Yulene Olaizola, en el corazón de la 'Selva trágica'

La cineasta mexicana estrena en Netflix su último filme. Un viaje a la jungla del río Hondo, entre diosas, monos y hombres que pierden la razón.

Fotograma de la película 'Selva trágica', de Yulene Olaizola. MALACOSA CINE
Fotograma de la película 'Selva trágica', de Yulene Olaizola. MALACOSA CINE

No es habitual que, cuando entrevistamos a través de Zoom a una cineasta como Yulene Olaizola (Ciudad de México, 1983), podamos geolocalizarla a través de Google Maps y sepamos exactamente dónde se encuentra. Pero la susodicha se graduó en el Centro de Capacitación Cinematográfica con Intimidades de Shakespeare y Victor Hugo (2008), que además de ser un documental absolutamente único y extraordinario, también nos sitúa en el mapa: el título, antes que a grandes clásicos de la literatura, alude a dos calles de la colonia Anzures de la capital mexicana que se cruzan ahí donde, durante años, estuvo la casa de huéspedes de Rosa Elena Carvajal, abuela de la joven realizadora que, 13 años después, se conecta para hablar con nosotros precisamente desde ese mismo cruce, ya mítico en la historia del cine mexicano y mundial.

En Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (disponible en YouTube), la encantadora y dicharachera Rosa Elena Carvajal glosaba su estrecha amistad con el más excéntrico de sus huéspedes, Jorge Riosse, un tipo esquivo y polifacético —primero cantante, luego pintor, finalmente asesino en serie— con el que cohabitó durante ocho años. Rosa Elena falleció hace un par de meses —“mi abuela aguantó hasta los 89 años”, dice Yulene—, pero antes de que eso sucediera la directora ya se había instalado en la casa con Rubén Imaz, su compañero sentimental y profesional desde hace unos tres lustros, con el que tuvo un bebé hace siete meses. “Una pausa en el camino”, añade Yulene, refiriéndose al periodo de mayores cuidados.

Además de fundar una familia, con Rubén también fundó hace tiempo una productora, Malacosa Cine, y hacen las películas juntos, asumiendo distintas funciones. Así, después de codirigir a cuatro manos Epitafio (2015), en Selva trágica, que el 9 de junio se estrena en Netflix, Rubén comparte créditos con Yulene como guionista, montador y director de casting. Pero la película es de Yulene, y como todas las películas de Yulene desde Paraísos artificiales (2011), Selva trágica es un viaje, un viaje al corazón de las tinieblas. Imposible no acordarse de Joseph Conrad, y del clásico que inspiró Apocalypse Now. Tenemos un río —el Hondo, que separa México del reino de Belice— y la jungla, aunque los grupos hombres que se persiguen en esta película ambientada en los años 20 del siglo XX no codician el marfil, sino el chicle, esa goma extraída de ciertos árboles que causaba furor en Estados Unidos. En medio de todo esto, una joven beliceña de belleza tan opaca como deslumbrante, una diosa.

La actriz beliceña Indira Rubie Andrewin, en una escena de 'Selva trágica', de Yulene Olaizola. MALACOSA CINE
La actriz beliceña Indira Rubie Andrewin, en una escena de 'Selva trágica', de Yulene Olaizola. MALACOSA CINE

- Me parece increíble estar hablando contigo, y que justo estés en la ya mítica casa donde Jorge Riosse provocó el incendio que le costó la vida, presuntamente para eliminar las pruebas que le señalaban como el asesino serial de una docena de prostitutas. ¿Sigue todo igual? Al margen de tu primera película, imagino que te marcó haber conocido a Riosse, ¿no es así?

- Bueno, yo tenía 10 años cuando murió. Apenas si recuerdo aquellos momentos en los que me tomó unas fotos para hacerme unos retratos, y cuando se sentaba conmigo y con mi hermana, que es un poco mayor, a tocar la guitarra y a cantar canciones de Joaquín Sabina. El hecho de crecer viendo esos cuadros, incluidos mis retratos, sabiendo que las había hecho un inquilino que prácticamente murió dentro de la casa me marcó desde chiquita, y siempre tuve curiosidad por esa historia. En la secundaria hice una fotonovela al respecto. Me venía persiguiendo desde niña. Y además, al hacer la película, hizo que creciera mucho más el vínculo con mi abuela. Vivimos en su casa desde hace un tiempo, y todo sigue igual que en la película. Los cuadros de Jorge, todo.

- Es curioso, porque en la película las sospechas crecen en torno a Jorge Riosse, pero después de que Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo diese la vuelta al mundo, ya se asume que fue ‘El asesino de la Merced’, por el barrio donde se cometieron los crímenes…

- Sí, en la película eran todavía suposiciones, lo que se imaginaba mi abuela que habría podido ser. Pero ahora internet ya nos asegura que las cosas fueron así. Lo buscas y aparece en blogs entre los asesinos en serie más famosos de México. Todo lo que aparece en la película ya se asume históricamente como verdad.

La cineasta mexicana Yulene Olaizola, durante el rodaje de 'Selva trágica'. MALACOSA CINE
La cineasta mexicana Yulene Olaizola (centro), durante el rodaje de 'Selva trágica'. MALACOSA CINE

- Selva trágica entronca con tus tres películas anteriores, que también se rodaron en paisajes dominados por la naturaleza: Paraísos artificiales (2011), en Veracruz; Fogo (2012), en la homónima isla canadiense, y sobre todo Epitafio, que también es una película de época, ambientada en el volcán Popocatépetl. ¿Filmar es viajar?

- Coincide no de manera deliberada que mis películas surgen de un lugar, y que esos lugares definen a los personajes y a las historias que ocurren ahí, así como la manera de filmar. Con Belice sucedió que, hace cosa de 10 años, estuve ahí de vacaciones. Llegué en auto y vi un letrero que ponía frontera con Belice, y estuve alucinando sin entender cómo había llegado hasta ahí. Creo que el 90% de los mexicanos no sabíamos que Belice está ahí, que hay un pequeño reino en el que se habla inglés y que hace frontera con México. Una vez que supe que quería filmar ahí, busqué un pretexto y lo encontré en Caribal, un libro de Rafael Bernal, escritor famoso por la novela negra El complot mongol, que ha sido dos veces llevada al cine.

- Pero Selva trágica no es una adaptación, ¿no?

- No, no. Caribal es como una telenovela de 500 páginas con una historia de amor super compleja en la selva, pero me ayudó muchísimo a entender el contexto histórico, todos esos detalles, y luego ya pasé a toda clase de textos: textos sobre el chicle, ensayos socioeconómicos, poemas... Pero, curiosamente, en cualquier género, incluso en los más puramente técnicos, se habla siempre de la experiencia absolutamente inmersiva de estar en la selva. Ese lado místico, mágico, cuando el ser humano ya no se puede explicar las sensaciones que vive ahí, y las acaba vinculando a una leyenda, como el mito de la mujer Xtabay.

Tráiler de Netflix de la película 'Selva trágica', de Yulene Olaizola. YOUTUBE

- En la película tampoco se explicita la leyenda maya de Xtabay, pero ya se intuye que la protagonista se transforma, pasa de recatada a devoradora de hombres, cuando cambia de ropa y se viste de enfermera.

- Era un tema definir qué tanto se explicaba o no de la leyenda, cuánto tiempo dedicamos a la historia inicial de las dos hermanas, para luego brincar a la de los hombres. Si no la conoces, alcanzas a intuir algunas cosas, como esa transformación, que no todo el mundo pilla tan rápidamente. Pero hay suficientes pistas, y si luego te metes en Wikipedia, empiezas a entender más cosas. Teníamos tanto miedo a sobreexplicar como a que nadie entendiera nada. Fue un largo proceso de prueba y error, el montaje nos llevó mucho tiempo, aunque jugábamos con la ventaja de que, como los personajes van siempre vestidos igual con un fondo similar —verde genérico—, podíamos agarrar el guion y poner la secuencia 2 al final de la película. La pudimos montar como un documental, había muchas cosas que se podían mover. 

- ¿Tú ya conocías la leyenda?

- No, fue ahí platicando con los lugareños, cuando nos instalamos cuatro meses en la zona. Ahí descubrí el mito de la mujer Xtabay y ahí acabó de cristalizar el guion, porque me permitió liberarme. Venía con la idea de hacer una película muy dialogada inspirada en una novela de 500 páginas. Así me liberé de lo real, y pude pasar a la fantasía, que es algo que te da un poco más de libertad en cuanto al lenguaje y a la imaginación, porque todo está permitido. Libertad en todos los sentidos, así pude despegarme de una película 100% narrativa para dar espacio a la experiencia cinematográfica per se. No solamente contar una historia, sino la experiencia cinematográfica que es la selva y cómo filmar eso. Gracias a eso se juntaron todas la piezas, y se construyó el guion. Algunos de los personajes, como los dos mayas, los conocí entonces, y escribí pensando en ellos, igual con las localizaciones, escribía a partir de los lugares que iba conociendo.

Fotograma de la película 'Selva trágica', de Yulene Olaizola. MALACOSA CINE
Fotograma de la película 'Selva trágica', de Yulene Olaizola. MALACOSA CINE

- Cuando hablas de libertad en todos los sentidos, incluyes mucha improvisación, ¿no?

- No soy la mejor escribiendo, así que dejo mucho lugar a la improvisación. La mayoría de mis películas son muy libres, aunque en Epitafio los diálogos eran muy precisos, porque nos acercamos al español antiguo. En Selva trágica, cuando apareció el mito de la Xtabay, yo ya tenía la idea de hacer una película sobre una mujer con un grupo de hombres en la selva, aunque no acababa de imaginarme una película de diálogos y de drama psicológico que no es mucho mi estilo. Y me encontré con una chica de Belice que no hablaba español [la debutante Indira Rubie Andrewin], rodeada de actores profesionales y no profesionales que solo hablaban español, de modo que las circunstancias del rodaje fuesen muy parecidas a lo que cuenta la película.

- Aparecen muchos animales: monos, leopardos, cocodrilos. Imagino que ahí había poco margen para la improvisación…

- No, no, no, ahí sí que no. Quería filmar a los monos aventando excrementos a los humanos, que es lo que hacen siempre, pero no conseguía captar ese momento. Nunca nos pillaba listos, al menos que fuera con el celular. De modo que acabamos filmando en una reserva natural de Belice, donde pudimos estar más cerca de los animales.

Fotograma de la película 'Selva tragica', de Yunele Olaizola. MALACOSA CINE
Fotograma de la película 'Selva tragica', de Yunele Olaizola. MALACOSA CINE

Selva trágica tiene aires de western y de cine de aventuras, dos géneros eminentemente masculinos, pero con una mujer en el centro y otra detrás de la cámara...

- La cuestión de género no hubo ni que forzarla. Estábamos en plena selva, con una mulata hermosa de metro ochenta, en medio de un grupo de hombres, no sólo los actores, sino también el equipo de producción, y la tensión sexual era algo inevitable. La atención hacia ella, y lo que eso podía generar con los actores profesionales, los no profesionales y la gente de producción... Todos estaban hipnotizados por esta chica, y eso tiene una dualidad para ella: por un lado hay una vulnerabilidad, pero por el otro también hay una sensación de control. Y eso es algo que yo he vivido a lo largo de mi carrera como cineasta. Al ser una de las pocas mujeres en un equipo de rodaje, es algo que experimentas constantemente. En mi vida también siempre me he rodeado de amigos hombres. Juego a futbol desde pequeña con chicos. Y esa sensación de ser la única mujer, ese lugar especial, hizo que me sintiera identificada con el personaje en muchas ocasiones.

- Finalmente, Selva trágica podría presentarse como “Un Apocalypse Now rodado por Albert Serra”.

- (Risas) Es verdad que con Epitafio descubrí una manera de viajar al pasado de México, que es algo que no se hace mucho en el cine contemporáneo, y que puede hacerse desde ese minimalismo a lo Albert Serra o Lisandro Alonso, es decir desde un cine independiente que no va a tener grandes presupuestos, pero filmando de una manera un poco más audaz e ingeniosa que permite esos brincos al pasado, sin necesidad de hacer películas puramente históricas, ya que Epitafio, como también Selva negra, son ficciones. A Albert Serra y los suyos los conocí en 2008, estuvimos bebiendo por las calles de San Sebastián. Son todos unos tremendos.

Periodista cultural especializado en cine y literatura. Fue redactor de la revista Fotogramas durante 17 años. Ahora colabora regularmente con medios como La Vanguardia, El Mundo, Cinemanía o Sofilm, entre otros.

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