Arturo Trejo y la vida en cómic

El dibujante mexicano convierte lo cotidiano en viñetas y se expone sin filtro: “Si no genera emoción, es como si no se hubiera hecho nada”.

El dibujante mexicano Arturo Trejo, creador de 'Los Indispensables', da el salto a la novela gráfica con 'La vida con Chispa', de tono íntimo y autobiográfico. CORTESÍA
El dibujante mexicano Arturo Trejo, creador de 'Los Indispensables', da el salto a la novela gráfica con 'La vida con Chispa', de tono íntimo y autobiográfico. CORTESÍA

Cada semana aparecen en Instagram y Facebook las caricaturas de Arturo Trejo (1988). Allí uno encuentra colores saturados, personajes caricaturescos, referencias a la cultura pop, un vocabulario de origen mexicano y una voluntad por satirizar el día a día. El sentido del humor es una prioridad. El proyecto se conoce como Los Indispensables. Desde el año 2016, ha sido la plataforma por donde Arturo ha dado a conocer su trabajo.

Arturo se convirtió en un obseso del dibujo desde su más temprana infancia. Fantasía, el clásico de Walt Disney, por su manera de crear un discurso más basado en el dibujo que en las palabras, fue una obsesión para él. Ya adulto, cursó estudios en El Tecnológico de Monterrey. Como diseñador, la vida en una empresa le resultaba insatisfactoria. Como reacción a esa fatiga, surgió Los Indispensables. La disciplina férrea por publicar cada semana, con frecuencia y con un humor que muchas veces conecta con temas inmediatos del espectro social, político o del mundo del entretenimiento, fue su prioridad. Ahora tiene un jefe igualmente exigente: él mismo.

En 2025 publicó su primer libro, La vida con Chispa con la editorial Hachette. Se trata de una historia en la que se ve el progreso de la relación entre un hombre -que, por cierto, tiene la cabeza de un pollo- y su perrita, quien es una gran amante del pollo. Todo parte de una visita a la casa de sus padres durante la pandemia, momento en el que la coprotagonista llegó al mundo, y llega hasta su mudanza a CDMX. No es necesario un acontecimiento extraordinario para sostener la trama, basta con un tratamiento humorístico bien sostenido por las herramientas gráficas que su medio ofrece.

La personalidad de Arturo se refleja en su trabajo: es alguien accesible. Alto, con gran tendencia a expresarse de manera directa y sin titubeos, y por supuesto, sonriente. Así es como se sostiene mientras responde preguntas. Pero en La vida con Chispa tenemos un acceso más profundo a esa personalidad. Incertidumbre, inseguridades, reacciones ante problemas cotidianos y la felicidad de tener a una compañera peluda. Allí el humor desnuda al autor.

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¿La exageración formal es parte de tu discurso?

Sí, completamente. Al final, todo es una biblioteca. Me refiero a todo lo que veo, lo que consumo respecto a tira cómica, novela gráfica y caricaturas. Este ejercicio de los dibujantes de Disney de ponerse en el espejo, hacer la expresión y exagerarla al dibujarla, yo lo practico. Gracias a eso los personajes son ojones. Entrecierro más los párpados si hace falta. Pongo una expresión de asustado o sorprendido, o de alegría, la pupila un poquito más grande. Es parte del argumento y del lenguaje gráfico.

Tu trabajo en Los Indispensables parece nacer a partir de la idea de un chiste en cada cómic. Eso es lo primero, ¿verdad?

Sí, claro. Mi proceso creativo es así: estamos platicando, alguien se atraviesa y me viene algo cómico a la cabeza. Y al mismo tiempo se me ocurre cómo representarlo gráficamente. Entonces lo maduro un par de horas antes de aterrizarlo a nivel gráfico. Antes me pasaba que después de eso me venía una idea de cómo hacerlo visualmente con un mejor punch line. Así que primero todo tiene que suceder mentalmente en mi cabeza.

Siento que tus colores saturados tienen un origen pop, pero en La Vida con Chispa hay una evolución a un uso más introspectivo.

Fíjate que cuando nació Los Indispensables, las viñetas eran en blanco y negro porque era más rápido. Pero el proyecto fue cambiando. Empecé a crecer. La audiencia pedía más y más contenido. Un día estaba acostado pensando en cómo mejorar el proyecto y pensé en hacerlo a color. Justo cuando empecé a agregar color, avancé mucho. Si hoy hago algo en blanco y negro siento que no dice todo lo que quiero. La paleta de colores es puro feeling. Si quiero transmitir calma, uso muchos tonos cálidos, que transmitan calma, para mostrar que el ser humano trascendió, se fue el espíritu. Cuando quiero manejar sentimientos profundos e introspección mantengo tonos azules en diferentes matices. Es algo que no pienso bajo un manual o un esquema; son cosas que yo ya vi. Es pura aplicación. En la parte de La vida con Chispa en la que estoy deprimido había colores apagados para reflejar depresión y soledad, que el personaje está amurallado con pensamientos negativos. Cosa contraria a la parte en la que estoy en la casa de mis padres, que es un lugar cálido, seguro, con amor. Allí va mucha teoría del color. Son cosas que ya hago por default. Eso también ayuda al lector a que entienda cuál es la situación.

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En La Vida con Chispa hay varios pasajes que no usan palabras, viñetas con apenas ciertos cambios... ¿siendo una historia larga, te permitiste jugar más con el lenguaje del cómic?

Sí, fíjate que me gusta usar la herramienta de los silencios. De repente hay estrés o diálogo. Me gusta poner una estructura cinematográfica, el paso por paso. Cuando el protagonista llega a Aguascalientes, pide el taxi, va a su casa. Hay secuencias que culminan cuando él termina con su depresión. Hay otra parte donde está tumbado, triste, y ese es el momento para ir dándole tensión a la escena. Me gusta jugar con la viñeta humorística, incluso para poder retarme a mí a transmitir lo que quiero decir. Algunos lectores me dijeron que estuvo fenomenal, que hizo sentir como si estuvieran en una película, y otros que eran lentas. Son experimentos que se tienen que hacer al hacer narrativa gráfica. Hacer un trabajo más amplio, una historia más allá del humor, más honesta y sincera, es una exposición, mostrarme vulnerable. Tengo un abanico de emociones y un universo para poder expandirlo gráficamente hablando. Fue algo muy diferente. Lo disfruté mucho. El 90% de mi trabajo es humor. Con La vida con Chispa fue un trabajo de contar una historia, aterrizarla en algo universal. Si logra saltar el charco, lo ve un alemán y pueda decir que vivió algo parecido con su mascota. Porque el humor mexicano, pese a compartir aspectos con lo latinoamericano, de repente no capta algunas cosas. Entonces La vida con Chispa es, creo yo, completamente universal.

No sabría en qué género ubicar La Vida con Chispa. ¿Slice of life, falso documental, autobiografía?

Como autor diría que es autobiográfica. Pero la gente que no conoce Los Indispensables o no me conozca, creo que lo pondría en género cotidiano o vida diaria. Me divertí jugando con esos géneros. Cuando me ponen a hacer algo que no me gusta, no lo termino. Este trabajo me sinceró. Toda esta historia fue construida con memorias. Entonces fui seleccionando memorias y siendo fiel. Iba a meterle toques de humor, como la referencia a The Office o a Fantasía, y la gente que me conoce sabe que ese es uno de mis referentes.

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¿La cotidianidad es una temática de tu obra en general?

Sí, completamente. Los Indispensables nace como una observación. Cuando me preguntan cómo se me ocurre tanta cosa, digo que es sentarme a escuchar y observar. Esa viñeta de la izquierda, “Libera”, salió de un comentario de un plomero que vi en una fiesta. La anoté. Dije que no tenía cómo dibujarla y la fui pensando. México es una parte inimaginable de recursos e inspiración. Y al momento de expresar estas situaciones cotidianas, toda la gente que lo lee se siente identificada. Un superhéroe puede gustar, pero cuando presentas un tema ligado a algo que han vivido, se identifican.

La vida con Chispa tenía como idea inicial una serie de viñetas de situaciones que pueden pasar con una mascota, pero al momento de madurarla, puse cómo se vivía previo a esa mascota, qué se estaba viviendo, qué generó ese lazo con Chispa. Muchas personas me han dicho que sintieron eso, que lo han experimentado. Es un tema cotidiano, universal. Aquí y en China, todos han tenido una mascota. A veces, en lo cotidiano puedes encontrar lo extraordinario.

Hemos hablado de la exageración y del color. Muchas de tus obras tocan temas sociales o políticos, ¿definirías tu tratamiento de estos temas como hilarante?, ¿ese tono permite verlos con otra perspectiva?

Claro, es completamente hilarante. La idea de exponer un tema es generar conversación, sobre todo en redes sociales, que es donde reina esta necesidad de opinar sobre cualquier cosa. Por eso, cuando se presentan temas polémicos, la interacción y el debate están a la orden del día. Dicen que la verdad no peca, pero incomoda. Las viñetas son un gran medio para señalar temas sociales y problemáticas de actualidad. El humor en México ha sido un excelente catalizador para digerir las noticias y generar una reacción crítica. Hoy en día, todo va a molestar; siempre habrá alguien ofendido, ya sea porque se puso el saco o porque no supo interpretar correctamente la obra y solo busca un motivo para sacar sus frustraciones detrás de una pantalla. Soy de la idea de que todos tienen derecho a réplica. Si una obra no genera emoción (buena o mala), es como si no se hubiera hecho nada. Seguiré usando el humor y la sátira para comunicar el día a día. No tengo la verdad absoluta; cada uno puede formar su opinión a su gusto y consideración.

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La Ballenita y el Hombre con Cabeza de Pollo son alter egos muy claros de ti. ¿Cómo es ese proceso de convertirte en personaje?

Los artistas dejamos una parte de nuestro ser en cada pieza. Lunes (La Ballenita) nació a partir de un fastidio laboral y de oficina, un tema universal. Por eso el personaje tuvo buena aceptación dentro de la comunidad que sigue la página. Hablar de temas y situaciones con los que alguien se puede sentir identificado genera un vínculo. En este caso no inventé el hilo negro; tuve la fortuna de ser el portavoz de una mente colectiva: la de la gente que trabaja en oficinas.

El Hombre con Cabeza de Pollo es el protagonista de una novela gráfica autobiográfica. Por la naturaleza del proyecto, no hubo mucho que pensar en su construcción.Todos los personajes son producto de nuestra formación: la educación que recibimos, lo que escuchamos, lo que leemos y lo que vemos. Mientras más información tengas en tu biblioteca mental, mejor será la construcción del personaje. Al final del día, creamos a nuestro propio monstruo de Frankenstein.

© Los Indispensables
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Periodista y fotógrafo. Colaborador de medios como Prodavinci.

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