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La escritura del revés de Leonora Carrington

En paralelo a su pintura, la artista desarrolló una literatura que trasciende etiquetas, plagada de elementos antropomórficos y simbólicos.

Leonora Carrington, una pintora que también cultivó la escritura. ELENA CANTÓN/FOTO: JAVIER MARTÍN-DOMÍNGUEZ

Leonora Carrington no era solo un prodigio pintando, también fue una escritora singular. En todos los sentidos. Era ambidiestra, desafiando la separación de los dos hemisferios cerebrales. Escribía incluso del derecho y del revés, como me demostró en mi visita en 2006 a su casa de la calle Chihuahua, en Ciudad de México. La realidad y su espejo. Leonora Carrington era claramente una maga, y tenía sus propios sortilegios. 

Cuando la Bienal de Venecia decidió dedicar su pasada edición a la artista, tomó el título de uno de sus libros: Leche del sueño, una colección de cuentos mágicos ilustrados que Carrington dedicó a sus hijos y que hacen la delicia o causan la turbación de los adultos. Esa obra data de la década de los cincuenta, aunque la autora ya llevaba tiempo entregada a la escritura: contaba que redactó su primer texto a los tres años, dictándoselo a su madre. Así pues, no puede hablarse de ella meramente como la gran pintora que fue. Siempre le acompañó la escritura: relatos, novelas cortas, poemas, teatro, literatura testimonial...

La escritura como desahogo

Una lectura desprejuiciada y atenta colocaría su obra literaria más cerca del universo mágico —ligado a la alquimia, los ritos, los lenguajes iniciáticos— que del fácil encasillamiento en el surrealismo, en el que se suele caer debido a las conexiones de la artista con figuras como Max Ernst y André Breton. “Musa de nadie”, dijo la propia Carrington, quien autentificó su escritura con En bas (Memorias de abajo en español), publicado en 1943 en VVV la revista del surrealismo en Nueva York. Este relato del viaje a la locura, escrito tres años después de la estancia de Leonora en la clínica del doctor Morales en Santander, se ha convertido en su texto más reconocido: desaparecido durante años, ahora suma reedición tras reedición, lo que denota el claro interés de un nuevo público por la escritura de la artista. Memoria catártica, viaje a la locura, esposé surreal… una obra difícil de clasificar, cuya pretensión original era la de servir como desahogo por consejo del psiquiatra Pierre Mabille.

Memorias de abajo aporta claves de un episodio determinante en la vida de Leonora: su paso-puente por España huyendo de los nazis, para acabar violada y atormentada en Madrid y conducida a la fuerza al sanatorio por indicación de su padre. Los surrealistas y ella misma debieron ver este texto como un claro testimonio del abandono de la razón en un momento concreto. Leonora Carrington, elevada a la cúspide del “surrealismo vivido”, que no como mero artificio estético de los adheridos al manifiesto bretoniano. Ni todo lo escrito por la autora sería totalmente cierto, ni todo mera ficción. Y aunque sea una memoria personal, Memorias de abajo también se nos presenta como una alegoría de las tribulaciones de toda una humanidad enfrentada al mundo cruel de los nazis, con sus continuas referencias a la guerra y a los campos de concentración.

Personajes duales

Los textos de Leonora Carrington están poblados por personajes duales, por animales humanizados y viceversa, en unos juegos de contrarios que son una de las claves del universo carringtoniano. Esa dualidad se vislumbra en el gran manifiesto pictórico que es el autorretrato Inn of the Dawn Horse (c. 1937-38), actualmente en la colección del Museo de Arte Metropolitano de Nueva York. Una mujer de larga melena, que si duda representa a la propia Leonora Carrington, se sienta frente a frente con una hiena (“El más detestable de los animales, que ni Noé le deja subir a la barca”, apostillaba Elena Poniatowska al comentar la obra). La belleza frente a lo repelente. Racionalidad frente a salvajismo. La mano del personaje femenino posiciona sus dedos haciendo un sortilegio. Dos caballos están a su espalda. Uno sobre un balancín de juego de infancia, otro se ve por el balcón corriendo desbocado por el campo. De nuevo, lo controlado frente a lo libre. La cruda realidad frente a lo deseado. Carlos Fuentes escribió que “todo el arte de Leonora es una batalla (….) contra la ortodoxia, que Leonora vence y dispersa con la imaginación siempre múltiple y singular”.

De la misma época que ese autorretrato es el relato ‘La debutante’, donde Carrington escribe que, tras sus numerosas visitas al zoológico, el animal que mejor llegó a conocer “fue una hiena joven”. La mujer que va a ser presentada en la alta sociedad contra su interés —de nuevo, un episodio personal— invita a su casa a la maloliente hiena para que la suplante ante los invitados que asistirán al acto. Los impulsos y la verdad frente a las formas sociales. Un tema constante en la obra escrita de Leonora, al igual que el feminismo, movimiento con el que estuvo en contacto tanto en México como en los Estados Unidos, y cuyo espíritu recorre su obra: ya en 1957 la artista puso en escena una versión teatral de Penélope, con la colaboración del chileno Alejandro Jodorowsky, una relación que acabó torciéndose.

Un lenguaje esotérico y universal

Los textos iniciales de Carrington son una literatura de espejo, en la que predomina el yo como agente activo del relato. Pero, sin duda, en busca de una trascendencia, su visión termina ampliándose. Lo vemos en obras literarias más elaboradas como La trompetilla acústica, escrita en los años cuarenta y publicada en 1974, una novela en la que aparecen personajes muy identificables, como su gran amiga Remedios Varo, pintora española exiliada en México. Aquí, la protagonista es una señora inglesa feminista de 92 años que está cautiva en un castillo medieval convertido en casa de reposo. Conectada obviamente a su experiencia en el sanatorio del doctor Morales, este trabajo divertido y punzante ofrece una visión postnuclear del mundo, y aborda cuestiones tan actuales como el calentamiento del planeta y la ecología, siempre con el fino humor y la ironía propios de la autora.

Enfrentada al caos, Leonora recurre una serie de lenguajes que den sentido a la existencia o, al menos, la ordenen para poder ser representada. Los mitos y ritos cobran así una presencia fundamental en toda su obra. Loco es el que se adapta mal a un contexto dado, aunque pueda estar muy cuerdo. La cábala, el I Ching, las mitologías celtas y precolombinas, la alquimia, el tarot y la astrología, y también elementos budistas y católicos, se convierten en los aliados de Leonora para describir el mundo que quiere/necesita ordenar o interpretar. Aquí alcanza la artista su máxima originalidad, con la audacia de separarse del uno (su propia experiencia) para hacerse universal en su arte pictórico y literario, que tan atractivo resulta ahora a nuestros ojos y oídos.

Un estudio singular y atractivo de estas claves es el que las dos grandes expertas contemporáneas en la pintura de Carrington, Tere Arcq y Susan Aberth, realizaron al alimón sobre el tarot creado por la artista que fue descubierto en 2018. “Carrington nunca fue seguidora pasiva de tradición alguna. Se sintió con la libertad de transformar el mazo en función de sus propia ideas y necesidades, con una reflexión y confianza tales que revelan su larga y profunda relación con este sistema adivinatorio”, dicen las investigadoras. Arcq y Aberth agregan: “Dejando de lado la agenda política más directa, la obra explora la conciencia feminista, y a la vez incluye y desafía diversas tradiciones y creencias religiosas. Hoy en día, los públicos contemporáneos reconocen cuán multifacético resulta su visionario mensaje sobre la ecología y los derechos de los animales, en particular, su insistencia radical en una perspectiva no jerarquizada sobre todas las formas de vida. Los temas esotéricos quizá constituyan el aspecto más serio e innovador de su trabajo”.

La leche del sueño ha sido derramada por Leonora y nos empapa, descubriendo que su singular fantasía emparenta realmente con lo cotidiano de nuestros placeres y dolores en el tránsito por este mundo.

Periodista y cineasta. Presidente del Club Internacional de Prensa. Ha trabajado como corresponsal en Estados Unidos y Asia y ha dirigido diversos documentales, entre ellos, Leonora Carrington, el juego surrealista (2012), película biográfica rodada con la artista en su casa de la Ciudad de México.