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Biociudades, el nuevo equilibrio urbano

El futuro será de las ciudades. Y metrópolis como Barcelona, París, Bogotá o Estocolmo impulsan medidas para conjugar vida urbana y medioambiente.

Barcelona
El parque fluvial del Besós, en el área metropolitana de Barcelona, es un ejemplo del equilibro urbano de las biociudades. AMB

Las ciudades son la causa y la solución en la lucha contra el cambio climático. Responsables del 70% de las emisiones de carbono, las áreas urbanas albergan hoy el 55% de la población mundial, con más 4.200 millones de habitantes. Una tendencia que irá en aumento: en 2050, se estima que 7 de cada 10 personas —de los 9.700 millones de habitantes en el mundo— vivirán en ciudades. Las metrópolis absorberán casi todo el crecimiento futuro de la población mundial.

Los retos son evidentes. ¿Cómo construir entornos urbanos habitables para el 70% de la población mundial? ¿Cómo avanzar hacia las ciudades de Cero Emisiones, tal y como se fija en la Agenda 2030 de Naciones Unidas? ¿Cómo transformar las grandes metrópolis para que actúen de forma más respetuosa con el medioambiente?

La base de las biociudades se encuentra en la biofilia, un término definido en 1984 por el influyente biólogo Edward O. Wilson. Partiendo de la vinculación innata entre el ser humano y su entorno natural, las biociudades se conciben como aquellas urbes que siguen las reglas de los sistemas naturales y están en sintonía con la naturaleza. El agua de la lluvia, por ejemplo, se infiltra mejor en un suelo natural que en el asfalto. Las cubiertas verdes de los edificios reducen las islas de calor urbano. Y el uso de energías renovables disminuyen la huella de carbono y las emisiones de gases contaminantes.

“Una biociudad es un espacio urbano, con cierta densidad, que conjuga la vida humana con la naturaleza y el resto de seres vivos, promoviendo la biodiversidad y la armonización entre las actividades cotidianas de sus ciudadanos y el medioambiente. Además de la contribuir en la lucha contra el cambio climático, las biociudades ponen la calidad de vida de sus habitantes en el centro de todas las decisiones”, explica el arquitecto Javier Duarte, jefe de la Oficina Técnica de Gestión del Espacio Público del Área Metropolitana de Barcelona (AMB).

Parque urbano en Barcelona. AMB

Barcelona y la infraestructura verde

La metrópolis española de Barcelona, galardonada este año como la Ciudad Europea del Bosque 2022, es reconocida internacionalmente por impulsar un nuevo modelo urbano que promueve soluciones basadas en la naturaleza, con el objetivo de construir una urbe amable y más resiliente ante la actual emergencia climática. ¿Su principal reto? Introducir el verde en una ciudad con una alta densidad poblacional y sin grandes parques urbanos.

“El centro de Barcelona no tiene grandes extensiones verdes como Londres, Estocolmo o Berlín; pero su área metropolitana cuenta con una base importante de biociudad, gracias a su posición geográfica entre la sierra litoral y la mediterránea, la presencia de dos ríos y una importante zona agrícola. Estas particularidades hacen que el 52% del territorio metropolitano de Barcelona sean espacios naturales. Queremos aprovechar este entorno con alto valor ecológico para penetrar el verde en la ciudad”, explica Duarte. Desde AMB se promueve una red formada por 42 playas con una longitud de 30 kilómetros, 52 parques en 34 municipios y 60 kilómetros de caminos fluviales.

Históricamente, Barcelona había vivido de espaldas a sus dos ríos, el Llobregat y el Besós. Ahora, como sucedió en los Juegos Olímpicos de 1992 con la apertura de la ciudad al mar, se han recuperado estos espacios fluviales con un doble objetivo: garantizar la calidad ambiental de los mismos y acercarlos a la ciudadanía para su uso lúdico.

Vía verde con carril bici junto al río Besós, en el área metropolitana de Barcelona. AMB

“La pandemia ha evidenciado la necesidad que tienen los ciudadanos para acceder a espacios naturales. Reclaman respirar y vivir mejor. Es necesario incrementar la conectividad entre espacios urbanos y naturales, promover la recuperación ambiental desde el punto de vista de la fauna, pero siempre desde una motivación social: que la gente pueda disfrutar de espacios abiertos”, explica Martín Gullón, coordinador general de Innovación e Infraestructuras del AMB.

Con esta doble objetivo —social y medioambiental—, Gullón explica que la entidad metropolitana y los ayuntamientos de la región impulsan la recuperación socioambiental de los dos ríos barceloneses como parte de “una gran infraestructura verde que fusione naturaleza, espacio público y ciudad, y donde se conjugue la biodiversidad y la protección ambiental con la mejora de la calidad de vida de las personas”.

París, la ciudad de los 15 minutos

Reducir la huella de carbono es otro de los principales retos de las biociudades. Quitar espacio al coche y favorecer la vida urbana de proximidad es la base del proyecto “la ciudad de los 15 minutos”, impulsado por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. ¿Su objetivo? Descarbonizar la capital francesa, mejorar la salud ambiental de los parisinos y contribuir, desde la esfera municipal, a la lucha contra el cambio climático.

La ville d’quart d’heure” va mucho más allá de un buen titular de prensa. Se trata de un cambio de paradigma en el urbanismo, una nueva mirada a las ciudades del futuro desde la ecología. La idea principal es que los habitantes de París puedan acceder a los servicios básicos en un cuarto de hora —a pie, en bicicleta o en transporte público—; ya sea para ir al médico, al trabajo o a la escuela, hacer la compra o disfrutar de la cultura y el ocio.

Bicicleta en un parque en París, ciudad que apuesta por la movilidad verde. UNSPLASH/SHALEV COHEN

El proyecto se ha traducido en una profunda transformación del espacio público en la capital francesa, con la creación de cientos de kilómetros de carriles bici, la peatonalización de calles, la ampliación de los espacios verdes, la diversificación de usos de los edificios municipales y la instalación masiva de paneles solares, entre otras medidas.

Los corredores verdes de Bogotá

En Colombia, Bogotá pretende seguir el mismo camino que París. En este caso, con la visión de una ciudad de 30 minutos para lograr que la quinta metrópoli más poblada de América Latina sea más incluyente, reverdecida y sostenible. El proyecto, todavía en estado embrionario, está impulsado por la actual alcaldesa, Claudia López, quien prevé construir corredores verdes con cero emisiones, doblar los espacios para peatones y ciclistas y promover nuevas centralidades en la ciudad.

Como sucede todavía en buena parte de las capitales latinoamericanas y europeas, el 85% del espacio público en Bogotá está ocupado por el vehículo privado, a pesar de que este representa escasamente el 15% de los desplazamientos diarios. Los corredores verdes pretenden romper con esta relación desigual.

Proyecto de corredor verde en la ciudad de Bogotá. ALCALDÍA DE BOGOTÁ

“Bogotá es una de las principales megaciudades del mundo, y como defensora, ciudadana y alcalde ejecutaremos seriamente el acuerdo climático de París, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la nueva agenda urbana. Por primera vez, las áreas verdes ecológicas crecerán en un 30% en un lugar sistemáticamente reducido y destruido por la urbanización gris y expansiva”, anunció la alcaldesa colombiana en el marco de la Asamblea General de la ONU-Hábitat en marzo pasado.

Estocolmo: el futuro es de madera

Las grandes metrópolis deberán duplicar su oferta de viviendas para albergar a más de 2.500 millones de personas en 2050. Y se estima que la construcción en acero representa más del 10% de las emisiones globales de carbono. En Estocolmo, una de las biociudades por excelencia, han convertido la madera en su mejor aliado de futuro.

En la capital sueca se ha diseñado una pequeña ciudad con 31 rascacielos de madera laminada cruzada en su paseo marítimo. Se trata un proyecto que contempla más de 5.000 nuevas viviendas, oficinas y restaurantes en el céntrico distrito de Masthammen. Según los arquitectos, la madera es actualmente el material que libera menor cantidad de dióxido de carbono en la industria de la construcción. En países como Noruega, Austria, Canadá o Finlandia siguen los mismos pasos, otorgando a la madera un papel protagonista en el crecimiento urbanístico de sus ciudades.

Proyecto de rascacielos de madera en la ciudad de Estocolmo. ANDERS BERENSSON ARCHITECTS

La construcción con materiales sostenibles, el uso de energías renovables, la peatonalización y el fomento del transporte público, el reciclaje selectivo de residuos, la agricultura de proximidad o el incremento de la superficie verde han dejado de ser eslóganes de ambientalistas radicales para convertirse en soluciones indispensables ante el desafío al que se enfrentan las grandes metrópolis del mundo. Las ciudades, dicen, serán biociudades o no serán.

Periodista y politólogo. Consultor en comunicación. Ha colaborado en medios como El Periódico, La Vanguardia, El Universal, ADN y Avui. Autor de seis libros.