenos son siempre los que están abajo. Eso es maniqueísmo, y no me gusta nada.

'Blancanieves y los siete enanitos', un hito del cine de animación referenciado en el libro de Ocaña. DISNEY

- ¿Cuándo decidiste darle forma de libro al experimento familiar?

- En realidad, yo no decidí nada. No tenía idea de escribir un libro, porque soy autónomo y no tengo tiempo. Pero me llamó, al principio del confinamiento, el director editorial de Península, Oriol Alcorta, y me hizo dos propuestas. Una de ellas era esta, porque había leído algunos tuits en los que hablaba de las sesiones con mis hijos. Y, como se me habían caído un par de cursos, me dije este es el momento, ya que era algo que, al fin y al cabo, también tenía en la cabeza. Estuve un año escribiendo un poquito cada día, como una hormiguita. Lo que me llevó más tiempo fue volver a ver las ciento y pico películas que había visto con mis hijos.

- Una de las cosas que más me gusta del libro es que, en contra de lo que pueda parecer, no es un manual, sino una crónica…  Cuentas tu experiencia, por si sirve de algo.

- Sí, por supuesto. A partir del momento en el que alguien se lo compra, el libro deja de ser mío. El que quiera tomárselo como un manual, puede hacerlo. Pero, como dices, es una crónica. Me hubiera parecido muy pretencioso hacer un manual sobre cómo convertir a tus hijos en cinéfilos. Hubiera sido más comercial titularlo 150 películas para hacer cinéfilos a sus hijos, pero no era ese el objetivo. Eso sí, a mí me ha ido bien, puedo decir que mis hijos son cinéfilos.

- ¿Se han leído el libro?

- Julia lo leyó mientras lo iba escribiendo, y Santi se lo está acabando. Les hace gracia cuando cuento mis tretas para llevarlos por donde yo quiero.

- Hay que tener picardía para llevarlos a tu terreno. 

- Completamente. Cuanto más insistas para que tu hija vea una determinada película, menos la va a ver. Pero, cuando eran pequeños, les sacaba cuatro o cinco DVDs y les daba a elegir, así tenían la sensación de haber elegido ellos.

- Cuando consigues que vean la película determinada, y compruebas que les gusta, puede que no haya nada más grande, ¿no?

- Para mí es una de las mejores formas de compartir grandes ratos alrededor de las emociones. La emoción de estar con ellos viendo una película, y la emoción de vivir las emociones de otros.

El periodista y crítico de cine Javier Ocaña. NINES MÍNGUEZ

- El libro está organizado por géneros y algunos temas. Supongo que resulta más fácil agrupar las películas así...

- Sí, lo primero que hice, claro, fue la estructura. Pero en verdad nuestra experiencia fue, como te decía, mucho más libre. Podíamos estar viendo westerns durante semanas, y luego ver algo completamente distinto, incluso contradictorio.

- Con los westerns se confirma el tópico, viste muchos más con Santi que con Julia.

- Sí, con Julia habré visto unos 15. Intentas que no se reproduzca el tópico para poder decir “a mi hija le gustan los westerns y las aventuras de Julio Verne”. Pero no.

- La mayoría de las películas que les pusiste son de Hollywood. Muy poco cine francés o latinoamericano, ¿por qué?

- La solidez narrativa de los artesanos clásicos americanos me parece lo mejor para empezar. Luego ellos ya tendrán tiempo de experimentar por su cuenta. Les he puesto muchos westerns y películas de aventuras que vi los sábados en la tele de pequeño, como El halcón y la flecha (Jacques Tourner, 1950), El temible burlón (Robert Siodmak, 1952), Robin de los bosques (Michael Curtiz y William Keighley, 1938) y todas estas. Al final acabo con Kurosawa, porque me hacía ilusión hablar de Los siete samuráis (1954) y La fortaleza escondida (1958). Pero Kurosawa también era clásico a su manera.

- Kurosawa siempre te ha gustado mucho, ¿no?

- Sí, en el colegio de mi pueblo, cuando nos tocó El Rey Lear como lectura obligatoria, traje una copia de Ran (1985), doblada y en VHS para que la viéramos. Se quedaron todos bastante flipados.

Fotograma de la película 'Los siete samuráis', de Akira Kurosawa, uno de los directores fetiche del crítico Javier Ocaña. TOHO

- ¿A tus hijos les entró bien alguna película que no te esperaras?

- Cría cuervos (Carlos Saura, 1975). Julia pasó por delante cuando la estaba viendo hace unos seis años, justo en el momento ‘¿Por qué te vas?’. Se quedó a verla, y le encantó.

- ¿Alguna que se haya quedado fuera del libro?

Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975). La vimos cuando Santi tenía nueve o diez y Julia 11 ó 12. No sé por qué salió una conversación sobre la locura y los psiquiátricos. Hay un momento en el que traen a prostitutas, pero no pasa nada. Pero me parecía demasiada tela para meterla en el libro…

- Creo que uno de los motivos de que el experimento familiar te haya salido tan bien es que quizás, por genética, han heredado tus mismos gustos, que son muy marcados, con especial devoción por el cine americano de los ochenta, ¿no lo crees?

- No lo sé, sería imposible de verificar. Cada generación tiene sus propios mitos. No creo que alguien de nuestra generación prefiera las nuevas de Star Wars a la primera trilogía. Pero a mis hijos les gustan aún más las últimas. Y sin embargo, no tenemos que quedarnos sólo con el vértigo contemporáneo. Los padres cinéfilos tenemos la obligación de legar todos esos clásicos que ya no están tan de moda, pero que nos dieron tantas satisfacciones de pequeños. Me encantaría que, cuando ellos tengan hijos, también les traspasen clásicos como Chaplin o los hermanos Marx, porque creo que eso es algo imperecedero.

Periodista cultural especializado en cine y literatura. Fue redactor de la revista Fotogramas durante 17 años. Ahora colabora regularmente con medios como La Vanguardia, El Mundo, Cinemanía o Sofilm, entre otros. Ha comisariado la exposición Suburbia en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.