Ideas

El nombre era lo de menos

Los cinco años de COOLT demuestran la validez de una propuesta nacida para reivindicar la riqueza del mundo de habla hispana.

Barcelona
ELENA CANTÓN

Reconozcámoslo: no era el mejor nombre.

De hecho, ni siquiera hay consenso sobre cómo pronunciarlo.

Para muchos es colt, como el revólver de las películas del Oeste. Para otros tantos, coooolt, así, arrastrando las os como si habláramos de las siglas de una cooperativa. Y para unos pocos, cult, la supuesta opción buena, ya que la denominación nació de la fusión los términos cool y cultura. Un juego de palabras con regusto anglo que, glups, choca de lleno con el espíritu de un medio que quiere reivindicar el poder del español.

No era el mejor nombre, no, pero tampoco quise cuestionarlo cuando me sumé al proyecto.

Era otoño del 2020, primer año de la pandemia. En Barcelona todavía llevábamos mascarilla para pasear por la calle, pura distopía, y Albert Montagut me llamó con una propuesta que sonaba a utopía: construir una nueva publicación digital con foco en América Latina e inspirada en las grandes cabeceras del periodismo narrativo. La idea era apostar por los textos bien trabajados en tiempos de urgencias informativas, con el objetivo de crear un producto de referencia que ayudara a tejer complicidades entre unos territorios de habla hispana que, ya sea por caprichos geográficos o por mero chauvinismo, a menudo parecen estar separados por muros infranqueables.

—¿Y cómo se llamará la publicación?

—COOLT.

—Ajá…

No nos íbamos a encallar en ese asunto.

El nombre ya estaba registrado, inútil pelearse por él. Y el ofrecimiento de Albert era de aquellos que no se pueden rechazar.

Me aferraría a COOLT como si me fuera la vida en ello.

Comenzó así una de las mejores experiencias que puede vivir un periodista: dar forma a un medio de comunicación desde cero. Esto es, definir su voz, diseño, secciones, colaboradores… Y todo ello con total libertad. Ninguna figura externa iba a interferir en la línea editorial del proyecto. Algo poco habitual en un sector proclive a dejarse manosear por las fuerzas económicas y políticas en aras de la supervivencia.

En abril del 2021, tras meses de trabajo en la sombra, COOLT veía la luz. La oferta inicial era espectacular: artículos firmados desde México, Argentina, Colombia, Chile… Cada pieza era una joya. La utopía se había convertido en realidad.

Los lectores no tardaron en llegar. Parecía que el medio gustaba, que había conseguido encontrar un hueco en un ecosistema digital aparentemente saturado. Con la progresiva incorporación de nuevos colaboradores –imposible nombrarlos a todos aquí, aunque sin ellos nada habría sido posible–, el proyecto fue mejorando, y la audiencia siguió creciendo. Una audiencia que era tan heterogénea como las firmas que nutrían la propuesta editorial de COOLT: nuestro público procedía de los cinco continentes. La web, esa ventana al mundo.

Y aquí estamos, cinco años después de gritar “¡hola!” con toda nuestra ilusión.

En este tiempo, han cambiado muchas cosas. Ya no llevamos mascarilla, la pandemia es un vago recuerdo: ahora lo que nos quita el sueño es Donald Trump. Y yo me descabalgué del proyecto, para probar suerte en otras aventuras. Pero, si algo permanece inmutable, es la apuesta de COOLT por el periodismo de calidad y las historias locales con perspectiva global.

Que un medio como este haya podido celebrar un lustro de vida es una excelente noticia. Demuestra que hay hueco en el mercado para una cabecera que aglutine las distintas sensibilidades y acentos del mundo de habla hispana. En una época dominada por los discursos que fomentan el desencuentro, qué necesario es un punto de encuentro como este.

El nombre, en realidad, era lo de menos.

Editor jefe de COOLT desde su fundación y hasta 2024.