Artes

Clotilde Jiménez, arte a favor de la diversidad

Las obras del artista estadounidense abordan “de forma muy consciente” temas como la negritud y la multiplicidad de identidades.

Detalle de la obra 'Tea party' de Clotilde Jiménez. CORTESÍA

Las obras de Clotilde Jiménez están pobladas por personajes de piel oscura que realizan todo tipo de actividades cotidianas: comer frutas, asearse en el baño, conversar entre amigos, practicar boxeo, bañarse en la playa... Y en sus rostros, realizados habitualmente con la técnica del collage, coexisten diferentes rasgos fisionómicos: hay más de un ser en cada figura.

Esta multiplicidad es uno de los principales rasgos del trabajo artístico de Clotilde Jiménez, quien, como las figuras que retrata, también atesora una variedad de identidades. “Hay gente que es de un lugar, no es mi caso / Yo estoy aquí de paso”, dice una canción de Jorge Drexler. Esa idea parece aplicarse a la perfección a este artista plástico: podríamos afirmar que Clotilde es estadounidense, aunque también es puertorriqueño y, al menos en parte, británico. Y cada día se siente más mexicano.

El tránsito por diferentes geografías se ve reflejado en la obra del artista, la cual, a través de distintas capas y texturas, trae a colación temas como la negritud, la diversidad y el cuerpo. De estilo inconfundible, sus composiciones se han expuesto en distintas galerías de América y Europa, y también formarán parte de la imagen de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024, después de que sus organizadores eligieran al creador plástico para colaborar en la cita deportiva.

Actualmente, Clotilde reside en Ciudad de México, donde dispone de un amplio y luminoso taller ubicado en el centro histórico. Ahí, entre algunos de sus lienzos y cerámicas, nos recibe. Alto, tatuado, de actitud despreocupada, el artista habla de cuestiones polémicas sin un atisbo de duda. “La raza es una cosa construida”, dice en conversación con COOLT. “La palabra ‘blanco‘ para referirse a una persona blanca fue escrita por primera vez en el siglo XVIII por gente de Europa”, agrega. “Los artistas tenemos un trabajo y una responsabilidad, porque estamos haciendo imágenes, y las imágenes son símbolos, y eso dirige el mundo. ¿Qué sería una iglesia sin imágenes de Jesús, María y los santos? Yo presento la raza y el color de forma muy consciente, que en Latinoamérica siempre se olvida”.

'Bañistas mexicanas'. CORTESÍA

Una vida no lineal

Clotilde nació en Honolulu, Hawái, en 1990, pero pasó su infancia y adolescencia en Filadelfia, en un entorno mayormente afroamericano y en compañía de su familia materna, procedente de Puerto Rico. “Fui un niño muy promedio”, recuerda, “pero la diferencia entre yo y los demás es que fui muy curioso, siempre cuestionaba la vida y situaciones”. Su padre, un marino que había sido boxeador, no estuvo presente en esos años.

El inglés fue la lengua materna de Clotilde, aunque él sentía una atracción especial por el español. Cuando iba con su abuelo en el auto, escuchaba canciones de salsa, lo que aumentaba su curiosidad por sus raíces. La necesidad de profundizar en ese vínculo se acrecentó también por sus amistades procedentes del Caribe: “Viendo sus familias me preguntaba dónde estaba la mía”.

Siendo todavía un adolescente, Clotilde decidió viajar a Puerto Rico para conocer a la familia materna. Sin dejar sus estudios, trabajó durante un año para poder comprar el pasaje. La brisa húmeda del Caribe, además del inclemente sol, es el primer recuerdo que tiene de su visita. Se instaló con sus tíos en el pueblo de Cidra, un entorno natural, muy diferente al de su hogar en Filadelfia. Ahí empezó a aprender español, y también conoció los ritmos de la isla, como la bomba, un estilo muy asociado a las raíces africanas de Puerto Rico. Clotilde sintió que iba completando su rompecabezas familiar. Al año siguiente, repitió la experiencia.

Clotilde Jiménez, en su taller de Ciudad de México. DIEGO TORRES PANTIN

A los 17 años, Clotilde se mudó a Cleveland para estudiar en el Instituto de Arte. Fue entonces cuando aprendió muchas de las técnicas que marcarían su carrera. Y también cuando se encontró con una realidad desconocida: mientras que en el ambiente de Filadelfia del cual provenía él formaba parte de una mayoría, allí lo era de una minoría. Notó el racismo de algunos compañeros en forma de bromas. Era una discriminación tímida, pero evidente. Y que incluyó algún episodio desagradable: en una ocasión, Clotilde se encontró en la calle con un grupo de jóvenes ebrios que empezaron a insultarlo. Él continuó caminando, pero ellos lo siguieron. Si se defendía, el riesgo sería alto. “Si venía la policía, me iban a llevar a mí. Fue mejor correr”. Hoy cree que esas experiencias amargas tuvieron beneficios: “Fue la transición de niño a adulto”.

Terminada la carrera, Clotilde se marchó a Londres para hacer una maestría. La capital inglesa le brindó un ambiente multicultural que le seviría de inspiración. “En el metro veía a jóvenes rusos, chilenos, nigerianos”, recuerda. Pero, aunque el ambiente londinense le encantaba, optó por marcharse de Inglaterra cuando llegó el Brexit. La sociedad se había polarizado, y él sintió el cambio. Un día, paseando con su esposa y su cuñada, ambas mexicanas, un hombre se les acercó para gritarles: “¡Emigrantes, váyanse a su país!”. Fue ese el momento cuando decidió buscar otro lugar en el mundo en el que instalarse. El nuevo destino fue Ciudad de México. “Es una capital cultural en Latinoamérica, está bien ubicada, nos gustó. Mi historia no es muy lineal, a diferencia de la de muchos que nacieron allí de padres de allí”, dice.

Obras que cuestionan

A mediados de 2023, llegó el momento más sorprendente de la carrera de Clotilde. En su bandeja de correo apareció un mensaje de la organización de los Juegos Olímpicos. Querían encargarle unos carteles que mostraran a distintos personajes practicando deportes. Su perfil artístico resultaba compatible con lo que ellos buscaban. Las piezas tendrán presencia en las Olimpiadas que tendrán lugar en París este 2024. ¿Cómo se enteraron de él y de su obra? “No sé cómo me encontraron, eso sigue siendo un misterio”, responde.

Ese encargo, aunque sorpresivo, tenía coherencia con lo que ha sido una constante en la obra de Clotilde. El artista suele representar a personajes con cuerpos hercúleos, muchas veces realizando actividades deportivas. No es su único tema, pero sí uno habitual. “Es importante mostrar cuerpos negros y morenos para que la gente lo experimente como lo experimento yo. Hay mucho que responder, cuestionar y criticar. Es exportar el cuerpo negro y todas las ideas que lo rodean: ideas sexuales, ideas que vienen del racismo, ideas bíblicas”, dice Clotilde. “También [es importante] por la relación que tengo y no tengo con mi padre, que fue boxeador”.

Cartel de Clotilde Jiménez para los Juegos Paralímpicos de París. CORTESÍA
Cartel de Clotilde Jiménez para los Juegos Olímpicos de París. CORTESÍA

Cuando inicia un proyecto, Clotilde busca crear una obra que pueda ofrecer distintas lecturas. Habitualmente empieza haciendo una de sus actividades preferidas: dibujar. “Estoy rodeado de bocetos. Cada obra empieza por esa cuestión: ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿para qué? Yo no tengo las respuestas”, dice Clotilde, quien subraya la importancia que tiene el proceso de abocetado en su trabajo. Y es que a él le gusta tomarse su tiempo para hacer las cosas: “Vivimos en un mundo donde todos están esperando algo muy rápido. La gente busca algo instantáneo. Y dibujar y hacer bocetos va en contra de eso, porque hay que quedarse allí y pensar”.

Para Clotilde, el collage es una excelente herramienta para ampliar el alcance de su discurso. “Me permite contar varias historias al mismo tiempo”, dice. “Es como una manera de contar mi historia y la de otra persona con la que comparto las mismas ideas, deseos y pesadillas. Es una forma de decir que, aunque seamos seres individuales, llevamos varias líneas al mismo tiempo. Así es América, donde hay diferentes identidades: la africana, la europea, la indígena, la asiática... No quiero decir que todos somos uno, pero es la idea para el futuro”.

'Femme au Hijab'. CORTESÍA
Jarrones cerámicos realizados por Clotilde Jiménez. DIEGO TORRES PANTIN

Pese a que ocupa un lugar central en su obra, el collage no es su único medio de expresión: desde que se instaló en México, el artista también ha experimentado con la céramica, además de emplear soportes como la tela o el papel chino. Él es consciente de que cada material tiene un significado distinto, muy vinculado a la historia de su uso. “Cuando llegué a México, pensé que podía probar una forma auténtica de hacer cuerpos latinos, de la gente de mi vida, y encontré el amate [papel vegetal de origen mesoamericano], que se usaba en la época de la colonia para hacer arte religioso. Trato de aceptar las tradiciones en el arte de la ciudad o país en el que esté. En otra parte del mundo usaré otras cosas”.

De familia puertorriqueña, nacido en Hawái, criado en Filadelfia, formado en Cleveland y en Londres, establecido ahora en México, para Clotilde resulta difícil concebirse como una persona de un solo lugar. Eso le ha dado una mayor sensibilidad ante la multiculturalidad. Sin embargo, hay algo que él destaca sonriente: se siente cómodo en donde está actualmente. Es feliz. “México se ha vuelto mi hogar. Yo lo considero así. Mi familia es mexicana, mi hija es mexicana. Voy a quedarme aquí mucho tiempo. México tiene mucho que ofrecer y quiero mantener los ojos abiertos”.

Periodista y fotógrafo. Colaborador de medios como Prodavinci.