Ideas

La amiga lista (y compartida)

Elda Cantú, la editora de la 'newsletter' de 'The New York Times' en español, explica el proyecto con el que intentan mejorar la experiencia informativa de una audiencia global.

Ciudad de México
Elda Cantú, editora de 'El Times', el boletín con el que 'The New York Times' busca acercarse a sus lectores en español. LISBETH SALAS

Hace décadas, los medios peleaban por tener una primicia: publicar la noticia antes que otros. Hoy pelean por mantener audiencias en pantalla durante raquíticos periodos: dos minutos de lectura en noticias son considerados un gran éxito, 30 segundos es la aspiración realista.

Oficinas de marketing, expertos y asesores batallan para encontrar las maneras de capturar a las masas que navegan por ahí. Que si títulos breves, que si un video como gancho, que incorporar el tiempo de lectura en la primera línea. Trazan estrategias en busca de clicks. Mientras tanto, desde México, el pequeño equipo editorial de The New York Times en español aspira a mucho más: cultivar lo que llaman “experiencia”. Y lo están logrando.

Detrás de ese plan está Elda Cantú. Cabello oscuro, piel aceitunada y hablar pocheado, entremezclando inglés con español. Elda va intercalando términos anglófonos con una naturalidad que no estorba porque no hay en ella el uso pretencioso de quien necesita demostrar algo; más bien llama a las palabras que requiere para seguir adelante, apremiada en expresar sus ideas sin distraerse, o consciente tal vez de que algo sólo se puede decir así. Explicar le gusta, le sale bien, y seguido brota una vocación docente. Pero además pochea porque es una mujer que ha habitado varios mundos; hay tierras andadas que se revelan en su presente. Unas doscientas palabras pues, por ejemplo, que dirá a lo largo de dos horas de plática, dan cuenta de su visible peruanidad.

Elda nació y creció en Tamaulipas, un estado del norte más norte de México, en la frontera con Estados Unidos. Después ha vivido en varios lugares: Monterrey (también en el norte), Nueva York, Lima y ahora Ciudad de México. Ha sido estudiante, periodista freelance, directora de preparatorias y editora en varios medios peruanos como El Comercio y Etiqueta Negra, la mejor revista de periodismo narrativo en castellano.

Ahora es la responsable de El Times, la newsletter en castellano del diario más influyente del mundo. Un boletín que no se limita a traducir al español los mejores contenidos de la edición principal, en inglés: también lleva información en sentido inverso, incorpora las vivencias de los reporteros, crea contenidos alrededor de cada historia, sortea barreras informativas. Ha encontrado un tono propio, arriesgado y muy distinto al del diario. Es un éxito. Pero se reinventa cada día, no se duerme.

La historia de El Times empezó en la pandemia. Por mucho tiempo el NYT tuvo un boletín cotidiano muy robusto, con muchísimas noticias, el perfil habitual de la prensa. En 2019, después del cierre de la redacción en español, Elda Cantú y la editora Patricia Nieto propusieron una edición semanal parecida a una revista, con menos contenido cotidiano y más información reposada. En eso estaban cuando el Covid-19 pausó al planeta entero pero también provocó avidez informativa: todos queríamos saber cosas.

Ellas supieron aprovecharlo. Volvieron además a uno de los principales objetivos del periodismo, el servicio social. Desde el nuevo boletín compartieron el avance del virus, estadísticas, información de vacunas y hasta cómo hacer un cubrebocas en casa. Ese tiempo, dice Elda, les dio “mucha libertad para crear, para pensar y para cultivar una audiencia de una manera diferente”. Sobre cómo fue ese proceso inicia esta conversación.

Elda Cantú dirige desde hace seis años 'El Times', la newsletter en español de 'The New York Times'. MARIAN CARRASQUERO

Su newsletter tiene un tono muy específico. Más suelto, más cálido de lo que habitualmente encuentras en grandes medios y en particular en The New York Times. ¿Cómo ocurrió? ¿Fue pasando porque era un tiempo donde había avidez informativa y especial atención a lo humano? ¿O fue una estrategia de marketing?

­Sí y no. Sí es un tono que cultivamos, que buscamos. El diario tiene lineamientos muy estrictos sobre el uso de la primera persona, el hard news es muy cuidadoso del tono. Sin embargo, desde que empezaron las newsletters en el diario entendimos que este era un vehículo diferente, que es una forma diferente de acercarte al diario.

Si eres un news junkie, pues no quieres la newsletter, quieres estar leyendo lo último y rápido, y a lo mejor vas a preferir que te den en bullets lo importante. Pero hay mucho ruido, hay mucha desinformación, hay demasiadas noticias. Si tú vas a la web, a la homepage del diario, vas a ver cientos de cosas a las que te puedes enfocar. Entonces, también hay como un deseo, siento yo, una necesidad de decir, ¿qué es lo que tengo que leer? Dime qué es lo que tengo que leer.

Por eso es muy importante para nosotros el tono personal. No es un tono confianzudo ni de amigos. Queremos que siga siendo un tono respetuoso pero que sea mucho más cercano. Es decir, la newsletter busca decirte por qué todo esto que publica un diario estadounidense, de vocación global, pero finalmente estadounidense, te va a importar a ti que hablas español. Nuestro trabajo es hacer relevante toda esa oferta para alguien que vive en Argentina, o en España, o en Estados Unidos, pero que no sabe inglés; o que vive en Estados Unidos y quiere aprender español. Nos escriben muchos lectores que dicen tengo nietos que hablan español en su casa y quiero comunicarme mejor con ellos. O doctores, o enfermeras que dicen muchos de mis pacientes hablan español y pues la 'newsletter' me sirve para aprender. Nunca nos propusimos eso, pero digamos que esa audiencia nos encontró, es algo que nunca se nos hubiera ocurrido.

Decía una de mis editoras que [El Times] es como un amigo que es listo pero que no es como un sábelo todo. Y ese es un poco el espíritu de ese tono cercano, amistoso, que también es una responsabilidad.

El tono es siempre un tema, ¿qué les preocupa a ustedes?

Al buscar un tono amable hay muchos riesgos. A veces el saludo de una newsletter es muy alegre y muy cercano pero inmediatamente después vamos a hablar de una tragedia. También eso hay que cuidarlo. Si hoy vamos a hablar de una tragedia, a lo mejor no te puedo saludar con alegría.

Creo que lo logran. No es un tono chabacano pero sí más humano, que también es algo que los medios han perdido, y han perdido audiencias por eso. Audiencias que conquistaron tal vez los influencers cuando la gente siente que en ellos hay una transparencia en el ser.

En eso sí somos muy intencionales. Algo que nos propusimos en El Times, que muchos otras newsletters también lo hacen, es traer al reportero a la newsletter. Entonces, ¿cómo se hizo este reportaje en el Darién? Le haces unas preguntitas al reportero y le incorporas su experiencia. O puedo contar cuánto tiempo estuvo, cosas que sí ayudan a contarle al lector por qué pensamos que esto vale la pena leerse.

Puedes pensar no tiene nada que ver conmigo porque no es de mi país, porque no me interesa este tema, pero si podemos pasar contigo cinco minutos o tres párrafos en donde el mismo reportero te cuenta que recibió una llamada, le dieron un tip y entonces se quedó como intrigado y se tardó no sé cuántos meses...entonces tal vez te estamos dando una razón adicional para que consideres leer ese trabajo. Y es muy importante porque hay una crisis de confianza, hay una crisis de atención, ¿por qué voy a leer esto?

Al crear ustedes un nuevo modelo, y al definir ese tono, imagino que han existido errores o límites, ¿recuerdas alguno?

Una vez cuando a Donald Trump le suspendieron su cuenta de Twitter, en el subject line pusimos Esta cuenta ha sido suspendida porque nos parecía que era, pues, como muy llamativo, que hablaba directamente del hecho que había sucedido, y tuvimos una avalancha de correos de gente que pensaba que nosotros les habíamos suspendido la cuenta a ellos. Y entonces tuvimos que contestar uno por uno para aclarar aquello. Que era un chiste.

Bueno, un mercadólogo diría que ganaron, que lo lograron muy bien porque la atención de esos lectores fue total...

Claro, generas mucho engagement. Sin embargo puedes perder a un lector, puede decir están jugando con mis sentimientos.

¿Cuál es la principal apuesta, que sus lectores generen tráfico hacia las publicaciones o se contentan con que alcancen a leer la newsletter? Ojo que a lo segundo no lo pienso conformista en un presente donde las noticias se leen en promedio dos minutos o menos.

Las dos. Tenemos diferentes formatos o módulos. Hay notas en donde nos interesa explicar algo, ayudar a buscar la verdad y a comprender el mundo, que es una parte de la misión del Times. A veces podemos sintetizar una información, no voy a buscar un clic si puedo aclarar algo o dar una información del tipo “México le ganó a Ecuador”. Pero hay lecturas en donde nuestro ideal sería que alguien visite la nota. Porque al final de cuentas es una experiencia. O sea, lo que queremos transmitir más allá de la información es crear una experiencia.

'El Times', la newsletter en español de 'The New York Times', selecciona y acerca la actualidad a sus lectores. THE NEW YORK TIMES

Frunzo el ceño y cuando estoy por preguntarle qué entiende o qué quiere decir con “crear una experiencia”, Elda se adelanta. Comienza a explicarlo antes que yo emita palabra alguna. Ya logró conmigo lo que su boletín hace: soltarte una frase, una imagen, un algo que es anzuelo, y no dar margen de pensar mucho. Cuando me tiene cautiva tira del hilo con doble fuerza porque usa ahora también sus herramientas de maestra, explica con un ejemplo:

Una amiga acaba de volver de un viaje largo y debía de estar muy relajada pero estaba súper estresada y pesimista con el país, ¿por qué? Porque estuvo atorada una hora en el tráfico, escuchando el noticiero donde gritaban todo era un caos. La forma en que nos informamos también es una experiencia. "A veces, sí, todo es un caos o una realidad muy cruel, entonces vamos a buscar la manera de acercarte a eso cruel o terrible para que tú decidas si es que quieres saber más o no. Las tres líneas que están ahí te deben de decir algo para que, con suerte dos minutos, pero los 30 segundos te merezcan la pena. Que no sientas como cuando te llegan estas newsletters de promociones personalizadas, Paula, te extrañamos, que le das un click y luego dices, 'ah, me quieren vender algo'. Aquí te tiene que valer la pena", explica Cantú.

¿Y cómo es la experiencia de noticias que ustedes quieren generar?

Más allá de que sea cercana, tiene que ser confiable. Tienes que tener la certeza de que todo lo que te estamos diciendo es verdad. Y que conocer esa verdad, confiable y precisa, te puede ayudar a tomar mejores decisiones en tu vida. Eso queremos.

Pero también saber cómo es el remo de Noruega te sirve para tener una conversación agradable con alguien con quien tal vez no tendrías nada en común. El mundial [de fútbol, que transcurre en la pantalla a sus espaldas] es una experiencia de eso: de repente descubrimos cosas de los países y hay una conversación común posible entre personas muy distintas. Eso es posible gracias a que hay un trabajo informativo de decirte te voy a contar algo que para mí también es un descubrimiento y que me gustaría que sepas.

O puedes mandar un reportero a Ucrania y no solo tener el reportaje de lo que está pasando en Ucrania, después a lo mejor incluir el ensayo en primera persona de lo que él vivió. Esa es una experiencia informativa. Para entender al mundo, esa prioridad del Times, hay que primero lograr que lean lo que queremos que lean. Yo fui maestra de prepa mucho tiempo y a veces siento que es muy parecido: ¿cómo atraer a alguien a esto que a lo mejor se le puede hacer a alguien aburrido o difícil? Te tengo que atraer.

Tenemos también la gran ventaja de que se publican tantas cosas maravillosas en el diario que a veces el problema es jerarquizar.

Sede de 'The New York Times' en Nueva York, inaugurada en 2007 y situada en la Octava Avenida. STEPHANIE KRAUS / CC

The New York Times es el periódico más influyente del mundo: lo que publican se transforma en noticia en sí misma, su portada marca agenda, y su modo de trabajar es un ideal que muchos otros persiguen. Fundado en 1851, tiene 174 años de historia y un archivo informativo que imagino debe ocupar un edificio entero. Casi 12 millones de suscriptores y otros tantos millones que pasamos por sus publicaciones de vez en cuando. Pese a los recortes, aún cuenta con 2.200 periodistas. Es una gigantesca máquina de producción de noticias, una constante catarata de historias y contenidos de altísima calidad.

¿Cómo elegir qué de eso debe ir en un boletín? ¿Cómo elegir además, con el filtro de la “experiencia” incluido? Elda Cantú insiste en que no quiere ser sólo un “mayordomo informativo”. Yo la imagino además como una suerte de vendedora de riesgos que debe convencer a múltiples lados sobre la importancia de intentar algo diferente, de ir más allá del sólo traducir.

¿Por qué haces esto ahora? ¿Por qué te gusta hacer esto?

Cuando satisfaces una curiosidad y solo te la quedas para ti, es como que se muere. Entonces yo creo que para mí es otra forma de seguir comprendiendo el mundo, como de seguir viajando, de que eso que siento que es tan importante le importe a los demás.

¿Qué ha funcionado y qué no? ¿Qué lee más y qué lee menos la gente? ¿Hay sorpresas?

Las buenas historias son buenas historias, independientemente de la audiencia.

Por ejemplo, una vez tradujimos un perfil muy largo de Sinead O'Connor y le fue excelente cuando era como qué raro, ¿no? Pero no es raro, es un icono pop que fue muy famoso también en América Latina y en España, pero además era muy revelador el perfil. La habían visitado después de muchos años, tenía muchas cosas para decir, entonces, era una buena historia aunque no tenga un disco ahora. Es como off the news pero es una buena historia.

Los contenidos de elecciones a la gente le importan mucho. Hubo un interés muy grande por la inteligencia artificial. Mucha curiosidad respecto a cómo funciona, cuáles son los peligros, cuáles son las tecnologías que vienen. En eso hay mucha, mucha curiosidad, y tenemos una oportunidad muy grande en todo lo que es bienestar: la gente no solo quiere estar informada, tiene como un afán muy grande de saber cómo estar mejor. Y hay un... no sé si es un vacío informativo, pero en español hay poca información.

O tal vez hay poca información con la certidumbre que ustedes dan.

Independiente, respaldada por expertos. Porque hay mucho contenido generado por usuarios. Me fue muy bien con la ashwagandha. Ya, pero qué es y para qué sirve y quién la debe tomar y quién no. Entonces hay que ir un poco más allá del trend. No ignorarlo pero sí aclararlo.

Conmigo ustedes sí logran que llegue a los dos minutos de lectura porque, cuando abro la newsletter, lo leo. Tal vez por el tono, por la variedad, por esta incorporación de la experiencia, por lo corto que es. ¿Crees que ya triunfaron cuando logran que se lean los dos minutos?

No sé, pero es la idea. No asumimos que porque alguien ya lo recibe lo tiene que leer. De hecho, el desafío más grande es mantener la atención y la confianza. Yo a la primera cuenta de correo electrónico que tuve la podía consultar en el laboratorio de la universidad, haciendo una fila, y para mí ese ir-teclear-abrir-que hubiera tres mails hacía que valiera la pena la fila, la espera, el tiempo. Eso es algo que queremos que los lectores experimenten cuando lo abren.

Esa magia.

No sé si es una magia pero esa es como una promesa que se cumple. Y sabemos que no lo vas a abrir todos los días. Nos encantaría que así fuera pero es imposible. Pero que, incluso cuando no lo abres, el titular te diga algo...o solo la foto...o si solo algo se queda contigo, está bien.

No te diría que ya lo hemos logrado porque las audiencias cambian. La forma que la gente se informa es muy distinta. Cada vez hay más gente que se informa con videos, en TikTok, en las redes sociales, y eso también es un desafío para nosotros.

Elda Cantú reivindica la necesidad de explorar nuevos formatos sin dar por sentada la atención de los lectores. LISBETH SALAS

No es poco lo que Elda Cantú está asumiendo: que no hay por qué elegir. No se debe aspirar sólo al click ni tampoco conformarse con llegar a los dos minutos. Ella quiere todo o quiere más, seguir andando un sendero sin certeza de cuál será el destino final. Quiere explorar. Y no sataniza a las redes sociales, por el contrario, trata de entender el ecosistema informativo del presente sin estigmatizar los modos por los cuales nos llegan los contenidos.

Es parte de una generación que ya no habla del público como unidad sino de audiencias varias, diversas y mutantes. Además, cuenta que ella pasa mucho tiempo mirando videos en redes porque siente a eso como un descanso. Es lo que hacemos muchas personas, scrollear dilapidando nuestro tiempo, pero lo ocultamos porque está mal visto. Elda abandona la culpa intelectual para navegar ligera en el presente. Yo creo que no debe descansar del todo porque su mente imparable probablemente intenta detectar lógicas en eso que le llega. Hackear algoritmos, tal vez. Soltar botellas al mar infinito del internet y entender cómo podrían llegar, a dónde, con qué rutas.

Recuerda los tiempos en que comprabas un periódico y te sentabas, café en mano, a leerlo un domingo. Está consciente de que es una imagen idílica de un pasado extinto, mas busca, en el presente, formas de generar algo parecido. Es la experiencia que persigue: provocar sentires. 

Pero además, El Times suma seis años de vida exitosa en un tiempo interesante. Hoy se estima que hay 500 millones de personas en el mundo que tienen al español como lengua materna, según datos del Instituto Cervantes (2023), y en Estados Unidos la población latina representa un 18.9% del total de habitantes, según el censo más reciente. El porcentaje ha ido multiplicándose en las últimas décadas, pero también muchos nos preguntamos qué significa ese universo de personas, con sus usos del idioma, en tiempos de un presidente que desprecia lo migrante, lo latino. 

Ustedes vinculan contenidos de inglés al español y viceversa. Intentan más que sólo traducir pero quisiera que profundices en el criterio, ¿eligen del inglés lo que es más chido, que consideran que cualquiera debería leerlo, sea audiencia en español, en chino? ¿O tienen las historias algún hilo con el mundo hispanohablante?

Hay un poco de los dos. Es muy natural querer saber lo que está pasando a tu alrededor; ya sea tu localidad, tu comunidad, tu región. Y eso lo privilegiamos. Sin embargo, tenemos como un catchphrase que es una selección de lecturas que no encontrarás en otro lugar, con eñes y acentos.

No existe un tema latino. A veces es migración, Bad Bunny... tratamos de no asumir nada en ese sentido. No porque hables español te va a gustar el reggaetón y te va a importar o vas a votar de cierta manera en una iniciativa migratoria. Porque eso también es una realidad y eso también hay que reconocer: el idioma no necesariamente nos define.

Hay más una curaduría día por día que una idea fija o estable en lo que tiene que estar.

¿Ves allá -en Estados Unidos- reacciones de lo que se publica acá, de los contenidos surgidos en el mundo hispanohablante? ¿Se lee, no se lee, interesa? Porque tenemos la sensación de que en general es al revés: que en todos los noticieros del mundo hay noticias de Estados Unidos, que nos importan a todos, pero que allá no importa lo que pasa en nuestros países.

Importa un montón, por muchos motivos. Hay una población muy grande, 60 millones de personas hablan español o se identifican como hispanas o latinas en Estados Unidos, que tienen un vínculo más o menos intenso con América Latina. Siempre hay esa búsqueda de conectarte con lo que es la raíz, sea muy lejana o más cercana. Porque creo que en eso sí han cambiado mucho las poblaciones latinas e hispanas: había generaciones que se iban y no querían saber más de lo que habían dejado atrás, ahora cada vez hay más interés y curiosidad.

Y el diario cada vez es más global. No sólo en dónde está, sino en los asuntos que le interesan.

El otro día entrevisté para el boletín a un reportero ecuatoriano que escribió que el español de los Andes se está mezclando con el quichua. Y me contó que cuando empezó su nota había muchísimos apagones en Ecuador, lo más importante era la seguridad y la escasez pero él se planteó que también tenía que poder contar lo del idioma porque, dijo, “no somos sólo los apagones, no somos sólo la crisis de seguridad”. Creo que tenemos que mostrar esos matices, presentar la complejidad de América Latina.

Hay una discusión ahora en extremos: la idea de que el periodismo murió en tanto las redes sociales son el modo de informarnos, versus que el periodismo vive más que nunca pero en nuevos formatos. ¿Qué piensas o dónde te situarías?

Yo no creo que el periodismo murió. Creo que está más vivo que nunca y que la necesidad del periodismo independiente es urgente y vital para las sociedades democráticas, libres, independientes. Sí creo que hay una crisis de atención: no tenemos tiempo de ver todo lo que hay. Hay una crisis de confianza: no todo el mundo confía ya en lo que ven. Y creo que también hay una crisis de lo que es verificable: yo respondo un montón de mensajes de familiares que preguntan ¿esto es verdad?

Se están consumiendo noticias pero no pueden saber si es verdad. Teníamos esa crisis en el periodismo y la inteligencia artificial llega a ahondarla porque ya como todo lo puedes crear con inteligencia artificial. Y a la pregunta del pariente de si eso es verdad sigue el ¿cómo sabes? Tenemos que hacer un poco más de trabajo. A tu pariente ya le llegó, ya lo leyó, ahora tiene la preocupación de averiguar si es verdad o no es verdad. Entonces, si no todas las personas pueden tener como un mayordomo informativo, un concierge que le diga esto sí, esto no. ¿Cómo le podemos ayudar a la audiencia a saber en qué confiar? Ese es el desafío.

¿Cómo ves al periodismo en América Latina hoy, lo que está haciendo y cómo lo hace?

Pues muy vibrante. Admiro mucho el trabajo que se hace desde los medios independientes y desde los medios establecidos que han estado en diferentes dificultades económicas, políticas y de seguridad. En las sociedades en donde hay más trabas a la libertad de información se dan también experiencias muy admirables de creatividad y de compromiso. Y, no por romantizarlas, pero buscan la información, el periodismo busca la manera de sobrevivir. Vemos El Faro, que está viviendo muchas dificultades y sigue dando la batalla o tiene una edición en inglés que me parece un esfuerzo porque buscan la manera de que aquello se sepa.

Además es el escuchar el idioma: escuchar en español tiene una resonancia diferente. Pasa que te emocionas cuando escuchas una historia en español narrada, ¿no? Escuchas los acentos de la gente, o sea, tiene esa potencia que a lo mejor lo escrito no siempre la tiene. Y que te captura de una manera distinta.

Elda Cantú defiende la capacidad del periodismo para emocionar y conectar con los lectores. MARIAN CARRASQUERO

Brillan sus ojos cuando dice “esa potencia” porque ve ahí un anzuelo. Elda parece andar por la vida detectando en dónde reside eso que emociona, que da cuerpo a la experiencia que persigue, que quiere lograr con las noticias.

Escucha podcast todos los días. Como muchos, ha perdido horas de lectura. Ya no hay tantas novelas en su presente, más bien algunos ensayos. Ahora está leyendo Las Nerviosas, de la peruana Rosa Chávez Yacila (2026), que dice “es un libro precioso”, y también las memorias de Susan Orlean. Una periodista peruana, la otra estadounidense: está leyendo a dos colegas.

Se maquilla natural. Usa aretes de diseño, ropa cómoda y elegante. Camisa blanca impecable aunque vive con un perro. “Molle, con doble ele”, dice con perfeccionismo de editora. Y habla durante un buen rato del perro peludo, bien cepillado, que aparece en fotos posando, durmiendo, paseando. “Míralo aquí con su camiseta de México”, dice sin disimular ni tantito que está enamorada del animal.

Molle es un golden retriever color marrón cobrizo (“dorado oscuro” en las características oficiales de la raza). Lo describe carismático, simpático y guapo; “no lo digo yo, es un perro muy guapo”. Es su primer perro y le cambió la vida porque la obligó a dejar un rato el celular, a conectar con los árboles, las personas, con otros animales. A volver a mirar al mundo, a tener lo que ahora llaman conciencia plena, pero sobre todo a transformarse a sí misma. Ya no quiere ni viajar si no va Molle, le abrió dimensiones desconocidas de la vida. Con él es mucho más feliz.

Elda Cantú trabaja en The New York Times desde hace ocho años y dirige la newsletter hace seis. Es una mujer que desde joven ha enfrentado trabajos desafiantes. Con apenas veintitantos fue directora de Ciencias Sociales en una preparatoria del Tec de Monterrey, la más exitosa -y una de las más caras- escuelas privadas de México. Algo de esa Elda-maestra sobrevive en su presente, no sólo por la paciencia para explicar o el tratar de atraer audiencias como quien intenta captar atención de un adolescente, también por su afán de entender por qué algo no funcionó, buscar la clave en el yerro.

Ya han logrado que las audiencias en español tengan acceso a contenidos que antes solo estaban en inglés, pero también enriquecer la mirada del mundo hispanohablante, ¿qué sigue?

Cuando empezaron los apagones en Cuba, que pocos podían entrar y hubo toda una dificultad logística, con Emiliano Rodríguez hicimos un llamado a los lectores del Times: ¿estás en Cuba? Cuéntanos. Y nos pasamos un par de semanas contactando a la gente que respondió, trabajamos con el equipo gráfico e hicimos una pieza en donde pudimos recuperar 19 voces, con quienes pudimos hablar y hacer un trabajo más fino.

Es pues...seguir inventando cosas.

Y en esa audiencia potencial de 60 millones de personas en Estados Unidos, ¿hay públicos crecientes para ustedes?

Creo que sí. La gran interrogante son los jóvenes. Buscan más. Las redes sociales son súper importantes porque saben llegar, cómo ir formando a tu algoritmo para que te dé lo que tú quieres. Creo que por eso es muy importante no desdeñar lo audiovisual o las redes sociales.

A veces tenemos una idea muy fija de qué es lo que vale la pena o el formato adecuado. De que si yo quiero escribir 5.700 palabras, es tu problema si no los quieres leer, porque esto es lo correcto. Y a veces lo que hay que hacer es preguntarnos ¿cómo puedo hacer que estas 5.700 palabras me lleguen a alguien que va a tener dos minutos? ¿Qué puedo hacer? ¿O por qué tiene que ser así? No asumir que el otro te debe su atención.

Algunas veces nos damos mucha importancia, ¿no? Yo estoy aquí, hablando del periodismo que yo hago, y a veces lo que hay que hacer es ir a tocar la puerta: ¿Dónde estás tú? ¿Estás en las redes sociales? Pues voy a ir a las redes sociales. ¿Estás viendo videos en TikTok? Pues voy para allá.

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Periodista. Ha publicado en medios como The New York Times, NeewsweekGatopardo y La Jornada. Autora del libro Ayotzinapa, horas eternas (2015), una crónica del asesinato de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, y coautora de las antologías periodísticas Palabras como golpes, como balas (2019), Let's talk about your wall (2020) y Ya no somos las mismas, y aquí sigue la guerra (2020).