Ideas

El Señor Papagayo, la verdad a los cuatro vientos

Rafael Araujo lleva más de dos décadas convirtiendo un juego infantil en una singular forma de resistencia ciudadana en Venezuela.

Rafael Araujo, conocido como “El Señor del Papagayo”, lleva más de dos décadas difundiendo mensajes de protesta y opinión a través de sus cometas en las calles de Caracas. KAO YONEKURA

Se llama Rafael Araujo, pero lo conocen como “El Señor del Papagayo”. Habla poco, pero dice mucho o, mejor dicho, mucho dice su papagayo, su cometa. No hay día en que Rafael no le pegue la verdad para que se sepa a los cuatro vientos. Así, sus denuncias, reflexiones, provocaciones y hasta el chiste que muchos callan, siguen volando en las calles de Caracas.

Hay quienes que dicen Rafael hizo su primer papagayo durante las protestas venezolanas de 2002 y que, en diez años, ya había hecho más de seis mil. Él no recuerda cuándo comenzó ni ha contado cuántos ha hecho. Lo que sí recuerda es que creyó que haría pocos, porque también creyó que el chavismo caería pronto.

Pero el chavismo no ha caído, así que Rafael tampoco. Ni siquiera se vino abajo cuando se quedó sin trabajo en una imprenta ni cuando se separó de su esposa. Todavía es tenaz a sus 72 años. Pacífico y librepensador, ha hecho del juguete de su niñez, su propia forma de lucha y es uno de los activistas en Venezuela con la trayectoria más sostenida.

“Es que lo mío es la calle, la gente y los problemas de la gente”, dice antes de advertir que ahora sale poco, porque cuida a su mamá de 104 años, “pero papagayos hago todos los días, pongo la foto en mis redes sociales y leo lo que dice la gente”.

Lo acompaño a hacer el de hoy, día del entierro de Carmen Navas: “Yo ya empecé para agilizar. Armé el fondo con los pliegos blancos, las palabras y dejé el teipe cortado. Esto se hace rapidito: se tarda lo que tarda la dictadura en meter la pata otra vez”.

Rafael Araujo prepara la estructura de una nueva cometa en su casa de Caracas. KY

Rafael mide y amarra, tensa y corta. Desenrolla papeles de seda de varios colores y escoge el fucsia. No quiere el negro, porque fue el color que usó para el papagayo de ayer, también dedicado a Carmen Navas y a su hijo Víctor Hugo Quero. Pega, dobla, corta lo que sobra y pega los bordes…

“Yo ya lo hago mecánicamente, porque conozco los pasos, era mi juego favorito cuando era niño. De cualquier verada, sacaba un papagayo y lo volaba. También me sale fácil, porque siempre he tenido habilidad manual, todavía. Dicen que a mi edad es bueno que trabajemos las cosas manuales, así que voy bien”.

Aunque le interesa el papagayo de hoy, el nuevo, porque siempre hay un problema nuevo que se enreda, va contando uno que otro papagayo de ayer.

Rafael Araujo confecciona a mano un nuevo papagayo en su casa de Caracas. KY

“No es un adorno ni una pancarta que llega a subir dos o tres metros nada más. Mi papagayo sí vuela. Claro, tiene que tener verada gruesa y con cola doble de quince metros para que vuele. Éste mide un metro con veintidós centímetros y el travesaño mide casi un metro. Con esta medida, yo lo volé en el entierro del policía Óscar Pérez, [en enero de 2018]. Había mucha brisa en el Cementerio del Este y voló”.

Pone en el centro la palabra “MEMORIA”, es el eje horizontal que le sirve de guía para ubicar el resto de las palabras hechas con letras usadas. Cada letra fue medida con dedicación una por una, espacio por espacio: trece centímetros, “porque 14 es muy grande y 12 es muy chiquita”. Sin darse cuenta, cada letra tiene la memoria de una idea contundente que Rafael dijo alguna vez. Pareciera que la memoria también es el centro de toda su obra.

Mide y vuelve a medir. Marca con lápiz, ubica las otras palabras y mientras las pega, también pega otro recuerdo.

Rafael Araujo coloca las letras de un nuevo mensaje sobre el papagayo. YK

“[En 2015] Hice uno que pegó mucho, decía: ‘Maduro, ¿por qué destruiste el producto interno BRUTO? Puse la palabra 'bruto' más grande. Me dijeron que yo estaba insultando al presidente y yo dije que no le estaba diciendo 'bruto', sino que puse la palabra más grande, porque tenía más espacio y me sobró papel… De los recientes, hay varios que pegaron, ¿te acuerdas de que Maduro había dicho ‘¡Vengan por mí!’?... Yo le hice un papagayo a Donald Trump diciéndole: ‘Dale clavo’, o sea, dale guaya, como decimos aquí en Venezuela. Ejecuta. Y después pasó lo del 3 de enero”.

Rafael pone el acento de la palabra “reparación” y en lo que quizás él quisiera reparar:

“Una vez me detuvieron unos militares en Las Mercedes y me llevaron a La Carlota. Pero la policía, que en ese tiempo no estaba politizada y hacía su trabajo de policía, se les pegó atrás. Ahí, en la caseta de La Carlota, los militares me dijeron: ‘¡Quítese la ropa!’ Y yo pensé: ‘Me van a golpear’. Pero tuve suerte: me soltaron, porque vieron que la policía se estacionó al frente. Si no hubiesen llegado, me hubieran golpeado y sería otra persona, porque un torturado es otra persona”.

Rafael Araujo termina un papagayo con las palabras "Justicia", "Memoria" y "Reparación". KY

No han sido las únicas amenazas: a Rafael, un chavista le rompió un papagayo y un buhonero le rompió otro. Otro chavista intentó caerle a golpes en el metro. Un guardia nacional lo amenazó con partirle la cara. Los vigilantes lo botan cada vez que entra en un centro comercial y una vez le gritaron desde un carro: “¡Te vamos a quemar!”.

“Esa gente fanática, rencorosa, es así… Han pasado tantas cosas y tantos papagayos que se me escapan de la mente… Yo creo que estoy ileso, porque siempre trato de calcular que no me pase nada, por las bendiciones que me dan en la calle y porque ya no respondo, antes sí respondía”.

Protegido por la gente, Rafael ha tenido dos exposiciones en dos de los años más represivos en Venezuela: Papagayos de la Libertad (2016) y Somos Más, La Venezuela posible (2017). En abril de 2026, le otorgaron el Premio a los Valores Democráticos 2026, categoría Hacedores de Democracia.

“Me dicen que lo que pongo es el titular de la noticia del día y me gusta, porque también acompaño a los periodistas, no les dejan hacer sus vainas tranquilos, como tiene que ser”.

Rafael Araujo exhibe uno de sus papagayos en una calle de Caracas. KY

Con el papagayo listo, salimos a repetir su rutina: hacer que la verdad vuele alto, aunque el viento siempre le juegue en contra.

Cronista. Fue seleccionada en el Seminario de Periodistas de Bigott (2010) y en el Diplomado Nuevas Narrativas Multimedia Historias que laten (2018). Ganó el Concurso de Crónica Urbana de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello (2014) y la beca de Periodismo de Soluciones para Latinoamérica de la Fundación Gabo (2020). Actualmente colabora en los medios digitales Caracas Chronicles, Cinco8 y La Gran Aldea.