Sol Berruezo Pichon-Rivière: la benjamina del cine argentino

A los 21 años, la cineasta ha dirigido su primera película, 'Mamá, mamá, mamá'. Una obra que tiñe de negro y rosa el difícil tránsito de la adolescencia.

La cineasta argentina Sol Berruezo Pichon Rivière. PILAR VILLASEGURA
La cineasta argentina Sol Berruezo Pichon Rivière. PILAR VILLASEGURA

La ópera prima de la argentina Sol Berruezo Pichon-Rivière ha dado la vuelta al mundo de festival en festival: se estrenó mundialmente en la Berlinale y tuvo su estreno nacional en el de Mar del Plata; y, tras pasar por los Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián, ha vuelto a España para brillar en la programación del Festival D’A de Barcelona. Eso sí, la jovencísima realizadora, nacida en 1996, tuvo que contestar a nuestras preguntas vía Zoom desde su confinamiento bonaerense.

Mamá, mamá, mamá es singular en muchos aspectos, no solo por la juventud de su directora o porque se haya llevado a cabo con un equipo técnico integrado exclusivamente por mujeres, sino por el aura encantadoramente macabra que envuelve esta fábula de iniciación adolescente en clave femenina, tejida de silencios y de miradas que buscan las palabras.

Todo empieza en la piscina, donde Erin, la hermana pequeña de Cleo (interpretada por la debutante Agustina Milstein), se ahoga. La tragedia no puede ser más horrible, más espantosa, pero se resuelve de entrada en apenas unas pinceladas.

Mamá, mamá, mamá no es tanto una película de duelo, que también, como una fábula atemporal sobre el desgarro adolescente que, como los cuentos infantiles de antaño, tiene su punto siniestro, macabro, incluso gótico.

Mamá, mamá, mamá es un Alicia en el país de las pesadillas con estética pop, que podría ser la de un sofisticado magazine tipo Interview o la de una película de Sofía Coppola. Recuerda inevitablemente a clásicos del Nuevo Cine Argentino firmados por mujeres como Abrir puertas y ventanas (2011), de Milagros Mumenthaler, o La ciénaga (2001), de Lucrecia Martel. Y como éstas, también es una película de confinamiento, porque Cleo permanece en esa misma casa, al borde de la piscina, a lo largo de un lánguido y cálido verano, esperando a su madre ausente, rodeada de sus  tres primas, una de su edad, otra más mayor y otra más pequeña.

Fotograma de 'Mamá, mamá, mamá', de Sol Berruezo Pichon-Rivière. COMPAÑÍA DE CINE
Fotograma de 'Mamá, mamá, mamá', de Sol Berruezo Pichon-Rivière. COMPAÑÍA DE CINE

Mamá, mamá, mamá es una película pequeña, minimalista, económica en muchos aspectos —en lo narrativo, en la psicología y en el metraje (no supera los 65 minutos de duración)—, pero deja un poso profundo, que afecta muy especialmente a todos aquellos que han experimentado la muerte de un ser querido en plena adolescencia, cuando la culpa de estar vivo se mezcla con el deseo irreprimible de abrazar la vida, con todo lo que implica, a nivel físico o sexual.

Mamá, mamá, mamá es, en definitiva, una película en la que Eros y Thanatos pasean cogidos de la mano.

Y por todo ello, estuvimos un buen rato hablando con Sol, sobre su película, sobre sus influencias y sus nuevos proyectos, sobre los colores, el negro y rosa, y sobre arrojar algo de luz, y también oscuridad, sobre los misterios de la existencia, esa adolescencia que dejamos atrás, pero que a todos nos marcó para siempre.

-Entonces, ¿es verdad que eres la directora más joven del cine argentino?

-Creo que sí, que soy la más joven. Ahora ya tengo 25, pero la película la filmé con 22 años, gracias a que gané el fondo Ópera Prima del INCAA, que es el instituto del cine de aquí. No es que haya poca gente de mi edad con ideas, pero es difícil que confíen en ti, incluso es complicado que tú misma creas en ti a estas edades. Fue bastante arriesgado por parte de nuestra productora, Laura Tablón, porque para la directora de foto, Rebeca Rossato Siqueira, también era su primera película. Todavía me sigo preguntando si todo esto es real. Pero a veces, todo se complota para que algo funcione.

-¿Te da pena no haber podido ir a Barcelona para presentar la película?

-Sí, ahora me es imposible viajar. Suerte que, para el Festival de San Sebastián, me hicieron un permiso especial, gracias a que recibí una invitación formal del Ministerio de Cultura de España, pero ahora ya no puedo salir. Aquí se está poniendo muy complicado porque llega el invierno, y la vacunación va todavía por la gente mayor de 60, apenas un 20% de la población. Sin vacuna, no se puede entrar ni salir. Y sí, es una pena no poder acompañar la película a los festivales, presentarla en otro país. Pero esta metodología online también acerca la película a más gente, y eso es algo positivo que rescato.

-¿No llegó a estrenarse en Argentina?

-Después de Mar del Plata, el festival más importante, se iba a estrenar en cines, pero volvió a cerrar todo. Los cines solo estuvieron abiertos un mes.

Tráiler de 'Mamá, mamá, mamá', de Sol Berruezo Pichon Rivière. YOUTUBE

-Explícame el título. Entiendo lo de mamá, pero ¿por qué repetido tres veces?

-Tengo algo con el número tres. Es mi número favorito. Tengo tres hermanas. Y luego “mamá” es una palabra universal que se pronuncia prácticamente igual en todos los idiomas, eso siempre me llamó la atención.

-Aunque lo resuelves en un par de planos muy rápidos, la película arranca con un drama muy bestia: una niña se ahoga en la piscina de la propia casa, ¿por qué quisiste contar algo tan terrible?

-Mi idea era que fuera el puntapié inicial de la película, pero que no fuese el conflicto. Que no hubiera un misterio en eso, aunque no se termine de saber muy bien qué pasó. Para mí, era una manera de entrar más rápido en la emocionalidad de las protagonistas, sobre todo en la de Cleo, pero de lo que quería hablar realmente es de la transición de la adolescencia. Luego también estaban esas historias que siempre oyes en verano sobre un niño que se ha ahogado, y mi madre por tres veces casi se ahoga en el océano. La rescataron de suerte. El cine es mostrar miedos, poner en imágenes aquello que más temes.

-Ultimamente se han dado muchas películas sobre la infancia y adolescencia protagonizadas y dirigidas por mujeres, como Las niñas, de Pilar Palomero, que ha sido la película más premiada del año en España, ¿cómo explicas este fenómeno?

-La vi en la Berlinale, estábamos en la misma sección. Me gustó mucho, la fotografía de Daniela Cajías, que es boliviana, es increíble. No sé por qué será. Creo que en la obra se resignifica lo vivido, y a veces hay que empezar por la infancia a exorcizar ciertos demonios. Es verdad que en el cine hecho por mujeres está esa tendencia de deconstruir la idea de inocencia de la infancia, quizás porque lo femenino y lo infantil están ligados en esa idea de pureza, por la maternidad. Pero, en mi caso, lo que más me fascina de la infancia es lo que tiene de azaroso e incontrolable. No puedes controlar a los niños y adolescentes en un rodaje, y eso me parece muy creativo.

-El flotador es rosa, la estética de la película en general es muy pop, recuerda al cine de Sofía Coppola. ¿Fue una influencia consciente?

-Sí, yo misma tuve una etapa en la que me vestía de negro y otra en la que me vestía de rosa, que también me parece un color sumamente fuerte. A veces puestos juntos son dinamita, como en la película, donde lo rosa choca con el horror de lo que está pasando. Y luego, sí, Las vírgenes suicidas fue una referencia, y además me encanta Jeffrey Eugenides, el autor de la novela, siempre habla de mujeres y de transgénero. No puedo creer que nadie haya adaptado Middlesex.

Fotograma de 'Mamá, mamá, mamá', de Sol Berruezo Pichon-Rivière. COMPAÑÍA DE CINE
Fotograma de 'Mamá, mamá, mamá', de Sol Berruezo Pichon-Rivière. COMPAÑÍA DE CINE

-Hablando de lo trans, la mayor de las chicas tiene un punto ambiguo, muy contemporáneo.

-Sí, cuando fuimos a presentar la película en la Berlinale, Chloé Cherchyk me dijo que su sueño era ser drag. Y en realidad es muy tímida, muy intelectual, toca el violín. Es muy verdadera, adapta el mundo a cómo es ella.

-Es inevitable pensar también en La ciénaga, una película que supuso toda una revolución en su día, no sólo porque es una pieza clave en el Nuevo Cine Argentino, sino porque la dirigía una mujer, la gran Lucrecia Martel, aunque tú eras muy pequeña entonces, y ya has crecido en un mundo en el que una mujer detrás de la cámara, por suerte, ya es algo completamente normalizado, ¿no?

–Todavía no está al 50/50, aunque también es verdad que, en la sección Horizontes Latinos de San Sebastián, donde presenté la película, apenas si había un director-hombre. La ciénaga pude verla cuando empecé a estudiar cine a los 18, y me impactó ver cosas de mi infancia resignificadas, cosa que la conecta con Mamá, mamá, mamá, en la que aparece algún celular, pero está sobre todo inspirada en mi infancia. Y luego está esa cosa del horror en la casa. Mis veranos eran muy tristes, deprimentes, como el de La ciénaga. Cuando el sol llega a su apogeo, en Argentina no queremos hacer nada. Una siempre le gusta lo que no tiene. Aunque la gran referencia para mí fue Innocence (2004), de Lucile Hadzihalilovic, la que fuera mujer de Gaspar Noé. Otra película de niñas. Me voló la cabeza ver que se podía sumar fantástico, terror e infancia en una misma obra. Me pareció muy atrevido.

-Después de la tragedia, Cleo se queda en la casa con sus primas, y su madre tarda en reaparecer, lógicamente devastada y ausente, ¿eso también se debe a que querías concentrarte en las niñas?

-Sí, quería despojar el relato de la mirada adulta, y quedarme con las niñas, ver cómo nombran lo que suceden, o más bien no lo nombran, porque es un lenguaje que no va a lo explícito, que merodea, porque todavía está buscando las palabras para describir lo que está pasando. La adolescencia es una etapa muy contradictoria en emociones. Hay una parte que tira a la vida, y otra que tira a la muerte. El cuerpo sigue pidiendo nuevos estímulos, pero hay otra parte que se resiste a crecer, y eso que es inherente a la adolescencia se acentúa cuando, como elegí yo, está realmente atravesado por la muerte.

-Cuando la muerte de un ser querido impacta contra la adolescencia, inevitablemente se genera un sentimiento de culpa, porque esa parte que quiere crecer, abrazar la vida, se tiene que auto presentir como algo egoísta, ¿es eso lo que le pasa a Cleo?

-Está claro que se siente culpable por tener la posibilidad de vivir, y eso se suma a ese dolor tan fuerte de crecer y perder la inocencia para encontrarte con que el mundo tal vez no es tanto lo que vos imaginabas.

-Rodaste el mundo imaginario de Cleo en otro formato, que le da otra textura, otra tonalidad. Pero además de la fantasía, también flirteas con el terror, con ese bus escolar que parece salido de una leyenda urbana a lo Stephen King… Menuda mezcla, ¿no?

-Sí, las escenas que fantasea Cloe, todo lo que se imagina con su hermana muerta en una especie de Edén, entremezclado con recuerdos y grabaciones, se rodaron en 16 mm, en fílmico. Las grabaciones que se escuchan son las que grabé, durante años, a mi hermana pequeña, preguntándole sobre la muerte y esas cosas, mucho antes de saber que las acabaría incluyendo en una película. Luego, el terror siempre me ha atraído, porque siempre roza con la muerte. Hay algo de poesía en el horror que siempre me sedujo un montón. El terror y la fantasía están muy mezclados en la infancia. No siempre se quiere reconocer que la infancia no es solo luz, que también tiene parte oscura.

Fotograma de 'Mamá, mamá, mamá', de Sol Berruezo Pichon-Rivière. COMPAÑÍA DE CINE
Fotograma de 'Mamá, mamá, mamá', de Sol Berruezo Pichon-Rivière. COMPAÑÍA DE CINE

-Los cuentos y fábulas infantiles tradicionales siempre han tenido, de hecho, un lado oscuro y macabro, que sorprende más a los adultos que a los niños, que asimilan esa parte de manera natural, aunque con miedo. El póster de la película y sintoniza con esa idea, ¿cómo lo creasteis?

-Es obra de Zoe Hawk, una artista estadounidense que me encanta y a la que llevaba tiempo siguiendo. Simplemente le escribí, le dije que había hecho esta película, y le pregunté que si le apetecía hacer el póster. La única indicación que le di es que quería que sucediera en el bosque, cuando están todos buscando a Leoncia, la más pequeña. Me encanta la colaboración conjunta que es el cine, es algo que me vuelve loca.

-Se ha hablado mucho de que es una película hecha por un equipo compuesto únicamente por mujeres, pero tampoco me parece tan extraordinario: las realizadoras tienden cada vez más a rodearse de mujeres, y en Argentina ya se dio el caso de Las hijas del fuego, de Albertina Carri, una propuesta, por cierto, radicalmente distinta a la tuya. ¿Qué opinas de todo esto?

-Sí, Las hijas del fuego era sexualidad en estado puro, muy arriesgada y muy valiente. Por mi parte, yo siempre he estado rodeada de mujeres, y me apetecía hacer el experimento de rodar con un equipo totalmente femenino, porque la película va de la feminidad, y también había algo de la intimidad de las niñas que había que cuidar. La ayudante de dirección tenía un bebé de seis meses que traía al rodaje. El experimento salió bien, pero ya mi próxima película va a ser con hombres también.

-¿Cómo se titulará y de qué irá?

-Se llamará Nuestros días más felices, y ya está en la sala de montaje. La rodamos durante ese mes que nos dejaron salir, gracias a que, con mi productora Laura Tablón, logramos el apoyo del Biennale College de Venecia. Trata de una señora mayor que vive con su hijo de treinta y tantos. Mantienen una relación un poco tóxica, porque el hijo nunca tuvo pareja, ella se quedó viuda, y tienen una rutina como de matrimonio desgastado. De un día para otro le anuncian un cáncer complicado en el cerebro, y de la noche a la mañana se despierta convertida una niña. Piensa como una señora, pero en el cuerpo de una niña. Le dice: “soy tu mamá, pero con un cuerpo chiquitito”. Luego llaman a la hija, que se fue hace tiempo de casa, y se da una restructuración familiar. Es una manera de hablar de la vejez y de la muerte con una metáfora fantástica, que es la transformación de cuerpo, y cómo el círculo familiar cambia, y se produce una inversión de roles. Al final, la necesidad de afecto de los padres vuelve a ser una necesidad primaria, como cuando eres bebé.

Periodista cultural especializado en cine y literatura. Fue redactor de la revista Fotogramas durante 17 años. Ahora colabora regularmente con medios como La Vanguardia, El Mundo, Cinemanía o Sofilm, entre otros.

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