Carolina Arias y el misterio de las esferas

La antropóloga costarricense debuta como realizadora con 'Objetos rebeldes'. Un acercamiento a las enigmáticas petroesferas de su país a través de la memoria familiar.

Fotograma del documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. LA LINTERNA FILMS
Fotograma del documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. LA LINTERNA FILMS

Carolina Arias Ortiz (San José, 1987) se fue de su Costa Rica natal a los 12 años, cuando sus padres se separaron, y quedó prácticamente desligada de su país hasta que su padre enfermó. Entretanto, estudió antropología en Bruselas y un grado de cine documental en Barcelona. Fue al volver, tras conocer a la arqueóloga Ifigenia Quintanilla, especialista en las más de 300 esferas de origen precolombino halladas en el sur de Costa Rica, cuando decidió mezclar este misterio milenario con su propia vida, y hacer una película.

Objetos rebeldes, que se ha estrenado en el festival internacional de cine documental Docs Barcelona (y estará disponible en streaming en Filmin hasta el 30 de mayo) antes de su estreno costarricense en junio, atrapa de entrada por el hipnótico desfile de innumerables esferas diseminadas en el tiempo y en el espacio. Están siempre como fuera de contexto. Algunas las ha filmado la propia directora como si se tratara de instalaciones de land art, otras aparecen en imágenes de archivo, lejos de sus emplazamientos originales, ornamentando jardines privados. Las hay de muy distintos tamaños —con diámetros de 0,7 a 2,57 metros—, y pueden llegar a pesar 16 toneladas, como la canción.

Esfera de piedra de Costa Rica en el documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. LA LINTERNA FILMS
Esfera de piedra de Costa Rica en el documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. LA LINTERNA FILMS

En la embajada de Costa Rica en Washington también tienen una, a modo de símbolo de identidad nacional, aunque al mismo tiempo los distintos yacimientos arqueológicos están algo descuidados. Arias cuenta que “el sitio Finca 6, que conserva el nombre de la finca bananera donde se dio el hallazgo cuando deforestaron, es el único en el que las esferas están todavía en su posición original, y al final de la película puede verse que están alineadas en relación al sol”. Y si se ha descuidado el legado precolombino cree que es “porque el Museo Nacional, que se encarga de su conservación, no tiene mucho presupuesto”.

“La United Fruit Company ocupó toda América Central, y marcó la agenda política y agrícola de la región. Curiosamente, la hija del propietario de la multinacional estadounidense era la arqueóloga Doris Stone —¡además se apellidaba Stone!—, que fue la primera en escribir sobre las esferas. Poco después, en 1948, estalló nuestra guerra civil, la única que hemos tenido, y luego se interesó por ellas otro arqueólogo americano, Samuel Lothrop, que también era un tipo curioso. Leí que, durante su estancia en Panamá, pudo haber estado implicado en asuntos de espionaje”.

La mayoría de las esferas están en el sur, “una zona arqueológica que tiene estética propia, muy distinta a la del norte, que está más cerca de Nicaragua, y bajo la influencia de los mayas”. En esa parte, dice Arias, se han encontrado vasijas con dibujos de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, mientras que en el sur también se encontró oro y toda clase de objetos relacionados con esta cultura presuntamente extinta. “Actualmente, en la zona, hay un asentimiento indígena, los boruca, que es un pueblo muy artesano, que sigue trabajando máscaras, y conserva su idioma propio”. Sin embargo, no está claro que los ancestros de los boruca fuesen quienes fabricaron esferas tan perfectas, allá por el 500 AC: “Los arqueólogos especulan, no se sabe qué técnica pudieron utilizar, y los materiales provenían de otro lugar, transportarlos tuvo que implicar a mucha gente”.

Esferas de piedra de Costa Rica en el documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. LA LINTERNA FILMS
Esferas de piedra de Costa Rica en el documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. LA LINTERNA FILMS

Las teorías que circulan sobre las esferas son infinitas. Según los bri bri y los cabécares — “las dos comunidades indígenas más importantes, con lengua propia, que quedan en Costa Rica” —, Tara, el dios del Trueno, bombardeó la zona con ellas para alejar a sus competidores. Los antropólogos Ivar Zapp y George Erikson decidieron en su día que “las esferas eran un mapa de navegación para los atlantes, cuya civilización se encontraba aquí”, y tampoco falta la teoría extraterrestre, desarrollada por el español J.J. Benitez, autor de 100.000 kilómetros tras los ovnis. Benitez popularizó un DVD titulado Las esferas de nadie, que irritó a Quintanilla. La arqueóloga clamó en su blog que “las esferas de nadie sí son de alguien”. 

Es habitual. El pasado verano Elon Musk insistía en que las pirámides de Egipto habían sido obra de alienígenas. Por mucho que el astrofísico Avi Loeb afirma que cada vez es más obvio que nos visitan desde el espacio exterior (sería presuntuoso creer que estamos solos en el universo), con cada vestigio arqueológico que parece evidenciar la preexistencia de una sofisticada civilización indígena, aparece la teoría alienígena. Algo quizás particularmente sensible en un pequeño país como Costa Rica que “se ha vendido a sí misma como una Suiza latina, como el país más blanco de Centroamérica”, dice Arias, quien se reconoce muy mezclada: “Seguro que tengo sangre indígena, africana, y hasta puede que árabe”. Afortunadamente, añadimos, porque la mezcla es bella, nada más enriquecedor que la diversidad.

La antropóloga y realizadora costarricense Carolina Arias Ortiz. ARCHIVO
La antropóloga y realizadora costarricense Carolina Arias. ARCHIVO

En cualquier caso, esa tendencia a cortar los vínculos con su pasado indígena existe: “En el colegio, cuando estudié la historia del país, empezaba con la llegada de Cristóbal Colón. Luego, para mi tesis de maestría, descubrí que en Costa Rica, ya desde los tiempos de la colonización, siempre se han manipulado los números para que parezca que hay más blancos de la cuenta. En mis clases de antropología, mis jóvenes alumnos se sorprenden de que el racismo tuviera una base científica, porque siempre hay una estrecha relación entre la ciencia y el poder. Al fin y al cabo, son discursos para apoyar ciertos grupos sobre otros”.

Objetos rebeldes coincide además en el tiempo con El mito blanco, documental del joven realizador nicaragüense Gabriel Serra, que optó al Oscar por La parka (2013) y aquí ahonda en la situación de los grupos étnicos marginados en la vecina Costa Rica, entre los que se cuentan sus compatriotas, exiliados como él. “Le conozco, pero todavía no he visto El mito blanco”, dice Arias, “pero en Costa Rica los afrocaribeños viven sobre todo en Limón, una zona más abandonada por el Estado. La gente dice que es peligroso, sólo porque ahí viven muchos negros”.

Tráiler del documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. YOUTUBE

Las esferas son un escollo en el relato de la colonización. Arias añade que, “en el Museo Peabody de Historia Natural de la Universidad de Harvard hay mucha información que se quedó ahí, desde los tiempos de Lothrop. Pero no nos pusieron ninguna facilidad para que pudiéramos ir a investigar y filmar. Al contrario, y eso también es una forma de colonialismo. Hasta tienen una esfera. Son objetos que se han vuelto viajeros”. Esferas voladoras no identificadas.

El título de la película, Objetos rebeldes, viene por cierto de otra entrada del blog de Quintanilla, dedicada a una exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), Metamorfosis, sobre cuatro creadores de cine fantástico: Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay. Quintanilla no recordaba cuál de los tres había escrito un párrafo titulado Objetos rebeldes, pero decía así: “los objetos siempre han estado más vivos que las personas. Y es que la memoria de los objetos es más larga que la memoria humana, que está limitada por la mortalidad”.

La arqueóloga Ifigenia Quintanilla, en una escena de 'Objetos rebeldes', de Carolina Ortiz. LA LINTERNA FILMS
La arqueóloga Ifigenia Quintanilla, en una escena de 'Objetos rebeldes', de Carolina Ortiz. LA LINTERNA FILMS

Tras sus años europeos, Arias regresó a Costa Rica para reencontrarse con su padre enfermo, del que se sentía distanciada, y se identificó con esos Objetos rebeldes y redondos, con los que su país ya no tenía “un vínculo emocional real”. Había un abandono en esa historia, dice. “Ifigenia se interesaba en las fisuras y las marcas de estos objetos, y como yo también sentía esa fisura a nivel personal, con mi padre y con mi país, me vi reflejada en esas marcas. Al principio no me planteé hacer una película tan personal, pero me cuesta desligarme de lo que estoy viviendo”.

A través de esas hipnóticas petroesferas, fascinantes objetos fuera de contexto que recuerdan a los cuadros del belga Magritte (o a las semillas gigantes de La invasión de los ladrones de cuerpos), Arias establece un diálogo con su pasado desde un presente en blanco y negro. A la inversa de lo que suele suceder, la película es en blanco y negro y las fotos que emergen del pasado familiar aparecen en color. “Quise mirar el pasado como una arqueóloga, y me di cuenta de que estaba vivo”. En la película, Arias también muestra esas fotos y dice algo muy bonito: “Cuando las miro es como mirar a través de sus ojos, y lo que veo es a mi mamá”.

Fotograma del documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. LA LINTERNA FILMS
Fotograma del documental 'Objetos rebeldes', de Carolina Arias. LA LINTERNA FILMS

Antes del estreno de Objetos rebeldes en su Costa Rica natal, a Arias le preocupa que pueda chocar que haya mezclado petroesferas y vida personal, cosa que, de hecho, entronca con una corriente global de películas y documentales en los que jóvenes realizadores, sobre todo realizadoras, indagan en su propio pasado. También le preocupa que sus compatriotas no encuentren en la película respuesta al misterio milenario de las esferas de piedra: “Esas respuestas no puedo darlas, porque nadie las tiene”.

Periodista cultural especializado en cine y literatura. Fue redactor de la revista Fotogramas durante 17 años. Ahora colabora regularmente con medios como La Vanguardia, El Mundo, Cinemanía o Sofilm, entre otros.

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