Todo empieza con un mensaje de WhatsApp: “Tengo un panal de abejas en mi casa”. Entonces Adriana toma sus pertenencias y se dirige hasta el lugar indicado en su auto. Lleva consigo un traje especial para evitar sufrir picaduras, guantes, un ahumador, bastidores de madera que contienen fragmentos de un panal. Siempre atiende en Ciudad de México. No va a exterminarlas, va a rescatarlas.
Una vez, una llamada llevó al equipo hasta una enorme casa en Insurgentes Norte. Una mujer joven era responsable del cuidado de esa morada desde el fallecimiento de su madre. Les comentó que se estaban viendo a muchísimas abejas muertas en el cuarto de su hermano, casi todas del piso. Apenas retiraron la primera tabla, un enjambre apareció. Continuaron con el procedimiento y fueron saliendo más. Parecía un infinito de zumbidos. Tabla por tabla, removieron dos metros y medio de diámetro, todo con consentimiento de la dueña. En otra ocasión, el rescate se dio dentro de una cripta en un cementerio.
Esta vez es mucho más tranquila la operación: es solo un panal, no es un gran problema. Es en una casa ubicada en Texcoco. Las abejas no dan resistencia. Cuando termine el rescate, el cliente pagará un monto bastante pequeño. Después de eso, las llevará a un apiario ubicado en Xochimilco. Sé lo que estás imaginando: un enorme complejo industrial plagado de abejas, panales y maquinarias. En realidad, es un conjunto de cajas donde están dispuestas varias colmenas. El proceso de la extracción de la miel se hace de forma artesanal. Todo es con las manos y algunas herramientas.
Todo por las polinizadoras
Adriana Véliz (1986) es directora de Abeja Negra SOS, una empresa dedicada al rescate de abejas y a la apicultura fundada en 2018. Realizan rescates por toda Ciudad de México y a veces en el Estado de México. Es un equipo pequeño. Fernanda Molina, licenciada en Administración de empresas, le ofreció a Adriana la idea de crear un espacio dedicado al rescate de abejas. La idea era hacer un santuario. Se consiguió un lugar en Xochimilco y los materiales adecuados.
Ella se fue encargando de los rescates, recepción de donativos y capacitación de empleados. A medida que el grupo fue creciendo, quiso hacer que el factor de género fuera su identidad: solo mujeres trabajaban allí. De hecho, considera que eso tuvo cierta influencia en los resultados: la motricidad fina -donde las mujeres, en promedio, suelen tener ventaja- es necesaria durante el rescate de las abejas. No obstante, hoy el equipo es mixto. Aun así, se enorgullece de ejercer en una labor donde casi todos los practicantes son hombres.
Las abejas son guardianas involuntarias de todos los ecosistemas. Cada vez que una de ellas se posa sobre una flor para alimentarse del néctar o polen, minúsculas partículas de ese polen se adhieren a su pelaje. Y cuando esta se posa en la próxima flor, esas partículas la fecundarán, formando nuevas semillas y frutos. Forman parte del grupo de animales polinizadores, junto a otros insectos, los colibríes, algunas especies de murciélagos, entre otros. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) ha declarado que el 90% de las plantas florales del mundo necesitan de ese proceso, y en ese proceso interviene el 75% de los cultivos alimenticios del mundo.
Matar abejas es un pecado ecológico. Por eso, iniciativas como Abeja Negra SOS tienen tanto peso: marcan la diferencia y siembran conciencia. Reciben 20 llamadas diarias. No pueden atenderlas todas. Sin embargo, Adriana va notando que la sociedad mexicana viene tomando conciencia. Ve con buenos ojos que recientemente el gobierno aprobó la prohibición de 35 pesticidas, los cuales perjudican a nuestras amigas voladoras. No obstante, considera que eso se decretó con retraso: muchos países europeos hicieron lo mismo hace diez años. Le agrada decir que, muchas veces, las llamadas que reciben vienen de personas mayores, casi siempre, impulsadas por sus hijos.
—La importancia de las abejas la conocen los mexicanos, pero el problema es que todo lo quieren gratis. Porque los bomberos las matan gratis. Salvar y conservar cuesta mucho. Si no interviniéramos probablemente su futuro inmediato sería una eliminación por parte de cuerpos de emergencia. Es bonito el círculo virtuoso—, asegura Adriana.
La apicultura, el arte de criar abejas en cautiverio, puede generar beneficios para diferentes sectores económicos. No solo produce miel. También genera cera, propóleo -una resina que las abejas recolectan de las yemas de las plantas y árboles- y polen. Todos esos productos tienen variados usos en las industrias alimenticia, cosmética y médica. Adriana dice que México es un país diverso en mieles: “las blancas que suelen venir de suelos desérticos, con muchos minerales. Las del centro de México tienden a ser amarillas porque tienen nutrientes, pero no tantos. En el sur, hay muchos minerales en las selvas y manglares, y por eso son muy oscuras”. Ese es otro motivo por el cual es necesario que el gobierno brinde más apoyos al oficio. Muchos jóvenes hijos de apicultores no desean continuar con la profesión de sus padres.
—En el caso de México en particular, la abeja que está en peligro de extinción es la melipona y, en general, las nativas. Estas solo están en el sureste del país. Las estamos perdiendo porque se está perdiendo el entorno. Además, hay muy pocos apoyos a los apicultores; debería ser una actividad a la que se le diera más importancia, para que las próximas generaciones estén interesadas. Las abejas se van a seguir reproduciendo, pero sin un apicultor es complicado.

















