Artes

El rockero español que se enamoró del folklore argentino

Javier Macipe homenajea con la película ‘La estrella azul’ a Mauricio Aznar, músico que renunció al éxito para emprender un viaje transformador.

Pepe Lorente, como Mauricio Aznar, en la película 'La estrella azul'. MOD PRODUCCIONES

Mauricio Aznar fue un personaje singular. Nacido en la ciudad española de Zaragoza en 1964, donde fallecería a los 36 años de edad, este poeta y músico curioso y andariego tejió un vínculo realmente inusual con Argentina. No era fácil pronosticar que un aragonés admirador de la generación beat, fundador de una banda de rock and roll llamada Más Birras y apegado con devoción al look rockabilly iba a terminar construyendo un hermoso puente que unió su tierra con la del folklore de un país del Cono Sur. Más precisamente, con el de la provincia argentina de Santiago del Estero, ubicada en el norte de una nación que cuenta con una tradición musical riquísima. Y en particular, con la familia Carabajal, una dinastía de artistas que desde los años sesenta viene soltando sin pausas un manantial de buena música. 

La historia de esa relación, que parece insólita a primera vista, no lo es tanto con los datos biográficos de Aznar en la mano. En el libro Más Birras, del barrio a la leyenda (Editorial Doce Robles, 2023), de Jorge Martínez, aparece bien reflejado el interés de Aznar por un mestizaje musical que también cultivaría con su propio estilo otro zaragozano, Santiago Auserón, de Radio Futura. La inclinación de Aznar por asociar mundos diferentes entre los que él sabía descubrir paralelismos quedó clara ya desde el primer maxisingle de Más Birras, Al este del Moncayo (1987), un homenaje aragonés al clásico de Elia Kazan Al este del Edén que ayudó a diseñar el mito global de James Dean. 

Se cuenta que en la furgoneta en la que viajaban los integrantes de Más Birras durante sus giras sonaba música muy variada: rock clásico, coplas y boleros de Carlos Cano, canción melódica italiana y rumbas de Los Chichos y Los Chunguitos. La fugaz popularidad de la banda, apoyada en el magnetismo de ‘Apuesta por el rock and roll’ —una canción cuya circulación masiva potenció la versión de otro grupo aragonés, Héroes del Silencio—, no pudo evolucionar porque a mediados de los noventa, con cuatro discos editados y un carrera a la que valía la pena apostar, Aznar dirigió toda su atención al tango y al folklore argentino (empezando por Atahualpa Yupanqui), fiel a su perfil de explorador cultural, y se aventuró a un viaje sudamericano que es el eje de La estrella azul, película presentada y premiada en la última edición del Festival de San Sebastián que este 23 de febrero llega a los cines españoles.

Dirigida por el también zaragozano Javier Macipe (1987), esta ópera prima nació a partir de un encargo de la madre de Aznar, pero el cineasta nunca pensó en un biopic al uso. “No iba a agregar mucho a lo que Mauricio ya había contado sobre sí mismo a través de sus canciones”, explica Macipe. “Además, se trataba de un personaje poco conocido, así que pensamos en otro tipo de estructura, que exceda la mera biografía y en la que el proceso mismo de hacer la película se mezcle con la ficción”.

Tráiler de la película 'La estrella azul', de Javier Macipe. YOUTUBE

Sin ánimo de spoilear, es grato y destacable advertir que La estrella azul termina con una escena donde el cruce de ficción y documental produce un momento de comunión afectiva muy bonito que le coloca un broche de oro al homenaje a Mauricio Aznar. Macipe eludió premeditadamente todo tinte amarillo en el relato. No le quitó el cuerpo a la faceta trágica del personaje, pero tampoco la explotó apelando al morbo. Prefirió poner el foco en la empatía, el afán por la investigación y la búsqueda de complicidades éticas y estéticas que fueron siempre el norte de Aznar. 

El papel principal lo interpreta Pepe Lorente, para continuar con la gran cantera artística de Zaragoza. El actor, de larga experiencia en cine, teatro y ahora en series de plataformas de streaming, se preparó a lo largo de tres años —la pandemia también metió la cola en la etapa de la preproducción de La estrella azul, que tuvo que estirarse— y terminó tocando y cantando en la película, en lugar de valerse del playback. Se lo nota identificado con el personaje, orientado a capturar lo esencial, aquello que vive debajo de la superficie y aflora de distintos modos y que Lorente por fortuna logra sintonizar. 

“Fuimos muy fieles a la historia, eso nos lo dijo la propia madre de Mauricio, que aún estando delicada de salud quiso ver la película y quedó muy contenta por la veracidad que encontró en ella y porque hayamos transformado una historia dramática en algo luminoso”, cuenta Macipe, que empezó a escribir el guión de la película hace 10 años. “Si la historia de Jesucristo terminase con su muerte, sería la historia de un predicador. Con Mauricio, lo mismo: pensé que era necesario contar qué ocurrió después de la muerte de alguien que en vida pasó algo inadvertido pero después empezó a cobrar otra dimensión. El final de la película responde a esta idea”.

Ante el estreno inminente de La estrella azul, conversamos con el director (también guionista) y el protagonista de la película, rodada en España y la zona de Argentina donde viven Los Carabajal, la familia que incorporó a un aragonés valiente y desenfadado como un hijo pródigo, con una calidez conmovedora y la generosidad necesaria como para compartir también toda su sabiduría. 

Pepe Lorente (d), con el músico Cuqui Carabajal, en una escena de 'La estrella azul'. MOD PRODUCCIONES

- ¿Qué significa hoy Mauricio Aznar para la música popular española?        

- Javier Macipe (JM): Es una figura de culto. Un personaje admirado por buena parte de la generación de músicos que apareció en España en los años ochenta y noventa. Pero su historia es la de alguien que renunció al éxito cuando su banda estaba en plena expansión. En Aragón es como una especie de John Lennon de barrio que hasta tiene una estatua. Se ha armado una mitología alrededor de él, una leyenda. Esperamos que la película ayude a potenciar el interés por la obra y la vida de Mauricio.

- Pepe, ¿qué te ayudó a construir el personaje, en qué te apoyaste más?

- Pepe Lorente (PL): No conocí a Mauricio. Aunque vivíamos en la misma ciudad, apenas lo vi pasar alguna vez con su bicicleta. Pero sentí siempre que fue una persona con un halo especial, de artista, de poeta. Un amante del rockabilly que parecía venir de otra época, un personaje muy magnético. Trabajé este papel con eso en la cabeza.

- Así como lo fue para Mauricio Aznar, también para ustedes fue un viaje de descubrimiento del folklore argentino y su mundo, ¿no?

- JM: Totalmente. Nos hemos convertido a la religión del folklore. Hoy casi no escucho otra cosa. Yo fui a la Argentina por primera vez hace 10 años y repetí el recorrido de Mauricio: primero estuve en el festival folklórico de Cosquín, en la provincia de Córdoba, y después fui a Santiago del Estero. Y entendí perfectamente lo que él sintió, que va mucho más allá del gusto musical y está relacionado con una manera de vivir, con toda una riqueza cultural que más allá de que tenga a la música como centro cuenta con muchos otros componentes. Yo me siento parte del sueño de Mauricio, he recogido la antorcha para tratar de que se conozca más esa música y todo lo que implica, esa forma de vivir tan especial y los mitos y las leyendas que viven en sus canciones.

- PL: La familia Carabajal nos abrió la puerta de su casa. Para mí fue un cambio de paradigma: ver la manera en la que viven, que la música esté en el centro de sus vidas y cómo ellos están en una actitud mucho más reflexiva, más amorosa, más cuidadora y en una relación muy armónica con la naturaleza. 

El cineasta Javier Macipe, durante el rodaje de 'La estrella azul'. MOD PRODUCCIONES

- ¿Qué faceta de Aznar era la más importante para ustedes, cuál era la que querían que resaltara la película?

- JM: Queríamos que el protagonista fuera parecido a él en su manera de ver el mundo, su sentido del humor, su carisma. En lo más intangible. Y no hacer un muñeco de cera, como ocurre muchas veces en los biopics de músicos. No era una cuestión de usar mucho maquillaje y hacer playback. No me importaba tanto la apariencia, no buscaba una copia. 

- PL: Interpretar a un personaje real implica el riesgo de anquilosarse, de volverse un poco duro, de crear una imagen fija. Lo primero que hice fue ponerme a aprender a tocar para no acudir al playback. Después estudié sus movimientos corporales y su manera de hablar, para poder evocarlo. Pero fundamentalmente traté de que apareciera aquello que me conecta a mí con Mauricio en lo esencial, no sólo en las formas.     

- ¿De dónde creen que surge ese interés por el mestizaje, por bucear en otras tradiciones musicales y culturales que tenía Aznar?

- JM: Siempre le gustó el folklore español. Le interesaba todo lo que estuviera fuera de la moda pasajera, de lo que intenta imponer la industria musical. Cuando él empezó a interesarse en el rockabilly, ese género no estaba en boga en España. Era una época en la que sonaba mucho más el electro-pop con sintetizadores. Después fue descubriendo otras cosas, en una búsqueda permanente de los orígenes, de lo más puro, lo más desnudo de artificios. Así llegó a una música cuya base es el bombo construido con piel de cabra y una madera de ceibo. Al final se conectó con el folklore de la ciudad más antigua de Argentina, que es Santiago de Estero, y si hubiera seguido vivo quizás habría llegado a Japón y aprendido a tocar algún instrumento exótico. Creo que Mauricio buscaba el origen de eso que para él era una religión, la música.

- La película no aborda el tema de la adicción de Aznar a las drogas. Lo sugiere, lejos de acentuarlo, como ocurre muchas veces en las ficciones que recuperan este tipo de historias. 

- JM: Ya existen muchas películas de ese tipo, efectivamente. Pero no había una sobre la búsqueda de la luz de un rockabilly tan espiritual. Me pareció mejor y más justo con Mauricio eso que el primer plano de una jeringuilla. La historia es de por sí trágica, no tenía sentido dedicarle 10 años de mi vida a hacer algo para que la gente sepa lo que es la oscuridad. Eso ya lo sabemos todos, no hace falta más que poner los noticiarios. La idea fue hacer una película que nos haga bien a nosotros y a los espectadores. Y creo que lo conseguimos, porque en muchísimas funciones me han dicho que salen con una sensación de ganas de vivir, de retomar alguna pasión que han dejado de lado. Una chica me dijo después de ver la película: “Me voy a apuntar a clases de pintura”. Ese es nuestro mayor éxito.

La ciudad de Zaragoza, uno de los escenarios de 'La estrella azul'. MOD PRODUCCIONES

En lugar de reconstruir las razones de la muerte de Aznar, ocurrida en septiembre de 2000, a la manera de la crónica periodística, La estrella azul se vuelca a una interpretación más mística de ese inesperado y prematuro suceso. “A cada uno le llega su hora”, resume Macipe. “La película va un poco de eso. La tragedia de Mauricio es solo el desenlace de una persona que recorrió el camino del héroe”.

Es una historia atravesada por la melancolía, pero también por la celebración y el encuentro. El vínculo de Aznar con Los Carabajal posibilitó que después de su muerte Macipe, Lorente y todo el grupo de personas que trabajaron en la película también entrara en contacto con un universo fascinante y bastante oculto que los atrapó por completo, igual que había pasado con el músico. “Es como si en España te relacionas con los Flores o los Morente”, dice Lorente. “El cariño con el que nos recibieron fue increíble. Creo que Javier también supo cómo ganarse su confianza a lo largo de 10 años. Fue una experiencia alucinante. Nos trataron bien, nos enseñaron a tocar su música… Es como si te enseñara flamenco Paco de Lucía. Ha sido un regalo absoluto”.

La estrella azul transmite esa energía, la contagia, como quedó demostrado en las funciones de la película en San Sebastián del año pasado: “Una página web que cubrió el festival publicaba el largo de los aplausos con el que el público despedía a las películas que se proyectaban”, dice Macipe. “Iban a las funciones con un cronómetro. Y la película más aplaudida de todas las sesiones fue la nuestra. Nos dieron ese premio honorífico y uno del público joven, otorgado por un grupo de gente que no sabía casi nada de Mauricio ni del folklore argentino pero que entendió muy bien que la de La estrella azul es una historia universal”.   

Periodista. Redactor jefe de Ciclosfera y colaborador de la emisora de radio El Destape y de La Agenda de Buenos Aires, ha trabajado en medios como Agencia Télam, Clarín y Radio Nacional y publicado en revistas como Los Inrockuptibles, Rolling Stone y El amante. También ha codirigido la película Ocio (2010) y escrito diversas obras teatrales.