Pódcast: la paradoja de la abundancia

Las historias sonoras viven su era dorada. ¿Cómo respondemos ante tanta oferta?

ALBERTO HERNÁNDEZ MEDINA
ALBERTO HERNÁNDEZ MEDINA

El primer pódcast que escuché fue el estadounidense Serial, una investigación periodística de 2014 sobre el caso de Adnan Syed, encarcelado desde 1999 por el asesinato de su novia del instituto, Hae Min Lee.

Me di cuenta muy rápido de que la experiencia era muy distinta a cómo escuchaba la radio.

No me quería perder ni una palabra, por lo que tenía que buscar una actividad que me permitiese escuchar con atención. En aquel momento no tenía cascos bluetooth, así que la actividad ganadora fue la plancha. Descubrí que era posible engancharse a una historia sonora hasta el punto de tener la ropa planchada al día (no es mi modus operandi habitual).

El año pasado, durante el momento álgido del confinamiento en España, me enganché a un pódcast totalmente distinto, Radio Patio, en el que el músico Santi Araújo entrevistaba a personas del ámbito creativo español sobre sus rutinas confinadas. Ya con auriculares que me permitían en casa la libertad de movimiento que estaba prohibida fuera, el pódcast hizo que tuviera ganas de hacer cosas como limpiar el baño porque eran una excusa para escuchar un nuevo episodio.

Ahora voy un poco por rachas.

A veces escucho pódcast en cada momento práctico de mi vida doméstica (a la calle no los saco, por la calle voy con música o, a lo loco, sin nada) y a veces me abruma un poco toda esa oferta que hay y darme cuenta de que cada vez escucho menos música y menos silencio y los abandono durante una temporada. Porque hay una cosa que está clara: hay muchísimos pódcast y su número no para de aumentar.

Encontrar estadísticas completas no es sencillo, pero todas ellas apuntan a esa tendencia aún en clara expansión con un bum en 2020: según la base de datos Listen Notes, por ejemplo, en 2019 hubo 316.747 nuevos pódcast; en 2020 fueron 959.439. Aunque el inglés es con mucha diferencia la lengua en la que hay más, el español es la segunda.

Es decir, hay mucha oferta, pero ¿hay demanda? Según un informe de Edison Research, en Estados Unidos el número de oyentes creció un 17% en 2020.

Casi 20 años después de los primeros pódcast, el formato vive su época dorada. Sin embargo, para los oyentes tanta oferta puede resultar en cierto agobio y fatiga. Pregunto en mi Instagram para ver si esto es solo cosa mía o le pasa a más gente. Las respuestas, en general, giran en torno a épocas de escucha más intensa y otras de descanso. Hay a quien le agobia tanto pódcast, pero intentan escoger y disfrutar. Por lo general, escuchamos pódcast al cocinar, al limpiar o paseando por la calle.

Lo que tienen en común estos momentos es que hace unos años eran espacios de silencio. La radio y la música fueron siempre una opción, pero no todo el mundo que ahora escucha pódcast antes escuchaba otras cosas. ¿Nos estamos olvidando de vivir sin inputs externos?

ALBERTO HERNÁNDEZ MEDINA

“En el día a día es importante tener momentos de todo tipo”, dice la psicóloga Fátima Servián Franco, del Centro de Psicología Renacer, a través de una nota de voz. “Pero sí que es cierto que además de nuestro ámbito laboral, que cada vez tiene más sobrecarga de información y de trabajo, nos encontramos que en el ocio le añadimos, sin darnos cuenta, este exceso de conexión, de información, de devorar pódcast, de devorar series”. La experta apunta también que todo esto puede ser además una forma de evitar estar con nosotros mismos. Somos, parece ser, algo alérgicos al silencio, como probó un estudio realizado en 2014 en la Universidad de Virginia: el 67% de los hombres y el 25% de las mujeres que participaron prefirieron provocarse descargas eléctricas suaves a estar 10 minutos en una habitación solos y sin ningún tipo de distracción.

Estar en silencio de vez en cuando es necesario. Permite “analizar todas las sensaciones y emociones que el día nos va suscitando”, dice Servián Franco. Además, tiene beneficios también para el cerebro: la exposición al silencio durante dos horas al día estimula la creación de nuevas neuronas en el hipocampo. Esa ausencia de sonido es lo más efectivo para reducir el estrés y, además, mejora el funcionamiento cognitivo. Y, sin embargo, lo evitamos.

¿Cómo entregarse a momentos de silencio si hay tanto contenido interesante a nuestro alcance?

“Para gestionar el exceso de oferta lo ideal sería no tanto centrarse en lo que nos podemos perder, sino en lo que nos gustaría aprender o en lo que nos gustaría involucrarnos”, dice Servián Franco. Porque la culpa no es de los pódcast, claro está, sino del FOMO (‘fear of missing out’, miedo a perderse algo), que nos puede provocar que ahora, además de tener que ver determinadas series o películas para estar al día en las conversaciones, tengamos que tener también algún pódcast favorito.

Lo que dicen los creadores

Dos de los 320.250 pódcast que según Listen Notes se han estrenado en lo que va de 2021 son La Fucking Condición Humana y Vacunas, creados por El Extraordinario, empresa de “documentales sonoros y pódcast en español” lanzada hace unos meses. La periodista Mar Abad, cofundadora de este proyecto y anteriormente al frente de la revista Yorokobu, explica por videollamada que se metieron en este mundillo sonoro “por el ambiente, por lo que vive el mercado y por gente ilusionada”. Son muy conscientes de que estamos en pleno bum del formato. “Siempre será igual: vamos todos a lo nuevo, probamos suerte y por la selección natural del mercado unos sobrevivirán y otros morirán. Nosotros estamos ahí a ver si nos quedamos o, quién sabe, a lo mejor viene una nueva tecnología y somos los que salimos huyendo a la nueva moda”, dice.

En cuanto a los efectos que tanta oferta provoca en el oyente, Abad cree que se produce la “paradoja de la abundancia”. “Cuando comprábamos discos de vinilo, escuchábamos una canción y era una maravilla, porque podíamos tener muy pocas canciones. Llegó Napster y de pronto, como podíamos acceder a más música, la experiencia ya perdió valor. Y luego, con Spotify, mucho más. Con los pódcast está pasando lo mismo”. Eso sí, Abad no cree que esto sea problemático “Todos queremos probar lo nuevo”, dice.

¿Y cómo destacar y diferenciarse en un mercado tan saturado? “Es la lucha de la distribución”, afirma Abad. Es decir, asegurarse de que el pódcast llega a la gente a través de las distintas plataformas, de una buena estrategia SEO, etc. “Si no sabes cómo colocar tu pódcast, aunque sea el mejor del mundo, te lo comes”.

Como oyente, Abad suele escuchar pódcast cuando sale a pasear y cuando cocina. También alguna vez, si el diseño sonoro es “espectacular”, escucha sin hacer ninguna otra cosa a la vez: “Me tumbo en el sofá, cierro los ojos —porque si cierras los ojos escuchas mejor— y solamente escucho. Es un superplacer”.

El periodista mexicano Mauricio Cabrera, quien se presenta como “terapeuta de contenidos”, es responsable de tres pódcast, entre otros proyectos, y cree que la ultraespecialización es básica para llegar al público. “Si yo agarrara y dijera que lo mío, que va de medios [de comunicación], es en realidad de negocios, categoría en la que también podría entrar, estaría compitiendo con muchos más”, explica por videollamada. Cabrera añade que es necesario aportar valor de forma consistente. Y que hay que tener en cuenta que el tiempo del oyente es limitado. Por eso, defiende crear un contenido que permita el consumo reposado y otro para una escucha más rápida, a través de clips breves extraídos de ese otro producto de larga duración. “Siempre hablo de un acordeón en el que tú te tienes que abrir y cerrar de manera sistemática”, dice.

Cabrera tiene también muy claro que hay un exceso de oferta, lo que provoca cierta ansiedad en los consumidores. Él mismo, como oyente, reconoce que sufre “intranquilidad intelectual” ante tantas propuestas interesantes a las que nunca va a poder llegar por falta de tiempo. Por un lado, le parece positivo que exista esta “carretera de información”; por otro, siente que se trata de una situación insatisfactoria. “Uno recorre un camino muy lento comparado con lo que quisiera”, dice.

Quienes han recorrido ya mucho camino son Radio Ambulante, pódcast dedicado a las crónicas latinoamericanas en español que nació en 2012. En el momento de su creación, se trataba de “un proyecto único en Estados Unidos”, explican por correo electrónico Carolina Guerrero, CEO de la iniciativa (que ya es empresa), y Camila Segura, directora editorial.

Las responsables de este pódcast —vinculado desde 2016 a NPR, la radio pública estadounidense— creen que, sobre todo en español, el mercado ha cambiado mucho, con cada vez más oferta y profesionalización. “La competencia de grandes plataformas de tecnología como Spotify, ha logrado la expansión del pódcast en español en Latinoamérica”, dicen.

Presentado por el escritor peruano Daniel AlarcónRadio Ambulante ha logrado crecer y mantenerse relevante siguiendo con el objetivo de siempre (“contar las mejores historias posibles en audio, aquellas que no encuentras en la prensa escrita, que narra la experiencia humana desde la intimidad de las voces de los protagonistas, con sus particulares complejidades y matices”), pero fortaleciendo también su organización, con el fin de “desarrollar e implementar procesos que garanticen la calidad de la reportería y el diseño sonoro y, a la vez, la sostenibilidad financiera que soporte lo artesanal que es el proceso”. Gracias a esa profesionalización y crecimiento pudieron lanzar un segundo pódcast, El hilo.

En cuanto a si existe cierta fatiga en los oyentes, Guerrero y Segura no tienen una respuesta clara. “Nuestra audiencia solo ha crecido desde que lanzamos. Y hoy en día en español hay mucha curiosidad y motivación en nuestra comunidad”, dicen. Además, añaden que una ventaja de los pódcast es que ofrecen mucha libertad: “El formato es libre y, si te aburres, simplemente no lo escuchas más. De pronto un día te vuelves a motivar, y ahí estará el archivo esperándote para que te pongas al día”.

Periodista. Colaboradora de medios como El País y Archiletras. Cofundadora del medio digital de tendencias Disquecool.

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